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Liderazgo: ¿Cómo y cuándo se debe delegar?

En la adolescencia, la mayoría de todos nosotros soñábamos con que nuestros padres nos dejaran volar un poco más libres. No es que no quisiéramos su compañía. Pero resultaba un tanto molesto que los progenitores siempre estuvieran ahí para evitar que el chaval tomara decisiones por sí mismo. Extrapolando esta situación al mundo de los negocios, debemos intentar considerar a ese joven como el nuevo negocio que recién hemos lanzado.

Debido al esfuerzo que supone poner en marcha una aventura empresarial, para un emprendedor su negocio es como su bebé al que le resultará casi imposible que vuele libre. Pero es lo mejor que puede hacer. Pretender abarcar todos los aspectos de una empresa, simplemente no funciona. No es humanamente posible, no es saludable y es perjudicial para el funcionamiento del negocio. De ahí que una de las mejores lecciones de liderazgo que un emprendedor puede ofrecer es la de saber delegar y abandonar la microgestión de la compañía para centrarse solo en la toma de las grandes decisiones.

A la pregunta de cuándo es el mejor momento para compartir la carga de responsabilidad que llevar nuevos negocios supone, la respuesta es simple: casi desde el primer día. Siempre es bueno contar con otra persona en la que se pueda confiar y que sea más experta en determinados asuntos para que las decisiones que se tomen tengan más posibilidades de éxito. De ahí que se convierta en algo positivo compartir la responsabilidad casi desde el primer momento.

En cambio, descubrir cómo y qué se necesita para llevar a cabo ese proceso supone un proceso algo más complejo. De ahí que a continuación lo dividamos en apartados para su correcta explicación:

Saber encontrar el talento
Ante la certeza de que es inviable hacerlo todo, no queda más remedio que encontrar a las personas adecuadas para las tareas de las que un emprendedor debe desprenderse. Esta labor no es para nada sencilla. Primero hay que dar con el talento indicado capaz de desarrollar el trabajo a la perfección y, luego, hay que confiar en ese empleado.

Sin duda, esto último es lo más difícil. No hay que olvidar que el emprendedor en cuestión renuncia a una parte de su trabajo por lo que solo estará tranquilo si confía al cien por cien en la persona que ahora se encarga de la misión.

Conservar ese talento
Una vez que se tiene en plantilla al equipo talentoso necesario, la obligación es saber mantenerlos. La retención de los empleados es uno de los grandes retos a los que se enfrentan las empresas, independientemente de su tamaño, y no existe una solución fácil. Una de las mejores estrategias para evitar que el talento salte del barco a mitad de la travesía pasa por contar con una cultura empresarial sólida, que sea capaz de lograr que los empleados quieran crecer con la compañía. Además es imprescindible que la gestión esté enfocada en las personas, por lo que disponer de una línea de comunicación abierta y directa con todos ellos se antoja como otro paso decisivo de cara a disponer de una salud laboral óptima.

Esto último es probablemente la misión más complicada de un emprendedor. Normalmente la carga de trabajo de cualquier líder empresarial es máxima. A pesar de ello, debe tratar de encontrar el tiempo necesario para compartir las ideas y los objetivos que tiene la compañía con su plantilla. Organizar una reunión semanal o mensual en la que todo el mundo pueda dar sus puntos de vista es un buen camino para involucrar al equipo. Se trata de una inversión de tiempo que merece la pena realizar si se pretende evitar que el talento salga de la empresa a la más mínima oportunidad que se le presente.

Céntrese en temas financieros
Aunque parezca algo obvio si no se pueden abonar las nóminas, o las facturas las empresas desaparecen. De ahí que la misión más importante a la que debe dedicarse un emprendedor sea la del dinero. Céntrese en la contabilidad financiera y delegue el resto.

Un presidente o consejero delegado debe ser sólo esa persona que se encarga personalmente de mantener a los inversores y de informarles del día a día de la compañía y de la consecución o no de los objetivos. También debe ser parte fundamental en la búsqueda de vías de financiación. Pero para lograrlo, y como ya se ha comentado, es necesario delegar el resto de trabajos en el equipo talentoso que previamente se ha contratado.

Por desgracia, muchos emprendedores están convencidos de que su importancia en la empresa es máxima y que todo depende de ellos. No es así o, por lo menos, no debería serlo. Los empresarios más eficaces son aquellos que son capaces de no estar siempre presentes en la foto pero que son capaces de colocar las piezas necesarias para que todo funcione de manera independiente. Lo contrario acostumbra a conducir al fracaso.

