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Los bancos centrales sopesan poner fin a la fiesta de dinero barato

El Banco de Inglaterra, el BCE y el Banco de Japón mantienen sus políticas de compra de activos y bonos soberanos y corporativos. Pero ya piensan en seguir a la Fed.

 

Como respuesta a la crisis financiera de 2008, los grandes bancos centrales del planeta pusieron en marcha políticas excepcionales para estabilizar la arquitectura financiera internacional. Entre otras, la rebaja del precio del dinero hasta niveles próximos a cero que, en el caso de la Fed, con su tercera maniobra alcista de hace unas semanas, ha durado siete años. Y la dedicación de la quinta parte de activos de sus balances a adquirir bonos soberanos y corporativos. Es decir, a hacer acopio de deuda de los Tesoros de sus países y de sus bancos o empresas con altas cotas de endeudamiento.

Casi diez años después del tsunami financiero, las decisiones expansionistas (Quantitative Easing) siguen vigentes en Europa (BCE), Reino Unido (BoE) y Japón (BoJ). Incluso el regulador japonés ha reducido sus índices de depósitos a niveles negativos, lo que implica, de facto, que sus bancos comerciales tengan que pagar por mantener los ahorros de sus clientes.

Algo parece estar cambiando

O, dicho de otra manera. Las autoridades monetarias de Europa, Japón y Reino Unido podrían seguir los pasos de la Fed norteamericana, que acaba de dejar los tipos de interés en el 1,25%. Es decir, encarecer también el precio del dinero en sus respectivas áreas de influencia.

El consejo de gobierno del BoE británico tiene cada vez más disidentes del actual inmovilismo, que mantiene los tipos en el 0,25%. Y podrían inclinar la balanza en alguna de sus próximas reuniones. Incluso el BCE, que los contiene aún más próximos a cero, también tiene visos de cambiar el paso. Así lo creen los inversores, que ven en su reciente revisión de riesgos de activos un preludio de que enterraría su estrategia de compra de activos entre septiembre y diciembre de este año. Maniobra que dejaría margen para mover los tipos. Mientras, Harahiko Kuroda, gobernador del BoJ, que prorrogó la compra de activos por valor de 1,6 billones de dólares, pese a que ya supone el 109% del PIB nipón, ha dejado señales claras de que pondrá el epitafio al proceso del dinero barato.

Aun así, los cuatro grandes bancos centrales operan con cautela total. Porque el tránsito hacia una política más restrictiva de tipos de interés no se producirá de inmediato. Las cartas apuntan hacia el medio plazo. Y si las expectativas inflacionistas no crecen al ritmo que lo han hecho en EEUU en los últimos meses.

Todo tiene sus riesgos

Entre los riesgos persistentes, sobresale uno que está en la mente del mercado. La actividad de la economía global se ha acelerado, pero persisten algunos problemas coyunturales de calado. En especial, la nueva falta de sincronización entre las potencias industrializadas y los principales mercados emergentes, que podrían provocar rachas de volatilidad en las plazas bursátiles. Pero no es el único nubarrón. A los analistas de los bancos de inversión les preocupa más otro asunto espinoso. Consideran que mercados como el chino generan profundos desequilibrios inversores porque no son capaces de crear sus instrumentos de riesgo que diferencien la información sobre los activos que operan en sus bolsas. En otras palabras. En un periodo en el que parecen volver “los excesos de ahorro” de los que alertó Ben Berneanke, en 2005, cuando aún presidía la Fed.

Stephen Jen, socio director del hegde fund SLJ Macro Partners y alumno aventajado en Morgan Stanley, lo expresa con nitidez: China y otros grandes emergentes han acumulado riqueza, pero no son capaces de generar, en sus sistemas financieros, herramientas más sofisticadas que sean capaces de distinguir la evolución contable de valores tradicionales de los activos derivados y estructurados, de mayor riesgo. Requiere la generación de confianza inversora y climas idóneos para hacer negocios, lo que exige regulaciones más precisas para identificar los valores refugio y las operaciones de mayor complejidad.

Cuentas saneadas

Esta cuestión despierta inquietud porque los bancos centrales de las potencias industrializadas continúan con su adquisición de activos y deuda y necesitan limpiar sus balances con inversiones seguras. La Fed, por ejemplo, planea el saneamiento de 4,5 billones de dólares de sus registros contables en los próximos meses. Y el peso relativo de las economías emergentes frente a las de elevadas rentas ha crecido en el último decenio; sobre todo, tras la crisis financiera en la que el decoupling o desincronización entre los ritmos de crecimiento de ambos grupos se hizo patente. Por si fuera poco, ahora, la dinamización vuelve a ser más intensa en los emergentes.

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Fráncfort emerge como ‘City’ financiera de Europa tras el ‘Brexit’

Los grandes bancos de inversión parecen decantarse por la capital del BCE como enclave para sus cuarteles generales. Por delante de Dublín, París, Luxemburgo o Madrid.

 

La capital financiera de Alemania parece la elegida por los principales bancos de inversión para albergar a sus cuarteles generales en Europa tras la activación del Brexit y la presumible salida de las instituciones bancarias, firmas de servicios profesionales y las nuevas fintechs que han habitado, hasta ahora, en la City londinense. El indiscutible centro de operaciones de la banca internacional en el Viejo Continente. Standard Chartered, Nomura o Daiwa ya han manifestado su elección por la ciudad germana. Desde la que pretenden dirigir sus operaciones corporativas y la difusión de sus servicios de inversión para competir con mayores garantías en el mercado interior comunitario. Citigroup, Goldman Sachs y Morgan Stanley, están sopesando su decisión, aunque admiten que Fráncfort encabeza la lista de pretendientes.

