La transformación digital, asignatura pendiente de las pymes y autónomos

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La irrupción del coronavirus en España ha demostrado tanto la importancia de la digitalización, como el buen trabajo de nuestro país en la transformación digital –también conocida como la cuarta revolución industrial. Prueba de ello es la rapidez con la que ha sido posible adaptar el trabajo, la enseñanza, el ocio y la forma de vivir de los españoles al confinamiento de los últimos meses.

Sin embargo, todavía queda mucho por mejorar. Como advierte el último informe La Sociedad Digital en España 2019, publicado en el último mes por la Fundación Telefónica, es necesario acelerar la digitalización de las pymes y los autónomos españoles para superar la crisis económica de la Covid-19.

El informe destaca la elevada penetración tecnológica en la sociedad española: 9 de cada 10 españoles ya tiene acceso a Internet, y 3 de cada 4 hogares lo hace con conexión ultrarrápida por fibra óptica. Datos que posicionan a España en el primer puesto en cobertura y usuarios de fibra óptica de Europa.

España supera también la media europea –aunque está lejos de ser líder- en cuanto a la digitalización de la industria. Se espera, de hecho, un aumento de en torno al 11% de los ingresos de este sector productivo gracias a su transformación digital, sumado a una reducción de costes de casi una quinta parte. Es la llamada Industria 4.0, caracterizada por sustentarse en información en grandes cantidades procedente de objetivos conectados a redes, que es almacenada y analizada para así optimizar procesos, tiempos de fabricación y reducir costes de producción. Para ello, se combinan de forma intensiva el llamado Internet de las cosas con inteligencia artificial (IA), el big data, el cloud y edge computing, y tecnologías como el blockchain.

Pymes y autónomos, el gran reto

Sin embargo, el gran reto en este sentido se le presenta a las pymes y a los autónomos españoles, que representan más del 95% del tejido empresarial de España. Según el informe de la Fundación Telefónica, dos de cada tres empresas españolas se están quedando rezagadas en el proceso de transformación digital. Entre otras muestras, el informe destaca que, en comparación con el 23% de las compañías medianas y grandes que hacen uso habitual del cloud computing, solo lo hacen un 9% de las microempresas. Lo mismo ocurre con el uso de análisis a través del big data: solo una décima parte de las pymes y grandes empresas, y un ínfimo 2% de las microempresas lo emplean.

Y parece que todavía son muchas las que ni siquiera cuentan con un plan de transformación digital que aborde este desafío: un 38% del total de las empresas en España que, como mucho, han abordado solo la digitalización de áreas concretas. Un 22%, por el contrario, asegura haber implementado en su totalidad un plan de transformación digital diseñado para la empresa.

Los beneficios de una completa digitalización del tejido productivo serían muchos. Entre ellos, el informe destaca el valor anual equivalente al 1,8% del PIB que se podría alcanzar hasta 2025.

La formación es la clave

Para lograr esta digitalización, la formación en competencias digitales de los españoles debe ser prioritaria. Según el Índice de Economía y Sociedad Digital (DESI), España se ubica en el puesto 17 de la Unión Europea en la dimensión digital del capital humano, varios puntos por debajo de la media europea. Unos datos que se traducen, entre otras cosas, en que poco más de la mitad de las personas entre 16 y 74 años poseen capacidades digitales básicas, si bien el porcentaje va mejorando cada año, sobre todo por la incorporación de nuevos usuarios de Internet. Los usuarios con competencias digitales avanzadas, por su parte, han pasado del 32% en 2017 al 36,1% en 2019.

Esta falta de habilidades digitales es una de las causas más destacadas en la limitación del uso de diferentes servicios digitales, como la compra en Internet o el uso de la Administración electrónica. Como advierte el informe de la Fundación Telefónica, en un mundo en el que la digitalización de todas las actividades cotidianas crece de forma imparable, la falta de capacitación digital de una parte de la ciudadanía puede convertirse en un factor de exclusión social, al nivel de la formación académica.

Una capacitación digital que, como se subraya en el documento, no debe ser solo técnica, sino que también ha de trasladarse a disciplinas humanísticas y combinarse con una actitud creativa. Una integración entre conocimiento humano y automatización indispensable para que el avance digital no suponga la destrucción de empleo.

Para todo ello, según consideran los autores del informe, es necesario un nuevo contrato social entre gobiernos, empresas y sociedad civil para sacar el máximo rendimiento a la transformación digital, sin que nadie se quede atrás.

Last modified: 16/06/2020