Nueve expertos analizan la recomposición del orden global

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“Como el Muro de Berlín o la quiebra de Lehman Brothers, el coronavirus es otro de los acontecimientos globales que ha cambiado la realidad geopolítica y financiera”.

 

Los desafíos de la era post-Covid son múltiples. Económico-financieros, corporativos, de capital, comerciales o de reconstrucción empresarial, entre otros. Pero todos ellos están sometidos a los rigores de un nuevo orden mundial, explica John Allen en Foreign Policy, “de igual manera que el Muro de Berlín o la quiebra de Lehman Brothers, el coronavirus es otro hito que ha cambiado la realidad geopolítica y financiera”. Estos son los nueve virajes.

Un mundo menos abierto, próspero y libre.

Según Stephen Walt (catedrático de Relaciones Internacionales de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy. Universidad de Harvard), la epidemia ha reforzado el nacionalismo, mientras gobiernos de todos los signos políticos adoptan medidas de emergencia para gestionar la crisis. El Covid acelerará el tránsito desde el Oeste al Este del poder económico y político. La respuesta a la pandemia en Europa y EEUU ha estado cargada de errores y el aurea de la marca Occidente ha perdido brillo. Frente a la buena gestión de países orientales como Singapur o Corea del Sur. El conflicto entre civilizaciones tendrá más cartas de naturaleza. Ninguna de las plagas precedentes trajo consigo un fortalecimiento de los mercados globales y la Covid-19 tampoco lo hará. Veremos un repliegue de la hiperglobalización.

El final de la globalización como la conocemos.

Robin Niblett. Experto británico en relaciones internacionales que dirige desde 2007 Chatham House, el Real Instituto de Asuntos Internacionales. El creciente peso económico y militar de China ya ha forzado una ruptura en el bipartidismo de EEUU entre partidarios de continuar la conciliación diplomática y quienes piensan -republicanos- que es necesario provocar el decoupling de EEUU. Con intentos oficiales de lograr que los aliados americanos eleven sus exigencias en materia de tecnología y propiedad intelectual. La guerra de la nueva generación 5G hacia Huawei ha salido a relucir sin máscaras. Pero la Covid-19 ha dejado de lado la idea del beneficio mutuo del proceso de globalización.

Una globalización que gire más sobre China.

Kishore Mahbubani, académico y ex diplomático de Singapur. En lo fundamental, la Covid-19 no alterará dramáticamente la economía global. Pero sí en cierta medida. Más debido a que una parte de la población americana ha perdido la fe en la globalización. Entienden que los tratados de libre comercio son tóxicos. Al margen de si está o no Donald Trump en la Casa Blanca. En contraste, China confía en ella. Porque tiene unos profundos lazos históricos con el comercio. Y porque la centuria de humillación china, que se sitúa entre 1842 y 1949, se ocasionó por el aislamiento de sus líderes del mundo. En cambio, las recientes décadas de bonanza has surgido por efecto de la globalización. A EEUU le quedan dos opciones. O mantener como sea su supremacía global, con respuestas que busquen sumas cero en materia geopolítica y económica con China. O buscar como alternativa mejorar los niveles de vida de sus conciudadanos con una mayor cooperación con el gigante asiático, la más deseable.

Las democracias saldrán de su caparazón de seguridad.

John Ikenberry. Catedrático en Albert Milbank de Política y Asuntos Internacionales. Universidad de Princeton. La crisis ejercerá de carburante en varios frentes. Pero se concentrará en la batalla dialéctica entre nacionalistas y partidarios de las tesis antiglobalización, por un lado, y los liberales internacionalistas que ven urgente una revisión de sus principios rectores. A corto plazo, es difícil presagiar algo en contra de un reforzamiento del nacionalismo, que agrietará la globalización y tensará las relaciones de índole geopolítico. No parece que, como en los años treinta del siglo pasado, los que surgieron tras el Crash del 29, pueda dar lugar a un boom globalizador, que se prolongó hasta la Segunda Guerra Mundial.

Menores beneficios, pero más estabilidad.

Shannon O’Neill, investigadora del Council on Foreign Relations (CFR). Las empresas están redefiniendo sus planes estratégicos para recuperar la capacidad de sus cadenas de valor, tras la debacle en el suministro global de manufacturas y el colapso del comercio que deja la Covid-19. Y después de llevar años en el frente de batalla, con el aumento de los costes laborales en China, los avances en digitalización y automatización. Se han roto los vínculos entre el sector privado y entre las empresas y los consumidores, que se enganchan a las soluciones online. Bajo un clima de mayor intervencionismo estatal que añadirá seguridad a costa de beneficios.

Una finalidad pragmática.

Shivshankar Menon. Diplomático indio retirado. El poder e influencia de los gobiernos ha vuelto y no está precisamente claro que los gabinetes nacional-populistas estén gestionando mejor la pandemia. Sino todo lo contrario. Las mejores respuestas parten de Corea del Sur y Taiwán, dos democracias asentadas en Asia que han huido del autoritarismo. Es la lectura práctica que deja el coronavirus. Junto a otras dos que invitan al optimismo. Todavía no es el final del mundo interconectado, sino que la pandemia profundiza en la interdependencia en la que estamos sumidos. A no ser que surja entre las naciones una propensión al control y la autonomía de criterio. Y, en segundo término, hay signos de esperanza y buen sentido. Como las respuestas comunes a la amenaza en Asia. La cooperación multilateral está acorralada, pero aún viva.

El poder americano necesitará una nueva estrategia.

Joseph Nye. Geopolitólogo y profesor de EEUU, cofundador junto con Robert Keohane de la teoría del neoliberalismo de las relaciones internacionales. La invocación de Trump, en 2017, a la seguridad nacional para ganar músculo y competitividad como gran poder económico y militar se ha revelado, con  la Covid-19, como una teoría inadecuada. El siglo XX nos ha dejado una tecnología global, no sólo en su distribución sino también en sus consecuencias. Patógenos, sistema de Inteligencia Artificial, radiaciones o virus cibernéticos son algunas de ellas. Acordar sistemas de información, control y contingencias compartidos, con normas comunes y tratados para abordar riesgos mutuos es lo inteligente. La Covid-19 revela que debemos resintonizar la estrategia a un nuevo orden mundial

Un dramático estancamiento del capitalismo global.

Laurie Garrett, periodista científica que predijo la pandemia y ganó el Premio Pulitzer en 1996. La globalización permitió a las firmas participar en un mercado de manufacturas sin límites, estableciendo canales de paso y variantes en los precios, con la consiguiente proliferación de inventarios a futuro en no pocas industrias y sectores. La Covid-19 ha roto esta estructura. Ha envenenado también el sistema. Desde febrero, las empresas han visto cómo se ha dispersado la producción. Con un resultado dramático. Se ha parado el capitalismo global y sus métodos de suministro y producción.

Más estados fallidos.

Richard Haass. Diplomático americano y director del Council on Foreign Relations (CFR). En relaciones internacionales el término permanente es una entelequia, pero me atrevería a asegurar que en los próximos años los gobiernos serán más introspectivos y se verán decisiones tendentes a la autosuficiencia, dada la vulnerabilidad de las cadenas de valor empresariales. Veremos un menor compromiso para combatir problemas regionales o globales, incluido el cambio climático. La mayoría de países tendrán dificultades para su recuperación y se debilitarán los estados, alguno de los cuales pasarán a engrosar la lista de fallidos. Se vivirá un deterioro de las relaciones entre China y EEUU. La globalización sale más debilitada de la pandemia y el mundo, más incapaz de llegar a acuerdos multilaterales.

Last modified: 26/08/2020