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La diplomacia económica se hace cargo del comercio internacional

El combate al proteccionismo ha desaparecido de los comunicados oficiales sobre comercio internacional del G-20. Ahora, la diplomacia perfilará el nuevo orden económico global en la era Trump.

Tregua hasta julio. Será entonces, en Hamburgo, cuando los líderes de las potencias industrializadas y los grandes mercados emergentes que configuran el G-20 tendrán que perfilar la estrategia del comercio internacional. Aunque a mediados de marzo, los responsables de Economía y Finanzas de este selecto club, al que muchos analistas consideran el germen de un gobierno económico mundial, han dejado sobradas muestras de que el proteccionismo ha hecho escala en el G-20. Y que los debates sobre las normas comerciales en el futuro serán tensos y podrían eludir los precedentes históricos en favor de la libre circulación de bienes, mercancías y servicios. No por casualidad, los dirigentes de las áreas económicas de estos países no lograron consensuar la redacción final sobre comercio en el comunicado del foro. Por primera vez en su historia. Ni siquiera en un entorno como el de la ciudad-balneario de Baden-Baden. Alemania lidera la presidencia anual del G-20, junto a sus socios europeos, Francia e Italia, y a los que acompaña Reino Unido en los últimos meses antes del Brexit. En julio, retomarán las sesiones geoestratégicas y económicas del grupo los jefes de Estado o de Gobierno.

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Comercio internacional y la nueva Administración Trump

Las relaciones comerciales han dado un giro con la nueva Administración Trump, como ya hablamos en el post sobre el nuevo escenario del comercio internacional. El nuevo Gabinete de EEUU se ha desmarcado de la estrategia de comercio internacional del gobierno de Obama. Desde el inicio de su mandato, en enero pasado, del tratado de libre comercio recién firmado con Asia/Pacífico, mientras quedaba en agua de borrajas el acuerdo transatlántico con Europa y ponía en tela de juicio el funcionamiento y las reglas de juego actuales del Nafta norteamericano con Canadá y México. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, apenas logró sortear la cuestión. Intercedió para incluir en el acta del encuentro el apelativo de comercio “justo”, mientras China, que aún carece del estatus de economía de mercado, fue la gran impulsora de la existencia de las normas que rigen los intercambios transfronterizos en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). A pesar de que Pekín ha protagonizado la mayor parte de los conflictos en los paneles de arbitraje de la más alta institución comercial.

La maniobra de Mnuchin deja a las diplomacias económicas de estas naciones el papel de conciliación. Una misión nada baladí. Porque, hasta ahora, las menciones del G-20 en este punto hablaban de “resistir a cualquier forma de proteccionismo”. El asedio diplomático hacia el G-20 tendrá, al menos, 100 días para buscar una solución que se antoja compleja. Porque si bien los deseos pretéritos de que el proteccionismo al comercio y las inversiones extranjeras no se han traducido necesariamente en una mejora de los flujos de mercancías y capitales, lo cierto es que el giro político de EEUU en esta materia no sólo parece que modificará la retórica oficial, de concepción, hasta ahora, más multilateralista; sino que también añadirá incertidumbre y dudas sobre la defensa sin paliativos que, hasta ahora, la Casa Blanca ha hecho sobre la libertad comercial. Así, al menos, se manifiesta el consenso del mercado tras la reciente reunión de titulares de Economía del G-20. Una vez interpretaron la banalidad de su redacción final: “estamos trabajando para fortalecer la contribución del comercio a nuestras economías”.

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En gran medida, la labor de esta diplomacia económica -y sus posibilidades de éxito- están en manos del comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, que ya se apresuró a poner paños calientes a la brecha abierta desde EEUU. “La mayor aportación a la Gran Depresión de 1929 y al Crash de 2008 ha sido evitar caer en las tentaciones proteccionistas y apostar por economías globalmente abiertas”. En sintonía con las declaraciones de la canciller Angela Merkel, y su homólogo japonés, Shinzo Abe, en un encuentro bilateral simultáneo a la reunión del G-20. Ambos incidieron en la defensa del libre comercio, y de los mercados globales abiertos y justos. “Sin barreras”, enfatizaron. En alusión a la estrategia menos cooperante con el exterior y más enfocada a la economía nacional que ha instaurado la Administración Trump.

