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Caminos de desarrollo sostenible e Inversión Extranjera Directa

Desde la llegada del euro España se ha convertido en uno de los países que mayor inversión realiza fuera de sus fronteras, especialmente en la zona iberoamericana. La apuesta de nuestras empresas por países en vías de desarrollo es clara, y gracias a ella podemos acercarnos a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La inversión extranjera

En las últimas décadas (y especialmente desde la llegada del euro) España ha pasado de ser un receptor neto de inversión extranjera a ocupar el decimotercer puesto a nivel mundial como inversor en el exterior. Y ascendemos al segundo si nos centramos en el territorio latinoamericano.

Gracias a estas operaciones de Inversión Extranjera Directa (IED), nuestro país ha conseguido un importante crecimiento económico, pero también ha ayudado a avanzar a muchos de los territorios receptores, principalmente a aquellos en situación de menor desarrollo.

Para comprender mejor ese impacto, recientemente se ha publicado el estudio La inversión directa de las empresas españolas en el exterior. Efectos en destino y origen: cinco casos de estudio en países y economías en desarrollo, bajo la dirección académica de Xavier Mendoza, profesor de la escuela de negocios Esade.

El desarollo sostenible

Éste emplea como marco de referencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible con el fin de evaluar la contribución del sector privado a estos 17 hitos a lograr antes de 2030 que la Organización de Naciones Unidas (ONU) ha marcado a nivel mundial. El informe indaga en los mecanismos organizativos y en los factores de contexto que generan mayores impactos positivos, tanto para el país receptor de las inversiones como para el de origen del inversor.

Los casos de estudio

El informe publica cinco ejemplos concretos: el de una empresa agroalimentaria que recala en Perú; una productora de carbonatos de calcio en México; una compañía del sector de la automoción en China; otra de iluminación en Polonia; y, finalmente, una constructora y gestora de autopistas de peaje, también en México.

Estos casos analizados llevan en operación entre tres y siete años, lo que ha permitido identificar con mayor concreción los procesos a través de los cuales estas empresas realizan una contribución positiva al desarrollo sostenible de los países en que se han implantado.

Todos ellos han comportado importantes efectos directos positivos sobre el desarrollo económico del país receptor en términos de creación neta de empleo, transferencia de tecnología y know-how a la filial y contribución a los ingresos fiscales nacionales.

Eso sin contar con la inversión realizada para modernizar plantas de producción de empresas locales adquiridas, en las que se han incorporado procesos industriales que aumentan el valor añadido de la producción local. O con que algunos de los casos, como los dos primeros, tienen una clara tendencia exportadora que ha terminado contagiando a sus proveedores locales, influyendo en la balanza comercial.

Un estudio para mejorar

Este trabajo conjunto también ha servido para que las empresas del país receptor mejoren sus estándares de calidad y la eficiencia de sus procesos productivos, reduciendo costes y mejorando en competitividad.

¿Y qué pasa con las empresas españolas que han apostado por invertir en estos países en vías de desarrollo? Según el estudio, los cinco proyectos analizados comparten tres características comunes en este aspecto.

Para empezar, no se han detectado impactos negativos sobre la actividad productiva o sobre los niveles de empleo en España. También se ha producido un efecto arrastre sobre las exportaciones españolas con diferentes grados de intensidad. Y, en último lugar, se ha detectado una mejora de la imagen del país de origen del inversor en el país receptor.

En definitiva, y escuchando las consideraciones de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la contribución de la IED para el desarrollo de poblaciones desfavorecidas es positiva. Para la generación de empleo y el crecimiento económico y sostenible, pero también para la transferencia tecnológica y de formación de capital humano. Una transformación en la que hemos visto que España tiene mucho que aportar.