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El papel de las pymes en las nuevas tendencias de la educación

La educación

La educación es uno de los elementos más relevantes con los que cuenta cualquier sociedad para adaptar e integrar los cambios. En la nueva realidad que está imponiendo la disrupción tecnológica, se vivirán cambios muy importantes en los próximos años, que, principalmente, irán orientados a que cada estudiante pueda individualizar cada aspecto de su formación, permitiendo generar plataformas educativas que abran desconocidas ramas del conocimiento, como asegura el Decano de la University of Washington, Mike Eisenberg. En este ecosistema, todos estaremos permanentemente conectados a la Red, mejorando y actualizando nuestras habilidades, sin que nadie, salvo nosotros mismos, supervise nuestro aprendizaje.

El futuro de la enseñanza parece encaminarse a lograr que los estudiantes se formen a través de plataformas digitales sin limitación geográfica, que contarán con robots y programas inteligentes capaces de aprender y de acelerar los descubrimientos. En este paradigma, la inteligencia artificial logrará avances espectaculares a través de las insólitas capacidades de cómputo y el acceso ilimitado a información masiva, utilizando herramientas de aprendizaje que sustituirán a los métodos tradicionales, como los simuladores, los juegos en Red colaborativos, chats permanentes de discusión o el acceso total a bases de datos universales, entre otros.

Todo ello caminará en paralelo a otros cambios que ya está viviendo el mundo desde hace algunos años, y que obliga más que nunca a las organizaciones de hoy en día a adaptarse a un contexto que nada tiene que ver con el de hace tan sólo una década. La llegada de nuevas tecnologías bajo ciclos de vida cada vez más cortos, la globalización o los cambios demográficos, son algunas de las tendencias que afectan a todos los ámbitos políticos, económicos o sociales pero que también influyen en el trabajo. Algo que, por ejemplo, el último informe sobre la materia elaborado por el Foro Económico Mundial ya advierte al señalar que sólo en los próximos cinco años se destruirán cinco millones de empleos a lo largo del planeta.

Cambios irreversibles

Aunque la mayoría de los expertos no se atreven a otorgar una fecha de inicio para este nuevo entorno educativo, algunos estudios hablan de que será una realidad a lo largo de la próxima década, que se irá manifestando de manera progresiva mediante algunos hitos clave, como:

  • La tecnología, eje de todo. Las fuentes de información estarán en la Red plenamente disponibles siempre para su uso. Los juegos online y la utilización de los medios digitales serán partes indispensables en cualquier plan de estudio.
  • La revolución de la Ciencia. La conjunción entre nuevas tecnologías y otras materias (principalmente Ciencia, Ingeniería, Matemáticas e Informática) con un enfoque eminentemente práctico contribuirá decisivamente al desarrollo de innovaciones.
  • Integración con la realidad virtual. Los contenidos educativos serán entornos virtuales complejos, bajo nuevos modelos arquitectónicos del espacio y el tiempo. El estudiante se mimetizará con el entorno digital, integrándose en él.

 

Oportunidades de negocio

A pesar de las incertidumbres con respecto al futuro de la educación, existen numerosos ámbitos en los que compañías de todo el mundo ya están trabajando, pero en los que todavía queda mucho camino por recorrer, como, por ejemplo:

  • Mejora de la experiencia de los usuarios. La integración del Internet de las Cosas en nuestras vidas permitirá, en el caso de la educación, acceder a contenidos en cualquier lugar, haciendo evolucionar los contenidos a la medida de nuestras necesidades.
intraemprendedor

¿Empleado y emprendedor? Por qué no

Se le llama emprendimiento corporativo, o “intrapreneurship”. Se trata de aquel que desarrollan profesionales de una compañía, ya sea público o privada, con el apoyo de la misma. Pero también tiene otra característica definitoria: estos intraemprendedores realizan esa labor permaneciendo en la empresa.

Multitud de iniciativas

Según el informe GEM, existen múltiples tipos de iniciativas de emprendimiento corporativo. En el ámbito privado, destaca la mejora de procesos internos, seguida de las acciones orientadas a lograr un incremento de ventas y el desarrollo del marketing de las firmas, y del desarrollo de nuevas líneas de negocio, producto o proyectos empresariales. Mientras que en el entorno público, sobresalen las acciones que guardan relación con la educación  y la formación, los servicios sociales y, a un volumen inferior, la mejora de procesos de atención sanitaria.