Los expertos en comercio internacional, sin embargo, apelan a la paciencia. Porque una cosa es la dialéctica que emplea EEUU y otra bien distinta -dicen esperar-, sus decisiones oficiales. Aunque haya que prestar atención a la guerra abierta de divisas, como vimos en el post sobre los 5 principales riesgos del comercio exterior, por el retorno a la política de un dólar fuerte, que ha desempolvado la fluctuación de los tipos de cambio de las monedas en los mercados globales, y valorar la premisa de Trump de convertir el crónico déficit comercial norteamericano en superávit, impulsando las exportaciones, desde el software a la Educación.

La posición de España ante la nueva estrategia de comercio internacional

España, en este contexto, y como país invitado permanente al G-20, tendrá también que perfilar sus líneas de influencia. Como no puede ser de otra forma, al lado de la UE, institución a la que los socios europeos han cedido su soberanía en materia comercial. Pero, sobre todo, en favor del libre comercio. En un momento en el que el déficit comercial ha vuelto a hacer aparición. El pasado enero, la brecha entre compras y ventas españolas aumentó un 31,3% debido a la energía, cuyos precios se encarecieron súbitamente en los mercados internacionales durante el tránsito de 2016 a 2017. Un lastre para un país todavía muy crudo-dependiente. Y a pesar de registrar un nuevo récord exportador, con un nuevo repunte del 17,4% respecto al mismo mes del ejercicio precedente.

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Este brío del sector exterior español también se vislumbra entre los empresarios. Según el sondeo de Perspectivas España 2017 de KPMG, realizado entre 2.906 directivos y cargos intermedios de firmas que operan en 22 sectores diferentes de actividad, el 35% de las inversiones previstas para los próximos doce meses se destinará a la internacionalización. El estudio, que se realiza en colaboración con CEOE, marca como destinos preferenciales de las exportaciones e inversiones en mercados exteriores EEUU (10%); Francia (8%) y México (7%). Por delante de Alemania (6%) y una triada a la que asignan el 5% de los flujos internacionales, compuesta por Reino Unido, pese al Brexit, China e Italia.

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5 problemas inesperados para la empresa exportadora

El crecimiento de las empresas españolas, pasa por la internacionalización. Al menos ese es el camino que han cogido aquellas que más han crecido y aquellas que mejor están capeando la crisis. En la información que las empresas reciben cuando están iniciando este proceso, incluso en los temas que  se publican en este blog es habitual hablar sobre cómo hacer un plan de exportación, las claves para lanzarse a hacerlo con éxito e incluso los errores que deben evitarse. Pero de lo que no se habla demasiado es de esas sorpresas inevitables a la vez que indeseadas con las que el exportador se encuentra en medio del plan y que si hubiera previsto con antelación, se habría ahorrado muchos disgustos y podría haberse preparado para enfrentarlas con mejor preparación. Este es la conclusión a la que han llegado un grupo de empresarios expertos en el sector que se dieron cita la semana pasada en Madrid en el marco de la conferencia anual de Capital & Corporate.

1.- Lleva más tiempo de lo previsto.  “Exportar lleva más tiempo de lo previsto. Siempre. Así que lo primero que hay que recordar es que la prisa es mala consejera”, advierte Manuel Carrera de la consultora KPMG en España. Es fácil recoger en un plan de internacionalización que las mercancías se recibirán por barco, y contemplar los costes de las mismas. Pero en la mayoría de los casos, se olvida tener en cuenta cuánto va a tardar el barco en hacer el recorrido que nos interesa.

2.- El precio de tu operación tiene truco. En algún momento de la planificación de una compra internacional te has parado a pensar ¿Por qué venden lo que tú quieres comprar? A veces esa es la clave del negocio. La cuenta de resultados podría estar saneada o tuneada para la venta, pero incluso con los números en orden, puede haber problemas con la plantilla, con las autoridades locales, incluso con la competencia local que complican, más de lo previsto, el desarrollo del negocio. Sólo con una buena inspección in situ previa a la compra es posible evitarlas.

