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Cinco razones para que las pymes no tiren la toalla en las Redes Sociales

¿Pero, cuándo se va a terminar esto las Redes Sociales? Este lamento desesperado salía hace unos días de los labios de una persona que lleva décadas dedicándose a la comunicación empresarial. En todo ese tiempo se ha forjado una merecida fama de experta  y a ella recurren muchas empresas en momentos extremos de su expansión, para lanzar nuevos productos, internacionalizarse o rediseñar estrategias de marca.

Pero de un tiempo a esta parte, su confianza está en caída libre. La irrupción de Facebook, Twitter  o Google + y la avalancha de la llamada comunicación 2.0 la ha pillado con el pie cambiado. “Estoy vieja para esto y ahora ya no piden otra cosa. Hacer algo en redes sociales, son los únicos encargos que nos piden”, asegura. El resultado, también según su explicación, es tirar el dinero. “Quieren resultados medibles. Tantos tweets, tantas ventas. Y como eso no se consigue pues tiran la toalla. Su dinero y mi tiempo, a la basura.”, se lamenta.

El resultado es catastrófico. Los clientes se van con la sensación de que eso de las redes sociales es una tomadura de pelo. Ella ha puesto en venta su agencia y ya está buscando una nueva vida al otro lado del Atlántico,  convencida de que en Sudamérica todavía no ha llegado la fiebre de Facebook y le quedan algunos años en los que practicar la “comunicación de toda la vida”.

¿Sería muy aguafiestas si le dijera que se está equivocando? Tal vez, pero tiendo a ser realista.

No hay escapatoria a la comunicación de las empresas en redes sociales, ni aquí ni en Sudamérica. Tirar la toalla no es la solución, por muchos motivos.

1. Están aquí para quedarse.

También cuando llegó el ordenador algunos empresarios insistían en seguir aporreando sus Olivetti y con sus papeles autocopiativos. Pero el tiempo y la tecnología les ganaron la batalla, siempre lo hacen. El que no se adaptó se quedó en la cuneta. Ahora va a ocurrir igual.

2. La actitud vence a la técnica.

Igual que teclear en el ordenador no era tan complicado, gestionar las redes sociales tampoco lo es. Eso sí, requiere un esfuerzo de adaptación. Organízate, dedica un tiempo a ver qué hacen los mejores y cómo está reaccionando tu competencia.

3. No se trata de hacerse gurú en una semana

De la misma forma que aprender inglés, francés o cualquier otro idioma lleva su tiempo, adquirir destreza en el lenguaje de las redes sociales también. ¿Cómo saber si es una aberración decir desde el Twitter oficial que “¡Por fin es viernes y comienza el fin de semana!”? Nada es bueno o malo a priori. Todo depende de la estrategia de comunicación definida por la empresa y, sobre todo, del público con el que se quiere interactuar en las redes sociales. Recuerda que la persona que gestione esto en tu empresa debe tener tanto conocimiento de redes sociales como de tu negocio. De nada sirve ser un crack en Facebook si no sabe distinguir entre facturación y resultados.

4. Resultados vs Feedback

Sólo el 1% de los usuarios en redes sociales hablan de marcas. Esperar una relación directa entre estar en redes sociales y conseguir ventas puede llevar a la frustración de más de un empresario, pero estar en esos canales puede servir para obtener una comunicación bidireccional con el cliente que no se consigue de otra forma y que será muy útil para adaptar los productos y las estrategias en los canales de venta tradicionales. El resto está por venir.

5. Más aliados que enemigos

El mejor método de acercamiento es pensar en ellas como un sistema de aprendizaje. El resto de usuarios pueden resolver las dudas y además dar muchas pistas de cómo implantar la estrategia final de la empresa. Mirar al cliente como aliado puede ser un buen comienzo.

Todo a su tiempo. Paso a paso, sin prisa pero sin pausa.

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Cómo financiar una pyme

financia-pymePotenciar un negocio, lanzar un producto o abrir una nueva línea de fabricación. Son actuaciones que, habitualmente, deben llevar a cabo las pymes si quieren sobrevivir. Pero, para ello necesitan financiación y, en los tiempos que corren, conseguirla no es algo sencillo. ¿A dónde acudir?

El primer pensamiento que pasa por la cabeza del emprendedor es dirigirse al director de su entidad bancaria habitual para pedir un crédito. Pero ésta no es la única fórmula posible, ya que existen otro grupo de alternativas muy interesantes, que van desde el capital riesgo, hasta los “business angels”, pasando por las sociedades de garantía recíproca, el Mercado Alternativo Bursátil o, incluso, las incubadoras tecnológicas que ya se están desarrollando en nuestro país. Analicemos cada una de ellas:

Créditos

Pedir un crédito a un banco o a una caja de ahorros exige cumplir cada vez más requisitos. Según los expertos, la pyme ha de recurrir a este tipo de financiación si es capaz de ofrecer las garantías que le exigen por sí misma, sin necesidad de que le avalen sus socios o terceras personas. Además, hay que tener en cuenta que la concesión de créditos ha experimentado cierta paralización debido a la crisis y a las nuevas exigencias de reservas que tienen las entidades.

