El milagro económico islandés se esfuma: vuelve la recesión

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Fue una de las economías que primero entró en contracción en 2008. Pero Reikiavik se enfrenta ahora a una “profunda recesión” para la que dice estar preparada.

 

“Estamos preparados para una profunda recesión, que se iniciará ya este año aunque será aún más acentuada en 2020”, admitía a finales de junio el gobernador del Banco de Islandia, Már Gudmundsson, en una conferencia en Dubrovnik (Croacia), que achacó la pérdida de vigor de la economía del país a la “drástica caída” del turismo, que ha retrocedido a niveles de 2016 y que tiene efectos colaterales en el mercado del alquiler y, por ende, en el poder adquisitivo de los propietarios con varias residencias, en el consumo de hogares y en los ingresos de empresas de este sector. La otra gran causa de la contracción económica es la pésima temporada del capelin, presa con la que obtienen las capturas de bacalao en el Mar de Bering, otra de las principales fuentes productivas islandesas, cuyo PIB, a precios de mercado, crea 25.882 millones de dólares de riqueza, en un país de apenas 340.000 habitantes. En la coyuntura de Islandia también ha jugado un papel determinante la bancarrota de su aerolínea Wow Air. Sin embargo, para el jefe del organismo regulador islandés “nunca hemos estado tan preparados en nuestra historia para afrontar una situación adversa como la que se nos avecina ahora”. De hecho, la institución que preside ya ha iniciado su corrección a la baja en los tipos de interés. Adelantándose a una medida que se contempla en la mayor parte de los bancos centrales industrializados y emergentes que siguieron la senda alcista de la Fed hace año y medio. Gudmundsson redujo en medio punto, hasta el 4%, el precio del dinero en mayo. Para hacer frente a unos números rojos que su servicio de estudios estipula en cuatro décimas en el conjunto de este ejercicio.

“Tenemos margen suficiente para reconducir con la política económica este escenario sombrío y restablecer el dinamismo”, aclara. Señal inequívoca de que habrá nuevos movimientos en los próximos meses, con objeto de abaratar las condiciones de financiación y facilitar la concesión crediticia a hogares y empresas. Aunque esta maniobra conlleve una mayor pérdida de valor de la corona islandesa, que se ha dejado un 6% de su cotización en su relación cambiaria a lo largo de este año con el euro.

Desde el Ejecutivo de la primera ministra Katrín Jakobsdóttir, líder del movimiento Izquierda-Verde, también reconocen que la década de esplendor que ha disfrutado el país desde la crisis de 2008, toca a su fin. Su anuncio de medidas ha sido inminente. Entre otras, poner en marcha la venta de activos de los bancos que fueron nacionalizados y, con ello, la liberación de todas las carteras de acciones de inversores extranjeros que fueron confiscadas a la banca del país, y cuya gestión pasó a manos del gobierno para salir del tsunami financiero en el que se había sumido el país.

 

La caída del sector turístico

Desde el servicio de estudios del banco Arion, se señala el epicentro de la entrada en recesión: la industria turística. El gran proveedor de divisas en la economía islandesa desde su salida de la crisis. El gran motor del ciclo de negocios se apaga, anticipan en Arion en un informe analítico sobre este segmento de actividad, que ha llegado a aportar hasta el 12% del PIB y el 20% de las inversiones empresariales. En él, se advierte de que este ejercicio el flujo de visitantes “podría caer drásticamente”, con ratios de crecimiento mínimos, del 1,4%, después de cuadruplicar el número de pernoctaciones vacacionales en el último decenio. Sus expertos llaman la atención sobre el impacto que esta pérdida de turistas puede propiciar en el conjunto de la economía; en especial, en proyectos hoteleros, en la demanda de empleo, en el balance por cuenta corriente del país o en el valor de la corona”. Además de las interferencias que creará en el circuito de tour-operadores de los países nórdicos, acosados por el repunte de la cotización del petróleo.

 

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Un buen ejemplo de ello es Wow Air, la aerolínea de bajo coste que, junto a su enseña nacional, Icelandair, monopolizan la entrada de turistas al país. Wow ha cancelado en los últimos meses rutas a Edimburgo, Estocolmo o San Francisco, aunque lo achacan al retraso de entrega de dos Airbus A330, motivo que también ha llevado a la suspensión de pagos a otra línea nórdica, Primera Air. Pero el asunto preocupa. Y mucho. Porque el banco central islandés ha intervenido en varias jornadas de las últimas semanas para contener la depreciación de la moneda del país; en gran medida, debido a la situación financiera de esta aerolínea.

 

El Fondo Monetario Internacional se une

El FMI se ha sumado a esta advertencia del sector turístico. En su informe sobre Islandia, se hacía eco de la pérdida de dinamismo en los últimos años, después de que, en 2016, experimentara un impulso espectacular del 40%. El Fondo une a este retroceso de la demanda turística otros tres riesgos asociados: las tensiones comerciales, la escalada del crudo y la incertidumbre del Brexit. Todos ellos, con repercusión directa sobre la economía islandesa. De hecho, la tasa de desempleo ha saltado seis décimas, hasta el 3,6%, desde comienzos de año, en un país que se ha acostumbrado al pleno empleo. Aunque las solicitudes en busca de nuevos puestos de trabajo podrían dispararse porque las reservas de hoteles ya retrocedieron un 5% en términos anuales el pasado mes de abril, según la Asociación de la Industria Turística. La misma proporción de la caída de empleo en el sector hotelero del país. El asunto ha llegado al Parlamento, desde donde se promueve una iniciativa para espolear el turismo con una partida equivalente al 1% del saldo positivo que Reikiavik maneja en el presupuesto de este año.

Desde el FMI se aplaude la reacción inmediata del banco central. Estiman que los altos tipos de los últimos dos años perjudican la competitividad de su tejido empresarial y añaden presión sobre la corona. Y esperan que el sucesor de Gudmundsson, que dejará el cargo el 20 de agosto, siga con su política monetaria. La tutela del Fondo fue determinante para que el sistema bancario de Islandia saliera a flote. Además de marcar un hito histórico. Los 2.100 millones de dólares que liberó el Fondo a modo de préstamos al país en 2011 fueron devueltos íntegramente sólo cuatro años después. En la dirección ejecutiva de esta institución consideran a Islandia “un alumno aventajado” por su fulgurante salida del colapso financiero. Ahora, estimulan la rebaja del precio del dinero para sanear la economía y que Islandia inaugure otro ciclo de negocios estable. Entre otras razones, porque tampoco ven atisbos de tensiones inflacionistas a medio plazo.

 

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Last modified: 07/08/2019