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El concurso de acreedores, menos traumático con la insolvencia inminente

Hace unos días hablábamos de cómo evitar el temido concurso de acreedores pero, ¿qué pasa cuando llega? La Guía de actuación de la empresa ante la insolvencia de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y el Consejo General de Economistas (CGE) también da algunas recomendaciones para superar ese tan indeseado proceso de la mejor manera posible.

La Ley Concursal

Este texto nos lleva a revisar la Ley Concursal, que determina las funciones en materia de aplazamientos de pago de deudas, reintegros de prestaciones e ingresos percibidos de forma indebida, compensación, reembolso del coste de las garantías, desistimiento, convenios o acuerdos en procedimientos concursales.

Esta Ley Concursal impone la obligación de solicitar la declaración de concurso de acreedores en caso de situación de insolvencia. En su artículo 5 contempla un plazo de dos meses para realizar este trámite desde el momento en el que se conoce la situación de quiebra. En cualquier caso, si se iniciaran negociaciones con los acreedores para intentar conseguir un acuerdo, se permite la ampliación del plazo hasta un máximo de seis meses.

Cómo actuar antes un caso de insolvencia inminente

Si se detecta un caso de insolvencia inminente, la guía de CEOE y CGE recomienda presentar la solicitud de concurso de acreedores lo antes posible. ¿Por qué? Para empezar, porque cuanto más se acerque la empresa a la insolvencia peor será la imagen que tendrá de ella el mercado. Esto repercute directamente de forma negativa sobre la confianza que acreedores, clientes, directivos y trabajadores tienen de ella. Ello dificulta aún más, si cabe, el trance y precipita la liquidación final.

Por otra parte, si la empresa se anticipa, evitará el peligro de que un acreedor se anticipe en la solicitud y podrá preparar con antelación los recursos necesarios para la puesta en marcha del concurso de acreedores, siendo así más fácil hacer frente a los costes de tramitación. Esta planificación deja sobre la mesa un escenario favorable para la negociación con trabajadores y acreedores, que se realiza con la mediación de los administradores concursales. Dicha mediación se realiza bajo la tutela del juez mercantil y permite convenios con quitas y/o esperas considerables.

Debe comunicarse al juzgado el inicio de dichas negociaciones y, para evitar publicidad negativa, se puede solicitar que el proceso no sea publicado en el Registro Público Concursal. De esta manera se impide a los acreedores (excepto a los de derecho público) iniciar ejecuciones de bienes o derechos necesarios para la continuidad de la actividad económica, y se suspenderán por el juzgado las que estén en trámite.

La recta final del concurso de acreedores

Si no hay marcha atrás ni forma de salvar la empresa, es perentorio preparar un plan de liquidación que contemple la venta de los activos maximizando el precio y minimizando el tiempo preciso para su enajenación. Hay que tener en cuenta que la actividad de la sociedad será mucho menor durante la época concursal, principalmente por el descenso de la confianza del mercado y de los agentes implicados.

Es normal perder clientes y suministradores de bienes y servicios, sobre todo financieros. También cae la capacidad de persuadir, el poder de negociar con proveedores y empleados, y, por supuesto, aumenta la desmotivación de los equipos de trabajo.

La importancia de revisar

Por otra parte, es importante revisar las actuaciones de los últimos años, como mínimo dos, para analizar si algún acto puede resultar rescindido en caso de concurso o conllevar la culpabilidad de los administradores de la compañía. Y prever una mínima tesorería para atender los costes del concurso de acreedores, así como para las adquisiciones al contado de compras y servicios. Eso o asumir la aparición de nuevos créditos para poder cubrir las indemnizaciones del personal despedido en caso de restructuración de plantilla, y para poder realizar devoluciones de efectos descontados de clientes.

Si se considerase que al negocio le queda potencial y que podría salir adelante con un nuevo equipo directivo y con un inversor potente que aporte sinergias a la compañía, se podría presentar en el juzgado una oferta vinculante de adquisición que, en principio, se tramitaría con agilidad.

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Cómo escapar del concurso de acreedores

Detectar la crisis pronto, fundamental

No es nada raro ver cómo un proyecto empresarial viable y con potencial pasa por procesos difíciles, de falta de solvencia, que acaban desembocando en el indeseado concurso de acreedores. Con el fin de arrojar algo de luz y de ofrecer consejos válidos al respecto, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y el Consejo General de Economistas (CGE) acaban de publicar la Guía de actuación de la empresa ante la insolvencia.

Este documento tiene como objetivo ayudar a pymes y autónomos a buscar soluciones ante un proceso de crisis de estas características. Y lo hace abordando todas sus fases, empezando por la detección de la insolvencia.

Según el texto, siempre es más fácil salvar un negocio si se detecta de forma temprana un futuro lleno de impagos. De esta manera se pueden implementar medidas correctoras y planificar un cambio de rumbo que mejore la situación. Para ello es importante saber discernir entre solvencia (cumplir con los compromisos de pago) y viabilidad (que puede generar en el futuro los recursos suficientes para mantener su actividad).

Reconducir el negocio y evitar el concurso

Si la compañía no es solvente pero sí viable, una buena solución para salir adelante está en reorganizarla y reestructurarla internamente, y reconducir su estrategia de negocio. Por otra parte, también sería conveniente negociar con los acreedores y empleados acuerdos extrajudiciales o concursales.

