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Cómo exprimir al máximo tu newsletter

Las newsltters están viviendo una segunda edad de oro. Después de convertirse en una de las primeras herramientas de la comunicación 2.0, fueron relegadas al ostracismo con el advenimiento de las redes sociales. Pero, en el último año, aquellos mismos que las denostaron han vuelto a ponerlas en la punta de lanza de las estrategias de difusión de contenidos.

La newsletter vuelve a convertirse en un canal directo de conexión con usuarios y clientes. Frente a la difusión masiva de mensajes a través de las redes sociales, esta herramienta de comunicación permite una mayor personalización de mensajes y contenidos. Juega en su contra la inteligencia de las bandejas de los muchos gestores de correo electrónico que pueden enviarlas directamente al buzón de no deseados, si el mensaje no está correctamente tratado.

Para evitar estos riesgos y exprimir al máximo la capacidad de fidelización de una newsletter conviene asegurarse de que se cumplen las siguientes pautas.

1.- Evitar el spam, también es cuestión de forma

Hay que cuidar muy bien cómo se envía una newsletter desde el asunto del mensaje, hasta la forma en la que se maqueta, pasando por el tratamiento que se da a las direcciones de destino.

– El asunto debe ser lo más informativo posible. Mejor si es el título de la noticia más destacada. Incluso si la newsletter pertenece a una empresa de comercio electrónico debe evitarse que pueda ser considera como publicidad agresiva. Eso ocurre cuando los rastreadores de Google identifican palabras como: gratis, ganga, chollo o un exceso de signos de exclamación.

El remitente debe estar muy bien identificado. Esto además de un buen indicador para Google, lo es para el lector final. Si sabe que determinada empresa le ofrece contenido de interés ya se ocupará de gestionar su carpeta de entrada para que esos mails no se le pierdan.

– La lista de destinatarios suele ser una base de datos, pero si en lugar de tenerla guardada en un Excel o una base de datos externa, las direcciones están en la lista de contactos del email desde el que se envían, Google no será tan estricto a la hora de enviar correos a spam.

 

2.- Cuida el contenido hasta la extenuación

Contenidos de calidad y con definición

En los tiempos que corren se da más que por supuesto que ofrecer contenido que no sea de calidad a través de las redes sociales acaba convirtiéndose en una nefasta estrategia. Cualquier cliente o lector asociará la escasa calidad del texto recibido con la de los productos o servicios que proporciona la empresa, con independencia de si eso es así realmente.

Pero la calidad no es suficiente, además hay que tener muy en cuenta que el contenido debe estar muy enfocado a los intereses de los clientes o futuros clientes a los que nos dirigimos.  Las newsletter que más triunfan son las especializadas en un determinado tema de interés para los lectores y clientes de una compañía.

3.- Pon el big data al servicio de tus contenidos.

Encuestas, preguntas directas, sorteos… Existen múltiples herramientas para conocer qué les puede interesar a tus futuros clientes. Todas ellas deben tener prioridad frente a las intuiciones, sensaciones, creencias de los CEOs, community managers o cualquier otra figura de la empresa destinada a decidir de qué va el próximo post o qué temas deben incluirse en la newsletter.

4.- El diseño también importa.

De hecho importa mucho en lo que a newsletters se refiere. Por un lado, porque Google premia determinadas herramientas, como por ejemplo que esté diseñada con html. Por otro, porque un diseño atractivo hará ganar en atractivo a unos buenos titulares. Y finalmente, porque si los botones de compartir en las redes sociales están correctamente situados será mucho más fácil que ese contenido sea compartido.

– Balancear texto e imagen. Una imagen vale más que mil palabras, cierto. Pero, ¿qué ocurre cuando el usuario quiere consultar nuestra newsletter en un móvil mientras viaja en metro, por ejemplo? Pues lo más probable es que las imágenes o no se descarguen o lo hagan mucho después que el texto. Por eso hay que cuidar mucho los titulares y la entradilla para facilitar y enganchar a lector en una primera lectura.  Sobra decir, lo que hace años que llevamos aconsejando en este blog, que todo lo que aparezca en cualquier web, redes sociales y, cómo no, también la newsletter debe estar adaptado para su correcta visualización en móviles.

5.- Distribución: elegir el momento adecuado

Estar en el lugar adecuado a la hora idónea es un arte que muy pocos dominan en el mundo real. En el virtual es algo más fácil. Con infografías como ésta que te invitamos a consultar y muchas otras, se puede saber que existen horas a lo largo de la jornada laboral en las que las que las posibilidades de que tu newsletter sea leída aumentan. Por ejemplo, a primera hora o después de comer durante los días laborales.

– La regularidad importa. Cuando hablamos de regularidad en los envíos, por supuesto depende mucho del tipo de empresa que origina la newsletter. Si es un medio de comunicación parece más que claro que sea una vez al día o incluso dos. En otro tipo de empresas ésta será una decisión clave de la estrategia de comunicación. Hay que tener en cuenta que el objetivo es mantener una relación fluida con el cliente y al mismo tiempo ofrecerle contenidos de calidad. Esto último, por ejemplo, es muy complicado con newsletters diarias a no ser que se tenga personal con dedicación exclusiva  a esta tarea. Un reto más asumible puede ser una vez a la semana o cada 15 días, tampoco pasa nada si se demora un poco más. Lo importante es ser regular y llegar al buzón cuando el cliente lo espera.

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Así se hace una presentación de éxito

Mejorar las presentaciones bien puede estar entre esos retos de eficiencia que casi todos nos hacemos a la vuelta de vacaciones. Sin duda es uno de los propósitos que más puede aportar a su empresa y a nivel personal. Una buena presentación puede ser una excelente estrategia para conseguir nuevos clientes, más negocio y, en el ámbito personal, incrementar la imagen de marca de cualquier directivo.

Como todo proceso de aprendizaje o perfeccionamiento, la mejor forma de aprender es fijarse en los mejores. Y sin duda, si buscamos buenas referencias para realizar presentaciones de éxito hay un sitio que no podemos perdemos: TED . Las charlas TED son famosas en el mundo entero y en algunos sitios, como este  o este  que enlazamos dan claves y consejos para conseguir esas exitosas presentaciones.

Y sí digo fijarse en charlas TED porque para que una presentación sea atractiva e interesante hay que empezar por desterrar aquello de: tengo que hacer un Power Point.

Lo que realmente hay que hacer es transmitir unos conocimientos o unas ideas a una determinada audiencia y de la forma más atractiva posible. Aunque muchos no lo sepan, hay vida más allá del Power Point cuando se habla de presentaciones. Es cierto, que esta herramienta de Microsoft, por ser la que todos tenemos preinstalada en nuestros ordenadores, es la más recurrente. Sobre todo si no se está acostumbrado a hablar en público.

Pero lo que a priori es un beneficio, la facilidad de uso que ofrece Power Point, también puede convertirse en un inconveniente. Y es que, todo el mundo se conoce sus diseños predeterminados, sus recursos gráficos y sus estilos hasta tal punto que pueden resultar incluso aburridos.

Si el objetivo de una presentación es ser muy innovador no está de más bucear por otras herramientas, como Prezi, Keynote, Haiku Deck, Emaze, y otros. También útiles para buscar nuevas propuestas de diseño aunque finalmente se ejecuten en PowerPoint.

