Digitalización internacional: un mercado de 3,5 billones de dólares

Digitalización internacional
Las compras online monopolizan el comercio minorista. Es el reto de las 53.000 empresas exportadoras regulares españolas para ganar tamaño y cuota de mercado global.

El pasado ejercicio, el e-commerce facturó 3,5 billones de dólares, una cifra casi equivalente al PIB alemán, el cuarto del planeta. Con perspectivas de duplicar sus ventas en 2022, hasta los 6,5 billones, por encima de la economía de Japón, la tercera global. El reto de digitalizar las cadenas de valor de las empresas españolas del sector exterior para ganar tamaño internacional es casi imperioso, si desean competir en el gran mercado online. Para lo cual, necesitan adquirir mayor dimensión y músculo global. Es, quizás, el mayor desafío para las casi 53.000 firmas hispanas con vitola de exportadoras regulares -un 35% más que en 2012-, el 65% son microempresas, el 25% son pequeñas empresas, el 8% medianas y sólo el 2% grandes.

Crece rápido o muere lento.

Es uno de los lemas que más utilizan los directivos de las bigtech a la hora de describir el desafío de sus negocios globales que serán, por encima de todo, digitales. Porque, como alertaba John Chambers, presidente de Cisco Systems, en 2017, “al menos el 40% de ellos, tal y como los conocemos en la actualidad, perecerá en los próximos diez años si los directivos no somos capaces de averiguar cómo realizar una conversión de arriba a abajo en las compañías para adecuarlas a la innovación tecnológica”. El reto de la industria digital es, pues, mayúsculo. Pero la recompensa es demasiado suculenta como para ignorarla. El negocio 4.0, el derivado de la Revolución Industrial en innovación, añadirá más de 12 billones de dólares al PIB global en 2025; cifra equivalente a las economías conjuntas de Japón, Alemania y Reino Unido. Aunque ya un lustro antes, anticipaba hace un bienio Doug Gates, responsable de industrias manufactureras, aeroespaciales y de Defensa de KPMG International, Internet de las Cosas (IoT), será capaz de generar 3,7 billones de dólares de riqueza. Gates situó su predicción para 2020. Erró en un ejercicio. Porque el sector del e-commerce certifica que ya el año pasado sus cifras de facturación mundial superaron los 3,53 billones de dólares. Con previsiones, antes de que irrumpiera la crisis del coronavirus, de poder duplicar este volumen de negocio, hasta los 6,54 billones, en 2022. A juicio de KPMG, “la mayoría de la industria manufacturera ya dispone de tecnología y procedimientos 4.0, pero aún no está preparada para una integración completa”. Paso que “resulta clave e ineludible” si se persigue “la conexión entre la dimensión de productos y servicios inteligentes y los procesos productivos”.

Este road map requiere tres escenarios básicos de actuación.

El primero, inversiones en áreas esenciales para absorber una mayor demanda en la cadena de suministros -avances digitales o sistemas de comunicación M2M (machine to machine), que implican adquisiciones en disciplinas como la robótica, el Big Data, la ciberseguridad o la tecnología IoT-, y que exige la superación de la cadena de valor clásica, insuficiente para gestionar más clientes y pedidos. El segundo tiene que ver la alineación entre las innovaciones digitales y las estrategias corporativas de gestión, atención al cliente y traslado de beneficios al accionista. El escalafón final obliga a aplicar tareas de monitorización; es decir, de constatación, con información precisa -a través de Big Data y de analítica económica- de la influencia que los cambios provocan en la oferta de bienes y servicios, en el ciclo vital del producto, en la cadena de valor, en el capital humano y tecnológico, en el nivel de competitividad y en la ratio de rentabilidad.

En este contexto, la digitalización del sector privado español debe subirse a la locomotora de la que ya se considera la mayor de las revoluciones industriales, por su celeridad transformadora y por la multiplicación exponencial de sus negocios a corto y medio plazo. Y, entre los objetivos que se debe marcar para abordar este cambio de paradigma, debe tener un lugar preferente el peso internacional de sus negocios. Un abordaje esencial para el sector exterior. Si las empresas del sector español certificaron la década pasada un salto sin paliativos en la historia económica reciente -y no sólo cuantitativa, sino también cualitativamente, por la estabilidad de los flujos de bienes, servicios y capitales a mercados exteriores-, el desafío para la década que acaba de comenzar es precisamente el de ganar peso y músculo con un anabolizante claro: los procesos de digitalización.

Los mercados electrónicos o marketplaces -Amazon o Alibaba son los dominadores globales- se han convertido, pues, en canales de exportación de creciente trascendencia y con unas enormes ventanas de oportunidades. De forma que es un cauce especialmente útil para todas las pymes, una de cuyas carencias generales es el déficit de recursos para abordar planes convencionales de internacionalización. Y el acceso a estos marketplaces suple estas barreras exteriores de las pymes -entre las que se pueden mencionar, además, la falta de experiencia directiva o su difícil obtención de información relevante en mercados exteriores- mediante la identificación tanto de socios como de clientes potenciales en el universo online. La digitalización es la llave maestra para abrir el e-commerce y las puertas de entrada a las plataformas virtuales de consumo.

Avance en los procesos de digitalización

La llamada a las empresas exteriores para que avancen en los procesos de digitalización que les catapulten hacia nuevos negocios globales ha tenido un desarrollo específico y prioritario en los dos últimos planes de internacionalización. Porque la “concentración de la exportación en un número reducido de empresas”, debido también a las “grandes presiones competitivas a las que están sometidas las de tamaño medio o midcaps”, explican las autoridades comerciales. Con crecimiento de negocios en mercados bien situados en el comercio online -Rusia, Turquía, Brasil o Marruecos- pero con presencia aún insuficiente en economías que, como EEUU, China o Japón, “representan el 30% de las importaciones globales”, en las que “España tiene unas cuotas muy inferiores a las de su posición en el comercio internacional y se encuentra proporcionalmente mucho más lejos que nuestros competidores”. Los pilares básicos de transformación del sector exterior en 2027, dentro de un plan marco plurianual de actuaciones, se sintetizan en cuatro: alcanzar un valor de exportaciones nominales de bienes de 400.000 millones de euros; conseguir 75.000 empresas que exporten de forma regular; lograr que las empresas españolas accedan a adjudicaciones por valor de 650.000 millones de euros, vía licitaciones internacionales y alcanzar un stock de inversiones de 500.000 millones de euros.

Para certificar estos objetivos, Comercio diseñó una estrategia estructural con seis ejes. Uno de los cuales es la inserción de la innovación, la tecnología, la marca y la digitalización a las políticas dirigidas a fomentar la internacionalización. “El nivel tecnológico tiene efecto directo en la competitividad del país, por lo que es crucial que instituciones, empresas y entidades financieras trabajemos conjuntamente para apoyar proyectos innovadores que contribuyan a crear empleo de calidad y a renovar estructuras productivas y dar paso a otras más modernas e innovadoras”. En el texto del documento oficial de la secretaría de Estado también se aclara que “la marca, por su parte, responde a la necesidad de la empresa por diferenciar sus productos”. Porque, “hoy en día, el éxito internacional requiere la plena incorporación de las empresas al mundo digital, lo que redundará en mayores beneficios y más presencia global de nuestro sector exterior”.

Last modified: 06/08/2020