“Fráncfort está bien situada para recibir a los bancos internacionales”

Admitió recientemente el presidente de la Asociación de Bancos Extranjeros (AFB, según sus siglas en inglés) en Alemania, Stefan Winter y máximo responsable de UBS en este país. “Es el corazón de Europa, tienes unas infraestructuras fantásticas y unos alquileres para oficinas modernos y adecuados” para asumir el desembarco procedente de las islas británicas.

La ciudad que alberga al Banco Central Europeo (BCE), da cobijo al organismo de supervisión de la banca alemana (BaFin) y vio nacer al Deutsche Bank, empieza a destacarse como el hábitat idóneo para controlar la regulación del sector en Europa y supervisar los cada vez más complejos productos estructurados y derivados del negocio inversor.

La economía británica en peligro tras el Brexit

Londres, por su parte, podría perder alrededor de 10.000 puestos de trabajo vinculados a banca y otros 20.000 indirectos si, finalmente, como apuntan numerosos estudios del mercado, y se produce una salida masiva de clientes que, en la actualidad, podrían desplazar fuera de la City más de 1,8 billones de euros en activos, según asegura el think-tank Bruegel. Las estimaciones más pesimistas sobre los efectos perniciosos del Brexit en la economía británica prevén pérdidas superiores a los 232.000 puestos laborales, si finalmente provoca una huida masiva de firmas de servicios profesionales, compañías del sector asegurador, con negocios directos en los bancos e instituciones financieras, y sociedades de asesoramiento jurídico y fiscal. La partida, al margen de que las negociaciones entre Londres y Bruselas culminen con un pacto que permita al sector privado británico seguir operando en el mercado interior europeo, se producirá antes de 2019.

 

Así piensan en estos momentos en la gran banca:

Bank of America

Es uno de los que podría irse a Dublín si Reino Unido sella un acuerdo de acceso al mercado de la UE. Aunque también tiene pensado desplazar parte de sus efectivos de la City a Fráncfort, Madrid, Ámsterdam y Luxemburgo, ha afirmado Nikolaus Naerger, responsable de la entidad para Alemania, Suiza y Austria. “Aunque seguimos contemplando todas las opciones”.

Goldman Sachs

La firma de Wall Street planea desplazar más del doble de sus empleados de la City a Fráncfort, señaló a la prensa alemana Richard Gnodde, su vicepresidente de negocios internacionales. En total, la cifra de traslados podría rebasar el millar. Valoran especialmente el potencial de la sede alemana para convertirse en cluster financiero de Europa.

JP Morgan

Movilizará entre 500 y 1.000 empleados a oficinas de Dublín, Fráncfort y Luxemburgo. “Vamos a utilizar las tres sedes que tenemos en Europa para adecuarnos al Brexit, dijo Daniel Pinto, su director de operaciones de inversión. Su CEO, Jamie Dimon, elevó la cifra a entre 4.000 y 16.000 antes de la celebración del referéndum.

Deutsche Bank

Por razones obvias, gran parte de los 4.000 empleados de Deutsche Bank en Londres podrían retornar a su país.

UBS

Su presidente, Axel Weber, piensa en Fráncfort como primera opción para albergar a sus 5.000 trabajadores de la City. Si bien tampoco descarta que una parte de su plantilla sea destinada a Madrid, aclara Andrea Orcel, uno de sus directivos internacionales.

HSBC

Su CEO, Stuart Gulliver, confirma que alrededor del 20% de su generación de negocio se está destinando a adquirir oficinas en París. Hace una década compró un banco francés. Al parecer, 1.000 de los 5.000 empleados en la City irían a la capital gala, que quiere convertirse en la capital del fintech. Otro directivo del holding financiero anticipó que la cifra de movilidad sería superior en caso de que fructifique un Brexit duro. Posibilidad que se ha reducido tras el resultado de las recientes elecciones en Reino Unido.

Barclays

El CEO de la entidad, Jes Staley, piensa en Dublín. Pero reconoce que podría cambiar de parecer, en favor de Fráncfort, y dejar a la capital irlandesa como sede subsidiaria. En seis meses, iniciarán los traslados.

Standard Chartered

El banco ya está en conversaciones con el regulador alemán, BaFin, para establecerse en Fráncfort. Sólo dejaría una mínima representación en Londres. José Viñals, su presidente, añade que la sede alemana “tiene pleno atractivo”, una vez se está consolidando, desde Alemania, “el futuro del euro”.

Citigroup

Evalúa varias sedes en Europa, explica su directivo-jefe para Europa, Jim Cowles. Aunque ya ha decidido destinar a Fráncfort su división de activos bursátiles y derivados vinculados a tipos de interés variables.

Morgan Stanley

Está próximo a ordenar el traslado a Fráncfort. Aunque realizará recolocaciones en Dublín. El número de movilizaciones: próximo al millar. Incluso más, si se decantan por trasladar parte de la plantilla a Nueva York. Opción no descartada.

Daiwa

Cambio de sus 45 empleados de la City a Fráncfort.

Lloyds Banking Group

Tiene en Berlín a su mayor subsidiaria en Europa. La elección de Fráncfort parece la más factible, según su jefe financiero, George Culmer, mediante una petición de ampliación de su licencia financiera a BaFin.