Elegido el soporte, hay que centrarse en lo más importante: el contenido

Para empezar con buen pie hay que conocer el público que va escuchar la presentación. En función de su perfil, sus conocimientos, y su predisposición a escucharnos (voluntaria o no) debemos construir un discurso u otro.

Pero sea quien sea el destinatario, lo que está claro es que siempre preferirá escuchar cosas noticiosas antes que aburrirse con temas archiconocidos. Por eso, hay que limitar la información de contexto e ir al grano y a lo nuevo. Una buena forma de enfocar cualquier presentación es ponerse en el lugar del receptor y pensar ¿qué me gustaría conocer a mí sobre este tema que no sepa?

Olvídese de contextualizar lo que es cultura general y ya sabe todo el mundo. Por ejemplo, si alguien va a hablar de los secretos de la Torre Eiffel, sobra contar la historia de París o los problemas de Francia en el momento de su construcción.  Lo que importa es qué paso entre esos espectaculares hierros.

Lo de enrollarse en las presentaciones es un defecto tan natural como el respirar. Así que algunos gurús como Guy Kawasaki se han esforzado en algunas pautas para indicarnos por donde debe ir la presentación más eficiente. Entre ellas, la conocida Regla 10/20/30.  Que significa: 10 diapositivas expuestas en 20 minutos y con tamaño mínimo de la letra de 30 puntos.

A veces, las exigencias del guión piden extensiones más largas. Entonces, hay que tratar de acercarse lo máximo posible a estas proporciones y recordar la Regla del 20. A partir de los 20 minutos la atención de un adulto decae. Por eso pasado este tiempo hay que intentar imitar a los buenos guiones de cine y hacer algún quiebro: cambiar un poco la forma, el fondo cualquier estrategia que permita volver a despertar el interés del público.

La estructura del contenido también puede ligarse a una de estas reglas básicas: la Regla del 3. Que aconseja estructurar las presentaciones en solo tres partes: introducción, desarrollo y desenlace.

En este punto conviene recordar que cuanto más impactante, gráfica y personalizada sea la introducción mayor efecto gancho tendrá en la audiencia. Las charlas TED y las presentaciones americanas en general son un buen ejemplo de estas técnicas. Las nuevas teorías de storytelling o aplicación de la estructura de los cuentos a los mensajes empresariales van en la misma línea: tratar de emocionar a los asistentes. Incluso si hablamos de física cuántica podremos encontrar una historia real que nos sirva como herramienta para sensibilizar a la audiencia.

Si vamos a plasmar esta historia y todo su desarrollo en un Power Point o similar conviene tener presente que esta herramienta solo es un guión, no el atril del discurso que vayamos a dar. Nunca debe leerse y por ello hay que se conciso. Ayuda aplicar otra regla la del 7×7, que dice que no debe haber más de 7 líneas de texto por diapositiva y no más de 7 palabras en cada línea. ¡Revise su último Power Point y verá que risas!

En las presentaciones menos es más. Así que hay que huir de la saturación. Apueste por imágenes de calidad (y no las predefinidas de Power Point) para humanizar los mensajes. Si hay datos, deben dominar sobre cualquier otra información. Uno de los mejores maestros en esto de ajustar contenidos en las presentaciones es Garr Reynols. Él aconseja incluso apostar por un dato por diapositiva, aunque esto, tal vez, se pueda usar solo en casos muy excepcionales y es de difícil aplicación entre los poco avezados en este arte. No caben en este post el resto de sus consejos, pero los interesados pueden consultarlos en el link antes indicado.

Otro tema de forma que no hay que dejar pasar de largo en cualquier presentación es el del color. Cuando se trata de una empresa no hay dudas, se impone utilizar la gama de colores institucionales. Para las presentaciones personales también hay que cuidar este tema. Los colores tienen su propio lenguaje y transmiten por sí mismos. Por ello hay que optar por ser lo más elegantes posible y lo más cercano a lo que queremos transmitir a la audiencia.

Todo este trabajo para cuidar una presentación podría quedar en papel mojado si la representación de la misma no se ejecuta con corrección, con el tono de voz adecuado, los gestos precisos, la vestimenta oportuna, pero eso ya es materia de otro post.

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La comunicación de crisis, el mejor plan de empresa

comunicación_crisisEl tamaño de la empresa es indiferente en este caso. Cualquier negocio ha pasado, pasa o pasará por una crisis de imagen. Y más en los tiempos que corren en los que un simple tweet puede hundir una marca en pocos días. Si no se lo cree, basta con ver los resultados de un estudios de la consultora ODM en la que se asegura que el 60% de los directivos de una firma han soportado un problema de estas características. Pero lo peor viene con el porcentaje del 70%, que es el número de empresas que pierden negocio por una mala gestión de la comunicación.

 

La importancia de saber gestionar una crisis reputacional es clave. De ahí que las grandes empresas tengan equipos enteros (internos o externos) dedicados a saber cómo salir de estas situaciones de apuro. Pero, ¿qué pasa con las pymes? Por desgracia, los pequeños todavía tienen mucho camino que recorrer en este sentido. Desde aquí vamos a tratar de dar unas pinceladas para elegir la mejor estrategia a seguir de cara a resolver una cuestión que puede ser fundamental para el futuro de la compañía.

 

Dar la callada por respuesta es una mala elección
En este punto no hay discusión. Todos los expertos en la materia aseguran que una compañía afectada debe afanarse en dar una respuesta rápida a los problemas. Por tanto, la obligación de cualquier emprendedor es la de contestar a un comentario que afecte negativamente a nuestra imagen corporativa. En este sentido, el tiempo juega en nuestra contra. Si no se dice nada desde la empresa, se da pábulo a que los rumores crezcan sin cesar. ¿Consecuencia? Lo que ha podido llegar a unos pocos clientes, alcanzará a muchos más.

 

Una cosa no quita la otra y la velocidad tampoco se puede confundir con ofrecer una contestación chapucera. Eso también supone un error importante. La firma debe asegurarse de que toda la respuesta que da es la realidad. Y si todavía no está a tiempo de explicar el 100% de los detalles del suceso, afirme que está trabajando en ello para ofrecer lo más pronto que sea posible una solución convincente.

 

En los tiempos digitales, una empresa también lo tiene muy fácil para salir al paso de los problemas. Usted no debe dudar nunca en utilizar todos los canales que tenga a su disposición, tanto físicos como digitales.

 

Sea honesto
A pesar de sus medios, los fallos más habituales de las grandes corporaciones a la hora de afrontar la comunicación de crisis suelen deberse a que no son honestos y a que tratan de esconder la situación. Por desgracia, en casos que afectan a grandes marcas es muy habitual que se borren los textos ofensivos o que la propia empresa se niegue a contestar al teléfono ante las llamadas de los afectados, o de los medios de comunicación, interesados en sacar a la luz el suceso.

 

¿Por qué actúan así? Pues porque todavía se sigue pensando que el tiempo es el mejor aliado en estos casos y que las cosas volverán a su cauce normal si no se da publicidad a los problemas. Pero esta estrategia podía funcionar hace tiempo. Ahora, las redes sociales no dan esa opción. Por eso, la obligación de cualquier emprendedor es la de ser honesto transparente y presentarse ante los clientes como una persona en la que se puede confiar. Si hay un error, se debe reconocer y tratar de buscar remedio. Y jamás borrar comentarios o dejar de contestar llamadas de usuarios descontentos.

