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Los mercados del Pacífico avanzan en su tratado comercial TPP

Los once socios restantes del TPP acuerdan explorar opciones para resucitar el acuerdo de libre comercio de forma urgente y dirigen su mirada estratégica a China.

 

Las dos orillas del Pacífico no esperarán a un hipotético, aunque improbable, cambio de postura de EEUU para rubricar su acuerdo de libre comercio, el conocido como Trans-Pacific Partnership (TPP). Apenas han pasado cuatro meses desde que la Administración Trump dijera a sus contrapartes que se alejaba de la firma suscrita un año antes por su antecesor en el cargo, Barack Obama.

El Tratado de Asociación Transpacífico

Representaba el 40% de la economía global, incluyendo a EEUU y a la decena de economías bañadas por las aguas del mayor océano del planeta. Las primeras negociaciones comenzaron en 2008, pero no fue hasta octubre de 2015 cuando se culminó el acuerdo. Básicamente, porque Washington y Tokio emplearon largas discusiones en limar sus diferencias competitivas. Al final, los países firmantes fueron Estados Unidos, Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Un acuerdo del que se excluyó a China que, sin embargo, cerró con sus vecinos asiáticos y de la APEC; es decir, también de la orilla americana del Pacífico. Y con alianzas preferenciales con los EEUU de Obama.

El acuerdo del TPP

Así deja constancia un comunicado oficial de las naciones signatarias en Hanoi: “Los ministros están de acuerdo en el valor de alcanzar los beneficios del TPP, y, con ese objetivo, acuerdan iniciar un proceso (…) para que el acuerdo (…) entre en vigor de forma expedita”, aprovechando una reunión oficial de los titulares de Comercio del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). El objetivo, declarado, es que el proceso negociador culmine antes de su próxima cita, prevista para noviembre. Porque la base negociadora está hecha y porque el acuerdo, además, se abre a otros socios. Toda una alusión a China. “Si aceptan los altos estándares del TPP”, exigen los responsables de la negociación. Otra advertencia de calado para el gigante asiático. Bajo el compromiso de “mantener los mercados abiertos, fortalecer las reglas comerciales del sistema internacional, aumentar el comercio mundial y elevar el nivel de vida de la población”.

Pendientes de EE.UU

Algunos socios del TPP, como Japón y Australia, todavía confían en que la Casa Blanca consiga dar marcha atrás en este asunto. Sobre todo, porque la política comercial proteccionista que ha planteado el propio Trump está en revisión de un grupo de expertos por decisión del propio presidente americano. “Es importante dejar la puerta abierta a EEUU porque, aunque ahora el TPP no se adapte a sus intereses, las circunstancias pueden cambiar en el futuro”, aseveró el ministro de Comercio, Turismo e Inversión australiano, Steven Ciobo.

El proceso con China

En este giro estratégico que está aconteciendo en Asia, Europa no parece que vaya a ganarse la adhesión al libre comercio de China. Al menos, de inicio. Porque entre las reivindicaciones de Pekín a la UE está la conseguir que Bruselas le otorgue el estatus de economía de mercado. Una condición que Europa y EEUU sortearon al permitir el ingreso de China en la OMC, allá por el 2001, pero una concesión que no están dispuestos a suscribir mientras las múltiples quejas y acusaciones por antidumping a Pekín, en no pocos paneles de arbitraje de la máxima institución del comercio mundial, sigan amontonándose. Y mientras las autoridades económicas chinas no abandonen la política de intervención en el tipo de cambio de su divisa, el rinminbi.

Entretanto, Asia mira a China para seguir con este proceso de liberalización. Es la alternativa que buscan, especialmente, países como Vietnam o Malasia, dos de los más pierden con un TPP fuera de juego porque eran las más beneficiadas por la reducción de tarifas de sus productos en los otros países del bloque. Otras, como Singapur, se ven afectadas porque gran parte de su actividad económica depende del vigor del comercio internacional, aunque en el caso de la ciudad-estado el impacto será amortiguado por los acuerdos de libre comercio bilaterales que ya tiene con casi todos los países del TPP.

Hasta China, a priori ganador de este juego geopolítico, podría salir indirectamente perjudicada. “El TPP suponía un aliciente para que Pekín reformara sus empresas públicas e introdujera reformas para aumentar su competitividad. Este aliciente ahora ha desaparecido”, apuntaba hace unos meses Alicia García Herrero, economista jefe de Natixis para Asia-Pacífico.