Credit Suisse

Explora, sobre todo, Dublín. Su CFO, David Mathers, calcula que el cierre al mercado interior de la UE restaría entre un 10% y un 15% a su negocio en Reino Unido, que mueve ingresos de entre 4.000 y 5.000 millones de libras anuales.

Bank of China

Parece inclinarse por Dublín.

Nomura

Su elección es Fráncfort. Y su traslado, a lo largo de este verano.

Mizuho

Considera Ámsterdam y Dublín, por este orden, como destino de sus plantillas londinenses. También valora crear subsidiarias en Bélgica, Austria y España.

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El dólar fuerte no acaba de certificar las expectativas del mercado

Las perspectivas para 2017 de los bancos de inversión hablaban de una notable apreciación del ‘billete verde’ americano.

El euro es la divisa más revalorizada del G-10.

 

El consenso del mercado era rotundo al inicio de año. El dólar, que ya estaba significativamente sobrevalorado en las postrimerías de 2016, alcanzaría la supremacía en el mercado internacional de divisas a lo largo de este ejercicio. Aún no se pueden lanzar las campanas al vuelo. Obvio. En las plazas monetarias hay demasiados fundamentales, vinculados con la coyuntura económica y la salud de las finanzas soberanas, pero también no pocos intangibles. Parámetros que escapan a la vista, incluso, de los más avezados expertos. Pero, a falta de unas semanas para traspasar el ecuador de 2017, la divisa que acapara los focos por su rally alcista es … el euro. Al menos entre las de las principales potencias monetarias, las del G-10.

El retorno a la tradicional política del dólar fuerte, a la que se renunció -nunca de forma oficial, por supuesto- durante la debacle bursátil de las punto.com y la colateral crisis de Enron, que se llevó también por delante a la consultora Arthur Andersen, allá por 2003. Durante la presidencia de George W. Bush. El dirigente republicano tenía margen de maniobra: la sobrevaloración del billete verde llegó a cifrarse, por algunos bancos de inversión, de hasta el 70% de su valor.

Con el aterrizaje de Donald Trump en la Casa Blanca, y tras el doble mandato de Barack Obama, de paulatina y lenta recuperación del dólar frente a sus grandes rivales en los mercados -euro, libra y yen, aunque también el controlado renminbi chino- las pretensiones oficiales del Tesoro americano volvían a estar claras: restablecer la indiscutible hegemonía de la divisa de EEUU.

Sin embargo, al término de los primeros cinco meses de 2017 -y en las dos semanas del sexto, junio-, el dólar, lejos de sacar músculo, se ha dejado un 3,8% de su valor negociador en plazas internacionales. A la espera de que las filas republicanas en el Congreso -enfatizan los analistas- sean capaces de sacar adelante los ambiciosos programas de estímulo económico del actual mandatario -entre otros, una notable rebaja tributaria, un generoso plan de infraestructuras y un plan presupuestario expansivo en áreas como Defensa y Seguridad-, el comportamiento del dólar ha sido decepcionante. Incluso monedas como el peso mexicano o el dólar canadiense, a las que las medidas proteccionistas de EEUU en materia comercial amenazaban su cotización, se han apuntado a la revalorización de las grandes divisas, en general. Aunque el gran triunfador haya sido, a nivel global, el won surcoreano (como ya contamos), que ha irrumpido como moneda de referencia en el intenso tráfico comercial asiático. Pese a la elevada volatilidad, con drásticas caídas de las divisas de mercados emergentes como los mencionados México o Corea del Sur, del primer trimestre.

Sin duda, en esta decepción del dólar ha jugado un papel determinante los titubeos de la política fiscal, que se han adentrado por una senda errática en áreas como la repatriación de beneficios desde centros off-shore para grandes corporaciones en un país que deja de ingresar, por este concepto, del orden de 150.000 millones de dólares anuales. O los gravámenes y deducciones a las empresas con vocación exportadora. Dos aspectos que no contribuyen precisamente a atraer nuevos capitales. Aunque también resulta imprescindible para ahondar en este análisis la cada vez más divergente política monetaria de la Reserva Federal, que se aleja con mayor celeridad que Europa y Reino Unido de los tipos de interés próximos a cero. A lo que hay que unir que los cambios impositivos por los que se reducirán del 35% al 15% el Impuesto sobre Sociedades y los tres tramos sobre los que se reconducirá la tributación sobre la Renta (10%, 25% y 35%) no son la prioridad económica esencial del grupo republicano en el Congreso. Los cambios impositivos están detrás de la reforma sanitaria y de los avances negociadores del presupuesto.

Sin embargo, el euro, contra todo pronóstico, ha sido elegido como moneda de referencia para no pocos hedge funds y bancos de inversión durante la primera mitad de 2017. Todo un error de cálculo, si se tienen en cuenta los malos augurios que, sobre la divisa común, pendía en los mercados por el complejo calendario electoral, con riesgos de victoria de partidos partidarios de nuevas salidas de la UE entre los actuales socios monetarios (Francia y Holanda) y la falta de un itinerario de transformación de la construcción europea. En los prolegómenos del ecuador del año, el euro es la moneda que más valor ha recuperado en el G-10, que acoge a los grandes bancos centrales del mundo.

Los resultados en los comicios, que han alejado el fantasma del populismo excluyente; los mensajes del nuevo eje franco-alemán de Emmanuel Macron y Angela Merkel -al menos, hasta la convocatoria electoral germana de septiembre- en respaldo a las reformas, de gran calado, presentadas por la Comisión Europea para fortalecer la UEM, y las proclamas internas para que Europa sustituya a EEUU en el liderazgo del cambio climático y el libre comercio, por ejemplo, le ha sentado fenomenal al euro. Según Bank of America Merrill Lynch (BofAML), entre otros bancos de inversión que, en una reciente nota, explica la mejora de perspectivas sobre la divisa europea, además, por la mejoría sustancial de la economía de los socios monetarios. “De estar en riesgo a comienzos de año a poder suscribir uno de los mejores ejercicios de su historia”.