 

Asuma su parte de culpa

Echar balones fuera no es una opción en la comunicación de crisis. Un empresario debe ser responsable y asumir que el principal culpable de todo lo que suceda en la empresa es él. Da igual que no haya tenido nada que ver con el problema, al final las críticas se dirigirán a su persona. Es necesario actuar en consecuencia y disculparse utilizando cualquier medio que tengamos al alcance. Este mensaje también debe incluir las soluciones que se tomarán en la firma para que la circunstancia anómala no vuelva a ocurrir. Un ejemplo en este sentido lo tenemos en la NBA. Hace un par de años, el propietario del equipo de Los Ángeles Clippers fue grabado lanzando comentarios racistas. Adam Silver, que era el mandamás de la competición, no dudo en disculparse en nombre de la NBA. Además multó al responsable de la acción y le prohibió volver a acudir a un partido durante una larga temporada. Y todo ello, sin tener nada que ver con lo sucedido. Silver lo hizo por responsabilidad y porque el comentario ponía en entredicho una marca con tanto prestigio como la liga profesional de baloncesto americana.

 

Y es que ya lo digo el inversor Warren Buffett en una ocasión. El también conocido como el oráculo de Omaha afirmó que “una marca tarda unos 20 años en construirse un prestigio y una reputación. Pero bastan cinco minutos para arruinar ese trabajo”. No le falta razón. Solo una sabia comunicación de crisis y una pronta y veraz respuesta puede evitar que un problema puntual afecte a toda una vida dedicada al mundo de los negocios. Estamos sin duda ante uno de los mejores planes de empresa que pueden existir.

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Pon un evento en tu plan de internacionalización

¿Cómo encontrar clientes en un país extraño? ¿Dónde y cómo hacer publicidad? ¿Funciona el mailing personalizado? Estas son algunas de las preguntas que se vienen a la mente de cualquier empresario que se plantea difundir su negocio en un nuevo país.

El estudio de mercado realizado para configurar el plan de internacionalización dará las primeras claves de cuáles son las estrategias de comunicación más efectivas para abordar la nueva aventura. Partiendo de la base de que el primer criterio a aplicar es la diversificación de estrategias y el uso de herramientas especializadas, nos vamos a centrar en una de las herramientas más efectivas: los eventos.

Organizar un evento es caro y complicado. Pero si se consigue el éxito, sus beneficios son los más duraderos en términos de vinculación con los clientes.

La primera clave para organizar con éxito un evento, es dimensionarlo al tamaño de la empresa. Si eres una pyme no tiene ningún sentido tratar de organizar el Mobile World Congress. Así que nada de grandes eventos. Desayunos con una decena de invitados o reuniones After work algo más abiertas pueden ser los formatos más acertados.

Lo que mejor funciona es trabajar la exclusividad. Que el invitado se sienta especial por acceder a un encuentro en el que no estará su competencia y del que puede obtener información valiosa.

Huye del autobombo. Está fuera de dudas que el objetivo último de este tipo de eventos es obtener clientes. Pero cuanto más sutil sea esta intención mucho mejor. A nadie le gusta ir a “perder el tiempo” a un lugar en el que solo le vayan a proyectar anuncios publicitarios.

Trabajar el contenido es otra de las claves del éxito. El evento debe ser útil para los invitados. La mejor forma de conseguirlo es programar charlas específicas sobre temas de interés para los empresarios (futuros clientes) convocados. De esta forma encontrarán un valor añadido que asociarán con la compañía organizadora y su imagen de marca.

Involucrar al invitado. Todos estamos acostumbrados a ir a eventos escuchar una charla más o menos interesante y volvernos a casa. En el mejor de los casos, con un buen puñado de tarjetas nuevas. Romper esa dinámica jugará mucho en favor del convocante. Para ello, hay que involucrar a los invitados. Hacerlos partícipes del evento invitando a contar su experiencia haciendo que sean ellos también los protagonistas, contando sus casos de éxito o de fracaso. Además de romper con la dinámica pasiva habitual, esta actividad es muy útil para que la empresa organizadora detecte cuales son los puntos fuertes y débiles del mercado al que se enfrenta.Que los directivos de la empresa exportadora puedan conocer de primera mano a los empresarios a los que quieren “conquistar” en un ambiente relajado es una herramienta de alta efectividad. Permite crear unos vínculos personales que ninguna otra opción de comunicación y marketing ofrece.

La organización de eventos se complica cuando el público al que se quiere acceder no son otros empresarios, es decir el evento no es entre empresas (B2B) sino para el consumidor final (B2C). En este caso, está demostrado que los más efectivos son los eventos formativos y de ocio relacionados con el producto o servicio que se desea vender. Por ejemplo, si la empresa exportadora quisiera vender aceite de oliva; unas clases de cocina española serían un reclamo perfecto. Si lo que se pretende distribuir es un determinado software, un evento de formación relacionado, indirectamente eso sí, con esas prestaciones, también suele funcionar muy bien.

Si el presupuesto y las ganas lo permiten, las pymes se pueden apuntar, con mucha cautela, a la última moda de los eventos que organizan las multinacionales. Los llamados eventos de street marketing. Se trata de organizar acciones publicitarias en plena calle para, de forma improvisada, involucrar a los viandantes. Esta opción da muy buenos resultados a empresas con marcas potentes. Una pyme debe tener muy claro que ofrece un producto masivo y atractivo para el gran público antes de abordar este tipo de eventos. De lo contrario, el efecto puede ser pésimo.

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¿Cómo saber si tengo que cambiar el nombre de mi empresa para exportar?

Hace pocas semanas la empresa de alimentación Gallina Blanca comunicó su decisión de abandonar su tradicional denominación y pasar a llamarse GB Foods para, entre otras cosas, afrontar en mejores condiciones su internacionalización.

Como ellos, muchas empresas se plantean modificar el nombre cuando están desarrollando el plan de internacionalización. Pero lo que en un principio puede ser una consecuencia lógica, también puede acarrear desastrosas consecuencias si no se hace en el momento y con los procesos adecuados.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que exportar no exige un cambio de nombre. Se puede tener éxito con nombres tradicionales como le ocurre, entre otros, a la cerveza Cruzcampo. Quizá su nombre sea impronunciable en muchos países, pero eso no ha sido una barrera para vender a discreción.

También conviene tener muy presente que el proceso de cambio de nombre debe ser muy exhaustivo y preciso. Como ya hemos contado otras veces en este blog, una buena marca es un tesoro. Así que, en ese proceso de cambio no debe dejarse nada a la improvisación puesto que los errores pueden terminar llevándose la empresa por delante. Se supone que un cambio de nombre busca atraer nuevos clientes, sin perder a los actuales. Si algo sale mal puede ahuyentarlos a todos. Pero dar con un buen nombre, como dicen los expertos del naming (así se llama el arte de nombrar empresas y productos), puede ahorrar mucho dinero y esfuerzos en las políticas de comunicación de la empresa.

