Las autoridades comerciales alertan del aumento del proteccionismo

proteccionismo
El comercio global caerá hasta un 32% y la inversión directa, un 40%. El PIB global se recupera, pero quedan restos del naufragio que exigen estímulos comerciales.

 

La Gran Pandemia continúa drenando el comercio mundial. Las últimas estimaciones de la OMC hablan de una contracción de hasta el 32% en los intercambios de bienes, mercancías y servicios. Una estela similar a la que siguen las Inversiones Extranjeras Directas (IED), entre un 30% y un 40%, según predicciones conjuntas de la máxima autoridad del comercio internacional y de la Unctad, la agencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo. A pesar de los síntomas de recuperación económica global en el segundo trimestre del año. En este caso, por el descenso de la rentabilidad de las inversiones, que cada vez juegan un papel más importante en los flujos de inversión directa, pero también por las menores operaciones de fusiones y absorciones y por el menor interés de las empresas matrices en inyectar fondos a sus filiales foráneas, aduciendo bajos niveles de rentabilidad. Sobre el comercio, la OMC baraja dos escenarios: el más positivo, estima que el descenso se situaría en un 12,9% si el PIB del planeta retrocede un 2,5%, pero en el segundo podría llegar hasta el 31,9% si el PIB se desploma un 8,8%; escenario que devolvería los flujos comerciales globales a niveles de 2009. Y, aunque la organización prevé un despegue con fuerza el próximo ejercicio no será hasta 2022 cuando adquiera el ritmo previo a la epidemia del Covid-19.

El reflujo del comercio se ha producido, además -enfatizan en la OMC- en un contexto en el que los países han aumentado sus políticas comerciales restrictivas”. Es decir, en el que se ha puesto en marcha medidas proteccionistas. En nada menos que 417.500 millones de dólares, dicen sus cálculos cuantitativos, lo que supone la tercera cifra más alta registrada desde mayo de 2012. A través de subidas arancelarias, prohibición de importaciones, procedimientos aduaneros más estrictos, derechos de exportación y otras medidas similares que, en conjunto, han afectado al 2,8% del comercio del G-20. En paralelo, advierte de la OMC, el stock de medidas restrictivas a la adquisición de mercancías y servicios del exterior desde la última recesión hasta la actualidad “continúa creciendo y ahora afecta a aproximadamente el 10,3% de las importaciones de socios del G-20, donde a la UE se le considera una sola economía. En total, 1,6 billones de dólares. Más que el tamaño de la economía española. El comercio internacional cayó un 18,5 % en el segundo trimestre. “Histórica”, como recalca la OMC.

Pero la globalización comercial ya estaba dañada por las guerras comerciales.

Los intercambios de mercancías y servicios y los flujos de capital emitían señales de una situación casi anémica a finales ya de 2019. De hecho, los registros de la OMC, por ejemplo, dieron un leve incremento del 1,2% del comercio en el pasado ejercicio, lejos de las previsiones de un alza del 2,6% de su informe de primavera. Era principios de febrero y, entonces, sin la expansión del Covid bajo la declaración oficial de pandemia planetaria, esbozaba un modesto repunte del 2,7% para 2020. Tres décimas por debajo de su cálculo anterior y sometido a “riesgos a la baja” en función de la “paulatina normalización” de las relaciones comerciales tras la escalada en las barreras tarifarias inauguradas en el primer trimestre de 2018 por la Administración Trump. Especialmente contra China, en una batalla con tintes cada vez más geoestratégicos. Pero también contra socios como los países europeos, sus vecinos del Nafta, hasta que se consumó la reconstrucción del tratado de la unión aduanera norteamericana con Canadá y México, contra mercados emergentes como India o Turquía e, incluso, rifirrafes de cierta entidad con Japón, Corea del Sur y algunas naciones de tradición anglosajona como Australia, Nueva Zelanda e, incluso, en los primeros meses de Boris Johnson como premier británico, con Reino Unido. El diagnóstico de la máxima autoridad del comercio internacional justificaba el aminoramiento del comercio “a la intensidad de estos conflictos”, aunque también al empeoramiento macroeconómico, “sujetos a shocks” -decían sus expertos- y a la “alta volatilidad de los mercados financieros”. Unas pinceladas que revestían a los sectores exteriores de un aurea de “incertidumbre”.

Roberto Azevêdo, director general de la OMC, lo explicaba con esta contundente radiografía: “El ensombrecimiento del panorama comercial es cada vez más decepcionante, aunque de ninguna manera inesperado”, porque detrás de sus efectos directos aparecen las tensiones arancelarias, que han “aumentado los nubarrones y han dirigido a ciertos sectores de negocios a retrocesos de productividad y a un retardo en los proyectos de inversión que resultan esenciales para mantener al alza los estándares de vida”. A su juicio, “la creación de empleo también se verá afectada, dado que las firmas emplearán menos manos de obra para producir bienes y servicios destinados a la exportación”. Azevêdo volvió a insistir en la legitimidad y la conveniencia de que las naciones resuelvan sus disputas comerciales en el seno de la OMC. “Hay que volver al espíritu de la cooperación”, dijo.

 

Globalización proteccionismo

Barreras proteccionistas

Tras la irrupción de la crisis del coronavirus, insistió en las barreras proteccionistas de productos médico-sanitarios, fruto -asegura sin tapujos- de carrera sin prejuicios que ha cerrado los cauces de salida de estas mercancías que, en 2019, totalizaron 597.000 millones de dólares, el 1,7% del comercio de bienes global y con las diez mayores naciones productoras acaparando tres cuartas partes de las exportaciones. Pero, con la propagación de la pandemia, las tarifas sobre este tipo de productos han escalado un 4,8%. Con el 55% de los 134 socios de la OMC imponiendo unos aranceles adicionales, aunque otro 52% reduciendo los gravámenes en un 5%. Alemania, EEUU y Suiza fabrican el 35% de productos médicos, con China, Alemania y EEUU liderando las ventas al exterior (un 40%).

Desde la Unctad también se advierte de la severidad que el coronavirus está trasladando a las cuentas de resultados del sector servicios. En especial, el turismo, la hostelería y el comercio al por menor. A los que les ha conducido “casi a un estado de destrucción”. De persistir la crisis del Covid-19 -explican sus expertos- “la totalidad de la industria turística tal y como la conocemos en los mercados emergentes podría colapsar”; latitudes donde más de la mitad de los empleos de este macro-sector los copan mujeres.  Las restricciones de vuelos y de trayectos marítimos de pasajeros, al igual que las remesas, están dañando a los países en desarrollo que, en 2019, y según datos del Banco Mundial, habían superado la inversión extranjera directa que absorbieron y que, en total, alcanzó los 550.000 millones de dólares. La pandemia va a reducir de forma más que considerable. Especialmente en naciones que, como Kirguizistán, Tonga o Tayikistán tienen una alta dependencia de los envíos dinerarios desde el exterior. En concreto, y respectivamente, el 35%, el 33% y el 31% de sus PIB.

Last modified: 06/08/2020