De hecho, dicen en Morgan Stanley, los inversores foráneos han adquirido 7.000 millones de dólares en activos en euros desde marzo, sin acudir a firmas de alto riesgo, frente a los escasos 900 millones que se han formalizado a través de hedfe funds. La orden actual de esta entidad americana es operar con la divisa común europea, que ha ganado un 6% frente al dólar desde el inicio del año. En contraste con el descenso de la libra durante la larga campaña electoral en el Reino Unido. La moneda británica se ha mostrado sensible a la pérdida de escaños del partido conservador de Theresa May y a la incertidumbre sobre las negociaciones del Brexit con sus todavía socios de la UE.

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Brexit, año I: el divorcio con Europa crea nuevos nichos para España

¿Cómo afectará a España la salida de Reino Unido de Europa?

El sector exterior es moderadamente optimista con el futuro del cuarto socio comercial y quinto exportador.

 

Reino Unido inicia hoy su andadura en solitario, al margen del club europeo. Después de 40 semanas de tiras y aflojas entre ambas partes para perfilar las estrategias de un divorcio anunciado desde el referéndum del pasado mes de junio, la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, invoca hoy el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, paso previo e ineludible a la maniobra de desacoplamiento del club comunitario. Un road map que durará dos años. Y cuya cuenta atrás culminará con los términos de separación de un matrimonio rubricado en 1973, durante la primera ampliación de la Unión, junto a Irlanda y Dinamarca, y que negociarán el secretario británico para el Brexit, David Davis, y el comisario del Mercado Interior, el francés Michael Barnier, que ya ha puesto tierra de por medio al adelantar la fecha tope de la batalla legal a octubre de 2018. Gran parte de este conflicto entre Bruselas y Londres gira en torno a la política comercial. Reino Unido retomará su soberanía para cerrar nuevos acuerdos de libre comercio. En especial, con EEUU. Pero, al mismo tiempo, pretende mantener parte de los privilegios de acceso al mercado interior europeo.

Para España, todavía con la incertidumbre de conocer si el des-ensamblaje británico será más agresivo o dócil, los efectos colaterales no pasan desapercibidos. Expertos y Gobierno admiten que el Brexit podría suponer caídas de varias décimas del PIB, un descenso en las ventas al exterior, debido a que Reino Unido es uno de los principales socios comerciales e inversores, en los flujos de turistas llegados de las islas y en una contribución adicional notable, de casi 900 millones de euros, al presupuesto de la UE. La diferencia de ser o no contribuyente neto a las arcas de la Unión.

Reino Unido es el cuarto mercado de la exportación española (19.153 millones de euros en 2016, frente a los 11.184 millones de importaciones); y quinto destino inversor del último lustro. En 2015, casi totalizaron los 6.000 millones de euros, casi la tercera parte de los 15.509 millones de 2012. Pero el impacto del Brexit también tiene que tener en cuenta las filiales de empresas como Santander y Sabadell, Telefónica, Ferrovial, IAG –hólding de British Airways e Iberia) o Iberdrola que, en total, están valoradas por el mercado por encima de los 60.000 millones de euros. Y, en el plano comercial, afectaría sobre todo a sectores como el de automoción. Aunque también a la maquinaria, a la industria aeronáutica y a la venta de frutos y hortalizas.

Otro cauce de impacto será el turismo. En dos frentes. El primero, por ser la nacionalidad más fiel a dedicar sus vacaciones en suelo español en los últimos años. Nada menos que 16,9 millones de turistas, de los 75,3 que visitaron España en 2016, eran británicos, que gastaron más de 1.000 euros por turista de promedio. El segundo, tiene que ver con el descenso de la libra desde el Brexit, las dificultades para tramitar visados y las dudas sobre derechos de residentes británicos en España (más de 200.000), que podría perjudicar al mercado de la vivienda. En total, BBVA cree que este asunto restará ya cuatro décimas a la economía española en 2017.

En el terreno positivo, España podría albergar agencias regulatorias como la de la banca o la del medicamento, ahora en Londres, y ganar ciertas opciones para lograr la histórica devolución de Gibraltar.

Pese a estas incertidumbres, que también afectan al resto de socios comunitarios, las empresas españolas se declaran optimistas a la hora de hacer negocios en los 12 meses próximos, a pesar de que aún revelan una alta preocupación por la salida británica de la UE. Un reciente sondeo de KPMG y CEOE entre 2.906 directivos y mandos intermedios de firmas de 13 sectores de actividad diferentes constata, en una cuestión con multi-respuesta, que el mayor efecto del Brexit sobre sus negocios lo determinará la depreciación de la libra (58%); seguido de la posible contracción del PIB británico (50%); la instauración de aranceles (43%) y los cambios regulatorios, motivo de temor para el 41% de los encuestados.

De este sondeo, el 45% de encuestados declara tener algún tipo de exposición con Reino Unido. Entre otras, el 16%, vínculos exportadores; el 12%, filiales y el 5%, sucursales. Un notable 19% considera que el Brexit generará más oportunidades de negocio, mientras el 45% juzgaba que no iba a reportar nuevos beneficios. El 36% restante se decantaba por estar a la expectativa del proceso.