La gran duda a resolver es ¿cómo saber si tengo que cambiar el nombre a mi empresa para exportar? Los síntomas de alarma son variados:

1.- El nombre no refleja la actividad de la compañía. Lo ideal es que un nombre identifique la actividad de la empresa y que cualquiera que se enfrente a él no tenga dudas de a qué se dedica. Véase Telefónica. Si eso no ocurre cambiar de nombre puede ser una buena estratégica. Aunque ¡cuidado! Esta no es una regla universal ni mucho menos. Es difícil que alguien identifique Apple con la tecnología y la innovación y eso no ha sido ningún freno para convertirse en una de las empresas más potentes del mundo.

2.- Que el nombre sea muy complicado. Manzana y tecnología no tienen nada que ver. Pero el dibujo de esa fruta como logo y su nombre son de lo más fácil de recordar. Nadie sabe con seguridad lo que pasó por la cabeza de Steve Jobs el día que decidió llamar Apple a su empresa. Pero lo que está claro es el resultado; es fácil de recordar incluso para quienes no hablan el idioma original en el que se pensó esa identificación. Los nombres de las empresas como la ropa tienen sus modas. Si a principios del siglo XX lo que se llevaba era poner los apellidos de los dueños, y a finales se impusieron los acrónimos. Ahora, la tendencia es formar nuevas palabras que combinan raíces latinas y anglosajonas, ya que según los expertos, facilita su memorización.

3. Que genere connotaciones negativas en los mercados de destino. La literatura sobre casos de marcas que se estrellan estrepitosamente cuando se lanzan al mercado internacional es inmensa. Las teorías del branding aconsejan investigar en profundidad el mercado de destino para conocer todas las connotaciones. Uno de los ejemplos más sonados fue el famoso Mitsubishi Pajero que en España tuvo que cambiar al nombre por Montero ante la imposibilidad de venderlo con el nombre original.

4.- Si existen problemas legales. Algunos empresarios creen que por tener el nombre de su empresa registrado en su país de origen no deben preocuparse de nada más. Pero no es así. Antes de entrar en un nuevo mercado es necesario confirmar los filtros jurídicos que afectan a las marcas. Cambiar de nombre puede convertirse en una tarea obligatoria si en el país que se pretende conquistar ya existe una compañía registrada con el mismo nombre.

5.- Se quiere conquistar un público muy diferente. Es uno de los motivos más habituales para abordar el complicado proceso de cambio de nombres; bien sea por intentar conquistar un nuevo país o un nuevo perfil de consumidor. También uno de los procesos que más riesgos entraña. Antes de dar el paso definitivo hay que asegurarse de que va a funcionar. El nuevo nombre debe gustar a los nuevos consumidores, pero sin molestar a los que ya tiene la empresa. Para ello, los expertos aconsejan no ser demasiado radicales. Mantener parte de la identidad antigua e incluir nuevos detalles que traten de conectar con el perfil del nuevo público.

6.- Ha habido una revolución en el seno de la empresa. A veces ocurre. Lo que comenzó siendo una empresa familiar ha avanzado y cualquier reflejo de aquel Martínez e hijos que montaron los abuelos es poco más que un recuerdo. Nuevos productos, estrategias innovadoras… Este es el caso en el que la necesidad del cambio de marca es más acuciante. Hay que buscar una identidad que refleje los nuevos valores de la compañía.

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7 reglas para no patinar con los emails de empresa

Reconózcalo, más de una vez ha tenido algún mal entendido con los mail enviados a sus jefes o a sus subordinados. El tono con el que lo han leído estaba lejos del que usted había puesto en su redacción. Se pasó de gracioso, fue demasiado rudo…

Escribir un correo electrónico parece algo tan simple como respirar, pero aunque no lo crea hasta hay especialistas en explicarnos las claves para que el aire entre y salga adecuadamente por nuestras fosas nasales. Así que, como no podía ser de otra forma, escribir con corrección los correos electrónicos en el entorno de la empresa también tiene su técnica.

  1. Convierta el asunto en un resumen

¿A que le gustaría saber de qué va un mail sin necesidad de abrirlo? Por supuesto que sí, sobre todo si está haciendo un repaso rápido de su bandeja de entrada en el móvil.  En cambio nuestras bandejas están llenas de “Asunto de interés”, “Urgente”. “Mírate esto” o ” Contesta, por favor”. Y lo que es peor hay ‘chorizos’ enteros (e-mails enlazados), con estos asuntos, sobre todo desde que a los gestores de mail les dio por ofrecer esa “ayuda” de unificar conversaciones. Por eso, deberían sacar una ley que obligara transformar el asunto de los mensajes en resúmenes. Al que escribe no le cuesta nada, porque tiene la idea clara, al que lo recibe le resulta muy útil.

  1. Alerta. El botón responder automáticamente es un arma de destrucción masiva

Y si no lo es hay que tratarlo como si lo fuera. Porque no hay situación más embarazosa que haber contestado a un mail con una crítica a un compañero de la oficina, jefe o quien sea y darse cuenta (tarde) que su dirección de email estaba en el encabezado y que el ‘aludido’ recibirá la crítica en primera persona.

Incluso peor, reenviar a alguien un mail y descubrir (también tarde) que en esa respuesta iba todo el listado de mensajes intercambiados con anterioridad con otra persona sobre ese tema. Un ejemplo, que me ha ocurrido hace poco. Un abogado que informa a su cliente del acuerdo final con la contraparte con la que estaba enfrentado y en ese mensaje incluye todo el intercambio de emails que ha tenido con el abogado contrario y los ‘chanchullos’ a los que ambos habían llegado ‘sin que se enteren los respectivos clientes’. La falta de ética al desnudo total.  Para evitar situaciones embarazosas antes de enviar, respire y piense dos veces como poco.

  1. Mejor en positivo

Está claro que las situaciones laborales tienen altos componentes de estrés y tensión. Pero eso no debe implicar que los mensajes que se transmitan por escrito en los comunicados por email vayan cargados con pólvora maligna. Hay que tener en cuenta que, como hemos dicho antes, es muy difícil identificar el tono en el que se escribió el email y que, en la mayoría de los casos, lo que más influye en su análisis es el estado emocional del receptor. Como nunca sabremos cuándo y cómo se va a leer nuestro mensaje, lo mejor será utilizar la máxima cortesía que el tema permita. “Por favor”. “Gracias”, son fórmulas que se inventaron para facilitar la comunicación incluso aunque se esté muy enfadado. Por escrito, también funcionan.

  1. Si es posible, mejor evitar temas conflictivos

Hay mucha literatura sobre lo inadecuado de romper con tu pareja vía WhastApp. Aunque el tema laboral esté a años luz de las relaciones conyugales, las consecuencias en las personas son similares. Los temas escabrosos y conflictivos es mejor tratarlos personalmente. Al contenido del mensaje (que podría enviarse por e-mail) se une la información emocional que se trasmite a través de los gestos y la mirada. No los desprecie, pueden ser la clave para evitar un conflicto, conseguir un trato y, por supuesto, solucionar un problema. Recuerde como utilizan los niños pequeños el recurso de poner caritas cuando quieren algo… Con los mayores, aunque hay que ser más sutil, la comunicación no verbal también es un arma.

