Pautas para ejercer eficazmente el liderazgo tecnológico

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La súbita integración de las tecnologías digitales en los últimos años está transformando de manera muy rápida a un amplio número de sectores empresariales, así como a la sociedad misma. La cuestión para la mayoría de las organizaciones no es ya si deben o no apostar por una estrategia de virtualización para adoptar procedimientos, procesos e innovaciones telemáticos, sino cuánto les llevará a cabo la etapa de transición hasta lograrlo. Desde la óptica puramente comercial, los consumidores, a través de un diálogo más directo, transparente e inmediato con las compañías están promoviendo, a su vez, un cambio muy profundo en la interacción de las entidades con sus entornos, que está permitiendo, por ejemplo, abrazar políticas relacionadas con la sostenibilidad, el medio ambiente o la inclusión, y que hace tan solo un lustro parecían quedar muy lejos.

Desde el lado de los Gobiernos, el desafío es tan urgente como complejo: abordar los cambios normativos a la velocidad suficiente y con la sensibilidad y conocimiento adecuados para responder a los nuevos modelos de negocio tan disruptivos que proponen empresas cada vez más jóvenes pero de un crecimiento tan exponencial que son capaces de redefinir por completo sus respectivos sectores. En este sentido, la propia Administración será uno de los agentes que más incisivamente debe apostar por la transformación digital para asumir, además de este reto, los de reducir la burocracia para no resultar un obstáculo en el devenir de las empresas y de la economía misma, o para favorecer que los ciudadanos y el tejido productivo puedan relacionarse con sus diferentes ámbitos de manera telemática, acabando con las esperas y los tediosos procedimientos de antaño.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en un reciente informe titulado ‘Strengthening Digital Government’ (‘Fortalecer un Gobierno Digital’), establece algunas pautas clave para fomentar un liderazgo digital, tanto para el ámbito público como para las entidades privadas, entre las que cabe destacar:

  • Desarrollar una estrategia de gobierno digital, con un plan de acción y una evaluación de impacto, que indique todos los stakeholdersy partes de la organización que tendrán que cambiar para adaptarse a la nueva realidad. El documento recomienda el apoyo de una consultoría externa que realice con carácter previo una especie de auditoría tecnológica para calibrar las necesidades reales que tendrá que acometer la entidad para responder con éxito a los objetivos marcados.
  • Definir una marco de gobernanza claro para la gestión del gobierno digital, que se ocupe, en una primera fase, de liderar el diseño y la coordinación de los cambios pertinentes para abordar la transformación de la organización, y, más adelante, monitorizar los resultados, abordar recomendaciones de mejora y detectar potenciales carencias que ser resueltas para que la adopción de las nuevas tecnologías se convierta de manera permanente en una ventaja competitiva para la entidad.
  • Revisar y modificar, si es necesario, los marcos internos regulatorios y deontológicos sobre los derechos de los empleados, de los clientes, de los proveedores y de todos aquellos stakeholdersque tengan una relación directa con la entidad. De este modo, se respetarán sus derechos digitales en este nuevo ecosistema, en el que las implicaciones del uso creciente de las nuevas tecnologías puede, por ejemplo, tener algunas incidencias en la protección de datos personales de carácter confidencial. Por ello, la entidad debe mantener siempre una postura de máxima transparencia en relación a la información de terceros que maneja, para obtener su consentimiento y evitarse potenciales problemas legales.
  • Invertir en herramientas, aplicaciones y productos de software que respondan a las necesidades de sus empleados y proveedores del modo más útil posible, de modo que ellos mismos sean los primeros interesados en abrazar el cambio tecnológico. Si se consigue una aceptación mayoritaria interna a la hora de abordar esta estrategia de transformación, todo resultará más sencillo y no se verá afectada la productividad.
  • La formación online se convertirá en un ítem más dentro del portfolio de actividades de los empleados, de modo que estén permanentemente actualizados en cuanto a innovaciones que les puedan resultar de interés y, en paralelo, se sientan valorados dentro de la organización, lo que servirá para mejorar los ratios de fidelización y de captación de nuevo talento. En este sentido, dentro de los planes de carrera a largo plazo que se desarrollen, las competencias digitales y su continua mejora deberán aparecer para reciclar de manera permanente los conocimientos de nuestro equipo humano.
  • Desarrollar un Código de Buen Gobierno y de Ética y Buenas Prácticas digitales que será firmado por los miembros de la organización (incluyendo el Consejo de Administración), así como los proveedores externos y todos aquellos que trabajen dentro de la cadena de valor de la entidad. De esta manera, se subrayará el compromiso permanente por la transparencia y los valores deontológicos en todas las actividades en remoto de la entidad.
  • Promover la adopción de estándares y directrices digitales para ofrecer una mayor coherencia hacia el exterior, de modo que todo sujeto que trabaje para la entidad los conozca y los asuma. En este sentido, tener una política muy ambiciosa de ciberseguridad serviría para complementar la apuesta digital de la organización bajo criterios de buscar permanentemente la excelencia.
  • Crear mecanismos de relación estables para mejorar la eficiencia de la estrategia digital con empleados, clientes y proveedores, ofreciéndole vías basadas en la omnicanalidad para que puedan comunicarnos de forma transparente en qué creen que puede ser más eficiente nuestra relación con las nuevas tecnologías.

Last modified: 12/08/2020