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Encendida defensa del FMI, OMC y Banco Mundial del libre comercio

Las principales instituciones multilaterales recomiendan recuperar las negociaciones sobre la Ronda de Doha e impulsar la productividad con más innovación tecnológica.

Mercados abiertos de libre comercio

Cuando las grandes instituciones multilaterales convienen en realizar una encendida defensa del libre comercio, algo va mal… en la globalización de las mercancías y servicios. La Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial han creído conveniente lanzar las señales de alarma ante los cada vez más fundados temores de que la retórica proteccionista de Donald Trump acabe por levantar nuevos muros arancelarios con los que justificar la fabricación nacional de bienes industriales. Su advertencia, plasmada en un informe conjunto, incide en que los mercados abiertos son el mejor instrumento para garantizar un crecimiento dinámico de las economías y admite que son necesarias acciones concertadas en el orden global dirigidas a superar las tentaciones nacionalistas que arraigan en determinadas comunidades.

La transformación de las tecnologías

En el documento del FMI, el Banco Mundial y la OMC se asegura que la transformación de las tecnologías ha sido la principal responsable de la masiva pérdida de puestos de trabajo, que ha sido especialmente intensa en ciertos sectores, sobre todo en países industrializados, pero este nuevo paradigma de relaciones productivas y laborales -explican-, no justifican la irrupción del sentimiento proteccionista que dañará, en el futuro, a las comunidades que lo instauren.

Las instituciones multilaterales también reconocen que “el ajuste del comercio puede traer, en ocasiones, épocas de ralentización económica, incluso fases de recesión severa que, a menudo, resultan ser demasiado prolongadas”. Este es el reto, alertan. “Luchar con políticas adecuadas para que las naciones se puedan beneficiar de las grandes oportunidades que brinda la libertad comercial y elevar los niveles de vida de sus habitantes”.

Un nuevo escenario con Trump

La reacción de estas organizaciones surge en plena puesta en escena del conocido ya como el manifiesto proteccionista de Donald Trump. Con la retirada estadounidense del tratado de libre comercio TTP, con sus socios del Pacífico, las embestidas dialécticas contra México, China o Canadá, a los que les advirtió de que impondrá barreras arancelarias y nuevas presiones tributarias sobre sus productos, o las quejas a Alemania o India por sus superávits comerciales con EEUU. Además de la decisión de retirar a su país del acuerdo de París sobre cambio climático.

Aunque las tres instituciones se hacen eco de que el año que precedió a la elección del actual inquilino de la Casa Blanca ya dejó evidencias suficientes de que ciertos mercados habían decidido implantar medidas y establecer regulaciones contrarias al libre comercio. Tanto en las potencias industrializadas como en los países emergentes y en desarrollo. “A pesar de que la liberalización y la supresión de fronteras elevó, en las décadas precedentes y sin ningún género de dudas, las rentas personales en todas las latitudes” del planeta, el sinuoso periodo que se inició con la crisis de 2008 ha propiciado que calaran en el subconsciente colectivo internacional las críticas contra el comercio, la globalización y el avance tecnológico. “Es hora de acabar con este escepticismo”.

Otro nuevo informe

Otro informe, esta vez del FMI y del Banco Mundial, y casi simultáneo al anterior, pone el dedo en otra llaga de importancia: la productividad. A juicio de sus expertos, este parámetro se ha anclado desde el tsunami financiero de hace casi un decenio, pese a que su revitalización resulta esencial para canalizar los efectos del crecimiento económico sobre el empleo y la revalorización de las rentas personales.

En este sentido, recomiendan apoyar a la OMC en su cometido de retomar las negociaciones sobre la Ronda de Doha de liberalización del comercio, que está aparcada desde 2001 y que involucra a más de 160 países. “Unas sólidas y bien enfocadas reglas sobre el comercio global, sería una magnífica noticia para promover normas de competencia que refuercen las políticas nacionales dirigidas a fomentar la actividad laboral y la educación mediante la tecnología. Con más innovación, la productividad repuntará y, con ella, la capacidad profesional y las cualidades competitivas de las empresas”, señalan. La tecnología es la responsable, en un 75%, de la caída de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, que han visto cómo sus retribuciones descendían a ritmos desconocidos desde 1980. Pero también es la solución para recuperar, en poco espacio de tiempo, los niveles previos a la crisis.

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EEUU y China acaparan el dinamismo futuro de la economía global

La mitad del PIB mundial de los próximos dos años se generará en las dos mayores economías del planeta.

Una actividad que crecerá un 2,8% entre 2017 y 2019.