Lo que resulta curioso es que su desarrollo se da más en empresas pequeñas. Así, alrededor de un 20% tiene lugar en compañías de hasta nueve empleados, mientras que cerca del 50% lo hace en pymes de entre 10 y 249 empleados. El otro 30% es en entidades y organizaciones mayores de 150 empleados, entre ellas, las instituciones públicas.  “Muchas empresas lo que están haciendo es activar bancos de ideas internos en los que se les da a los trabajadores cierto tiempo para desarrollar su proyecto. Y si éste se consolida, se le premia”, afirma Julen Iturbe, profesor de la Escuela de Organización Industrial (EOI). Es el caso de Indra y su concurso “Piensa en Innovar”. En la consultora Everis, por ejemplo, lo que hacen es presentar un Plan Estratégico para fomentar el espíritu emprendedor y, así, generar nuevas líneas de negocio. Gracias a ello ya han puesto en marcha cinco proyectos.

Madurez y experiencia

La media de quienes se apuntan a emprender dentro de la empresa se sitúa en torno a los 40 años, según el informe GEM. Por tanto, se trata de personas con cierta madurez y experiencia. “Es gente con un nivel de formación, con valores, que acepta los riesgos, que adopta iniciativas y que se mueve más por la satisfacción personal que por el dinero”, señala Joan Torrent, director de la UOC Business School. Y no son legión. Todo lo contrario. Porque se trata de una práctica que está poco extendida entre nuestras corporaciones. Sus cifras son moderadas, tanto sobre el conjunto de la población (2,5% frente al 13,5% de Suecia, por ejemplo), como sobre el colectivo de empleados por cuenta ajena. Además, no siempre se trata de un camino de rosas. En el mismo, estas mentes inquietas pueden encontrarse muchas trabas. Para empezar, organizativas. Porque las estructuras de muchas compañías no están pensadas para ayudarles, destinando sus recursos más al negocio tradicional que a las nuevas ideas. Sin olvidar las estratégicas, ya que desarrollar la idea puede chocar con la cultura de la empresa e, incluso, de los propios directivos. Que acabe triunfando dependerá, en buena medida, de cambios de mentalidad y de la capacidad de motivación de las cúpulas hacia las iniciativas de los empleados.

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Manual de instrucciones para entrar en Japón

Si hay tres palabras que definen al consumidor japonés esas no son otras que exigente, sofisticado e irracional. Por tanto, si se quiere triunfar en el país del Sol Naciente es condición básica tener una buena relación de confianza con el distribuidor. Ellos no improvisan y es necesario confirmar varias veces todos los puntos de cualquier acuerdo.

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Para cerrar acuerdos

Si quiere hacer negocios en tierra nipona olvídese de cerrar acuerdos a través del fax, el teléfono o el correo electrónico. Hay que ir allí y conocer a las empresas. Y, por supuesto, no olvide los usos propios del mercado japonés. ¿Quién no ha oído hablar de la importancia de la forma de entregar la tarjeta? ¿Mito o realidad? Pues un poco de todo.

Para ellos, la educación y el respeto son básicos. Y, por supuesto, se deben tener en cuenta las peculiaridades culturales, pero sin obsesionarse. Tenga muy claro que del extranjero no se espera que haga reverencias. Eso sí, es importante tener una buena tarjeta de visita y no escribir en ella. También es aconsejable llevar algún obsequio y respetar siempre la palabra. Conviene, asimismo, ser puntual y mantener el contacto al regreso del viaje. Porque la principal causa de rupturas de negocios es no hacer un seguimiento adecuado.

 

Cara y cruz

Japón es un país con un alto porcentaje de ahorro personal, por lo que su mercado tiene potencial para mantener un fuerte poder adquisitivo. Además, si se consigue penetrar en el país, donde los controles de sanidad, consumo o calidad, por ejemplo, son muy estrictos, puede ser un trampolín y una garantía de éxito para dar el salto a otros mercados. Por no hablar de la seguridad jurídica y de cobro.

Hasta aquí la cara de la moneda. Una moneda que, por supuesto, también tiene su cruz. Porque el mercado nipón no es fácil por su alto nivel de desarrollo y por la agresiva competencia. Por eso, aquellas empresas que tengan productos con alguna innovación tecnológica, un reconocimiento internacional, y de gran calidad, tendrán el camino más allanado.

La constancia también es una virtud que conviene reseñar. El posicionamiento en el mercado japonés no es de meses, sino de años. La perspectiva siempre tiene que ser a largo plazo. Hay que tener mucha paciencia e invertir mucho tiempo. La razón es bien sencilla: las empresas de allí buscan negocios serios y estables, por lo que tardan mucho tiempo en decidir.

Además, las negociaciones son jerárquicas y hay que seguir la escala existente. Con estas claves, y con el dato de que el país nipón alberga a casi 130 millones de consumidores con un alto poder adquisitivo (el 90% de su población se considera clase media), ¿le interesa o no para hacer negocios?