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El estudio de opinión de KPMG también constata que el 22% de las firmas españolas tiene listo un plan de contingencia por la salida británica de la UE; un 43% no lo creía todavía pertinente y un 35% lo tenía pendiente de evaluación. Por áreas, el departamento financiero, el de fiscalidad y el legal son los que más se verán afectados. Incluso sin descartar que tengan que modificar aspectos de sus modelos actuales de negocio. De hecho, así lo cree el 35% de los encuestados.

Entre los más confiados en que el Brexit podría mejorar sus relaciones empresariales con Reino Unido, figuran, como se aprecia en el cuadro adjunto a continuación, los servicios profesionales, el sector financiero y el tecnológico y de comunicaciones.

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Inflación y competitividad

La fuerte subida de la inflación, hasta el 3 por ciento en enero, ha disparado la inquietud entre algunos analistas y en los ámbitos políticos económicos y sociales, incluso en el Gobierno, hasta el punto de que el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, calificaba la situación de “preocupante”, aunque sin caer en alarmismos que, a día de hoy y con los datos disponibles, parecen injustificados.

Cierto es que este aumento de los precios en enero es el mayor desde octubre de 2012 y un 60 por ciento superior a la subida media de la zona euro. Pero también lo es que obedece a situaciones meramente coyunturales vinculadas a nuestra elevada dependencia energética del exterior. El encarecimiento del barril de crudo Brent, que ha pasado de 33 a 55 dólares en el último año, y el encarecimiento de la energía que ha duplicado el precio del kilovatio hasta 73 euros en el mismo período, son la causa fundamental y casi única de este desbordamiento inflacionario. Factores que, especialmente el segundo, irán remitiendo conforme avance el año, lo que si no hay imprevistos volverá situar la variación de los precios en el entorno del 1 por ciento, en línea con la tasa que marca hoy la inflación subyacente, es decir, la que no computa los productos energéticos ni los alimentos sin elaborar.

Estamos pues ante una desviación meramente coyuntural y reconducible, lo que no debe, sin embargo, ser óbice para no empezar a actuar de forma urgente para evitar que el repunte inflacionista contamine el crecimiento económico y la creación de empleo. No se puede olvidar que la inflación es un elemento clave de competitividad y que España lleva ya dos meses consecutivos con una inflación muy superior a la media de la zona euro, a donde se dirigen el 60 por ciento del total de nuestras ventas en el exterior. Y todo ello en un contexto en el que el sector exterior ha sido uno de los grandes motores de la recuperación marcando máximos históricos en la exportación de mercancías.

En este sentido la decisión del Ministerio de Economía de reactivar la Ley de Desindexación del Economía Española, que aprobada en la anterior legislatura, dormía el sueño de los justos por falta desarrollo reglamentario, es una buena medida, toda vez que permite desligar las subidas de los precios en los que intervenga el sector público de las desviaciones del IPC. Es decir que las autopistas, transportes, telecomunicaciones, aguas y tasas, entre otros servicios, no van a poder modificar sus precios en función de la inflación como hasta ahora, sino que deberán vincularlas a una estructura de costes vinculada a la eficiencia y a la buena gestión empresarial.

Pero es necesario hacer más. El Gobierno debe vigilar el comportamiento del mercado energético para evitar distorsiones. El precio de la luz que pagan los hogares ha subido en España el doble que en el resto de la Unión Europea durante la crisis económica, hasta situar a España como el cuarto país europeo con el precio más caro de la electricidad, solo por detrás de Dinamarca, Alemania e Irlanda. Mientras que nuestras empresas están también a la cabeza de la UE en cuanto al precio de sus costes energéticos, lo que supone un importante lastre a la hora de competir dentro y fuera de nuestras fronteras, penalizando además las inversiones.

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Oportunidades y riesgos de un euro débil para las pymes exportadoras

Un euro igual a 1,145 dólares y bajando. Así se comportaba el cambio del euro dólar en el momento de escribir este post tras semanas de debilidad (ha llegado a marcar mínimos históricos) y augurios, por parte de las principales firmas de inversión, de que en los próximos meses llegará la paridad.

Ante la idea de que un euro se cambie por un dólar se han disparado los consejos para que las pymes se lancen, si no lo han hecho ya, a exportar, fuera de la zona euro y superen así una de las asignaturas pendientes de la exportación española: exportar más allá de las fronteras europeas. Hoy mismo comentábamos en Twitter que sólo 1 de cada 3 euros de las exportaciones son a países extracomunitarios.

Los alumnos más aplicados, ya están poniendo en práctica la lección y en 2014, según los datos oficiales del Ministerio de Economía y Competitividad, las exportaciones fuera de la zona euro aumentaron un 6,9%. El incremento fue especialmente intenso en las exportaciones a Estados Unidos, la nación que más cuota ha ganado, un 22,4%, respecto a 2013. China y Japón son otros destinos prioritarios en este contexto.

Las ventajas de un dólar barato para las empresas exportadoras están en cualquier manual de economía que caiga en nuestras manos. Moneda más barata, mayor competitividad.  Pero cuidado porque la situación también tiene sus riesgos.

Con una moneda local más barata está claro que los productos ganan competitividad en los mercados extranjeros. Especialmente aquellos cuya manufactura es más básica, son intensivos en mano de obra o no dependen demasiado de las innovaciones tecnológicas.

