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La marroquinería española conquista Asia

Diseño y calidad han sido los dos pilares básicos en los que se ha asentado el éxito del desembarco de la marroquinería española en Asia. Así, las exportaciones en este continente crecieron un 36% en 2011 respecto al año anterior, facturando 48,6 millones de euros. Buenos datos que corroboran la buena marcha del sector, que el pasado año facturó más de 2.370 millones de euros (un 3,1% más que en 2010), de los que el 21,5% procedieron de las transacciones en el exterior. Con un crecimiento interanual desde 2009 del 26%, el sector de la marroquinería “made in Spain” vendió en el exterior por un montante de 511 millones de euros durante 2011.

Japón y Hong Kong, los destinos favoritos

Dos son los mercados que mejor están aceptando los productos de piel procedentes de España: Japón y Hong Kong. Mientras que el país del Sol Naciente importó por valor de 12,1 millones de euros, la antigua colonia inglesa adquirió productos por valor de 11,7 millones de euros.

Japón es un mercado maduro, competitivo, con una actividad comercial muy consolidada y una oferta de artículos que se antoja interminable. Entre sus preferidos, están los bolsos de mano y los complementos de bolsillo en piel. Además, las marcas españolas han sabido adaptarse a las particularidades y medidas corporales japonesas, ofreciéndoles un producto donde prima la calidad el diseño. Según el informe “El mercado de la marroquinería en Japón”, elaborado por la Oficina Económica y Comercial d la Embajada de España en Tokio, “para contrarrestar la competencia europea y asiática, la mayoría de productores españoles optan por diseño, calidad, marca y servicio. Ofrecen artículos con valor añadido, con innovaciones en diseño, color, textura, acabados y con cuidados detalles”.

Hong Kong, por su parte, destaca porque la mitad del mercado de marroquinería es de gama media-baja, con precios bajos, y la otra mitad de productos de gama media y superior. España es el cuarto proveedor de la antigua colonia gracias a las calidades, materiales, detalles y artesanía de sus productos, lo que unido a unos precios más reducidos que sus competidores, ha conseguido tener un hueco importante.

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Carmina: el valor del zapato artesano

Los expertos en calzado aseguran que el cosido conocido como goodyear es la mejor forma de diseñar y crear un buen zapato. De entrada, se trata de un calzado duro, pero que tras un periodo de doma se convierte en el zapato más cómodo del mercado. Otra característica de este tipo de construcción y cosido es que no se puede realizar sin la intervención del hombre, lo que quiere decir que estamos ante una fabricación totalmente artesanal, que prescinde de cualquier proceso industrial. Como se puede suponer, el coste de producción del calzado goodyear es caro, lo que origina que cada vez son menos los zapatos elaborados bajo este costoso proceso de producción.

Tanto es así que marcas de lujo tan conocidas como Gucci, Clavin Klein o LVMH han prescindido de este característico cosido para introducir procesos industriales en la elaboración del calzado, lo que ha dejado un nicho de mercado abierto a otros fabricantes más pequeños que sí que siguen respetando la tradición en el calzado.

Una empresa centenaria

Uno de esos artesanos es la empresa Carmina Shoemaker. Se trata de una pyme familiar española que inició su andadura en Inca (Mallorca) en 1866. Fundada por Matías Pujadas, Carmina nació como un pequeño taller donde se hacían zapatos a medida. Una generación después, su hijo Mateo Pujadas, continuó la labor del fundador, y en 1905 abrió una de las primeras fábricas de zapatos cosidos goodyear de las Baleares.

En 1961, José Albadalejo Pujadas, bisnieto del pionero y continuador de la saga familiar, convierte a la empresa en uno de los fabricantes de lujo más grandes de España que, en los años 80, llegó a fabricar un millón de pares de zapatos. Pero tras una crisis de mercado, en la que la demanda de calzado de lujo descendió de forma vertiginosa la empresa se vio obligada a reinventarse. Esa labor la ha llevado José Albadalejo que, en 1997, creó una nueva compañía con el nombre de Carmina Shoemaker, con la intención de fabricar uno de los mejores zapatos artesanos del mundo.

A la conquista de Asia

En estos pocos años de nueva andadura, la pyme cuenta con ocho tiendas propias (París, Madrid, Barcelona, Bilbao, Valladolid y Palma de Mallorca), y compite en los mejores escaparates de Europa, Asia y Estados Unidos con gigantes del lujo franceses e italianos. Por si eso no fuera suficiente, en los últimos tiempos este pequeño David está vendiendo a los Goliat del mercado más elitista, en territorios tan remotos como Hong Kong.

Buena prueba de ello es la noticia aparecida en el diario South China Morning Post que asegura que los consumidores masculinos del lujo, que tradicionalmente se inclinaban por la prestigiosas marcas francesas e italianas, empiezan a darse cuenta de que la calidad de dicho calzado no está a la altura de los precios y se cuestiona si merece la pena pagar más de 1.000 euros por unos zapatos fabricados de manera industrial.

Por tanto, el dominio de estas marcas está empezando a decaer a favor de productos artesanales británicos, norteamericanos, austriacos y españoles. El diario habla en concreto de Carmina Shoemaker como ejemplo de empresa que ofrece gran calidad a muy buen precio.

El caso de Hong Kong no es único. Es más, esta pequeña empresa mallorquina ha logrado entrar con fuerza en países como Japón, Taiwán o Corea del Sur, países donde los artesanos se han convertido en objeto de culto. Para mantener el prestigio, Carmina continua apostando por ser uno de los pocos, casi el único, fabricante de zapatos del mundo que utiliza también el cosido goodyear para elaborar el calzado femenino. Y es que sólo siendo los más exclusivos se puede competir y vencer a los monstruos del lujo internacional.