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Técnicas para vender una empresa con éxito

“Voy a vender mi negocio”. Una vez que un empresario toma esa decisión,  la actitud más nociva que puede adoptar es la de colgar el cartel de “Se Vende” y sentarse a esperar al mejor postor. Entre otras cosas, porque la mejor oferta puede no ser nada satisfactoria para el propietario de la empresa.

Para evitar que eso ocurra hay que pensar como los vendedores de viviendas. ¿Cuál es el primer paso antes de poner en venta una casa? Ponerla lo más atractiva posible para que los posibles compradores se enamoren de ella. Algunos hacen reformas, otros simplemente pintan y adecentan un poco la apariencia. Al final ese esfuerzo se ve recompensado con un precio de venta más alto. Con las empresas puede ocurrir lo mismo siempre que se cumplan unos pasos básicos.

1. Diseño de la estrategia de venta. Elaborar una cuenta de resultados lo más atractiva posible. Es decir, no dejar las cosas como están en el momento de tomar la decisión. Hay que hacer un esfuerzo final por cobrar los pagos morosos, no frenar las negociaciones con el banco para posibles créditos o líneas de financiación, etc. Si todo eso está en marcha será mucho más fácil que los posibles compradores encuentren incentivos para finalizar el trato.

2. Opinión externa.Seamos realistas, a la hora de visitar un piso en venta todos hemos pensado: ” a ver este dónde me la quiere colar”. Lo mismo le va a ocurrir a quienes se interesan por un negocio. Por eso, además del plan de viabilidad interno es recomendable adjuntar una auditoría externa. Esto servirá también para ayudar a destacar en el documento de presentación los puntos más positivos del negocio, frente a los negativos que llevaron a tomar la decisión de venta.

3. Fijar un precio justo.Destacar los puntos positivos no significa ni engañar, ni sobrevalorar la empresa. Fijar un precio excesivamente alto puede alargar el proceso de venta de forma innecesaria, pero tampoco se trata de vender excesivamente barato. Para dar con la cantidad exacta no hay más que acudir al mercado, y hacer un estudio de los precios que se están fijando en transacciones similares.

4. Delegar la venta, si es necesario.En la mayoría de los casos, el propietario no suele ser la persona ideal para liderar el proceso de venta. A veces porque los sentimientos negativos se apoderan de él y, aunque no quiera, los transmite a los posibles compradores. Otras, porque simplemente las ventas no son su fuerte. En esos casos, conviene dejar la relación directa con los clientes en manos de un especialista, eso puede suponer un incremento del precio de venta de hasta un 20%, según los expertos. Eso sí, delegar esta tarea no significa desentenderse del proceso.

5. En este caso, el cliente no siempre tiene la razón. Hay que tener mucho cuidado con la información que demandan los posibles interesados en la compra del negocio, ya que podrían ser infiltrados de la competencia ávidos de enterarse de sus secretos.

6. Ofrecer opciones de pago. Finalmente, ser flexible en la metodología de pago es una de las mejores maneras de llegar a un acuerdo satisfactorio, sobre todo teniendo en cuenta el difícil acceso a la financiación en estos días. Diferir el pago en varios años, no sólo es una buen incentivo, también permite diferir los impuestos de la transacción, aunque demore mucho más el fin de la operación.

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SedeenChina asesora a las pymes que miran a China

En momentos de crisis como los actuales, las empresas ponen su mirada en mercados en pleno desarrollo. Tal es el caso de China. Pero las diferencias culturales, el idioma o la distancia geográfica se convierten en auténticos Everest sobre todo para las pymes.

Por eso, la consultora internacional SedeenChina tiene como objetivo facilitar cualquier operación que una pequeña o mediana empresa se plantee iniciar en este país, ya sea comprar, vender o trabajar allí. ¿Cómo? Asesoran, elaboran un plan de negocio, contactan con fábricas y proveedores, gestionan licencias administrativas, supervisan todo el proceso, elaboran controles de calidad… en definitiva, llevan a cabo todas las operaciones que requiere la empresa.