Así por ejemplo, está comprobado que las exportaciones de aceite de oliva español suben tres puntos porcentuales, por cada punto porcentual que se reduce el cambio euro-dólar, según ha explicado el economista experto en exportaciones Javier Santacruz a El Economista.es

El alimentario, los servicios no financieros y el automóvil son los sectores que más se pueden beneficiar del este entorno de moneda débil. Pero incluso las empresas que pertenecen a estos deben tener muy claro que si comienzan ahora su plan de exportación deben ser muy cautelosos en las previsiones.

Ya hemos contado en alguna ocasión en Asesoresdepymes, que uno de los grandes aliados de los exportadores es un seguro de tipo de cambio para blindarse de las posibles fluctuaciones de las divisas. Esto se hace incluso más necesario cuando se está planificando el lanzamiento de una nueva actividad de exportación. Tal vez en este contexto salgan los números, pero ¿lo harán también con un posible euro fuerte en el futuro? Solo si la respuesta es afirmativa hay que seguir adelante con el plan de lanzarse a nuevos mercados.

Por otro lado, en el contexto de la exportación no todo se mide en la misma moneda. Por ejemplo, la energía (sobre todo el petróleo) cotiza en dólares por lo que con un euro bajo será más gravoso tanto producir como transportar los productos. Los barcos se mueven con derivados del petróleo y los costes de los fletes están ligados también al dólar.

Por otro lado, conviene tener mucho cuidado con las modas. La confirmada pasión por EEUU que están demostrando las empresas españolas es muy loable, pero tal vez este no sea el mejor de los momentos para comenzar una aventura empresarial en el país de las barras y estrellas. El motivo es que las autoridades estadounidenses y las europeas están en plena negociación de un controvertido acuerdo comercial conocido como Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP). Estas negociaciones llevan ya nueve rondas y aunque parece que el texto final está a punto de ver la luz, lo cierto es todavía hay muchas dudas sobre si desaparecerán o no los aranceles entre ambos territorios y que repercusión pueden tener esos acuerdos finales para las pequeñas empresas exportadoras.

La conclusión es, un euro bajo es un atractivo para exportar siempre que se tengan en cuenta todos los riesgos que esta actividad implica.

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Tácticas de las empresas deudoras para no pagar

Llega el día del vencimiento y… ¡sorpresa! El deudor no ha hecho frente a su compromiso. ¿Un olvido? En la mayoría de las ocasiones, no. Los deudores no solo son conscientes de que han incumplido con sus obligaciones sino que buscan cualquier estratagema para rehuir o dilapidar el pago. Las más habituales, y sus posibles soluciones, son:

Alegar desconocimiento de la existencia de la deuda, o que no existe documentación que acredite la misma. Es decir, alegan que no han recibido la factura, que los importes facturados no se corresponden con la realidad, o que la misma está incompleta o incorrecta ¿Respuesta? Hacer llegar por la vía más rápida una copia de la misma.

Desviar la cuestión principal, que es la exigencia del impagado, e intentar llevar a su terreno al acreedor. ¿Cómo? Diciendo que se ha producido un retraso en la entrega del producto, que éste está defectuoso, que no tiene la calidad que debería tener… Ante esta postura conviene preguntar al deudor si esta es la primera ocasión que realiza la reclamación, justo al recibir la factura (¡Oh, casualidad!). Deberá pedirle una prueba de la reclamación, y si no tiene razón, decirle que no acepta sus argumentos y que efectúe el pago.

Efectuar promesas de pago de forma ambigua pero sin concretar la fecha de pago ni los importes, con el único propósito de tranquilizar al acreedor y darle confianza. Una maniobra que se basa en reconocer la totalidad de la deuda, afirmar que va a pagar hasta el último céntimo de euro, y asegurar al acreedor que cobrará lo antes posible. Entonces, éste debe requerir al moroso una mayor precisión en la fecha de pago y las cantidades a abonar; si no es así, debe estipular un nuevo contacto para estipular la fecha de pago. También puede poner sobre la mesa el uso de un documento de pago con fecha definida, como un pagaré o una letra de cambio.

Utilizar pantallas de humo. Sí, el deudor reconoce la deuda, pero usa multitud de argucias, en muchas ocasiones ligadas a desgracias o infortunios, para demorar el pago. Entonces, lo razonable es darle a entender que ha comprendido el problema, incluso mostrarse solidario, pero dejar claro que no son motivos suficientes para no llevar a cabo con sus obligaciones. Para, a continuación, mostrarle una forma de pago justa.

Usar el engaño, con frases del tipo “ya he pagado”, o “pagaré enseguida”. Dirá que ha enviado un cheque o un pagaré por correo, y que en breve le llegará. Sólo pretende ganar tiempo. Pedir los datos del banco que ha librado el documento, el número y el importe del instrumento de pago, pueden servir para, dependiendo de la respuesta, descubrir si es una argucia o se corresponde con la realidad.

Cansar al acreedor. No ponerse nunca al teléfono, estar siempre reunido, ha marchado de viaje… son algunas de las técnicas usadas para ir cansando y frustrando al acreedor. Paciencia, constancias e insistencia son las armas a utilizar.

Agresividad y enfrentamiento. Discusiones elevadas de tono, gritos, amenazas… todo para romper el lazo de unión y provocar el fin de las negociaciones. Insultos y amenazas que sirven de excusa para prohibir al acreedor la entrada en la empresa y destruir en mil pedazos las relaciones. Así, el deudor consigue su propósito. Para que no suceda, el acreedor debe evitar caer en este tipo de trampas, misión difícil en muchas ocasiones ya que hay auténticos especialistas en estas artimañas. No hay que caer en sus provocaciones.