 

Buenas previsiones para China y EEUU

China y EEUU protagonizarán la mitad de la prosperidad económica del planeta a medio plazo. Así lo vaticina el Banco Mundial en un reciente informe en el que estima que el crecimiento del PIB global en el próximo trienio -es decir, entre los ejercicios 2017 y 2019- será del 2,8%. Lejos aún de las tasas de entre el 5% y el 7% de los años que precedieron a la crisis de 2008. O, dicho de otra forma. Todavía sin alcanzar la velocidad de crucero, su ritmo potencial de avance.

El gráfico del documento de esta institución multilateral resulta elocuente. Porque la tradicional disputa por la hegemonía de la actividad económica entre potencias industrializadas y mercados emergentes ha dado paso a otro paradigma: China y EEUU frente al resto del mundo. Con las lógicas e históricas variantes entre países de altas rentas per cápita y naciones en vías de desarrollo.

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Sobre la economía china, el Banco Mundial considera que se expandirá un 6,5% este año y dos décimas por debajo en los dos ejercicios posteriores. Si, como hace tradicionalmente el Banco Mundial, se equiparase este crecimiento en términos de Capacidad de Poder de Compra (PPP, según sus siglas en inglés), que tiene en cuenta el valor real de la divisa del país y la disponibilidad de gasto medio individual de sus ciudadanos, el salto de actividad en China equivaldría al 35,2% del crecimiento global en el citado periodo, otorgando a su PIB una producción adicional de 2,3 billones de dólares.

Los expertos de esta institución multilateral desvelan un grado mayor de incertidumbre al prever la salud económica de EEUU. “Los pronósticos sobre la primera economía global no incorporan los efectos de las nuevas medidas” que tiene en mente la Administración Trump. “Entre otras razones, porque aún no se han convertido en ley y están supeditadas a ciertos interrogantes” en su periplo por el Congreso.

El informe alude al doble recorte fiscal

Del 35% al 15%, en el Impuesto sobre Sociedades, y de cuatro puntos a los más ricos, en el de la Renta, que verá, además, reducir sus tramos a tres: al 35% el tipo impositivo máximo, al 25% y al 10%. Unas rebajas que generan dudas a economistas y al mercado, en caso de que fructifiquen en su tramitación legislativa según la propuesta de la Casa Blanca, porque este estímulo económico podría disparar la propensión al gasto y acelerar la inflación. Además de ocasionar una sustancial pérdida de ingresos tributarios en un país con casi el 100% de endeudamiento en relación al PIB. Nada menos que 18 billones de dólares. Y un crónico desequilibrio fiscal, en gran medida propiciado porque dos de cada tres empresas no han contribuido a las arcas del Tesoro entre 2006 y 2012 y las que lo han hecho, han aportado, de media, un 14%, según la Oficina de Contabilidad Gubernamental (GAO).

Plan de infraestructuras

Otro punto dubitativo es el volumen financiero del plan de infraestructuras. El presidente Trump desea movilizar un montante similar al de su presupuesto y al PIB español (1 billón de dólares) a mejorar las conexiones rodadas, ferroviarias y portuarias del país. Además de gaseoductos y oleoductos. Para lo que confía en el respaldo de los responsables presupuestarios del Congreso, pero también en la iniciativa público privada y en que se sufrague también a través de subidas de algunos impuestos. Como los de los carburantes, el gas y el petróleo, que no se mueve de los 18,4 centavos por galón desde 1993, bajo el primer mandato de Bill Clinton. Pero que el equipo económico de Trump desea elevar, presumiblemente, hasta los 44 centavos, con el visto bueno de los camioneros, los principales damnificados. Por ser el sector que se beneficiará de la mejora de carreteras.

Adiós a la política monetaria laxa

El tercer bloque de inquietud lo genera un dólar que no acaba de revalorizarse, como desea el Tesoro americano, en un periodo en el que la Reserva Federal, además, ha cambiado el paso y ha iniciado una fase alcista de los tipos de interés, más allá del 1%. Es decir, se aleja del precio del dinero próximo a cero y abandera, entre los grandes bancos centrales, el final de la política monetaria laxa que han caracterizado los años de crisis.