Una vez retomada la situación de normalidad, y con el fin de recobrar la reputación perdida de cara a los clientes, una buena solución sería la de contratar un seguro de caución que garantice los pagos de nuestra corporación. Tampoco sería descabellado incluir en los presupuestos anuales la contratación de un seguro de crédito que nos evite pasar por el trance de que nuestra compañía pase a ser insolvente por culpa de la morosidad.

Más vale prevenir

Entre las recomendaciones del documento de la CEOE está el de aprovechar la época de ‘vacas gordas’ para prepararse ante posibles crisis, estableciendo sistemas adecuados de control económico-financiero, así como un sistema de alertas ante riesgo de insolvencia futura.

Es importante estar pendiente de descensos significativos en la cifra de negocios o en los márgenes; observar si existe un abandono del proyecto empresarial por parte de determinados directivos, especialmente los directores financieros; estar pendiente de cambios regulatorios en el sector en el que se enmarque el negocio; detectar pérdidas de concesiones administrativas o distribuciones; retrasos en los pagos a los acreedores o en el cobro de clientes; y, por supuesto, preocuparse cuando no se puedan renovar las pólizas de crédito.

Contar con un buen presupuesto de tesorería puede ayudar a superar con menor dificultad los momentos de crisis y la posibilidad de llegar a un concurso. Éste supone la conversión de la información contable del presupuesto de la compañía en previsión de flujos de caja, que son los que permiten una adecuada gestión del circulante y de las necesidades de inversión, así como minimizar los costes financieros.

Por otro lado, la guía recomienda prestar atención a la gestión de las existencias, del crédito a clientes y de la financiación recibida de los proveedores, con el fin de conocer de antemano potenciales variaciones en el capital circulante.

Tomar las precauciones debidas no sólo evitará crisis y concurso de acreedores o, incluso, quiebras indeseadas, también sanciones a aquellos empresarios que hayan sido negligentes y cuyas (malas) decisiones hayan provocado o agravado una situación de insolvencia. La normativa concursal establece en estos casos que se inhabilite al profesional responsable durante un plazo que puede oscilar entre los dos y los quince años.

Esto incluye no sólo al empresario de turno, también a sus administradores, liquidadores, apoderados o, incluso, a los socios responsables de malas praxis. De hecho, todos ellos pueden ser condenados a satisfacer a los acreedores todos o parte de los créditos que resulten incobrables.

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Cómo sacar partido a una Sociedad de Garantía Recíproca

sgrDinero, dinero, dinero. En momentos de crisis, en los que el acceso a la financiación se convierte en un duro campo de batalla (y que en ocasiones puede frenar dar el salto al exterior a pesar de disponer del producto y del mercado o mercados adecuados), acudir a una Sociedad de Garantía Recíproca (SGR) puede ser el salvavidas adecuado. ¿Y qué son las SGR? Según la definición de la Confederación Española de Sociedad de Garantía Recíproca (Cesgar), “son entidades financieras sin ánimo de lucro, sujetas a la supervisión e inspección del Banco de España, y que posibilitan el acceso al crédito en mejores condiciones de plazo y de tipos de interés a las pymes y autónomos, consiguiendo la financiación para sus proyectos”.

1. Constitución

Suelen estar constituidas por socios partícipes, por pymes (que son las beneficiarias de su aval) y por socios protectores. Estos últimos son instituciones que aportan recursos a la SGR, lo que mejora su solvencia, sin derecho a solicitar garantías. Normalmente estos socios protectores son Administraciones Públicas, Cámaras de Comercio, Asociaciones y Entidades de Crédito. ¿Beneficios para la pyme o autónomos? Al ser avalada por la SGR, éstos pueden acceder al crédito. También, a su vez, beneficia a la entidad de crédito, pues invierte sin riesgo al ser la SGR la que responde, como avalista, en caso de que la operación financiera sea fallida.
Pero facilitar el acceso al crédito y mejorar las condiciones generales de financiación de las empresas socias no es su único objetivo. Entre sus metas también se encuentran otorgar garantías y avales a las pymes, negociar líneas financieras, canalizar y tramitar subvenciones, información y asesoramiento financiero a los socios, y formación financiera. Y dos son los casos de actuación: por un lado, las empresas o autónomos que no tienen garantías suficientes para obtener un crédito de las entidades financieras; y, por otro, las empresas o autónomos que teniendo garantías suficientes para ser atendidos por las entidades crediticias, saben que con un aval de la SGR obtendrán un crédito en mejores condiciones de plazo de amortización y tipo de interés.

2. Ventajas

Cinco son las principales ventajas del aval de la SGR para las pymes:
  1. Acceso a la financiación para empresas y autónomos con insuficiencia de garantías
  2. Mejora de las condiciones de plazo y tipo de interés, gracias a los convenios que las SGR negocian con las entidades de crédito
  3. Análisis sobre la viabilidad del proyecto empresarial y propuesta de alternativas
  4. Informar y asesorar a los socios financieramente
  5. Canalizar y tramitar líneas de ayuda
Cuatro son las ventajas del aval de la SGR para las entidades de crédito:
  1. La SGR actúa como canalizador, captando operaciones del segmento pyme para la banca
  2. Realizar el estudio técnico de la operación; desaparece el riesgo de insolvencia, pues la garantía de la SGR es líquida
  3. Mejora la rentabilidad financiera, puesto que las operaciones avaladas no requieren provisión de insolvencias
  4. A efectos del cálculo de coeficiente de solvencia, su riesgo pondera al 20%.