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Leasing o renting. ¿Cuál elegir?

La actual situación económica ha provocado, entre otras cosas, que las pymes tengan muy difícil encontrar la financiación que necesitan para sobrevivir, o para seguir creciendo. El crédito bancario sigue bastante restringido y ante esta situación, muchos emprendedores están buscando otro tipo de alternativas financieras que salven la tesorería. En este contexto destacan dos opciones de financiación: el leasing y el renting.

Decantarse por cualquiera de las dos fórmulas es una tarea compleja. Y eso que estamos hablando de dos productos similares. Pero sus importantes diferencias obligan a saber muy bien cuál elegir. Para acertar en nuestra elección, pongamos el caso de que necesitamos vehículos y equipos informáticos para cubrir las necesidades de una nueva oficina de nuestra pyme. ¿Qué modalidad financiera será más beneficiosa?

Renting contra leasing

Cuando se habla de renting, realmente nos estamos refiriendo a un simple contrato de alquiler, que suele venir enriquecido con más servicios. Eso es todo. Por el pago de una cuota mensual se puede disfrutar de un coche nuevo y olvidarse de impuestos, permisos, seguros, averías, etc. Además, cuenta con importantes ventajas fiscales y nos ayuda a planificar los gastos. Eso sí, conviene recordar que con esta fórmula, la pyme no compra el bien (en este caso el coche o los nuevos ordenadores) sino que adquiere el derecho de utilizarlo durante un periodo de tiempo determinado. Por dicho motivo, el renting es una opción ideal a la hora de comprar equipos informáticos (que pierden su valor con el tiempo) y vehículos, cuando se tiene la intención de cambiar el mismo cada dos o tres años. Pero, cuidado, el contrato de renting suele ser muy complejo y en él se incluyen siempre clausulas como el kilometraje. Esto quiere decir que si se utiliza, en este caso, el coche más de lo pactado habrá que abonar un importante extra en la cuota mensual.

En el caso de que la intención de la empresa sea disponer de un vehículo durante más tiempo la mejor opción es el leasing. En este caso no estamos ante un alquiler propiamente dicho, el leasing es un arrendamiento financiero de un bien durante un tiempo, que ofrece la posibilidad de quedarse con dicho bien al final de periodo de tiempo estipulado en el contrato. Es decir: una entidad adquiere un activo y lo pone a nuestra disposición a cambio de una cuota mensual por la cantidad financiada más unos intereses. Este producto siempre ha sido el preferido por las pymes, ya que ofrece financiación 100%, a un plazo muy largo y permite fraccionamiento de IVA. Pero también tiene inconvenientes, el más importante es que el tipo de interés que se paga es más elevado que el habitual de las hipotecas, y en la mayoría de los casos obliga a la formalización de seguros que cubran totalmente el funcionamiento del, por ejemplo, vehículo de la empresa.

En cambio, el leasing es ideal si nuestra pyme necesita comprar un coche, que utilizará bastantes años (por lo menos cinco o seis), ya que ahorra el desembolso inicial y ofrece la posibilidad de adquirirlo en propiedad a lo largo del tiempo. Pero en el caso de que se quiera disponer de un coche para un corto espacio de tiempo, lo mejor es alquilarlo, es decir, utilizar la fórmula del renting.
Sea como sea, las dos fórmulas de financiación son ideales para estos tiempos que corren donde la tesorería no está para demasiadas alegrías. Quizá por ello, cada día se anuncian más entidades que ofrecen este tipo de servicios.

Rent-back

Una nueva y curiosa modalidad de financiación es el Rent-back, un servicio que ofrece liquidez a las pymes comprando sus bienes (vehículos, equipos informáticos, etc) a la vez que les permite seguir utilizándolos, mediante el alquiler de los mismos, y manteniendo la opción de recompra. En otras palabras, estamos ante una nueva fórmula que combina las ventajas del leasing y del renting. Lo que haga falta con tal que de que emprendedores y pymes consigan sacar adelante sus negocios.

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Atención: ¡todavía es posible hacer buenos negocios en el sector inmobiliario!

Con la construcción en crisis y la venta de viviendas paralizada, cualquiera pensaría que crear un negocio inmobiliario es una locura. Sin embargo, un pequeño grupo de profesionales acaba de demostrar que en este sector todavía se pueden hacer buenos negocios, eso sí echándole imaginación y sacando el máximo partido a las nuevas tecnologías.

La prueba está en Belbex, la primera red social de empresas que integra un mercado B2B de activos inmobiliarios. Esta innovadora solución tecnológica facilita el encuentro entre firmas interesadas en vender, comprar o alquilar inmuebles singulares. Como misión se ha impuesto contribuir al desarrollo del mercado inmobiliario mayorista y agilizar las operaciones de inversión y alquiler entre sus usuarios: consultoras inmobiliarias, promotores, fondos, entidades financieras, aseguradoras y ‘family offices’, entre otros.

La plataforma está desarrollada a partir de una red social empresarial, en la que cada miembro puede gestionar, exponer y explorar activos y demandas inmobiliarias de inversión y de alquiler. La tecnología se complementa con el asesoramiento del equipo de Belbex, unos expertos que cuentan con una nada desdeñable trayectoria profesional en el mundo de la consultoría y el sector inmobiliario.

Casi todos los profesionales (no llegan a la decena) que se embarcaron hace poco más de un año en esta aventura habían trabajado anteriormente como asesores de negocio en firmas como Boston Consulting o PriceWaterhouseCoopers. Y algunos de ellos habían dado, después, el paso al mercado inmobiliario. “Yo estuve seis años como promotor, sobre todo en el área residencial”, explica el presidente de Belbex, Juan Menduiña.

Pero la llegada de la crisis económica les hizo replantearse su futuro: “lo de promover se acabó”. Sin embargo, observaron que estaban empezando a venir a España fondos inmobiliarios procedentes de otros países, sobre todo de Estados Unidos, buscando oportunidades. Según recuerda Menduiña, “los responsables de esos fondos llegaban para reunirse aquí con muchas empresas y entidades financieras pero apenas disponían de una semana para ello, por lo que terminaban viendo sólo a unas pocas”.

Entonces, Menduiña y sus amigos decidieron poner en marcha la idea, que ya existía en Estados Unidos, basada en unas plataformas inmobiliarias B2B, que ponían en contacto entre sí a las empresas relacionadas con el sector inmobiliario. “Hay que tener en cuenta que el mercado mayorista de inversión ha caído a un 30% por ciento por lo que ahora, para hacer negocios, hay que buscar nuevos canales que permitan poder hablar ya no con 10 empresas, sino con 100”.

El presidente de Belbex reconoce que los esfuerzos para crear la empresa han sido titánicos: “muchas horas y dedicación, tanto en la parte tecnológica como en la comercial”. Pero ha valido la pena: “la tasa de aceptación es altísima”. Poco más de un año después de su lanzamiento, la firma cuenta ya con más de 300 clientes, entre los que se encuentra la mayor parte del Ibex 35, más de 2.500 millones de euros en valor de activos gestionados y 1.300 millones de euros en demandas de inversión. Unas cifras que no están nada mal para encontrarnos todavía en plena crisis económica. Lo dicho, aunque vengan mal dadas, no hay ningún sector maldito para hacer negocios cuando las ideas son buenas y la voluntad del emprendedor prima sobre el desánimo.