Entre otras funciones, la consultora proporciona una secretaria bilingüe afincada en China que realiza las gestiones necesarias para el negocio, una dirección y un teléfono desde donde operar en el país, gestiona los pagos a fábricas, recibe y comprueba las muestras de productos, las almacena y envía, resuelve reclamaciones o problemas legales, etc.

Además, garantiza que se cumplen las condiciones laborales europeas para los trabajadores, las calidades de los productos y la fiabilidad de todos los contactos. Desde su creación hace siete años, SedeenChina cuenta con casi un centenar de clientes repartidos por todo el mundo y una plantilla de alrededor de 70 personas.

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Consejos para exportadores novatos

 

Siempre hay una primera vez, y la decisión de exportar no es una excepción a esta máxima universal. Sin embargo, aunque las ventajas de esta actividad ya han sido explicadas en otros post de es blog, no se puede olvidar que si producir y vender en el mercado local implica, generalmente, gran un esfuerzo para una Pyme, hacerlo en el exterior supone uno mucho mayor. Y, además, nuevos riesgos que hay que mesurar y prevenir. Por ello, hoy por hoy, resulta imprescindible la presencia de un experto que guíe los primeros pasos de nuestra actividad exportadora.
A estas alturas ya le habrán comentado que son necesarias otras técnicas que las que venía practicando hasta ahora en el mercado local. También sabrá que es muy posible que tenga que introducir cambios en su producto para que sea aceptado por los consumidores de otros mercados. Y éstos cambian en cada región. Por ello, aunque su “olfato” emprendedor le ha permitido realizar hasta ahora buenos negocios en su entorno local, a la hora de emprender una operación exportadora conviene tomar ciertas precauciones que nos permitan abordar el proceso de internacionalización de nuestra pequeña empresa con ciertas garantías de éxito.

  1. Contar con un asesor externo para identificar las oportunidades y guiar al exportador en los trámites y normas del proceso exportador. Su misión principal será la identificación de los riesgos y la verificación de los datos que proporcionan los posibles compradores. Para ello es imprescindible disponer de información de la actividad y la solvencia de los agentes que intervienen en la operación: proveedores, clientes, bancos, competencia, comparativas con su sector… Antes de cualquier negociación se debe investigar la solvencia de los contactos y solicitar referencias.
  2. Establecer relaciones duraderas con los distribuidores locales, conocer los potenciales consumidores del país al queremos exportar. La búsqueda de información de los posibles clientes es siempre una tarea que no tiene fin en las pequeñas y medianas empresas que se ha decidido a vender sus productos y servicios en los mercados exteriores. La asistencia a ferias internacionales (organizadas por las asociaciones empresariales o cámaras de comercio), la consulta de ofertas comerciales en los paneles de los organismos oficiales de comercio exterior se debe convertir en una rutina más de la empresa exportadora con el fin de mantener y ampliar el abanico de distribuidores de nuestros productos.
  3. Concentrarse en un único mercado, al principio, para limitar incertidumbres. Los consultores y nuestro director de desarrollo nos han presentado un ambicioso plan de internacionalización. Algo que es aconsejable ya que, entre otras cosas, nos permite presentar ante nuestros futuros socios pruebas de la solidez de la apuesta exportadora de nuestra Pyme. Pero lo sensato, la primera vez, es no abarcar más de lo que podemos. Los expertos, incluso, recomiendan realizar la primera operación a menor escala de lo planeado en el plan de negocio para reducir los costes de un posible fracaso.
  4. Destinar personal al seguimiento de la actividad exportadora. Tiene que seguir el pulso de cada operación. Para ello, es necesario que su empresa cuente, desde la primera operación, con un departamento específico que vaya adquiriendo el “know how” de la labor de internacionalización, según se va produciendo.
  5. No descartar la posibilidad de producir en el mercado de destino. En definitiva, si el mercado le interesa, la consecuencia natural de su operación de internacionalización sería instalarse en el país para ahorrar costes de transporte, si las condiciones del mercado así lo aconsejan. Una vez introducidos en el mercado, con el conocimiento del sector y de las normativas del país tendrá que estudiar si le interesa abrir una delegación comercial y, posteriormente, estudiar la posibilidad de fabricar en el terreno local.
  6. Fíjese un objetivo de rentabilidad. En su plan de comercio exterior no olvide comparar los beneficios obtenidos con otras rentabilidades que ofrecen los productos financieros a medio plazo. Al fin y al cabo, dar en su Pyme entrada al comercio exterior es una inversión como otra cualquiera y debe entenderse como tal. Conseguir un rendimiento superior al de los bonos del Tesoro a tres años sería el comprobante de que su apuesta por la internacionalización merece realmente la pena.
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Salir al exterior, un proceso natural