El escenario, además, no es menos ventajoso en este terreno para China. Su deuda ha escalado hasta los 17 billones de dólares (el 156% de su PIB) en pleno proceso de limpieza de activos de las grandes firmas del país que ha llevado a la agencia de rating Moody’s a rebajar la calificación de la deuda soberana del país. “Por las turbulencias en los mercados de bonos corporativos”, que las firmas chinas están tratando de colocar en las plazas bursátiles para quitarse la losa del endeudamiento y afrontar el exigente plazo de vencimiento de pagos. Aun así, están en mejor situación que hace unos años, también según Moody’s. Debido a la combinación de estímulos económicos oficiales y a las duras reformas implantadas por Pekín sobre los balances de las compañías estatales no financieras. La agencia asegura que han caído a niveles de 2010. Después de que la ratio deuda-activo de las cien mayores de estas empresas cayera hasta el 68% a finales de 2016, cuatro puntos por debajo de la cota del año precedente. Con un flujo de caja conjunto superior a los 93.000 millones de dólares, gracias a los notables márgenes de beneficios de los ejercicios recientes.

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China seduce al sector privado con cinco proyectos de infraestructuras

Grandes obras de ingeniería para consolidar la Nueva Ruta de la Seda.
El órdago de Pekín para ganar influencia global incluye suculentas carteras de inversión.

 

“Esperamos desencadenar nuevas fuerzas económicas para el crecimiento global, construir nuevas plataformas para el desarrollo mundial y reequilibrar la globalización para que la humanidad se acerque más a una comunidad de destino común”. Así definió hace un mes el presidente chino, Xi Jinping, el objetivo estratégico de la Nueva Ruta de la Seda, durante el foro de cooperación que congregó a varios mandatarios; entre ellos, el presidente Mariano Rajoy.

La delegación española, en sus encuentros bilaterales, mostró su indisimulado interés por los grandes proyectos de infraestructuras. De ahí que la presencia del titular de Fomento, Íñigo de la Serna, junto a las autoridades económico-comerciales y del ámbito de Exteriores. China valora el expertise de las grandes obras de ingeniería made in Spain.

 

Pero, ¿qué planes de construcción baraja Pekín para su corredor comercial, al que ha dotado de unos planes de modernización valorados en 40.000 millones de dólares? Además de contar con otros 100.000 millones procedentes de líneas de financiación multilateral del Banco Asiático de Inversión y de otros 69.500 (14.500 de contribución oficial y 55.000 de bancos chinos).

Transporte de mercancías China-Europa

Xi Jinping anunció una nueva inyección de 70.000 millones de dólares para el proyecto. Hasta ahora, China gestiona cerca de 20 líneas de trenes de carga que comunican directamente el país con ciudades europeas como Londres, Madrid, Rotterdam o Varsovia. De hecho, la ruta China-Madrid lleva funcionando más de un año y es el servicio ferroviario más largo del mundo.

Bajo la Nueva Ruta de la Seda, el Gobierno chino pretende modernizar y agilizar la red ferroviaria hasta lograr que sea una alternativa más rápida -aunque más costosa- al tradicional transporte marítimo de productos chinos. Pekín prevé que las obras del nuevo tren de alta velocidad, que unirá los 7.000 kilómetros que separan a Pekín de Moscú en 30 horas -frente a los 5 días que dura actualmente el viaje-, terminen en 2025, según la firma estatal rusa OAO Russian Railways.

Detrás de esta gran iniciativa está la intención de China de consolidarse como una potencia de la alta velocidad ferroviaria, ya que es la nación con más kilómetros operativos para trenes con velocidad superior a 300 kilómetros hora.

Estimación del coste total del proyecto con iniciativa privada: 242.000 millones de dólares

Red de trenes en Asia

China y Japón compitieron durante meses por el proyecto del primer ferrocarril de alta velocidad de Indonesia, que unirá la capital Yakarta con la ciudad de Bandung, en la isla de Java. Era la demostración más palpable del fervor por el AVE en Asia.

En este apartado hay dos grandes proyectos que tienen vinculación con la pasarela. Por un lado, la Red Panasiática, con la que China planea conectar la ciudad de Kunming, situada en el sur del país, con Vientiane, la capital de la vecina Laos, y con la red de ferrocarriles de Birmania. Si logra ejecutar la obra y pone en marcha otras planeadas en Tailandia, Camboya o Vietnam, podría llegar a constituir una red panasiática que uniera China con el resto del sudeste asiático.

Estimación del coste: 7.000 millones de dólares. Únicamente del tren de alta velocidad Kunming  Vientiane.

A esta iniciativa hay que añadir la conexión de alta velocidad en Indonesia, uno de los mercados emergentes más dinámicos, que conectará la capital del archipiélago con su centro económico por excelencia: Java. Las empresas chinas ganaron finalmente la licitación.

Coste contractual: 5.900 millones de dólares.