3.- La fiabilidad de la información financiera no es la esperada. Aquel que definió la contabilidad como el fiel reflejo de la situación financiera de una compañía en un período tiempo era un gran inocente. Sobre todo tras la llegada de la informática, los cambalaches contables pueden ser tan graves que hasta den al traste con la operación de compra de una filial. Los expertos aconsejan no dejar ni una página destinada a la confianza. “Lo mejor es enviar a un profesional de confianza especializado en forensic data”, aseguran. Se trata de expertos en rastrear todos los equipos informáticos, documentación y movimientos bancarios. Una especie de CSI empresarial para comprobar que lo que vamos a comprar es exactamente lo que creemos que vamos a comprar. También es importante comprobar que los planes de negocio no son excesivamente voluntaristas, y que las proyecciones del negocio se ajustan con la realidad.

4.- Asesores que no hablan el mismo idioma. Y cuando decimos idioma no nos referimos a inglés, chino o castellano, sino al que define los procedimientos de trabajo de las empresas. “Recuerdo un proyecto en el que cuando hablaban de digitalizar los documentos era literalmente teclear datos en una hoja de excel. Por supuesto nos dimos cuenta de eso demasiado tarde”, comenta Carrera.  Para evitar esos mal entendidos, los equipos de asesoramiento de un proyecto de exportación deben ser combinados con gente local, pero también con personal de la central con quien se pueda tener un contacto más fluido y cercano.

5.- La informalidad legal. Cuando uno tiene previsto aterrizar en determinados países es consciente de que debe asumir cierto riesgo de inseguridad jurídica. Lo que no siempre está tan claro es que a veces las exigencias legales, fiscales y burocráticas que le van a exigir al extranjero distan mucho de ser las mismas que las que tienen los locales e incluso, en el caso de serlas, no siempre se cumplen. Es algo que han sufrido en sus carnes muchas de las empresas con experiencia en Brasil. La informalidad de las empresas locales a la hora de pagar impuestos genera una competencia desleal que no suele estar prevista en los planes de inversión.

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Entrevista con Alejandro González, de KPMG, sobre las ventajas de ‘la nube’

Las pymes y emprendedores están constantemente buscando fórmulas para disminuir costes y aumentar eficacia en la gestión de sus negocios. Una de estas fórmulas es el uso de “la nube”, una herramienta para gestionar la información que muchos destacan por sus importantes ventajas, pero que otros son reticentes a utilizarla porque creen que les podría generar algunos problemas. Para aclarar dudas, hemos hablado con un experto en la materia: Alejandro González, senior manager en el área de IT Advisory de Management Consulting de KPMG en España.

En estos momentos, ¿qué ventajas puede tener la nube para una pyme?

La nube aporta flexibilidad, eficiencia y ahorro de costes para una pyme, además de facilitar la rápida expansión en distintos mercados sin necesidad de hacer grandes inversiones iniciales, sino que se puede beneficiar del pago por uso de los servicios requeridos, además de ahorrarse el tener que contratar perfiles específicos.

 

¿Qué ahorro puede suponer? ¿Se puede cuantificar aproximadamente?

En un estudio reciente (“The cloud takes shape”), hemos detectado que las organizaciones están comenzando a focalizarse en los beneficios derivados de la transformación hacia la nube, y no tanto en las eficiencias de costes derivadas (“Cloud is much more than just another IT cost reduction lever”). No obstante, un 48% de los encuestados en el citado estudio identifican la nube como una oportunidad de ahorro para sus organizaciones, y así lo perciben en sus propias estimaciones internas.

¿Cómo puede ayudar la nube a una pyme a entrar más rápidamente en nuevos mercados?

La computación en la nube aportará numerosos beneficios a las empresas que lo adopten de la manera adecuada, pero sobre todo les posicionará adecuadamente para abordar nuevas oportunidades que hasta la fecha habrían sido muy complicadas o sencillamente inviables. Independientemente del tipo de nube adoptada, ya sea pública, privada o híbrida, las empresas serán capaces de ofrecer tanto los actuales como nuevos servicios mejorando sus costes internos y acelerando los tiempos de puesta en producción o time-to-market. Dicho de otra manera, mejorando la eficiencia tecnológica y facilitando la generación de nuevos modelos de negocio.

¿Qué hay que contemplar para evolucionar hacia la nube?