Si usted ha llegado hasta este blog, seguro que ha no sido por casualidad. Permítame que intente hacer un retrato robot suyo, estimado lector. Posiblemente esté buscando información sobre exportación, apertura de empresas al exterior. Trabaja o es propietario de una pequeña empresa y, por unas u otras circunstancias, se ve en la necesidad de mirar más allá del mercado español. Seguramente ya se habrá dado cuenta de que no es el único que tiene planes para expandir su empresa fuera de España. Y muchos menos el primero.

Unas 40.000 empresas españolas ya trabajan con proveedores y clientes internacionales. El 95% de estas compañías son Pymes, como la suya, y el cinco por ciento restantes son grandes multinacionales.

Para la profesora de EOI, María José Cano,

“En la actualidad y, cada vez más a menudo, nos estamos encontrando con que la internacionalización es un proceso habitual en las empresas. Cada vez es más habitual que la pequeña y mediana empresa salte al escenario internacional como un planteamiento normal de su negocio”.

Si seguimos con el retrato robot, es posible que usted se vea reconocido en uno de estos escenarios por los que una pequeña empresa se plantea la estrategia de salir al exterior.

Aunque hoy en día, a la hora de crear una empresa es prácticamente necesario que cuente con un plan de internacionalización, la mayoría de las empresas llegan a este proceso tras un periodo de consolidación en el mercado interior.

El empresario, tarde o temprano, se ve obligado a buscar alternativas para colocar sus servicios. Bien sea por saturación del mercado local, bien sea porque los inventarios se han quedado desfasados, o bien porque tenga un “stock” que no puede venderlo en el mercado local sin esto provoque una fuerte rebaja de los márgenes comerciales. Para estas cuestiones, y muchas más, el proceso de internacionalización se convierte ante el empresario en una solución que le resuelve el problema o, la menos, le proporciona una salida. Pero no es una tarea fácil: muchas empresas fracasan en su aventura exterior antes de los tres años. La mayoría de las ocasiones por una deficiente formación financiera y jurídica que es inherente a la actividad de comercio exterior.

Además del canal de distribución, del mercado, del socio local, usted va a tener que evaluar el cambio de la divisa, modificar su gestión de cobro, determinar el plazo de devengo, conocer la fiscalidad, tener cobertura de riesgos, todos los factores que van a intervenir en la fijación del precio final y en el importe de lo que decidamos invertir en la apertura del mercado. El plan de negocio es la pieza fundamental de un plan de internacionalización. Es necesario contar con un calendario de inversiones (transporte, almacenaje, dotaciones para patentes, marcas y certificaciones, para cambios legislativos, seguros de cambio o presupuestos para expertos externos en los mercados que evaluamos entrar) para elaborar un plan financiero que lleve a buen puerto nuestro proyecto de apertura. Parece una labor propia de una compañía con una sólida estructura y consolidada posición, sin embargo emprender con éxito un proyecto de internacionalización no depende de la dimensión. Los expertos coinciden en que tener poco personal, o no estar presente en todo el territorio nacional no merma la capacidad de internacionalización de una Pyme. Y ponen como ejemplo a las compañías tecnológicas, eminentemente exportadoras. Cierto es que los fabricantes necesitan de un mínimo de capacidad productiva para plantearse la aventura exterior. Pero en las mismas condiciones que las tecnológicas están otros proveedores de servicios como las de traducción, de diseño, hostelería o de consultoría legal y financiera.

Desde este blog, vamos a dar las pistas para que quienes se adentran en esta actividad primera vez, o han tenido una mala experiencia, conozcan los procesos y las herramientas financieras que deben tener en cuenta a la hora de financiar su apertura al exterior.