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Venezuela engendra ‘petro’, su criptomoneda, en plena crisis de deuda

Caracas precisa que la divisa estará sustentada con reservas de “oro, petróleo, gas y diamantes”, aunque Fitch y Moody’s declaran en quiebra a la petrolera PDVSA.

El anuncio fue realizado por el propio presidente venezolano, lo que confiere al giro monetario del país de la máxima credibilidad institucional. Nicolás Maduro dijo a sus conciudadanos y, de paso, a inversores nacionales y foráneos que petro nace con el objetivo de combatir el supuesto bloqueo económico al que se ha sometido a Venezuela y que le impide realizar transacciones financieras en el exterior. Un mensaje que vino acompañado de otros datos sorprendentes que corroboran la hipótesis de que el país sudamericano modificará de nuevo las reglas de juego. O lo que es lo mismo, transformará la seguridad jurídica de empresas y residentes.

Petro estará resguardada por reservas de gas y petróleo y otros minerales de alto valor, entre ellos el oro y los diamantes. De hecho, Maduro ha encargado la gestión de la criptomoneda venezolana a Manuel Quevedo, máximo responsable de la petrolera estatal PDVSA y ministro de Petróleo de su gabinete. Su primera misión -avanzó el líder bolivariano- será la de crear un Observatorio de blockchain o cadena de bloques, la estructura “institucional, política y jurídica” que permita la puesta en marcha de petro.

Este giro en la política económica y monetaria de Venezuela llega en un instante trascendental para la coyuntura del primer productor de crudo de América y el segundo (o primero, según los cálculos más a largo plazo) con mayores reservas petrolíferas del mundo, por detrás de Arabia Saudí. El jefe del Estado, que atribuye el deterioro de la economía venezolana a las sanciones impuestos por EEUU y Canadá contra los jerarcas del chavismo, acaba de realizar cambios en la cúpula ejecutiva de PDVSA, a cuyos anteriores gestores la Justicia del país les acusa de corrupción. Y, entre otras investigaciones, sondea contratos suscritos recientemente por PDVSA con más de 270 empresas que, según acusa la fiscalía del Estado, podrían albergar pruebas inequívocas de comisiones ilegales.

Las agencias de ratings

Esta decisión presidencial coincide, además, con la declaración, por parte de agencias de ratings como Fitch y Moody’s de suspensión de pagos a la petrolera estatal, cuyas cotas de extracción han descendido hasta cotas nunca vistas desde finales de los ochenta por el déficit tecnológico adquirido por la ausencia de acuerdos internacionales con gobiernos o petroleras con suficiente capacidad de innovación.

Sin embargo, y salvo estas declaraciones, los inversores internacionales coinciden en señalar la escasa información y la incertidumbre que rodea a este anuncio, en el que Maduro llegó a decir que “el siglo XXI ha llegado a Venezuela”.

Desde la oposición, se recuerda que cualquier decisión que afecte a la soberanía monetaria del país, debe tener el pertinente respaldo del Congreso. Al tiempo que ponen en duda que pueda ver siquiera la luz. Porque petro se ha concebido en plena tormenta financiera. Con el bolívar, la moneda oficial, en caída libre, los supermercados con claros síntomas de desabastecimiento, en especial de productos de primera necesidad, y una hiperinflación galopante para acceder a alimentos básicos y medicinas. Por si fuera poco, la deuda soberana ha estado varias veces a punto de estallar. No sólo por los retrasos en los vencimientos de los pagos desde su servicio del Tesoro, que ha complicado la venta de petróleo en los últimos meses. Sino porque Standard & Poor’s ya le ha puesto el cartel de quiebra a su servicio de deuda.

La mayor de las agencias de calificación rebajó su nota en noviembre por incumplimiento de dos bonos, por valor de 200 millones de dólares, correspondientes a bonos emitidos con fecha de vencimiento en 2019 y 2024. S&P la colocó en su grado SD/D (selective default/default), para endeudamientos en divisas extranjeras en CCC/C, la calificación anterior a la suspensión de pagos, pero con una vigilancia negativa, en moneda nacional. A juicio de sus expertos, “hay un 50% de posibilidades de que Venezuela pueda entrar en suspensión de pagos otra vez en los próximos tres meses”.

La decisión de la agencia coincidió con otro anuncio trascendental. Maduro comunicó el mismo día el “éxito” en las conversaciones sobre refinanciación de la deuda con los acreedores. Según cálculos oficiales, Venezuela tiene una deuda total cercana a los 150.000 millones de dólares, con abonos anuales cercanos a los 10.000 millones. Circunstancia que, para S&P, no resulta del todo exacta. En opinión de sus analistas, “resulta más probable que cualquier reestructuración (de deuda) de Venezuela deba ser entendida como un intercambio de deuda en dificultades y equivalente al default teniendo en cuenta las altas restricciones en la liquidez”.

Los rescates

Uno de los rescates extranjero a los que se refirió Maduro es la petrolera rusa Rosneft. Aunque también mantiene contactos de alto nivel para que el Gobierno chino, a través de sus empresas energéticas, para que asuman nuevas condiciones de financiación sobre la deuda venezolana. Entre otras razones, porque cualquier default de Venezuela (o, en este caso, de PDVSA) supondría la pérdida de una parte substancial de los 1.100 millones de dólares que Caracas tiene comprometido con la petrolera rusa. Y lo que es peor, “pondría en riesgo la recepción de otros 6.000 millones” dice el analista energético Alexander Burgansky, de Renaissance Capital.

A diferencia de sus rivales chinas e indias, Rosneft ha seguido acordando nuevos préstamos con PDVSA, que suministra casi la mitad de la producción exterior de la petrolera rusa. A cambio de inversiones de exploración. Pero los pagos, a través de entregas de crudo a futuros, no les ha reportado en los últimos tiempos las tasas de retorno que se habían calculado en los acuerdos, lo que ha perjudicado también la liquidez de la compañía rusa.

Petro, además, podría surgir en plena burbuja especulativa de las criptomonedas. No sólo de la más conocida en el casino virtual, el Bitcoin, que rezuma volatilidad a lo largo de este otoño. También en las más de 1.200 divisas digitales que operan en los mercados. El Bitcoin, que ha sido considerado siempre por el Gobierno de Maduro como un ejemplo de la economía social, acapara el 80% de este negocio y su valor ha tocado los 10.000 dólares por unidad. Entre no pocas advertencias sobre la ausencia de reglas de juego, la falta de supervisión o su permisividad con las operaciones de blanqueo de capitales y evasiones fiscales.

Aunque tampoco se debería eludir, a la hora de contemplar operaciones de inversión en el país sudamericano, la reciente devaluación monetaria ordenada por el banco central para el bolívar, cuyo nuevo billete, de 100.000 unidades, equivale a menos de 2,5 dólares. Otro paso más hacia la “eliminación de todas las monedas físicas” que Maduro avanzó como reacción al colapso de la divisa en 2016, motivado por la alta inflación en Venezuela.

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