3.- Corredor China-Pakistán

Esta arteria comercial tiene su origen a 700 kilómetros de la capital de Pakistán, Karachi -el puerto de Gwadar- y concluye en la ciudad china de Kasgar, pasando por el Mar Arábigo. La idea de Pakistán, gran aliado chino, y de las autoridades de Pekín es el despliegue de inversiones del gigante asiático hacia su socio geoestratégico en la zona. En otros objetivos, para ‘exportar’ a suelo pakistaní el exitoso planteamiento tecnológico del llamado Silicon Valley chino del sureño puerto de Shenzen.

La ejecución de este proyecto otorgará a China una salida al mar sin necesidad de que sus bienes y mercancías atraviesen por el siempre conflictivo estrecho de Malaca, donde operan piratas y las inclemencias meteorológicas suelen ser habituales.

El proyecto contempla la ampliación de la Carretera del Kakarorum, una de las más altas del mundo, que conecta a China con Pakistán.

Estimación de coste total: 55.000 millones de dólares.

4.- Puerto de Colombo

El Gobierno de Sri Lanka otorgó el proyecto del puerto de Colombo-Sur, presupuestado en US$1.400 millones, a una compañía china. Porque para el gigante asiático, el transporte en la Nueva Ruta de la Seda no sólo será terrestre. El presidente Jinping también considera clave el desarrollo de puertos marítimos. El de Colombo, la capital de Sri Lanka, es una prioridad para Pekín.

Aunque quedó paralizado con el cambio de Ejecutivo en la isla -más cercano políticamente a India-, recientes negociaciones han permitido continuar con el proyecto y ya se han reanudado las obras.

Coste contractual: 1.400 millones de dólares

5.- Proyectos en África

Gestionada por personal chino, la flota de trenes de nueva construcción de la línea que une la capital de Etiopía, Adís Adeba, y Yibuti está ayudando a impulsar la economía de ambos países. China lleva un decenio invirtiendo en países africanos; en especial, en fuentes de energía, desde firmas de minería hasta proyectos de prospección de gas y petróleo.

Aunque también en el terreno de las infraestructuras. China ya está construyendo el ferrocarril que unirá las dos principales ciudades de Kenia: la capital, Nairobi, y Mombasa, en la costa del país. Dentro de una estratégica táctica para configurar la futura red de transportes de África Oriental, que conectará las ciudades de Kenia con las capitales de Uganda (Kampala), Sudán del Sur (Juba), Ruanda (Kigali) y Burundi (Bujumbura).

Una red que bifurcará sus conexiones también hacia Adís Abeba. De hecho, China ya inauguró el tren que une la capital etíope con la ciudad costera de Yibuti, la capital del país de mismo nombre, situada en el Mar Rojo, donde compañías chinas están construyendo un centro logístico marítimo. “Es un desarrollo estratégico enorme”, aseguró al diario The New York Times. Peter Dutton, profesor de estudios estratégicos de la Escuela Naval de Guerra en Rhode Island, EEUU, que recoge también la edición en español de la BBC. “Se trata de una expansión del poder naval para proteger el comercio y los intereses regionales de China en el Cuerno de África. Eso es lo que las potencias en expansión suelen hacer. Y China aprendió las lecciones del imperio británico hace 200 años”, concluye el diagnóstico de Dutton.

Estimación del coste total: 13.800 millones de dólares.

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China rescata la Ruta de la Seda para erigirse en Gran Bazar global

El gigante asiático invierte 110.000 millones de dólares en ‘Belt and Road’, su nueva nomenclatura, con el que gana imagen de actor global frente al proteccionismo

El trasfondo que subyace tras el restablecimiento oficial del ‘Belt and Road’ no es su innegable atractivo histórico; es decir, la recuperación de la ruta comercial más emblemática, abierta a mercaderes desde el Siglo I antes de Cristo, que concluía, en sus diversas variantes, en la ciudad china de Xi’an. Ni su estatus de icono de las relaciones mercantiles entre Oriente y Occidente a lo largo del tortuoso y complejo universo económico del medievo. Tampoco la apuesta inversora del presidente chino, Xi Jinping, que ha prometido aportar más de 110.000 millones de euros a la causa: 13.300 millones a través de un fondo estatal, más un préstamo de 50.400 millones; otros 8.000 en ayudas a países en desarrollo y organismos de las naciones de la ruta y 40.000 millones más, procedentes del poderoso sector financiero chino para impulsar a las empresas hacia el exterior. Lo que de verdad está detrás del juego geoestratégico de esta iniciativa, que pretende convertirse en una auténtica autopista mercantil entre China y el resto de naciones de Euroasia, es el combate con EEUU por el predominio económico y la defensa del libre comercio. Ahora que la Administración Trump desea implantar, cada vez con más dudas, su controvertida promesa electoral de instaurar medidas proteccionistas, con aranceles y trabas a la importación, para preservar la industria y las empresas americanas.