  1. Cuidado con las abreviaturas

Todavía recuerdo el conflicto que se produjo en una organización en la que yo estaba trabajando allá por los tiempos en que en España las empresas acababan de comenzar a utilizar el email como vía de comunicación. Un escrito contenía la abreviatura Pte. En el contexto era tan válido Presidente como Pendiente. Cada directivo que leyó aquel comunicado lo interpretó de forma diferente y el resultado fue tan caótico que tuvieron que convocar una reunión nacional (cada uno estaba en una CCAA distinta) para aclarar el mal entendido.

En la actualidad, las cosas no han mejorado mucho. Un mail cargado de siglas solo tiene un resultado. Confusión. En el mejor de los casos, ese ahorro de escritura se transforma en mayor tiempo de interpretación, y seguro que sus interlocutores no andan sobrados de tiempo.

A usted le cuesta menos escribir la palabra completa que ellos a descifrarla, no hacerlo puede tener consecuencias impredecibles.

  1. Revisión de errores ortográficos

Seamos realistas lo de poner ver con B o V es grave, pero las correcciones automáticas de los móviles pueden resultar también mucho más embarazosas. Un inocente ¡qué pena! puede convertirse en otra expresión, con un cambio final de letra, que en ningún caso querría decir a sus compañeros o superiores. ¿En qué estaba pensando cuándo lo escribió? Puede pensar el receptor.

  1. Los temas personales, mejor contárselos a Google

Casi me dejo este punto en el tintero. Tal vez porque tengo la sensación de que ni siquiera debería mencionarlo. Pero, claro, luego leo los periódicos y alucino con que todavía hay alguien (creo que mucha gente) que utiliza el mail de la empresa para temas personales. Desde organizar la paella del domingo con los colegas, hasta flirtear con el compañero o compañera de la oficina. Cuando tenga la intención de hacerlo, párese un momento, o muchos, y piense. ¿Qué tal quedaría esto en la portada de un periódico? Creo que más de uno se está arrepintiendo no haberlo pensado. El riesgo no merece la pena cuando Google, Yahoo y tantos otros reglan las cuentas de mail con incontables megas. Y cómo me dijo un juez un día “¿Cree usted que Google se va a arriesgar a que se filtren los contenidos de nuestras cuentas de correo? Sería la ruina para ellos. Viven de ellos, así que no podrían soportar que la gente no confiase en estas plataformas. En cambio, ¿quién pude confiar en su empresa de por vida?”. Como reflexión de cabecera no está mal.

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Esta feria ha sido una ruina, ¿de quién es la culpa?

La sensación de volver de una feria comercial y pensar que solo ha servido para tirar el dinero es algo que ningún empresario quiere experimentar, pero que, por desgracia, es más habitual de lo deseable sobre todo entre pymes primerizas.

En esos casos, siempre hay un jefe al borde de la histeria intentando buscar un culpable. A veces la tensión es tal que incluso inicia una concienzuda investigación para saber quién ha fallado: ¿el responsable de marketing, el encargado de la logística, la persona que coordinó las relaciones públicas?

Error. Si una feria ha salido rematadamente mal solo hay un culpable: la falta de planificación y de perspectiva ante el evento. En este blog hemos contado en diversas ocasiones cómo preparar una feria. Fijar objetivos, diseñar un stand atractivo, formar al personal de atención, etc. Hay múltiples estrategias, pero ninguna será efectiva si el empresario está aquejado de alguno de estos males.

Exceso de autoestima empresarial. Vamos a esta feria porque somos estupendos, lo hacemos muy bien y la gente tiene que venir a nuestro stand solo por eso. Sí, esta es la idea que marca la estrategia de más de un directivo de pymes cuando planifica su asistencia a una feria. Mirarse el ombligo y olvidar que hay centenares de empresas, en ese mismo evento, que podrían pensar lo mismo es el pasaporte más seguro al fracaso.

Falta de empatía con el visitante. El punto anterior tiene un enlace directo con el esfuerzo que debe hacer cualquier empresa con presencia en una feria por ponerse en la piel del visitante o incluso en los medios de comunicación que van a cubrirla. Ellos tendrán apenas unas horas para recorrer el recinto y elegir lo más importante. ¿Por qué deberían pararse en el stand de su empresa o hablar de ella en sus crónicas? Solo cambiándose de lado será posible buscar ese elemento diferenciador.

No se ha trabajado la diferenciación. Cuando uno está en la vorágine del trabajo diario no se preocupa mucho de mirar por encima del hombro a la competencia. Pero en una feria todo cambia. Mucho más si la mirada procede de un stand vacio. El trabajo previo a la feria debe contener un potente esfuerzo de diferenciación, ya sea por vistosidad del stand, por invitación a cocteles a potenciales clientes del país o ciudad donde se celebra o por preparar para el evento el lanzamiento de una potente noticia relacionada con la empresa.

Mala organización presupuestaria. Cualquier empresario debería saber que lo barato sale caro. Es cierto que en esta época de crisis que nos está tocando vivir no hay lugar para derroches, pero una vez se ha tomado la decisión de estar presente en un feria hay que asumir que para que sea efectiva se necesita invertir. Enviar a una persona en plan Llanero Solitario que asuma tareas de montador de stand, relaciones públicas, azafato y portavoz de la empresa es un error mayúsculo, incluso en el caso de que sea el mismo emprendedor hipermotivado. El cansancio hará mella y la imagen transmitida al públicos objetivo puede ser nefasta.

Pasividad vs acción. Ser pasivos en la actividad ferial es un lujo que solo se pueden permitir las grandes empresas que, en algunos casos, el único motivo por el que van a la feria es por imagen. Para todos los demás, sentarse en el stand a esperar y ver es una aberración. Hay que montar estrategias de atención de clientes desde la entrada al recinto. Sobre todo si la ubicación no es de primera línea.

También es muy útil, incentivar a los asistentes a rellenar algún tipo de cuestionario que además de servir para ampliar la base de datos les invite a pasar por el stand. Por supuesto, debe ir acompañado de algún tipo de incentivo tipo sorteo de algún regalo atractivo relacionado con la actividad de la compañía.

No recabar feedback. Si, como es habitual, la feria dura varios días y desde el primer momento el volumen de actividad está por debajo de las expectativas, los responsables deberán intentar recabar toda la información posible de los que sí se han acercado para detectar los posibles errores. También será muy útil abordar a algunos de los visitantes que pasaron de largo para conocer porqué nuestro stand y nuestra empresa no les llamaron la atención. A veces unos cuantos retoques sobre la marcha pueden cambiar la tendencia.

Recuerde que usted y su empresa no son importantes porque sí, sino en la medida que ofrecen soluciones para satisfacer alguna necesidad del público asistente a la feria. Y eso debe comunicarse con un simple vistazo. Sobre cómo comunicar en una feria también hemos escrito en Asesores de Pymes.

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Aspectos técnicos y humanos del relevo en una empresa familiar

Una de las mayores preocupaciones de las empresas familiares llega cuando se acerca el momento en el que el máximo responsable se retira y un nuevo miembro de la familia debe tomar el relevo al frente del negocio. Hay que tener en cuenta que un 85% de los directivos de estas compañías concede especial importancia a las buenas estructuras de gobierno corporativo y procesos, según acaba de poner de manifiesto el último Barómetro de la Empresa Familiar realizado por la consultora KPMG. Un 83% de estos directivos también considera primordial mantener el control del negocio dentro de la familia, así como la comunicación entre generaciones, algo importante para un 82% de ellos.