Con el objetivo de evolucionar hacia la nube de una manera exitosa es necesario definir una clara estrategia que contemple no solo los aspectos tecnológicos a los que se enfrentará la organización, sino otras dimensiones que si se descuidan pondrán seriamente en peligro el proyecto, entre las que destacan las siguientes:

– Gestión financiera y de impuestos; contemplando las variaciones CapEx y OpEx en los presupuestos, así como las implicaciones legales en el pago de impuestos y otras regulaciones.

– Seguridad y privacidad; contemplando la gestión de los datos así como las estrategias de seguridad requeridas.

– Cambios operacionales en la empresa; contemplando los cambios internos necesarios para una correcta gestión en el nuevo escenario, así como para la garantía de la continuidad del negocio.

 

¿Qué problemas puede tener la seguridad en la nube para una pyme y cómo se pueden solventar?

Uno de los principales riesgos es el acceso no autorizado a la información, lo que puede provocar falta de confidencialidad, integridad e incluso disponibilidad. Una forma “sencilla” de poder resolver, en parte, este  problema es cifrando la información que tenemos en la nube. Otro de los principales problemas es el cumplimiento regulatorio. ¿Cómo puedo garantizar que cumplo con todos los requerimientos, entre  otros con la LOPD? Para minimizar este riesgo, es recomendable realizar unos mínimos SLAS o, por lo menos, dejar claras las responsabilidades a nivel de contrato.

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La energía y las obras civiles,oportunidades de internacionalización en mercados emergentes

A pesar de la difícil situación en España, todavía quedan muchísimas empresas de construcción que no han echado el cierre y que mantienen una buena salud gracias a que están aumentando su negocio fuera de nuestras fronteras. En uno de los últimos post señalábamos como la internacionalización se ha convertido en una de las mejores salidas para las empresas de materiales de construcción, ventanas, cerramientos acristalados y piedra natural porque las exportaciones están aumentando en casi todos los sectores y han pasado a ser el capítulo más positivo para estas industrias. Pues bien, ahora un nuevo estudio confirma que las pymes dedicadas a la construcción y, sobre todo, las que trabajan en el sector de las infraestructuras pueden encontrar grandes oportunidades en los mercados emergentes y, específicamente, en el ámbito energético.

Y es que, a medida que las principales áreas urbanas se extienden con una población en constante crecimiento, la necesidad de infraestructuras también registra un importante crecimiento. Y esta situación supone una prueba para el sector de la ingeniería y de la construcción a la hora de ofrecer soluciones eficientes. Así lo pone de manifiesto un estudio de la consultora KPMG titulado “Las grandes oportunidades globales del sector de las infraestructuras”, elaborado a partir de entrevistas realizadas a directivos de empresas de ingeniería y construcción de 27 países de todo el mundo,

Algo más del 40% de los directivos entrevistados prevé que el sector energético ofrecerá la mayor oportunidad de ingresos durante los próximos 12 meses. En segundo lugar se encuentran las obras civiles (puentes y carreteras) y según el 24% las vinculadas con el ámbito residencial, seguidas por las obras ferroviarias y mineras. Un directivo de la consultora explica que la demanda de firmas y empresas con habilidades específicas del sector de la ingeniería y la construcción crecerá a medida que los proyectos de energía proliferen en todo el mundo. Así, debería ser una importante fuente de ingresos para el sector en su conjunto.

El 49% de los participantes en el estudio espera que sus carteras de pedidos crezcan del 5 al 15% durante el próximo año. Y el 57% afirma que sus ingresos en 2011 se han incrementado respecto a los de 2010, siendo la región de Asia-Pacífico la que ha experimentado un mayor crecimiento (72%), seguida por la región de Europa Oriente Medio y África-EMEA- (53%) y América (41%).

Algunos ejemplos de países emergentes con buenas perspectivas para las empresas españolas podrían ser China, Brasil o India. En China, su política energética prevé el desarrollo de equipos de generación, redes de transporte inteligentes y de alta capacidad, etc. En Brasil la energía solar representa un mercado todavía joven e incipiente, pero con un futuro muy prometedor. Mientras que en India existe un movimiento creciente por parte de empresas españolas y donde cada vez más compañías están participando activamente, por ejemplo, en infraestructuras relacionadas con energía solar. Algunas lo han hecho creando una filial en el país o joint ventures con firmas locales, según se desprende de un informe de la  Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Nueva Delhi.