Jinping es el gran artífice de este intento de relanzar la imagen de China. De acabar con décadas de capitalismo estatalizado, de límites al accionariado extranjero en los grandes emporios del país, de críticas por las bandas de fluctuación sobre su divisa para garantizar el valor del rinminbi o de los reiterados fracasos por lograr el estatus de economía de mercado, pese a ser socio de la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde hace una década y media. Su declaración de intenciones habla de una marca China renovada. De una enseña moderna, vanguardista y que vela por la libertad económica y, sobre todo, comercial. Que cuadre con el cambio de patrón de crecimiento de la economía china -desde un modelo basado en la mano de obra productiva y enfocado a la exportación a otro en el que predomine la demanda interna, tanto el consumo como la inversión- que acaba de instaurar. Y en consonancia con la condición de segundo PIB del planeta y máximo rival de EEUU en los mercados y en el liderazgo y la gobernanza del proceso de globalización.

Xi’an, como en tiempos ancestrales, continuará siendo el centro capitalino de este Gran Bazar global. El epicentro del gran plan comercial de Jinping. Este histórico enclave mercantil será la piedra angular sobre la que se asentará la conectividad y la cooperación entre los mercados de Asia y Europa. Sin descuidar África, el auténtico maná de sus importaciones energéticas en el último decenio. A través de dos pasarelas comerciales. Una rodada, la Silk Road Economic Belt, en la que también se han reactivado los viajes ferroviarios de mercancías. Y otra, vía náutica, la conocidad como Maritime Silk Road. Ambas rutas, la SREB y la MSR, configuran la Belt & Road. Con ellas, el régimen de Pekín no oculta que quiere incrementar el protagonismo comercial y el peso de China en asuntos económicos y políticos internacionales.

Al tiempo que satisfaría sus necesidades de abastecimiento, tanto de bienes como de materias primas e inversiones, para consolidar el consumo doméstico, el mantra de la renovada estrategia de la segunda economía del mundo, y daría pie a elevar su, hasta ahora, el escaso grado de cooperación. En especial, con países suministradores o que pudieran favorecer, en el futuro, intereses geopolíticos como su doctrina de una sóla China, que apunta directamente a Taiwán y a su poder hegemónico en las cada vez más turbulentas aguas del Mar del Sur.

De ahí las palabras de Jinping, en el reciente bautismo de fuego del proyecto, ante nada menos que 28 jefes de Estado y de Gobierno en la capital china. Entre ellos el ruso Vladímir Putin, el argentino Mauricio Macri, la chilena Michelle Bachelet o el presidente español Mariano Rajoy. “Debemos construir una plataforma abierta de cooperación y defender una economía mundial abierta”. Los cálculos oficiales de Pekín prevén que la renovada Ruta de la Seda, impulsada ya en 2013, hablan de que China recibirá inversiones por valor de 1,8 billones en los próximos cinco años de las empresas y naciones que participarán en esta iniciativa. En principio, 68 países, que suman 4.400 millones de personas y el 40% del PIB mundial. E incluye proyectos tan diversos como el tren Madrid-Yiwu, el corredor China-Pakistán y un oleoducto que conectará el sur de China con Birmania y la Bahía de Bengala.

En paralelo, Pekín afirma que, desde 2014, sus empresas ya han suscrito contratos relacionados con Belt & Road por 279.000 millones de euros. Además de instar al Banco Asiático de Desarrollo (BAD), del que es, junto con Japón, en gran contribuyente neto de sus finanzas, a que desvíe al proyecto de la Seda la mayor parte de sus fondos, de 91.500 millones de euros, destinados a las infraestructuras. El suculento pastel al que podrían acceder las firmas constructoras españolas y por las que Rajoy se hizo acompañar del ministro de Fomento, Íñigo de la Serna. Sin olvidar los más de 732.000 millones previstos como inversión estatal durante el próximo lustro.