 

Según advierten los expertos, mantener el vínculo y el compromiso de las siguientes generaciones con el proyecto empresarial requiere, además de altas dosis de comprensión y empatía, formación y comunicación continuas para que los nuevos directivos valoren responsablemente el legado familiar y empresarial que recibirán. Por otra parte, es necesario prever un adecuado y correcto esquema de sucesión, en el que se tengan en cuenta aspectos como la propia planificación del traspaso de poderes, el estudio de los beneficios fiscales que la nueva situación pueda conllevar y el establecimiento de un estricto protocolo familiar. Pero en todo este proceso es necesario, además, tener en cuenta algunos consejos de carácter fundamentalmente personal o humano.

 

En primer lugar, es conveniente tratar el tema con las personas implicadas y hablar extensa y claramente con todos los miembros de la familia sobre el tema; y hacerlo con la suficiente anticipación, sin esperar al último momento. En la mayoría de los casos el sucesor es un hijo/a que suele contar con más hermanos/as que podrían tener las mismas aspiraciones. La sutileza y la diplomacia pueden jugar un papel importante para que nadie se sienta dañado ni dolido por la elección de la persona finalmente designada para hacerse cargo del negocio.

 

Pero, ¿cómo elegir correctamente al sucesor? Lógicamente, éste deberá contar con la suficiente preparación, competencias, habilidades  como para hacerse cargo del negocio adecuadamente e impulsar su crecimiento; además de dotes de mando e importantes habilidades directivas. Pero esto no será suficiente, ya que también será imprescindible que consiga el apoyo de los demás miembros de la familia ya que, en caso contrario, probablemente su gestión no llegará muy lejos.

 

Una vez que el elegido cumple todos los requisitos anteriores, deberá establecerse un proceso de sucesión que cuente, al menos, con cuatro etapas fundamentales: la planificación del relevo (a qué edad, en qué momento y en qué condiciones se llevará a cabo), la preparación del sucesor (que debe aprender los secretos del negocio, fortalezas y debilidades, clientes y proveedores…), el propio acto de traspaso (de qué forma se realizará y cómo se comunicará) y la progresiva o inmediata retirada del anterior máximo ejecutivo (se estudiarán los pros y contras de elegir una de las dos alternativas).

 

La preparación debe ser cuidadosa, sobre todo cuando se realiza por primera vez. Algunos expertos opinan que la forma de abordar la sucesión difiere notablemente según la generación familiar en la que se encuentre la empresa. Así, cuanto más joven es la compañía más complicado es el traspaso, sobre todo cuando se trata de un proceso entre la primera y la segunda generación, es decir cuando el creador de la firma decide poner punto final a su trayectoria empresarial y trasladar su “criatura” a uno de sus hijos.

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Así se consigue un bombazo

Diversos estudios aseguran que cerca del 70% de los productos que se lanzan no cumplen las expectativas que había depositadas en ellos y acaban siendo retirados. Este alto porcentaje es todavía mayor, alrededor del 80%, si hablamos de innovaciones en sectores como la alimentación o las bebidas.

Los datos demuestran que abrirse hueco en el mercado con una novedad no es tarea fácil. Por eso, los emprendedores deben afinar mucho a la hora de arriesgar. Por ese motivo, desde aquí queremos mostrar los puntos más importantes que hay que seguir a la hora de comercializar un bien o un servicio para lograr que el lanzamiento sea un éxito. El primer consejo es evidente: a la hora de apostar por una novedad, los propietarios de la empresa, las agencias externas y los equipos de marketing internos deben remar en la misma dirección.

– Investigación previa. 

Buena parte del trabajo se lleva a cabo mucho antes de la presentación en sociedad de un producto. Identificar la demanda es una de esas labores que conviene desarrollar con antelación. Gracias a ello podremos saber qué grupo demográfico estará interesado en nuestra presentación y cómo esas personas suelen decidir sus compras. De esa forma podremos adaptar nuestra campaña a sus gustos e incrementar las posibilidades de éxito.

Estos estudios previos también deben tener en cuenta la fecha exacta de lanzamiento. Esto importa, y mucho, Y para comprobarlo basta con imaginarse el escaso impacto que tendrá nuestra novedad si coincide en el tiempo con la presentación de un bien similar por parte de una multinacional.

– Desarrollar materiales de promoción.

Para dar a conocer un producto se requiere que la empresa posea todo tipo de información complementaria, que le será requerida tanto por clientes, distribuidores o medios. Nos referimos a notas de prensa, hojas de datos, folletos explicativos o guías en el apartado físico. Pero tampoco debemos olvidarnos del tema online. Así que al arsenal anteriormente citado habrá que añadir contenidos, tanto de texto como imágenes o vídeos, que se colgarán en Internet y serán fundamentales para que la sociedad se haga una idea más exacta de nuestra propuesta.

– Haga pruebas previas. 

Usted quizá esté convencido de las excelencias del producto y tenga listo un mensaje cohesionado para el gran público. Pero también está obligado a buscarse candidatos que prueben la novedad y dejen testimonio fehaciente de sus grandes resultados. Lo mejor es grabar este tipo de ensayos y, posteriormente, utilizarlos a la hora de promocionar la novedad. Y es que un vídeo que cuente las experiencias de personas anónimas y ajenas a la compañía puede convertirse en la mejor campaña de marketing posible.

– Corra la voz. 

Una vez que tenga identificada la demanda, cuente con materiales off y online, tenga constancia de pruebas previas y se acerque el día del lanzamiento toca invertir en personas para que el mensaje vaya calando. Es decir, hay que asumir costes y contratar a una agencia de comunicación que se encargue de recordar a periodistas, expertos y voceros varios que su empresa va a romper moldes el día X y a la hora H.

– No se olvide de sus clientes veteranos. 

Mucha veces las novedades ignoran a la base de clientes que ya tiene una empresa. El mejor ejemplo se encuentra en las operadoras de telefonía e Internet, que presentan nuevas ofertas a las que no se pueden acoger los veteranos, que pagan más por el mismo servicio, que uno que acaba de firmar el contrato. Usted no debe caer en semejante desatino y su base de consumidores deben ser de los primeros que se enteren de los beneficios que tiene el futuro producto. Así que emita un correo electrónico a su base de datos con toda la información posible para que no se sientan desprotegidos por su firma. De esa forma también logrará mandar un mensaje cohesionado y quizá esos veteranos clientes podrán hacerle una campaña de promoción gratuita en redes sociales.

– Realice un seguimiento. 

No se le ocurra dejar que su gran apuesta de marketing muera después del anuncio oficial. Para evitarlo, contacte con cualquiera que se haya hecho eco del mismo y muéstrese abierto a la hora de ampliar información y de conceder entrevistas. Además debe seguir utilizando la tecnología para añadir más contenidos ya sea a través de la propia página de la empresa como del correo electrónico o las redes sociales. Así conseguirá incrementar el impacto que la novedad tendrá en el tiempo.

– Resuelva las carencias. 

