Trump inicia las hostilidades contra el libre comercio

Imagen trump pintado en un muro dando un discurso

Europa y China han salido en defensa de la globalización de bienes y servicios, mientras en EEUU arrecian las críticas contra el proteccionismo de Trump en la Casa Blanca.

Trump: America, first!

El lema electoral del presidente republicano, Donald Trump, ha traspasado, como adelantó antes y después de su victoria en las urnas, una de las fronteras más sensibles: el libre comercio. Sólo algo más de un año después de instalarse en la Casa Blanca. La declaración bélica se produjo el pasado 1 de marzo. Con una primera demostración de fuerza: el anuncio de una subida arancelaria del 25% sobre las importaciones de acero y del 10% sobre el aluminio. A la que sucedió un par de salvedades que dejan la impronta del líder republicano. Por un lado, que la medida tendrá carácter casi inmediato, ya que entrará en vigor antes de que termine marzo, “en dos semanas”, dijo el jueves día 8. Y, por otro, que tendrá complacencia -es decir, unos obstáculos de entrada más reducidos- con aquellos países que asuman sin represalias tal decisión y sean considerados aliados comerciales.

La metalurgia

El primer sostén del presidente norteamericano será la industria metalúrgica, con los que tiene contactos fluidos y que están detrás del giro proteccionista de EEUU porque, a su juicio, y así se lo han transmitido sus patronales a la Casa Blanca en los últimos meses, reducen sus beneficios y ocasionan pérdidas estructurales de puestos de trabajo, debido a los bajos precios con los que entran y operan en el mercado estadounidense. De hecho, tras uno de sus últimos encuentros, Trump dejó el siguiente tweet: “Tenemos que proteger nuestras industrias de acero y aluminio, mientras que al mismo tiempo mostramos gran flexibilidad y cooperación hacia aquellos que son verdaderos amigos, y nos tratan justamente en el comercio y en la cuestión militar”. Horas después de su mensaje, Washington hizo saber que tanto Canadá como México quedarían exentos, al menos inicialmente, de este arancel general. Un guiño que, sin embargo, no ha sido aceptado ni en su vecino del norte ni en el del sur, enfrascados en unas negociaciones para salvar el Nafta, la unión aduanera norteamericana, que Washington se afana en desmantelar.

Trabas al liber mercado

China y Europa no tardaron en reaccionar. Desde Bruselas se habló de guerra comercial abierta y no se descarta que los incrementos arancelarios se propaguen a otros productos y servicios; sobre todo, los que se fabrican o extraen en estados con mayoría republicana, aduciendo que en la Casa Blanca ya se trabaja desde hace semanas en remodelar el ordenamiento jurídico para acometer estas trabas al libre comercio. De hecho, el máximo asesor económico de Trump, Gary Cohn, dimitió de inmediato tras catorce meses en el cargo y se convirtió, así, en el último de una larga lista de consejeros del presidente que han abandonado sus puestos desde que el dirigente republicano accedió a la Casa Blanca. Cohn ha admitido no compartir el nacionalismo económico que se ha instalado en Washington. Y que Trump se encarga de alimentar con mensajes con proclamas como que “EEUU ha sido maltratado como país durante años; todos han sacado ventaja. Pero nunca más va a volver a ocurrir. Las guerras comerciales no son tan malas; somos más poderosos que ellos”. O que los conflictos sobre el comercio “hay que ganarlos” y que “no suelen venir solos”, dejando entreabierta la puerta a nuevos focos de tensión. Una deriva que ha contagiado a otras esferas de poder en EEUU, desde donde se enfatiza sin tapujos que Trump es un político proteccionista. Entre otros, Wall Street, el poderoso sector financiero americano que domina no sólo el mercado inversor estadounidense, sino el resto de plazas bursátiles con sus hegemónicos bancos de inversión. Al S&P y al Dow Jones, sus dos índices de referencia, no le han sentado nada bien la maniobra del presidente en materia comercial.

Críticas en el republicanismo

Desde el republicanismo, se han alzado voces críticas contra Trump, que ha esperado obtener la doble victoria en el Congreso con su rebaja fiscal y la anulación del ObamaCare para emprender su medida estrella, el proteccionismo comercial, base esencial de su America, first. “Exigimos precaución” le espetó el líder del Grand Old Party en el Senado, Mitch McConnell, tan sólo unos días después de que su contraparte en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, uno de los republicanos con mayor ascendencia sobre el partido, admitiera “estar preocupados [en la formación conservadora] por las consecuencias de una guerra comercial” de la que precisó, además, que “podría amenazar” los efectos dinamizadores de “la reforma tributaria”. A lo que Trump respondió en Twitter: “Desde el primer Bush hasta hoy, nuestro país ha perdido 55.000 factorías, 6.000.000 de empleos manufactureros y ha acumulado un déficit comercial de más de 12 billones de dólares. El año pasado, tuvimos un déficit de casi 800.000 millones. Malas políticas y mal liderazgo. Hemos de ganar otra vez”.

Europa responde

“Si Trump pone en marcha estas medidas, Europa responderá con un arsenal de productos a los que aplicaremos nuevos aranceles”, aseguró el comisario de Asuntos Financieros, Pierre Moscovici, quien apeló a la cordura del Congreso americano “para que valore si desea implantar una receta en la que perderemos todos”, aclaró. Dicho y hecho. Bruselas impuso tarifas sobre algunos de los bienes más icónicos de EEUU como los tejanos Levi’s, las motos Harley Davidson, el Bourbon o las mantequillas de cacahuete y de arándanos, ante la seria amenaza de que se pierdan casi 3.000 millones de euros por las ventas de acero y aluminio a EEUU. “En una guerra comercial nadie sale ganando”, admitió la comisaria europea Cecilia Malmström, para quien “carece de sentido que Washington diga que la UE, su tradicional aliada, ponga en riesgo la seguridad nacional de EEUU”. Malmström explicó que la estrategia de la UE es triple: litigar junto con otros bloques comerciales ante la Organización Mundial del Comercio (OMC); imponer protecciones a la industria europea del aluminio y el acero, y aprobar normas de salvaguardia “para equilibrar la situación”; con una lista provisional de productos sobre los que se impondrán aranceles.

China también prepara represalias.

Sobre todo, porque Trump siempre ha señalado al régimen de Pekín como el principal responsable del déficit comercial estadounidense. Wang Yi, titular de Exteriores chino, afirmó que ambas superpotencias “no deberían ser rivales” y que la historia se afana en demostrar que las guerras comerciales “no son las decisiones correctas para resolver los problemas”. En especial, “en la era de la globalización”. Pero que, aun así, Pekín “tendrá que preparar una batería de productos y servicios” con los que reaccionar ante “estas embestidas” de EEUU. Trump volvió a hacer uso de su cuenta de Twitter para reclamar la inmediata corrección de sus 1.000 millones de dólares de superávit comercial y de los 375,2 millones de desequilibrio de la balanza bilateral entre ambos países. Aunque las ventas de acero chino a EEUU son mínimas, su industria metalúrgica, también la del aluminio, es la responsable, según el presidente americano, de los bajos precios globales de estos materiales. La Casa Blanca aduce que las exportaciones de China crecieron un 44,5% en febrero respecto al mismo mes del año precedente, un ritmo que ha acumulado un superávit con EEUU, en los dos primeros meses de 2018, de 42,9 millones de dólares.

Last modified: 23/04/2018