La ambición de Jinping en la Ruta de la Seda es tal, que pretende involucrar a Oriente Próximo, África y América en su sueño hegemónico. Porque el presidente chino ha hecho de la renovación de la política exterior su leif motiv. Ha involucrado a todas las regiones del país en la Ruta de la Seda, a la que no sólo adorna con los intercambios comerciales al uso o con las inversiones que se sucederán a medio plazo, una vez se asienten los cauces mercantiles. Entretanto, también se aprecian obras geoestratégicas como el oleoducto del Estrecho de Malaca, que abastecerá, sin necesidad de tener que embarcar el oro negro, a varias ciudades del norte y del sur del país que resultan claves para la ruta. La rapidez en la entrega de mercancías, con las nuevas infraestrcutras en marcha, redundarán en la imagen de eficacia de la reformada economía china. Y, por ende, en su perspectiva internacional.

Una segunda línea estratétiga de Jinping es que China se convierta en el auténtico motor de la prosperidad futura en Asia. Después de que la Administración Trump haya renunciado al área de libre comercio con las naciones del Pacífico y los tigres asiáticos. Pekín ha inundado de planes energéticos bilaterales de calado con varias ex repúblicas soviéticas en territorio asiático -sobre todo, gaseoductos y oleoductos-, que incrementarán en más de un 6% la capacidad de recepción del flujo de gas y petróleo de China. Una táctica que, además, sirve al gigante asiático para decir que reducirán el impacto medioambiental. Otro misil en la línea de flotación de la Casa Blanca. Aunque, en realidad, las protestas sociales contra estas mega-construcciones son cada vez más intensas. Y países como Pakistán o India, pero también Myanmar o Corea del Sur, se han quejado de la inteferencia china en asuntos internos por la Ruta de la Seda, mientras firmas extranjeras y ONG’s, fondos soberanos o de grandes carteras de inversión, como las vinculadas a planes de pensiones públicas o privadas, han alertado contra la falta de transparencia y el déficit de reglas contables y financieras bajo estándares internacionales.

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Xiongan o la nueva zona económica especial de influencia en Beijing

China tiene un nuevo centro operativo de negocios. Xiongan, en el área de influencia de Beijing, se erige en nuevo centro económico, urbanístico y del conocimiento.

 

El pasado 2 de abril, el Gobierno chino anunció la puesta en marcha de una nueva Zona Económica Especial (SEZ, según sus siglas en inglés), situada a 100 kilómetros al sur de la capital, Beijing. Esta nueva área, denominada Xiongan, engloba tres condados (Xiongxian, Rongcheng y Anxin) y conforma el punto central de un triángulo geográfico y económico formado por Beijing, la ciudad portuaria de Tianjin, una de los grandes centros de tráfico marítimo del gigante asiático, y Shijiazhuang, capital de la provincia de Hebei. Inicialmente, esta nueva SEZ tendrá un perímetro de 100 kilómetros cuadrados, aunque las autoridades chinas han admitido que planean ampliarla, a medio plazo, hasta alcanzar los 2.000 kilómetros cuadrados, ya que el objetivo es que Xiongan sirva de enlace mercantil entre los clusters urbanos de su órbita de influencia y se convierta en una nueva mega-ciudad de los negocios. Unas horas antes del anuncio oficial de la nueva SEZ, el Ejecutivo de Beijing suspendió todas las transacciones relacionadas con propiedades, tanto inmobiliarias como mobiliarias, en los tres condados mencionados, con objeto de evitar movimientos especulativos.

Nuevos tiempos, nuevos emplazamientos

Le Xia y Carlos Casanova, del departamento de Análisis Económico de BBVA, aseguran en una reciente nota del banco que la SEZ Xiongan, que entra a formar parte también del consorcio de otras zonas francas como la histórica Shenzhen -creada en los años ochenta del siglo pasado por Deng Xiaoping como experimento de modelo de negocio capitalista- y Pudong -auspiciada ya por Jiang Zemin en los noventa- responde a una estrategia política de intensificar los beneficios económicos del área de influencia de Beijing. Aunque, en su opinión, es también un movimiento dirigido a generar nuevos emplazamientos empresariales y urbanos, necesarios para albergar las exigencias demográficas del país más poblado de la tierra. En pleno cambio de patrón de crecimiento, desde un enfoque, pasado y actual, basado en las manufacturas y las exportaciones, a otro diseñado para trasladar el motor del crecimiento a la demanda interna; es decir, el consumo ciudadano y las inversiones empresariales. Esta nueva estrategia urbanística está justificada y amparada en datos elocuentes. Entre otros, que el 60% de la población china vivirá en ciudades en 2020. En apenas tres años.

