El FMI reclama “consensos globales” que eviten una crisis financiera

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La segunda oleada del Covid-19 deja un “incierto despegue” que demanda “coordinación internacional” y agendas reformistas hacia la sostenibilidad y la digitalización.

 

El combate contra la epidemia global de Covid-19 -en todas sus vertientes, sanitaria, económica y social- exige soluciones nacionales; pero también, y, sobre todo, una estrategia internacional concertada. Porque la Gran Pandemia ha traído consigo, desde su irrupción a finales del mes de febrero, la recesión de mayor calibre y, geográficamente, la más extensa -afecta a más del 95% del territorio del planeta- de la historia reciente. Aunque, eso sí, manifestase “al comienzo de abril una recuperación a una velocidad, incluso, superior a las estimaciones” tras la reapertura de las economías, explica Gita Gopinath, economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el prólogo del World Economic Outlook (WEO) de otoño. El diagnóstico semestral del FMI constata en este mensaje de relativo optimismo -casi el único del informe- el retorno al crecimiento de China, “por encima de lo esperado” y los signos de “un mayor y más rápido dinamismo” en el transcurso del tercer trimestre en la economía global. Bajo el impulso de programas fiscales, estímulos monetarios y respuestas regulatorias de gobiernos y bancos centrales que mantuvieron las rentas disponibles de familias, protegieron el cash-flow de empresas y apoyaron las provisiones de crédito. En unas cotas “muy por encima de las suministradas tras el credit crunch de 2008-09”. Pero la segunda oleada de contagios, que ha arreciado especialmente en Europa y otras latitudes como India, los desiguales ritmos de despegue y las rampantes incertidumbres sobre el pistoletazo de salida del ciclo de negocios post-Covid, han enterrado los primeros brotes verdes. Hasta el punto de que la nueva predicción del Fondo habla de una contracción del PIB global del 4,4% este año y de un repunte del 5,2% en 2021. Mayores números rojos para 2020 -veníamos de un 3%- y menores números negros para 2021 -en abril se previó un 5,8%-.

Las potencias industrializadas sufrirán un receso del 5,8% en 2020 y crecerán un 3,9% el próximo año. El espacio emergente tendrá una contracción menor, del 3,3%, y un despegue mayor, del 6% en 2021. Pero, a diferencia del tsunami financiero de 2008, no acontecerá el decoupling o decalaje de crecimiento entre los ciclos económicos de ambos bloques. Entre las primeras, Reino Unido, con una caída del 9,8% y la zona del euro, con un 8,3%, se erigen en las grandes rémoras del PIB de las naciones de rentas altas. Descensos próximos a los dobles dígitos que contrastan con los retrocesos de EEUU (4,3%) y de Japón (5,3%). Aunque el PIB español, el decimotercero del mundo a precios constantes, sufrirá una contracción del 12,8% que es, de largo, la de mayor profundidad entre las economías industrializadas. Nada menos que 2,2 puntos más honda que la italiana (10,6%), que le sigue en cuanto a gravedad de los números rojos. Aun así, España, para los expertos del FMI, será la economía más dinámica de 2021 dentro del espectro de naciones con rentas altas. Con una recuperación del 7,2%, dos puntos por encima de la italiana (5,2%) y también por encima de la gala (6%) o la británica (5,9%).

Mientras, los expertos del FMI constatan la salida de la recesión de China ya este ejercicio (un alza del 1,9% hasta lograr una velocidad de crucero del 8,2% en 2021), el desplome de India (del 10,3%, aunque con una salida fulgurante el próximo año, del 8,8%), de México (9% de contracción este ejercicio) o de Sudáfrica (del 8%). A los que hay que unir los números rojos de Rusia (4,1%), Brasil (5,8%) y Arabia Saudí (5,4%). Sin visos de superar sus ritmos económicos del pasado reciente. De hecho -explica el WEO- “los mercados emergentes, con la excepción de China, incurrirán en pérdida de producción en el transcurso de ambos ejercicios (2020 y 2021), en relación a los años previos a la pandemia y en comparación con el PIB de las potencias industrializadas”. Circunstancia que se traslada también a su brecha en niveles de renta, que se ensanchará y revertirá la convergencia lograda desde el final de la crisis de 2008.

La salida de la depresión económica “requerirá de la habilidad de las políticas nacionales para la adecuada gestión del repunte de la actividad a corto plazo y de la sabiduría por aprovechar las oportunidades a medio plazo”, afirma Gopinath. Aunque, sobre todo, el vigor y la sostenibilidad del ciclo de negocios “demandará una poderosa acción concertada internacional, tanto en el orden sanitario, como en el económico, comercial y financiero”. En su opinión, “el acierto en los diseños de políticas correctas, en el mix de reformas e iniciativas precisas, es imperioso, aunque la experiencia de los últimos meses no arroja precisamente un escenario optimista”. La máxima responsable del centro de análisis del FMI considera un “aspecto clave” combatir la epidemia desde la órbita sanitaria. “Fortalecer la innovación y la experimentación tanto de tratamientos como de vacunas, de modo que se pueda producir y comercializar a escala global, en beneficio de todos los países”, un objetivo que también demanda “un esfuerzo concertado internacional” y unos precios asequibles. La acción del conjunto de los países para dotar de equipos, know-how y facilidades financieras a los procesos de investigación biomédica en marcha a través de la red de organismos sanitarios multilaterales es determinante para acabar con el coronavirus, señala Gopinath.

A los gobiernos, el WEO les recomienda seguir respondiendo con iniciativas fiscales variadas, que eviten pérdidas masivas de poder adquisitivo de familias, garantías crediticias a empresas y contramedidas que incentiven la expansión de la asistencia sanitaria capaces de prevenir la ola de quiebras de compañías mediante inyecciones de liquidez que contribuyan a impulsar el nivel de empleo. En tasas por debajo del escenario previo a la pandemia y con millones de puestos de trabajo en riesgo. En este sentido, para “preservar la ocupación, sería pertinente el respaldo de moratorias en los servicios de deuda de las sociedades mercantiles, con objeto de recolocar las fuerzas laborales en los sectores más perjudicados” por la Gran Pandemia. Y, una vez acontezca la recuperación, facilitar el tránsito de industrias en estado de alarma, como el turismo, hacia el e-commerce, en creciente dinamismo.

El Fondo ya estableció en su cita de primavera, el pasado mes de abril, una consigna similar. Dijo a las autoridades nacionales que gastaran lo necesario pero que guardaran la factura. Seis meses después, insiste en esta teoría. E, incluso, les encomienda que, para no descarrilar vencimientos de deuda soberana a medio plazo, “precisarán incrementar con principios de progresividad, sus presiones fiscales, mientras eliminan gastos innecesarios o superfluos”. “Mientras esbozan hojas de ruta hacia un patrón de crecimiento más dinámico, igualitario y sostenible”. Con programas de combate simultáneo de la Covid-19 y del cambio climático. “Planes que eleven los umbrales de las infraestructuras verdes que hagan la transición al ciclo de negocios más competitiva”. Las inversiones en I+D y digitalización, Sanidad y Educación promoverían, además, un crecimiento más inclusivo, recuerda el Fondo.

Last modified: 19/10/2020