Nadie es perfecto y quizá los cientos de ensayos no han revelado un problema oculto, que surgirá cuando la sociedad esté utilizando el producto. Ante esta circunstancia su empresa debe estar preparada para resolver cualquier incidencia. De lo contrario, la firma acarreará el lastre de tener una imagen negativa.

– Mida el éxito. 

Parece una obviedad pero es que ningún emprendedor se puede permitir el lujo de no analizar los resultados de un lanzamientos y sacar conclusiones de lo que se puede mejorar de cada a un intento futuro.

– Presuma. 

Si ha conseguido un bombazo puede presumir de ello. No tenga reparos y cree cualquier documento que contenga el impacto social y mediático que ha logrado. Luego téngalo visible en su establecimiento o en la web para que cualquiera que acuda sepa que su empresa es una compañía que sabe cómo triunfar.

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Acciones a tomar para mejorar la motivación de los empleados

Cualquier emprendedor lo sabe pero no está de más recordarlo. El éxito de una pyme está determinado casi en su totalidad por las personas que integran el equipo. Debido a su importancia, y de cara a este año que recién comienza, no hay nada mejor para el futuro a largo plazo de una compañía que tratar de mejorar la satisfacción de los trabajadores a su cargo.

Las acciones deben ir encaminadas a incrementar las oportunidades de crecimiento profesional, sin olvidarnos de aspectos tan importantes como la mejora continua de la colaboración dentro del equipo y la comunicación. Para tratar de alcanzar estos objetivos, aquí les dejamos nueve iniciativas que cualquier emprendedor debe llevar a cabo para mejorar el flujo de trabajo y la productividad de los empleados a través de un alza en la motivación.

– Recuerde a los suyos la visión y la misión de la empresa. 

En una oficina todo debe estar muy claro. Sin un entendimiento meridiano de los objetivos y la cultura de la compañía, los empleados corren el riesgos de perderse y de desmotivarse. Para evitarlo, hay que recordar a los miembros de la plantilla lo que la compañía representa y lo que quiere llegar a ser en el futuro. Esta es la forma más simple de lograr que cada uno sepa cuál es su cometido dentro de la firma.

– Defina los puestos.

A los españoles se nos acusa, y con razón, de desorganizados, y de perder demasiado el tiempo en enterarnos de lo que tenemos que hacer y de darnos atracones de horas extra cuando se descubre que no se llegará a tiempo para la presentación de un producto o de un servicio. ¿Solución? Definir claramente y comunicar las funciones y las responsabilidades de los miembros de la casa y aclarar quiénes son los líderes de equipo, que serán los responsables de que todo funcione dentro de los departamentos.

– Premiar los éxitos.

Un colaborador debe sentirse valorado y la mejor forma de lograrlo es midiendo constantemente el éxito y evaluar lo que está funcionando y lo que no, dentro de la organización. Una vez se tenga la información se deben hacer los ajustes necesarios para mejorar de forma global. Todos en la compañía deben tener claros sus objetivos y saber que si los alcanzan serán reconocidos. Estos procesos de revisión del desempeño son claves para elevar la motivación y para descubrir a los mejores elementos dentro de una estructura.

– Dar las herramientas adecuadas.

Quizá uno tenga ganas de trabajar pero se le pueden quitar de forma instantánea si nada más llegar a la oficina se encuentra con problemas como que el ordenador no funciona o que no tiene espacio para desempeñar su labor. Todos esos detalles deben ser cuidados y mimados por el emprendedor si no quiere que la tasa de productividad caiga en picado.

– Vigilar y premiar a los mandos intermedios. 

Normalmente los mayores problemas con los que se encuentran los empleados tienen su origen en su jefe directo. Esta persona es clave para que todo funcione, ya que es la primer escalón directivo con el que cuenta la base. Por tanto, no se centre solo en disponer de excelentes individuos en puestos como vicepresidente o director general, baje un poco más en la pirámide y descubra si los jefes de equipo son los indicados para elevar la motivación de las personas.

– No olvidar la formación.

Mejorar y aumentar las habilidades y conocimientos de los empleados mediante un programa de desarrollo en el que todos se impliquen también es fundamental. Y es que la formación contribuirá a destacar los talentos al tiempo que mejora el clima de satisfacción laboral y fomenta el crecimiento profesional.

– Comunicar, comunicar y comunicar. 

Las nuevas tecnologías permiten un flujo de comunicación casi instantáneo. Aprovéchelo y ofrezca información sobre la marcha del negocio a sus colaboradores. Pero no se limite solo a sentarse en su sillón y darle a la tecla sino que levántese, salga del despacho y hable cara a cara con las personas. De esa forma, se le verá como a un jefe más cercano, que no se esconde en su cubículo.

– Priorice los recursos humanos. 

Un empresario está acostumbrado a pedir favores a los trabajadores y, salvo excepciones, suele tener siempre una respuesta positiva. Por tanto, si le ocurre lo contrario y uno de los suyos necesita de un esfuerzo extra por parte de la compañía, debe dar un respuesta rápida. No meta el asunto en el fondo del cajón y deje pasar meses antes de ofrecer una solución. Sea proactivo y cree un departamento de recursos humanos eficaz para resolver todas las situaciones laborales y personales de su gente.

– Celebre reuniones de forma regular. 

Los empleados deben tener una interacción regular con los directivos. Esto ayuda a tener una visión global de las fortalezas y debilidades del negocio. Así que reserve un hueco en su agenda al menos una vez al mes para saber lo que se cuece en realidad dentro de los muros de su negocio.

 

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Cinco razones por los que su (no) comunicación le está haciendo perder dinero

Si pudiésemos contestar a esta pregunta con una cantidad concreta, ésta sería tan impactante que

no haría falta continuar con este post. Pero cuantificar las pérdidas que genera la no comunicación o la mala comunicación es mucho más complicado.

No importa las veces que hayamos  dicho en este blog que la comunicación también es cosa de pymes. El problema es que la relación entre el dinero que se invierte en comunicación y su retorno es tortuosa y difícil de enlazar, y mucho más cuántos clientes se pierden por la falta de una política de comunicación adecuada.

Por eso,  la mejor aproximación es una especie de autoanálisis a modo de test, para identificar si estamos o no ante un problema de (in) comunicación en la empresa.

Sentirse incomprendido.

Esta sería la primera y más alarmante señal de que algo va mal. No son pocos los empresarios que están convencidos de que lo único en lo que deben enfocarse es en hacer bien su trabajo y el resto ya vendrá. El mejor ejemplo de este error, lo podemos ver en uno de los programas del cocinero Chicote, Pesadilla en la Cocina. Se trataba de un restaurante valenciano empeñado en hacer unas “Cocas” que no eran lo que el público general entiende por cocas. Tras la conversación enlazada, la dueña del local continuaba diciendo: “Yo soy una excelente cocinera, lo que pasa es que la gente no se ha dado cuenta”. El resultado, como  ya habrán adivinado es que nadie entraba en el restaurante.

Por lo tanto, la clave principal de un negocio NO es realizar a la perfección su actividad, sino transmitir adecuadamente a los clientes eso que se pone a su disposición. Si nadie sabe lo que hacemos es difícil que podamos vendérselo.

Despreciar las críticas negativas.

