Impresión 3D: Por qué ha llegado su momento

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Productos caros, desconocimiento sobre sus posibilidades, patentes protegidas o carencia de profesionales que pudieran gestionar operativamente las máquinas. Las razones por las que, a lo largo de las dos últimas décadas, no ha logrado la impresión 3D el mismo nivel de penetración social que otras tecnologías, como el Data Mining o el Blockchain, son muy diversas y, en ocasiones, complejas. Sin embargo, de lo que no cabe duda es de que goza de un futuro prometedor, habida cuenta de que, por paradójico que parezca, la crisis sanitaria global ha demostrado al mundo parte de su verdadera potencialidad.

Sin embargo, de acuerdo al informe ‘The State of 3D printing’ elaborado por Sculpteo, las posibilidades con esta tecnología están aún por desarrollarse plenamente en los próximos años. En concreto, gracias a la conectividad online global, será factible que cualquier aparato estropeado que se tenga en el hogar o en la oficina se pueda reparar simplemente contratando el servicio a través de Internet y, sin tener que llevar el artefacto a ningún servicio técnico, este se repare mediante un sistema interno virtual que generase en una impresión 3D las piezas necesarias para su puesta a punto.  En el campo de la salud, por ejemplo, ya se están desarrollando proyectos para escanear tridimensionalmente seres humanos, de modo que la información sea contenida en nuestra tarjeta sanitaria, y así, cuando necesitemos alguna intervención, como sustituir una muela dañada, se enviará la información al odontólogo, que generará la nueva pieza antes incluso de que el paciente llegue a la consulta.

Catalizador de la recuperación

Las necesidades de material sanitario para combatir la pandemia global, sobre todo durante los primeros momentos de la crisis por el coronavirus, obligó a muchas empresas e investigadores a ser imaginativos. Mientras algunas fábricas se transformaban para elaborar pantallas de protección para los profesionales de la salud o para producir epis (equipos de protección individual), otras compañías, muchas de ellas pymes tecnológicas, ponían su grano de arena decisivo volcando la innovación hacia tareas solidarias. En el campo de las impresoras 3D no fueron pocas las entidades que las utilizaron para, por ejemplo, desarrollar hisopos nasofaríngeos (es decir, los tradicionales bastoncillos de obtención de muestras), para realizar pruebas microbiológicas PCR o para fabricar en masa respiradores, fundamentales para ayudar a los hospitales saturados de enfermos.

Gracias a este tipo de iniciativas, el interés por esta tecnología ha ido creciendo a lo largo de 2020, anticipando, según el ‘3D technology market advancement and global Outlook 2020-2026’ de Market Watch, un crecimiento anual de alrededor del 25% para los próximos años, incidiendo en que será clave para la masificación en su uso la esperada liberación de algunos diseños de impresión 3D que se producirá durante esta década. Todo ello, a juicio de este documento, permitirá atraer la atención tanto de nuevos inversores como de grandes multinacionales tecnológicas que serán decisivas para una mayor comercialización de estos productos y, en el largo plazo, que se abarate su coste final para el consumidor.

Sectores objetivo

Para EY, en su estudio ‘Global 3D Printing Report 2019’, aunque la gran mayoría de los sectores acabarán por incorporar impresoras 3D a sus procesos de fabricación, serán, por este orden, la industria aeroespacial, la automotriz y la de transporte las que mayores sinergias obtendrán. Sus ventajas se concretan en dos, principalmente, las cuales están bastante interconectadas entre sí: abaratar los costes finales de los productos así como los servicios de reparación y mantenimiento, y, por otro lado, poder personalizar sus servicios, aprovechándose, para ello, del mayor conocimiento sensible que ya está obteniendo a través del perfeccionamiento de otras tecnologías, como el Data Mining o la Inteligencia Artificial.

Sin embargo, desde 3D Hubs, en el informe ‘3D printing trends 2020’, uno de los principales problemas que habrá que afrontar en el corto plazo es la formación de especialistas que conozcan y sean capaces de manejar el software preciso para la impresión 3D. De hecho, uno de los principales hándicaps de esta profesión es que, además del know how tecnológico en permanente evolución, el experto debe saber en profundidad sobre materiales, texturas y modelajes, de cara a poder fabricar piezas lo más adecuadas posibles a cada tarea. Ese doble rol entre innovación digital y especialización industrial conferirá a estas personas un perfil tan único que se convertirán en uno de los elementos diferenciadores para que una compañía alcance el éxito desde el punto de vista de los recursos humanos.

Finalmente, algunos estudios, como ‘The Future of Jobs’, publicado por el World Economic Forum, además de poner el énfasis en la formación de perfiles profesionales para el uso de esta tecnología, también inciden en el reto que supondrá para muchas empresas, sobre todo las pymes, incorporar esta tecnología en su operativa cotidiana, habida cuenta de su coste y de la necesidad de que otros stakeholders de su cadena de valor la incorporen también, para, de este modo, aprovechar mejor las sinergias en todas las etapas y realidades de la organización.

Last modified: 26/10/2020