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La mejor fórmula para salir de España

Encontrar nuevos mercados y clientes más allá de España puede ser la salvación para muchos negocios. Pero tan importante como decidir en qué país queremos estar presentes, es la forma en que lo hagamos. Tendremos que elegir entre estas cuatro recetas: la exportación, las licencias y franquicias, las ‘joint-venture’ y las alianzas estratégicas, y la inversión directa. Pero, cuidado, todas tienen sus ventajas e inconvenientes.

Desde que empezó la crisis en 2007 han desaparecido del mapa español casi 500.000 pymes y autónomos. Las causas son bien conocidas: la caída de las ventas, las dificultades para acceder al crédito y la morosidad. Pues bien, los expertos opinan que la búsqueda de nuevos mercados fuera de nuestro país podría haber evitado un buen número de estas desapariciones. Ahora, cuando continúan las dificultades, salir al exterior sigue siendo la posible tabla de salvación para un buen número de pequeñas y medianas empresas, tabla a la que las compañías de mayor tamaño ya llevan aferradas desde hace tiempo. Eso sí, una vez decidido el “viaje”, hay que plantearse una cuestión fundamental: ¿cómo hacerlo?

No es conveniente cruzar la frontera y ponerse a vender productos en otros países de cualquier manera. Hay que encontrar la fórmula más adecuada a nuestros propósitos. Y, como decíamos al principio, existen cuatro recetas principales, con sus pros y sus contras. La consultora KPMG advierte sobre cada una de ellas.

La primera fórmula es la exportación y sus ventajas la sencillez, el conocimiento del mercado a través de un agente o distribuidor, y unos costes de inversión relativamente bajos. Pero también tiene inconvenientes: un menor potencial de ingresos, una pérdida de control sobre la comercialización, la ausencia de ‘feedback’ del mercado, las dificultades para identificar al agente o distribuidor adecuado, los problemas derivados de los contratos de servicio con esos agentes y los costes de transporte.

Si no nos convence este primer método para salir de España, tenemos otros como las licencias y franquicias. Entre sus ventajas está el hecho de que facilitan una entrada rápida, que no requiere inversiones de capital elevadas, que reducen los problemas asociados al comercio y a los propietarios extranjeros, y que trasladan costes y riesgos al franquiciador. Sin embargo, cuentan con algunos problemas como las dificultades para mantener el control sobre la calidad del producto, los estándares y la consistencia. Además, no hay que olvidar que esta fórmula también crea un competidor.

La tercera posibilidad que tiene un empresario para introducirse en un nuevo país es realizar ‘joint-venture’ y alianzas estratégicas. ¿Sus posibilidades? una rápida adquisición de ventajas competitivas gracias al ‘know-how’ con el que seguramente contará el socio local en cuestiones de mercado, tecnología, desarrollo de producto, marketing y canales de distribución; y otras ventajas derivadas de compartir los riesgos y costes de la expansión. En cuanto a los problemas que podrían producirse, destacan los conflictos entre socios (por ejemplo, en las políticas de reparto de dividendos, sourcing, producción y pricing), las dificultades de lograr un equilibrio entre manejar el control y buscar recursos adicionales, las limitadas sinergias y las implicaciones en el riesgo cuando la relación no funcione y, además, afecte a la cadena de suministro.

Si no terminamos de creer en las tres anteriores fórmulas, siempre nos quedará una cuarta: la inversión directa. Esta posibilidad cuenta con importantes puntos a favor como el control de recursos y capacidades, la integración y coordinación de actividades en todos los países, la posibilidad de una estrategia de M&A con entrada rápida, o el atractivo de lugares con menores salarios e impuestos. Eso sí, tampoco hay que olvidar sus inconvenientes, entre los que pueden estar la necesidad de una inversión significativa y de una gran exposición financiera, los problemas de integración y coordinación de una estrategia de M&A, un consumo de tiempo y costes impredecibles, y la exposición a riesgos económicos y políticos.

No hay una fórmula ideal para todas las pymes. Cada una tendrá que valorar las ventajas que más le beneficien y los inconvenientes que menos le perjudiquen. Eso sí, no es conveniente ahorrar esfuerzos teniendo en cuenta que la estrategia elegida podría evitarle a uno, simple y llanamente, desaparecer del mapa.