Trump y Jinping acuerdan una nueva tregua comercial

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Washington y Pekín restablecerán negociaciones. Pero, ahora, en medio de un creciente pesimismo chino y de una drástica caída de las importaciones globales en EEUU.

 

Las dos grandes potencias económicas acaban de firmar un nuevo armisticio temporal. Como el que se fraguó a comienzos de año y que se truncó en mayo, nada más expirar los tres meses de cese el fuego decretado por la Casa Blanca. Van a retomar el diálogo y, de nuevo, después de una cita del G-20. En esta ocasión, en Osaka, Japón. Como contraprestación, la Administración Trump interrumpirá la nueva subida de aranceles con la que amenazó a Pekín y permitirá que sus multinacionales tecnológicas vendan componentes y software a la china Huawei, el asunto que ha servido de termómetro a las presiones comerciales entre China y EEUU en los últimos meses y que ha convulsionado los mercados bursátiles. A cambio, China se compromete a dejar que el sector agrícola americano coloque más mercancías en su territorio. “Estamos de nuevo en la buena dirección”, aseguró el presidente republicano, antes de espetar que había sido una muy buena reunión: “mejor de lo esperado”, pronunció. Nada nuevo en el horizonte. En la cita del G-20 en Buenos Aires, en diciembre, Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, también dejaron ver su supuesta sintonía. Y, en mayo, las hostilidades se reanudaron.

Pero, de momento, la renuncia estadounidense a aplicar aranceles más severos sobre 325.000 millones de dólares de mercancías chinas -y la contraprestación de Pekín de hacer lo mismo sobre un montante conjunto de bienes y servicios americanos por valor de 60.000 millones de dólares- es el mensaje que esperaban escuchar los inversores internacionales. Sometidos durante meses a una descontrolada volatilidad de sus carteras de capitales. Y, en especial, a la industria tecno de Silicon Valley, con contratos de suministro a Huawei de casi 11.000 millones de dólares cada año. Trump dijo que no era “un indulto”, porque seguía pensando que la multinacional china atenta contra la seguridad nacional de EEUU por la exigencia legal de aportar secretos a los servicios de inteligencia de Pekín. De hecho, dio a entender que Washington seguirá presionando a sus aliados para que desistan de elegir a esta firma en la evolución del negocio 5G en sus países.

Hasta aquí, la literatura diplomática. Porque las negociaciones entre el primer ministro chino, Li Keqiang, y la delegación estadounidense, encabezada por Steven Mnuchin, secretario del Tesoro y por el negociador comercial de la Casa Blanca, Robert Lighthizer, naufraga en cuestiones con un mayor calado geoestratégico: la fortaleza del dólar, deseoso de restablecer su hegemonía en los mercados cambiarios, la banda de fluctuación rígida que determina el valor del rinminbi, la divisa china en los escenarios internacionales, o las reticencias de Pekín a permitir que el capital extranjero domine la relación accionarial de sus empresas. Sin descuidar la adquisición de deuda americana, en cantidades ingentes en los últimos años, por parte de los grandes bancos chinos. De hecho, todo este arsenal de asuntos sin resolver ha generado más pesimismo que euforia en los equipos negociadores. Especialmente en el chino, afirma la consultora Eurasia. Pero también en el de EEUU, bajo un riesgo común. En ambas latitudes, las importaciones de otros países, como las de Japón o Corea del Sur, se han resentido. La fumata blanca, pues, está en el aire.

 

¿Cómo responde Trump?

Trump mantiene su diagnóstico de que las exportaciones masivas procedentes de China son una grave injusticia para la economía global. Sin embargo, sus subidas arancelarias han infligido un duro revés sobre el comercio y la actividad mundial. Las adquisiciones estadounidenses cayeron en mayo un 27%, algo que no es muy sorprendente. Pero la gran factoría mundial dejó de obtener bienes japoneses en un 16% y de su vecino surcoreano en otro 18% en términos interanuales. Efectos de la Guerra comercial de Trump. También la amenaza de Pekín de dejar de exportar cualquier mercancía a EEUU está pasando factura a los pedidos industriales y al abastecimiento en general de amplios sectores productivos del país.

El comercio global “está siendo sometido a notables resistencias; al fin y al cabo, se enfrenta a unas restricciones históricas, a un nivel desconocido hasta ahora”. Son palabras del director de la OMC, el brasileño Roberto Azevedo, en la cumbre del G-20. Circunstancia que “tendrá muchas más consecuencias sobre la incertidumbre empresarial, la reducción de inversiones y la anemia del comercio internacional”. A pesar de que Lighthizer quite hierro al asunto. A su juicio, el PIB global y los flujos comerciales -dice- no se han reducido por la política de EEUU, cuya economía es la más dinámica del G-7. Para Lighthizer, el resto de potencias industrializadas y de mercados emergentes “no están gestionando bien sus coyunturas”. EEUU -precisa- “sólo pretende crear un equilibrio comercial justo”.

Un diagnóstico que no comparten los expertos. Tom Orlik, economista de Bloomberg Economics, la división de análisis de la agencia de noticias, afirma que “la coyuntura de EEUU ya sufre los efectos de la subida tarifaria a China. Tanto en la parada exportadora de su sector agrícola como en los procesos de producción de sus firmas manufactureras. Y este fenómeno se traslada al lado chino”. Robin Brooks, economista jefe del Instituto de Finanzas Internacionales, precisa que “aún es demasiado pronto” para ver claramente las tendencias globales. Aunque la atmósfera también está repercutiendo en naciones como Alemania, asolada por la incertidumbre del Brexit y la ralentización turca, dos fuerzas determinantes en su sector exterior. “Cada país se enfrenta a su propia idiosincrasia y dinámica comercial”. Y resalta: las caídas exportadoras de Japón y de Corea del Sur hacia China representan “la evolución alcista y a la baja que se está traduciendo como algo normal en la industria manufacturera mundial”. Aunque el economista jefe de la OMC Robert Koopman incida en un hecho que -asegura- ya se está produciendo. La guerra comercial de la Casa Blanca “ha dirigido a la globalización hasta el punto de reserva, lo que significa que la mayor parte de la producción empresarial se nutre de los mercados domésticos y eso no es lo que nosotros deseamos presenciar”.

 

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Last modified: 22/07/2019