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Gane en salud laboral gracias a la inteligencia emocional

Uno de los grandes retos de las empresas de reciente creación llega a la hora de contratar colaboradores. Y más en los tiempos que corren, que poco tienen que ver con los de hace unos años. En la actualidad, la formación básica se da por sabida. La gran mayoría de los candidatos a un puesto de trabajo tendrá los conocimientos necesarios (y de más) para llevar a cabo su labor. Entonces, ¿cómo elegir al más indicado? La respuesta hay que buscarla en la inteligencia emocional. Conocer no la aptitud, sino la actitud de un entrevistado será vital para mejorar la salud laboral de la compañía.

Aquí está el verdadero reto de los departamentos de Recursos Humanos. Están obligados a que los nuevos acaten la cultura empresarial y no desestabilicen la situación del resto de la plantilla. Los errores se pagan y en este caso contratar a alguien inadecuado va en contra de la motivación del resto. De esa forma se logrará una conexión y una unidad en los objetivos a alcanzar. En otras palabras: se ganará en salud laboral.

Para acertar es necesario no caer en los errores que ya comentamos en otros posts. Pero también es fundamental acertar con las preguntas que debemos hacerle al entrevistado en cuestión. De las respuestas podremos obtener una imagen clara de la persona que tenemos al otro lado de la mesa.

¿Cuál es su modelo a seguir?

No es lo mismo que una persona tenga a Rambo en los altares que a Amancio Ortega o a algún escritor de prestigio. La respuesta del candidato a esta pregunta nos dará una idea de cómo es la persona. También nos descubrirá sus patrones de comportamiento. Será una forma de romper el hielo y atravesar la coraza que todo entrevistado pone para evitar que se hable de algo más que de sus capacidades en el trabajo.

Si usted decidiera crear una empresa, ¿qué valores tendría que tener ese negocio?

Más claro, agua. La contestación será fundamental para saber si la persona encaja con los valores de nuestra compañía. Si se da el caso de que enfrente tiene a alguien que tiene a la competitivad en su punto de mira mientras que usted defiende otro tipo de aspectos, como la honestidad o la integridad… No lo dude. Busque en otro lugar al candidato idóneo para cubrir esa vacante.

¿Cómo se adaptaría y cómo le explicaría a su posible equipo un hipotético cambio de prioridades en el negocio?

Las empresas del siglo XXI demandan determinadas capacidades entre sus empleados. La flexibilidad es una de las más importantes. El mundo global y tecnológico obligan en muchos casos a que las prioridades cambien y que una firma que se dedicaba a un determinado producto o servicio se tranforme, en algunos casos, totalmente. Estamos en el siglo de la reinvención y en el que la vida de una marca es limitada. Para sobrevivir en esta selva, tener cintura y gozar de salud laboral es imprescindible, así como disponer de empleados que posean las habilidades necesarias para aceptar los cambios.

¿Conserva amigos de sus antiguos empleos?

Para construir relaciones de amistad se necesita tiempo y el mero hecho de ser capaz de hacerlas es un signo de una inteligencia emocional sólida. Si enfrente hay una persona con amigos hasta en el infierno tendrá a un trabajador poco problemático y que se preocupará por los equipos. Eso sí, si pretende fomentar un espíritu competitivo en su compañía, estará ante la persona menos indicada.

¿Qué habilidad laboral cree que debe mejorar? ¿En dónde se siente más perdido?

Si la respuesta a esta pregunta es un “creo que estoy preparado para todo”, se encontrará con un candidato con escasa curiosidad y deseo de aprender. Algo que no es bueno para la salud laboral. Y es que a menos que tengamos enfrente a un genio, todos somos vulnerables en algunos aspectos relacionados con nuestro trabajo más rutinario.

Explíqueme algo que no conozca.

Imaginemos que usted, señor empresario, no tiene ni idea de arte. Y resulta que el candidato es un experto en, digamos, arte contemporáneo. Esa persona debe ser capaz de explicar a un profano sus conocimientos. Así sabrá si es bueno trabajando en equipo o si se puede confiar en él para impartir formación, o tener a un grupo de colaboradores a su cargo. La mejor respuesta que se puede encontrar a esta pregunta es la de alguien que se toma su tiempo para pensar antes de ponerse a hablar de arte como un loco, y que es capaz de expresarse con conceptos entendibles para un profano, de forma de consiga despertar su interés por una materia de la que siempre ha prescindido.

¿Cuáles son los tres factores principales de su éxito en el mundo laboral?

La respuesta a esta pregunta indicará de manera meridiana si una persona es altruista o egoísta. Alguien que solo sabe decir “yo, yo, yo” en vez de nosotros indica que no será aconsejable para el trabajo en equipo.