Los candidatos demócratas señalan la tensión geopolítica como el gran riesgo de EEUU

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El cambio climático, la proliferación nuclear, Rusia y, en menor medida, China, son para los aspirantes demócratas las grandes amenazas contra la seguridad nacional.

 

La campana a las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 ya está lanzada. Como marca la constitución americana, para el primer martes después del primer domingo de ese mes. Desde que el Partido Demócrata cerró su terna de aspirantes -23, en concreto, toda una exhibición de pretendientes- a comienzo de este año. Aunque el pistoletazo de salida lo detonó el presidente Donald Trump, al acudir, el pasado 18 de junio, a Orlando (Florida) para certificar lo que todo el mundo sabía, que se someterá al escrutinio de las urnas para revalidar su mandato como cabeza de cartel republicano. De manera que la precampaña electoral lleva meses en el subconsciente colectivo de EEUU. Entre críticas a la “errática”, “peligrosa e “incongruente” política exterior de la Administración Trump, que se han ido multiplicando y expandiendo entre la opinión pública en los últimos meses. Que con todos estos calificativos ha sido catalogada por observadores internacionales, por empresarios -especialmente, los del sector exterior- y por políticos; incluso de uno y otro signo; es decir, demócratas y republicanos.

Trump ha enterrado el soft power, el poder suave que caracterizó el doble mandato de Barack Obama. Hasta instaurar un nuevo orden global, cargado de nuevos riesgos geoestratégicos y sin avances en históricos puntos calientes, desde el conflicto sirio, al yemení o el palestino-israelí, a partir de una doctrina unilateralista que ha irritado, casi a partes iguales, tanto a rivales como a socios tradicionales de EEUU. Efectos de su lema favorito, el America, first. El primer asalto hacia la Casa Blanca en el proceso de primarias demócrata se vivió en el NBC, en dos debates seguidos. Los diez contendientes de esta formación que protagonizaron la puesta en escena convinieron en que la mayor amenaza geopolítica para EEUU es Trump. Pero, a partir de esta primera lectura, el orden de riesgos a la seguridad nacional se diversifica. En un ranking que va desde la ausencia de combate contra el cambio climático, hasta la carrera armamentística nuclear desatada por la salida de la Casa Blanca de tratados de no proliferación, pasando por Rusia, China e Irán. Todos ellos, asuntos sobre los que la Administración Trump ha roto con los parámetros diplomáticos de la historia reciente del país e impuesto criterios ideológicos y doctrinales.

Para la senadora por Massachusetts, Elizabeth Warren, una de las grandes favoritas, el asunto de prioridad más acuciante es el cambio climático. Defensora del Green New Deal popularizada por la emergente figura demócrata Alexandria Ocasio-Cortez y abanderada, junto al senador Bernie Sanders, del socialismo socialdemócrata que arraiga entre los simpatizantes del partido, que ha renunciado a formalizar su candidatura en esta contienda. Warren promete dotar con 2 billones de dólares del presupuesto federal programas de energía limpia, además de inyectar otros 400.000 millones de inversiones a lo largo de la próxima década destinados a proyectos de innovación. A través del Instituto Nacional de Energía Limpia, una institución de nuevo cuño que se deslindará del de Salud. En su opinión, “con grandes y eficientes líneas de financiación, tanto la investigación, como la industria y los trabajadores americanos crearemos millones de puestos laborales y lideraremos la lucha contra el cambio climático en el mundo”. Junto a ella, eligieron este asunto como el más urgente en la agenda presidencial Beto O’Rourke, para quien “ya podría ser demasiado tarde”

Para John Delaney, ex representante la Cámara Baja por Maryland, “el mayor riesgo geopolítico es China, pero la amenaza de máxima tensión son las armas nucleares”. Muy crítico con la salida unilateral de los tratados atómicos de EEUU y, más aún, con la retirada del acuerdo de control nuclear de Irán, decisión que achaca a la obsesión de Trump por lapidar cualquier política que lleve el sello Obama. Tulsi Gabbard, política hawaiana, comparte su diagnóstico, que alerta de que “la posibilidad de que se desencadene una contienda nuclear es la más alta de la historia”.

Mientras que el senador por New Jersey, Cory Booker, cree que ambos temas se combinan como los más peligrosos, voces como la de la senadora por Minnesota, Amy Klobuchar redunda en dos riesgos; uno, económico, que se dirige a China, y otro, de índole geopolítico, que sitúa en Oriente Próximo y, en concreto, en Irán. Para el ex secretario de Vivienda con Obama, Julián Castro, los temas más espinosos son China y el cambio climático, como para Tim Ryan, de Ohio, que señala claramente a “Pekín y su creciente hegemonía económica y diplomática en el mundo”. Bill de Blasio, el alcalde de Nueva York, apuesta decididamente por Rusia, que “ha puesto en riesgo nuestra democracia; necesitamos pararlos”. Con sanciones y presión sin cuartel.

La acción exterior de la Administración Trump ha sido, además, uno de los caballos de batalla de quienes, en el seno de la formación demócrata -y algunos versos sueltos republicanos-, han sido los artífices del intento de impeachment, que acaba de tumbar el Congreso ante los temores de que Trump lo utilice para reanimar el fervor de sus seguidores en 2020. En la misma dimensión que las palabras xenófobas hacia varias representantes demócratas por su origen étnico o las reiteradas injerencias contra la independencia de la Reserva Federal.