Y se preguntará el lector, ¿y tengo que soportar todo este tipo de argucias si quiero cobrar? No. También tiene la posibilidad de descontar sus facturas transfiriendo el riesgo de impago, es decir, cobrar sí o sí, y ahora mismo. (Más información)

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Consejos para operar en Letonia y el resto de países bálticos

Letonia acaba de estrenarse como parte del club de los países del euro. Una noticia que a más de uno le ha servido para recordar la ubicación de esta pequeña república báltica en el mapa. Pero que también puede servir a muchos empresarios para tomar conciencia de un nuevo mercado con el que contar en su plan de exportación.

Motivos para fijarse en Letonia ya había muchos antes de la adopción de la moneda única, pero tras este evento algunos se amplifican como es el de la facilidad para hacer negocios. Según el último ranking publicado por el Banco Mundial ocupa el puesto 57, sin adoptar el euro, frente al 142 en el que se sitúa España.

Además, Letonia como el resto de las repúblicas bálticas ha demostrado una gran capacidad de respuesta ante la crisis. Tras un desplome de su economía del 17,7% en 2009 y unas tasas de desempleo por encima del 20%, el país consiguió volver al crecimiento, 7,6% del PIB, en apenas dos años.  El proceso de necesaria contención del gasto público fue completado con un potente apoyo a la liberalización de los mercados. También se produjo una gran rebaja general en precios y salarios, que reforzaron la competitividad y productividad. Aunque las autoridades europeas siguen pidiéndole contención del gasto, las previsiones de crecimiento son muy optimistas.

Desde el punto de vista empresarial, las consultoras expertas en esa zona aseguran que, a pesar de la barrera idiomática, hacer negocios en los países bálticos es fácil ya que apenas hay barreras burocráticas y la formalidad de funcionarios y empresarios es una máxima en todas las relaciones. Además, aseguran que la Letonia del euro es una estupenda plataforma logística para el desarrollo de negocios no sólo en las repúblicas bálticas (600 millones de consumidores dentro de un área de 1.500 kilómetros) sino también de cara a Rusia y las ex repúblicas soviéticas.

Eso sí, para empezar a trabajar en esas latitudes conviene tener en cuenta unos principios básicos:

1. Lleve la seriedad y la exactitud por bandera. En las reuniones con directivos letones olvídese de los chascarrillos o las introducciones que no tengan que ver con el negocio. Ellos van al grano. Si lo que quiere es abrir una vía de negocio explique sin circunloquios el sector en el que quiere trabajar y su plan de negocio. Evite prometer más de lo que pueda ofrecer, porque eso puede ser la relación comercial en el futuro.

2. Prepárese para hacer una potente inversión en su marca. ¿Qué sabe usted de la cultura letona? Probablemente no mucho. Ellos sobre España, sus marcas y sus productos tampoco. Así que por muy asentada y famosa que sea aquí su empresa y su marca, es muy probable que en Letonia sea una gran desconocida. Así que tendrá que volver a empezar el trabajo de darse a conocer. Compartir gastos en este sentido con un socio local es muy aconsejable.

3. Necesita un socio local. Tómese su tiempo en elegir al mejor. Como en otros muchos países, la mejor forma para comenzar a hacer negocios en Letonia es ir de la mano de un socio local. Y también como en otros países esta no es una tarea fácil. La reputación empresarial del mismo es fundamental. Dado el pequeño tamaño del país cualquier desliz, improperio o práctica sospechosa es detectada por la comunidad empresarial, a veces incluso antes que por el socio internacional. Además, es fundamental que tenga una buena agenda de contactos y sepa estructurar tanto el calendario de reuniones como el eficiente contenido de las mismas. Para evitar errores póngase en manos de los organismos públicos de importación y exportación que serán su mejor visado.

4. Puntualidad. Llegar con suficiente antelación, al menos con cinco minutos de adelanto, será otro de los requisitos básicos a practicar en el mundo empresarial letón. Lo contrario es visto como una falta de respeto hacia el otro equipo negociador. También es muy importante organizar exhaustivamente y con mucha antelación el calendario de visitas, que luego será confirmado días antes de las mismas.

5. Es el reino de las nuevas tecnologías. Aproveche. La potencia tecnológica de los países del Báltico no es muy conocida pero sí puede convertirse en una herramienta competitiva para su negocio. Trabajar en estos países supone tener acceso a los cambios tecnológicos  que dominarán el futuro, sobretodo, del comercio electrónico. Y además a través de unos accesos hasta cuatro veces más baratos que en España.

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El sector del lujo español no sabe de crisis

“Crisis? What crisis?” El título de uno de los discos de Supertramp bien podría adjudicarse al sector del lujo en España. Porque las marcas de moda, complementos, belleza, cosméticos, bebidas, joyería y relojería de alto standing facturaron en 2011 unos 4.500 millones de euros, un 20% más que el año anterior. ¿Cómo es posible en un mercado en el que el consumo se desinfla a pasos agigantados? La respuesta hay que buscarla en las exportaciones y el turismo. Porque de esos 4.500 millones, el 80% procedió de esos dos campos concretos, según la Asociación Española del Lujo Luxury Spain.

El lujo viaja de Europa a China

La Unión Europea sigue siendo el principal destino de las exportaciones de estos productos de gama alta, aunque determinados mercados emergentes, como Rusia, China, India o México, cada vez juegan un papel más destacado. Según World Luxury Association, China ostentará en 2012 el primer puesto como consumidor de este tipo de productos. Ello se deberá, entre otras causas, a la devaluación del euro frente al euro, el yen y el yuan, y al aumento de los turistas chinos hacia Europa.