Capital riesgo

Otra opción para financiar las actuaciones de una pyme es el capital riesgo. Según los expertos, es una posibilidad siempre abierta a sociedades que ya están consolidadas en el mercado, quemantengan Ebitdas históricos positivos y que cuenten con capacidad de apalancamiento. Sin embargo, las entidades de reciente creación o las que no tienen un grado de madurez importante están encontrando problemas para acceder al capital riesgo parecidos a los que experimentan al pedir financiación a largo plazo a las entidades financieras.

Business angels

Los “business angels” todavía no están muy desarrollados en España, pero cuentan con ventajas muy claras. Estos inversores permiten, a las empresas que no tienen acceso al mercado de fondos tradicional, financiar el crecimiento, los gastos en I+D, etc. Asimismo, suelen dar más tiempo que una entidad financiera para recuperar su inversión, lo que facilita a la pyme desarrollar su plan de negocio.

Sociedades de garantía recíproca

Las SGR son una buena opción para aquellas empresas que, por su perfil de riesgo, no consiguen financiación de otras fuentes. Pueden evitar muchos quebraderos de cabeza, concediendo avales que respaldan a una sociedad frente a las entidades financieras.

Otros

Si todas las anteriores fórmulas de financiación anteriores no le convencen, no se preocupe. Todavía quedan otras como, por ejemplo, el Mercado Alternativo Búrsatil (MAB), cuyo funcionamiento es muy similar al de la Bolsa, pero que no exige ser una empresa con alto nivel de capitalización; o las incubadoras tecnológicas, que ofrecen financiación a  proyectos con fuerte perfil tecnológico y de I+D.

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Una buena marca es un tesoro

Hubo un tiempo en que las empresas no le daban importancia a los nombres. Entre otras razones, porque no tenían presupuesto para ello. Pero los tiempos han cambiado. Y las empresas dedican una parte importante de su presupuesto al departamento de marketing. Y es que, a lo largo de la historia, ha habido buenos productos que acabaron siendo un fiasco por una mala denominación. Por ejemplo, a Mazda se le ocurrió bautizar a uno de sus coches con el nombre de “Laputa”. Claro está, no triunfo en España ni en Latinoamérica. Por tanto, elegir un buen nombre puede elevar al cielo o descender al más profundo de los infiernos no sólo un producto, sino también todo el esfuerzo por conquistar nuevos mercados. ¿Qué pasos hay que dar para, finalmente, triunfar?

1. Cuidado con los significados.

Existen unas empresas, denominadas de “naming”, cuyo fin es encontrar el nombre adecuado para el producto en diferentes países. Su labor comienza investigando si está registrada en cada uno de los países. El fin no es otro que saber si está disponible. También contactan con expertos lingüísticos en cada idioma para determinar si existen problemas con el significado de la palabra (además del Mazda Laputa, otros casos son los del Opel Manta, o el Nissan Moco). Si el nombre elegido ya está registrado, una opción es comprar la marca, con el consiguiente coste añadido.

2. Atributos positivos.

Una característica que tiene que tener la marca es que sea de fácil pronunciación. De esta manera, clientes, empleados de tiendas, y asesores pueden hacer comentarios referentes a la misma sin que les trabe la lengua. ¿White Label, Jonny Walker, Ballantines…? La más fácil de pronunciar, entre los whiskys que se venden en España, es JB.

Además, debe de ser fácil de escribir. Porque puede ser un auténtico engorro, a la hora de hacer pedidos, por ejemplo, si la marca es demasiado complicada (de ahí que JB sea, de nuevo, un caso a imitar). ¿Otro punto favorable? Que sea fácil de recordar (volvemos a JB). Y, aunque no es determinante, es positivo que sea una marca corta. Entre otras ventajas, porque a la hora de colocar el producto en el estante de un supermercado, valga el caso, esas pocas letras pueden ocupar más tamaño en el etiquetado y, por tanto, ser más visible.

3. ¿Única o múltiple?

Otro dilema que puede surgir es decantarse por una única marca para todos los países donde se quiera estar presente, o diferenciarla en cada uno de ellos. ¿Ventajas de una sola marca? Reduce los costes de marketing y simplifica la gestión. Sony o Mitsubishi son dos claros ejemplos. Pero si la apuesta es por las marcas múltiples, cada producto llevará su propia imagen y personalidad. También es posible utilizar una estrategia mixta, empleando una marca general, pero luego diferenciando los productos. Nestlé, valga el caso, sería la marca de familia y la Lechera, la marca específica para la leche condensada. ¿Y ponemos el tan famoso “made in” en la etiqueta o no? Pues ahí intervienen diferentes factores, como la imagen que se tenga del producto en el exterior. Por ejemplo, muchas personas identifican el made in China con productos de bajo nivel. De ahí que algunos fabricantes pongan en sus etiquetas made in PRC.