 

Alternativas diplomáticas poco comprensibles

Los candidatos demócratas han elegido la política exterior como punta de lanza de sus debates hacia la presidencia. En un reciente artículo en Vox, Alex Ward desglosa los puntos débiles y fuertes de la acción diplomática de la Administración Trump. Bajo la perspectiva de EEUU. Es decir, en función de los asuntos que podrían dar o no réditos a los aspirantes demócratas. En el capítulo de aciertos, menciona que Corea del Norte no haya llegado a probar su bomba nuclear ni ningún misil balístico desde 2017, la expulsión del ISIS, que los fondos presupuestarios en Defensa estén en niveles récord o que México y Canadá hayan revisado el NAFTA e incorporado medidas de protección laborales. Mientras que en el orden de deméritos cita expresamente las guerras comerciales abiertas por la Casa Blanca y, en especial, el combate económico contra China, como una línea argumental que los aspirantes demócratas debería explorar y usar porque tiene “más opciones de éxito que de rechazo social”. Aun así, desde este medio on line de perfil progresista, se advierte, sin embargo, de que sólo Warren y Sanders, entre los candidatos del partido, “han presentado un compendio de asuntos de política exterior comprensibles”. Con visiones exteriores en las que se identifica los riesgos contra la democracia, la prosperidad económica y las latitudes de especial candencia como Corea del Norte, el conflicto de Oriente Próximo o el avance de China y Rusia. El resto -aducen en este análisis- adolecen de un relato con contextos y objetivos idóneos. The Washington Post acaba de recopilar la visión de cada candidato demócrata en esta materia.

Para su valoración se ayudan de dos ex altos cargos de la Administración Obama que ahora son directivos de National Security Action, think tank especializado en diplomacia estadounidense, Ben Rhodes y Jake Sullivan. Ambos explicaban en una conferencia en Washington que, desde el punto de vista progresista, “la política exterior de Trump representa un estado de emergencia permanente para el país”, aunque matizaba que los aspirantes demócratas “necesitan tener una coordinación más adecuada entre ellos para trasladar a la opinión pública su desacuerdo con las decisiones que Trump está tomando” fuera de las fronteras del país. Es una prueba hercúlea -dicen- porque los planteamientos del partido están bien perfilados, y el flanco más izquierdista logra diagnósticos más precisos sobre el grado de exposición que la diplomacia de Trump está generando en contra de la seguridad nacional, desmarcándose de la visión más centrista que ha caracterizado a la formación en las últimas décadas. Pero no son capaces de revelar una opción alternativa al incremento de la capacidad militar y la focalización en las amenazas externas que presentan las posiciones conservadoras de los republicanos. A su juicio, esta solución pasa por definir que la acción exterior progresista es mejor y más efectiva y por vender una visión positiva del papel que EEUU debe jugar en el mundo a los votantes, de aquí al próximo año.

“Hacer del combate contra el cambio climático el eje central de su diplomacia es una gran idea”, enfatiza Rhodes, que aconseja acuñar el lema de “salvar el planeta” como piedra filosofal. Al igual que la promoción de la democracia como fórmula para erradicar la lacra de la corrupción, frente a la connivencia de Trump con regímenes autoritarios como el de Corea del Norte o Arabia Saudí. O el reforzamiento de las alianzas con los aliados europeos y de la OTAN frente a las ínfulas rusas o chinas para ganar peso internacional, una reconstrucción de EEUU con nuevas infraestructuras e inversiones en innovación y estrategias específicas hacia China, Corea del Norte, Irán o Rusia. Justo los talones de Aquiles de la acción exterior de la Administración Trump.

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En los debates presidenciales, la política internacional siempre ha tenido un protagonismo más bien testimonial. Aunque sus asuntos han sido determinantes a la hora de decidir el voto de los estadounidenses. En 2000, los temas de discusión giraron en torno a China y el comercio. En los comicios de 2004, en el terrorismo islamista e Irak, en 2008, en torno a Irán, Irak, China, Cuba y las redes de financiación de los movimientos terroristas, en 2012, en Afganistán, por la decisión de Obama de acabar con el contingente militar en este país, y en 2016, en los de los dos debates anteriores, además de Corea del Norte, Rusia y Siria. C. K. Hickey lo plasma en un reportaje en Foreign Policy. A partir del número de interlocuciones a los aspirantes. Quentin Kidd, analista de política exterior en la Universidad Christopher Newport de Virginia afirma que estas cuestiones resultan más del agrado de los aspirantes republicanos. “Se sienten más cómodos trasladando sus críticas sobre el orden global, una constante desde los ataques del 11-S y las guerras contra Afganistán e Irak”. Aunque fuera de conflictos concretos “suelen focalizar su dialéctica sobre la ayuda al desarrollo, la falta de eficiencia de instituciones como la ONU o el comercio”. Aspectos que “ni siquiera logran una mínima repercusión en los debates entre aspirantes demócratas en su campaña de primarias”. En 2016, con Trump como aspirante, los temas preferenciales de los republicanos salieron a relucir tres veces más que los que planteó Hillary Clinton. A pesar de que venía de ser secretaria de Estado.

 

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Last modified: 02/10/2019