Ya el pasado año el sector del lujo en España se benefició de ese flujo de turistas extranjeros. Un “turismo de calidad” en el que los turistas rusos llegaron a gastar, de media, 2.400 euros en compras. ¿Y qué es lo que más les gusta del lujo español a los turistas con poder adquisitivo? Primordialmente, aquellos relacionados con la gastronomía (vino, jamón, aceite…) y la belleza. Le siguen la joyería, la hostelería, la moda y los complementos. ¿Y el mercado doméstico? No hay que perder de vista que alrededor de 3,5 millones de familias en España consumen asiduamente productos de lujo.

Unas cifras que animan a pensar que el sector del lujo se mantiene ajeno a la crisis de consumo que sufre Europa y cuyas perspectivas son más que positivas de cara al futuro, gracias al desarrollo de las exportaciones a países emergentes y al turismo extranjero.

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Exportar y sacar rentabilidad a la Pyme internacional con el euro al borde de la ruptura

euro-dolar-yen-pyme“El euro al borde del abismo”. “El G-20 se reúne para salvar a Europa”. “El riesgo de impago de Grecia tumba las bolsas europeas”. Estos son algunos de los titulares con que la prensa nos ha bombardeado en la última semana. ¿Qué debemos hacer como empresarios exportadores?  No cabe duda de que es un momento idóneo para revisar cómo van los asientos de nuestras cuentas en divisa internacional y, aprovechando el río revuelto, sacar para nuestra Pyme exportadora una punta de rentabilidad financiera.

El axioma del cambio de divisas en el comercio exterior es incontestable: cuánto más baja la divisa, más suben las exportaciones. Los problemas de solvencia de los Estados periféricos de la Unión Europea han llevado a la principal divisa del comercio internacional, el dólar, a registrar cambios mínimos históricos con el euro. Concretamente ya nos movemos en niveles de 1,36 dólares por cada euro que se cambia. Ya conocemos la necesidad que tienen  los empresarios exportadores de otear el mercado de divisas, como hemos apuntados en otros post dedicados a la gestión de divisas en el comercio exterior:
Toca repasar los costes de las coberturas que tenemos abiertas en los seguros de cambio para ver si estamos perdiendo dinero y de prevenir en los contratos de pedidos que tengamos a largo plazo posibles subidas de la divisa europea.

Objetivo, derribar al euro

Intentar adivinar en estos momentos qué puede pasar en los mercados de divisas mundiales es, cuando menos, aventurado. La crisis de deuda de los Estados europeos ha desatado los temores de las demás potencias económicas internacionales y ha desencadenado maniobras de los Tesoros para frenar la apreciación de las demás monedas frente al euro. Los principales rasgos de la actual “guerra de divisas” son:
  • Suiza: El banco central suizo acaba de anunciar que ha anclado el franco suizo al euro, fijando una cotización mínima a 1,20 para frenar la imparable subida de su divisa.
  • China: El yuan será convertible en 2015.
  • Estados Unidos: La operación twist de la Reserva Federal (Fed) lleva al dólar a máximos de siete meses con el euro.
  • Japón: El Gobierno nipón mantiene abierta la posibilidad de llevar a cabo una nueva intervención en el mercado de divisas para depreciar Yen.
Euro débil, dólar fuerte ¿por cuánto tiempo?

El euro, para ventaja del empresario exportador, va a seguir un tiempo en el ojo de los especuladores financieros. Pese a las alarmas de las principales economías del mundo (G-20) que tienen fuertes volúmenes de deuda europea, los miembros del G-20 no han sabido hasta ahora dar una respuesta a la crisis financiera.
En la última reunión extraordinaria, con un único punto protagonista en el orden del día, la crisis del euro, los gobernantes mundiales han vuelto a postergar la toma de decisiones concretas, dejando en manos de la UE la respuesta inmediata frente la crisis de deuda. El caso es que llueve sobre mojado, la falta de decisión de los principales Gobiernos de la Unión en dar una respuesta definitiva a los talones de Aquiles de su sistema monetario va a mantener al euro bajo los ataques especulativos en los mercados de divisas.

Inestabilidad del euro hasta las elecciones en Francia y en Alemania

La solución a los problemas del euro pasa por dotar a la Unión Europea de una estructura federal. Es decir, dar al euro de los mecanismos y las instituciones que acompañan a la divisa de cualquier país desarrollado. Esto implica la creación de:
  • Una política fiscal y presupuestaria única entre los 17 miembros actuales de la zona euro.
  • Un Tesoro Público europeo, con capacidad de emisión de bonos de la Unión: eurobonos. Precisamente, la piedra angular de las negociaciones actuales en Bruselas, sobre la que nadie se pone de acuerdo.
  • Un Ministerio de Economía de la Unión que coordine al Banco Central Europeo (BCE) y las instituciones de los puntos anteriores.
Mucha tela para los lentos pasos con que la Unión tiene acostumbrado acometer estas reformas. La cesión de soberanía que tendría que aceptar los Estados miembros para dotar al euro de una estructura anti-especuladores (referéndums nacionales) no hace prever una pronta solución a las tensiones sobre el euro en el mercado de divisas.
En las previsiones de evolución de las divisas con las que opera nuestra empresa exportadora, tendremos que tener en cuenta que nos esperan meses de inestabilidad que podrían llevar la divisa al cambio paritario: 1 euro = 1 dólar. Por lo menos hasta que se celebren las elecciones en los dos grandes líderes de la Unión, Francia y Alemania, a mediados del año que viene.