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Triunfar como los chinos en España está a tu alcance

Trabajar de sol a sol, no descansar nunca y olvidarse de las vacaciones. Esto es en lo primero que se piensa en el mundo de los negocios cuando se habla del triunfo de los chinos en España. Pero, sin despreciar la innegable dedicación al trabajo, el éxito empresarial de este colectivo responde a una pócima que poco tiene de secreto milenario custodiado a la orillas del río Yangtsé. Es más, se parece mucho a lo que los abuelos españoles podrían aconsejar hoy a sus nietos empresarios.

1. Dedicación y paciencia, el Mercedes llegará
De un tiempo a esta parte todo aquel que pensaba en hacerse empresario en España esperaba triunfar en pocos años. Sueldazo, cochazo y mansión han ido más de una vez por delante de los beneficios empresariales. Los chinos son más cautos. Por supuesto, que el Mercedes llega. De hecho es lo primero que compran, pero sólo cuando han conseguido pagar la inversión inicial. Si tienen que esperar cinco años a que el negocio dé beneficios, lo hacen cultivando la máxima austeridad. Nada de juergas y de vacaciones ni hablamos. Vamos, exactamente igual que hicieron los que ahora son abuelos cuando, allá por los años cuarenta, iniciaban sus negocios. Esos que no entienden el modo de vida de sus nietos que anteponen el disfrute personal a las necesidades del negocio. Del trabajar de sol a sol, mejor ni mencionarlo por si el abuelo sale con garrota llamándonos “mangantes”.

2. Bancos. Cuanto más lejos mejor
¿Pagar un 8% de intereses a cambio de dinero? Esto que ahora nos parece lo más normal de mundo era una aberración en la España de los años cuarenta e incluso en los cincuenta y sesenta del siglo pasado. Si alguien necesitaba dinero ahorraba todo lo posible y el resto se lo pedía a la familia que no le cobraba intereses. Exactamente eso es lo que hacen ahora los chinos. Pasar por un banco es el último de sus pensamientos. Familia, amigos o incluso las redes de compatriotas funcionan como sistema financiero alternativo. A cambio un férreo compromiso a devolver el dinero prestado por delante de cualquier otra cosa. No falta quién critique con saña la escasa transparencia de este sistema de préstamo.

3. Adaptación y Flexibilidad
Aunque a los habitantes del centro de la ciudad les parezca increíble, no todas las tiendas de alimentación regentadas por chinos están abiertas casi las 24 horas. Un paseo a las 11 de la noche por los barrios periféricos de cualquier ciudad, confirma una cosa: si no hay demanda ellos también echan el cierre. Porque nadie como ellos responde con mayor celeridad a las necesidades de sus clientes. Mundial a la vista: allí están sus tiendas llenas de banderitas rojigualdas. ¿Que triunfa el champú de caballo? No esperan a que lo demanden más de tres clientes para buscar proveedores.

4. Sentimientos, los justos. Si hay que cerrar se cierra
Esa adaptación también es envidiable a la hora de decidir cerrar el negocio. En esto, los abuelos españoles no estarían de acuerdo. Ellos que han luchado hasta el último momento con tal de salvar sus negocios difícilmente verán con buenos ojos la máxima que aplican los chinos. Si el negocio no consigue crecer un 20% durante los seis primeros meses se cierra.
Pero si todo va peor de lo esperado, ni esos seis meses se espera. Lo he comprobado en primera persona. Una tienda de alimentación que abrió justo la semana antes de la Navidad de 2011 enfrente de mi casa, cerró hace un mes.

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