El triunfo de las redes sociales y la idiosincrasia española es una peligrosa combinación para las marcas. Porque la tendencia general de los usuarios es compartir las malas experiencias y no tanto las buenas.  Partiendo de esta base, hay dos cosas ciertas. Que las críticas malas vendrán solas y que las buenas hay que estimularlas.

Ambas hay que gestionarlas. Respecto a las malas, hay que tratarlas con el máximo respeto. En muchos casos los propietarios de una empresa desprecian las críticas porque  no responden a la verdad, porque quien la ha hecho es un cliente despechado, un’ inepto’ e incluso alguien pagado por la competencia. ¿Creen que el cliente que las lea se va tomar tanto interés en indagar sobre el origen de la crítica? Seguro que no. El tiempo es oro, como cualquiera ha comprobado cuando está buscando un hotel y consulta en internet si es o no un buen destino. Guste o no, en la red lo que manda es la cantidad. Y si tras una primera consulta en Google dominan los resultados negativos. Señor empresario sepa que usted tiene, cuanto menos, un  problema de comunicación.

Si su negocio es tan perfecto como usted tiene en mente, tendrá que empezar por estimular al resto de clientes satisfechos para que compartan las buenas opiniones y compensar así el daño de los otros.

La prensa no se entera

Ser una pyme y aparecer en los medios de comunicación, no es fácil. Pero la cosa se complica aún más cuando las escasas apariciones están ligadas a situaciones, noticias o contextos que no coinciden con la visión que el empresario tiene de su sector o compañía. La respuesta fácil es achacar la culpa a los periodistas desinformados que produjeron esa información. Tal vez sea cierto, pero también hay que preguntarse. ¿Cómo se atendió desde la empresa a los medios? ¿Hay alguien encargado de controlar los mensajes que salen de la compañía o el teléfono lo contesta cualquiera sin criterio establecido? ¿Cuánto tiempo se ha tardado en contestar a los periodistas? ¿Se han preocupado en informarse de para qué va a utilizar el periodista la información y en qué contexto?

Dedicar recursos a la gestión de la información puede parecer oneroso, pero párese a pensar cuántos clientes e incluso socios puede ahuyentar una mala imagen.

¿Qué dice su presupuesto de su empresa?

La pregunta parece de perogrullo. En cualquier presupuesto lo importante es reflejar el coste del producto o servicio presupuestado.  Eso es obvio. Pero hay mucho más. Una mala presentación  de los documentos oficiales de su empresa también puede ir en contra de cualquier esfuerzo en comunicación que se realice en otras áreas. La comunicación no es solo relacionarse en las redes sociales o con los medios. Cualquier actividad que realice la empresa desde un presupuesto hasta el atuendo de los representantes para acudir a una reunión deben ir en la línea de los mensajes marcados. Por ejemplo, si la empresa se vende como un adalid de modernidad, no parece muy coherente que la letra de su cartografía sea la clásica ‘england hand’.

¿Respeta sus propias decisiones de comunicación?

De nuevo, estamos ante una situación que puede parecer contradictoria. Si alguien fija unas normas de comunicación ¿Cómo no las va a cumplir? Lo cierto es que sorprende identificar cuántas empresas gastan una ingente cantidad de dinero en acciones puntuales de comunicación que poco después abandonan como si les hubiera salido gratis. Las más chocante es la que tiene que ver con sus logos. Buscar una nueva imagen gráfica es algo en lo que más invierten las empresas cuando abordan sus estrategias de comunicación. Lo que no hacen tantas es cuidarla. Por ejemplo, preocuparse de que los colores se respeten en los mismos tonos en todas las reproducciones de documentos oficiales. Que las fotos de empresa siempre aparezca el logo por algún sitio.  Y lo que es todavía es más importante, que en caso de haber un logo anterior este quede literalmente borrado del mapa.  Es decir, de la papelería oficial por muy antigua que sea, de las fotos oficiales, de cualquier objeto de merchandising, etc.

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Saca el máximo partido al Mobile Marketing

El cliente actual busca, investiga y compra a través de diferentes dispositivos móviles. Que una marca, o una empresa, tenga una buena y adecuada estrategia omnicanal es toda una ventaja competitiva. Llegar a ellos en todo momento, y ofrecerles una experiencia de compra completa, es clave para la supervivencia. Más si tenemos en cuenta que este tipo de canales será la vía por la que se generará uno de cada cinco euros en el mercado europeo de comercio electrónico durante 2015, según eDreams. De momento, y atendiendo a los datos de Mobile Marketing Association, la inversión en marketing móvil en España superó los 110 millones de euros en 2013, y para 2014 se estima que llegue casi hasta los 130 millones de euros.

 

Qué es y cuántos tipos hay

El Mobile Marketing (o Marketing Móvil) se define como un conjunto de técnicas y formatos para promocionar productos y servicios usando los dispositivos móviles como canal de comunicación. Su origen hay que buscarlo en el despegue de la telefonía móvil, así como en sus capacidades para atraer y fidelizar clientes. Según un estudio de CMO Council, entre sus cualidades está que contribuye a proporcionar una experiencia personalizada a los clientes, se trata de un canal útil para fomentar el engagement y actuar en un plazo más directo y personalizado, además de aportar información de alto valor.

Varios modelos están disponibles en la actualidad:

-Pasbook. Se trata de una app que, entre otras funciones, almacena cupones descuentos, entradas a eventos o descuentos en billetes de viaje. Su principal novedad es que dispone de geolocalización, por lo que cuando el cliente pasa cerca del establecimiento, o establecimientos de una misma cadena, salta una especie de alarma para recordarle que tiene a su disposición el citado cupón.

-SMS. Aunque pueda parecer desfasado, es muy útil. Sobre todo porque no necesita conexión a internet ni tener un smartphone. A favor también tiene su alto índice de lectura.

-QR. Procedente del inglés “Quick Response” (respuesta rápida, en español) es un código que se lee a alta velocidad y almacena gran cantidad de información. Sin embargo, en este campo no acaba de dar el salto.

-Correo electrónico. Ha aumentado su penetración desde que está disponible en los teléfonos móviles. Para descubrir cuál es su eficiencia, hay que utilizar una serie de plataformas que  proporcionen datos concretos como número de clicks o tanto por ciento de aperturas.

-Aplicaciones móviles. Su número no para de crecer. Entre sus virtudes, destacar tres: aportan notoriedad, favorecen las ventas, y reducen costes.

 

El camino correcto

Si una empresa, o un emprendedor, quiere dar este paso, deberá seguir una serie de pautas para sacarle el máximo partido. Por ejemplo, las creatividades deberán tener un diseño óptimo. No estamos hablando de una pantalla de 34 pulgadas, como es el caso de un televisor. El espacio es más reducido, y hay que amoldarse al mismo. Asimismo, hay que tener en cuenta la geolocalización. “Cambiar el anuncio en función del lugar desde el que la gente lo ve permite un acercamiento mayor al público objetivo y aumenta las posibilidades de venta”, señalan desde 3AWorldwide. En el caso de desarrollar una app, hay que saber que son caras tanto en su desarrollo como en su mantenimiento… y ocupan mucha memoria. También es importante subrayar que la conexión a internet de estos dispositivos es más limitada que la de un ordenador, por lo que es conveniente limitar los pesos de las imágenes y vídeos para optimizar la navegación del usuario.