El propósito: la hoja de ruta para los nuevos proyectos empresariales

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A la hora tanto de iniciar nuevos proyectos empresariales, como de refundar o replantear los ya existentes tras situaciones de cambio radical –como bien puede ser la crisis provocada por el coronavirus-, es fundamental tener claro el propósito. Parece algo obvio: lo más lógico es que, quien se lanza a crear una empresa o a reorientar la que ya ha construido, sepa hacia dónde quiere dirigirla, qué objetivos quiere alcanzar y cómo lo quiere hacer. Es decir, todo nuevo proyecto empresarial tiene –y, si no es así, lo tendrá complicado- una estrategia previa.

Sin embargo, ¿tienen claros todos los nuevos proyectos cuál es su propósito? Es decir, ¿por qué se crea una empresa con unos objetivos estratégicos concretos? ¿Qué sentido tiene el propio proyecto? Diversos expertos han reflexionado recientemente en las charlas y mesas redondas organizadas por el Club Excelencia en Gestión, asociación empresarial dedicada a mejorar la gestión y resultados de las organizaciones, con el fin de compartir e impulsar el conocimiento y poner en común best practices de diferentes empresas.

Entre otras conclusiones, los expertos coinciden en que el propósito de la empresa debe servir de guía esencial a la organización a lo largo del tiempo, y a él deben ir íntimamente vinculados los valores y la propia cultura corporativa que impregnará el resto de elementos de la estrategia.

 

Cuatro claves esenciales para construir el propósito empresarial idóneo para nuestra empresa.    

 Lo primero que debemos considerar es cuál es el propósito del propósito. Suena a juego de palabras, pero es sencillo: antes de establecer el porqué del proyecto –el propósito, habrá que tener claro el valor y la utilidad del propósito en sí mismo. Es decir, cómo encajaremos ese propósito como piedra angular de la construcción de nuestra cultura corporativa; cómo querremos que se mantenga vigente ese propósito a lo largo del tiempo; cómo queremos que sea asumido y recordado por el resto de miembros o empleados de la organización, etc. En otras palabras: cómo utilizaremos ese propósito en nuestras acciones tácticas y operativas, en nuestra estrategia y proyección de marca, y la forma en que vincularemos nuestra misión, visión y valores corporativos al mismo.

De este modo, el propósito nos servirá para generar cultura empresarial y mostrar a toda la compañía, desde los directivos hasta los colaboradores de base, el porqué de su trabajo diario. Lo ideal es que pueda resumirse en una sola frase y estar siempre presente en los discursos habituales. Y, por supuesto, ser lo suficiente motivador y creíble como para que lo hagan suyo.

  • Nuestro propósito debe tener un horizonte a largo plazo, no ser cortoplacista. Pese a los cambios que puedan darse en el ecosistema propio de la empresa, y a la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad del entorno, el propósito debe mantenerse a lo largo del tiempo. Lo que sí podrá ser flexible y adaptarse a las circunstancias será la estrategia –siempre vinculada al propósito, obviamente-, pero no la razón esencial de nuestra empresa.
  • El propósito debe resumirse en un mensaje único pero adaptable a cada grupo de interés. Debemos encontrar un propósito capaz de diferenciarnos del resto de competidores y de aportar un valor añadido en la relación con cada uno de nuestros grupos de interés, a quien también les deberá motivar para involucrarlos. En esa puesta en común de nuestro propósito es fundamental mantener mecanismos de diálogo con cada uno de ellos, adaptándolo a cada interlocutor, y siempre desde una perspectiva de igualdad, con un enfoque win-win.

En este punto vuelve a ser esencial, pues, involucrar a todos los integrantes de nuestra organización. Si contamos con una plantilla identificada con el propósito de la empresa, será más fácil que, en sus relaciones habituales con los grupos de interés y con otros agentes del ecosistema de la empresa, logren involucrarlos. Para ello es importante contar con mecanismos que midan en qué grado está calando la cultura de la organización entre sus integrantes.

  • Renovarse o morir. Aunque es necesario insistir en la importancia de mantener el mismo propósito pese a los posibles cambios en el contexto, si la empresa ha optado finalmente por reinventarse, es necesario plantear un nuevo propósito. Alternaciones radicales en el ecosistema empresarial, como las vividas durante la actual crisis del coronavirus, han hecho que muchas empresas intenten renacer de sus cenizas con una nueva estrategia, un nuevo empuje o incluso un giro radical en sus objetivos. En este caso, deberán plantear un nuevo propósito que sustituya al anterior.

Last modified: 29/06/2020