Xiongan, China

Xiongan viene a completar iniciativas similares, impulsadas desde otros clusters urbanos como el Pearl River Delta o el Yangtze River Delta. Si bien -dicen Xia y Casanova-, Beijing mantendrá su estatus central como centro de influencia política y cultural, la idea es que este territorio del norte de China acapare el rol de núcleo económico, urbanístico y empresarial, gracias a los beneficios fiscales, laborales y financieros de la SEZ. Además de impulsar su condición de eje del conocimiento, con nuevas universidades, hospitales y centros de investigación con los que nutrir sus necesidades económicas. No sólo a largo plazo. También en el futuro inmediato, ya que la nueva SEZ se podrá beneficiar de la estela de una de las economías regionales más dinámicas de China, la del norte del país, así como de los significativos gastos en infraestructuras que ya están en fase de ejecución.

Una ciudad 100% comunicada

Por si fuera poco, la ciudad dispone de metro ligero, tren de alta velocidad y conexiones radiales de última generación. Redes de comunicaciones que aliviarán el crecimiento vertiginoso de Beijing, así como efectos colaterales perniciosos como la polución o el suministro inadecuado de utilities, como el de agua. Y que contribuirán a promover la innovación en un área que completará y ayudará a mejorar la apuesta tecnológica de la capital china o la de investigación de manufacturas de Tianjin, afirman Xia y Casanova.

“En suma, el anuncio del establecimiento de la nueva SEZ de Xiongan tienen importantes implicaciones, tanto en el frente internacional, para incrementar el valor global de economías de escala china, como en el orden doméstico, ya que traslada más hacia el sur, el dinamismo económico del norte de Beijing”, aclaran los analistas de BBVA.

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¿Qué factores influyen hoy en la internacionalización de nuestras PYMEs?

Los factores empresariales y sociopolíticos que afectan al proceso de internacionalización de las PYMES suscitan más análisis y debates que nunca, y nuevos elementos empiezan a ser tenidos en cuenta (como el papel de la ‘diáspora’ española o las posibles sinergias con la política de cooperación).

 

En el presente momento económico, la internacionalización de nuestras empresas es un objetivo que suscita el interés de numerosos analistas y think-tanks. Uno de ellos, el Real Instituto Elcano, publicó a finales de 2014 un extenso artículo de Enrique Fanjul (ex-consejero comercial de las embajadas de España en Egipto, China y Canadá) en el que repasaba algunos de los factores que favorecían o limitaban dicho proceso de internacionalización.

 

La exportación, ¿una apuesta intermitente?

 

Con la crisis, muchas empresas españolas han lamentado no haber desembarcado durante la fase positiva del ciclo económico en los mercados internacionales, para así diversificar mercados y riesgos. En todo caso, los datos indican que las PYMES españolas, por lo general, apuestan por la exportación de manera intermitente, coincidiendo con las fases de contracción del mercado doméstico. Así que, según Fanjul, “la cuestión cara al futuro es: ¿se aprenderá la lección, y las empresas desarrollarán una estrategia para estar presentes de forma permanente en los mercados internacionales?”.

 

Una limitación: el tamaño

 

Existe un amplio consenso en torno al papel central del tamaño de la empresa en su actividad exportadora. Así, el problema no sería tanto el bajo número de empresas que exportan como del exceso de empresas de reducido tamaño incapaces de exportar, a causa de la atomización de nuestro ecosistema empresarial.

 

Conviene, en todo caso, tener clara la dirección de la causalidad: las empresas no crean más empleo no son más productivas por exportar, sino que son capaces de exportar gracias a su mayor tamaño. Tal y como recuerda Fanjul, “la diferencia es muy relevante, si se anima a las PYMEs a que salgan a los mercados internacionales porque ello les llevará a más competitividad, se les puede estar animando a abordar una actividad para la que no están preparadas”.

 

Así, las barreras fundamentales que enfrentan las PYMEs españolas a la hora de internacionalizarse serían las limitaciones de recursos financieros, la falta de personal directivo con formación adecuada, y la dificultad para identificar potenciales clientes / socios / oportunidades de negocio en otros países y/o para obtener información sobre mercados exteriores.

 

Un error: excesivo optimismo en torno a ‘los emergentes’

 

El entusiasmo por los mercados emergentes llevó a minusvalorar la importancia de los mercados de los países industrializados, error que empieza a solventarse ahora que se evidencia una desaceleración de los emergentes como consecuencia de sus debilidades estructurales (pobreza, contaminación, intervencionismo estatal e insuficiencia de infraestructuras).

 

Los mercados desarrollados quizá no representen una potencialidad, pero sí constituyen una realidad con un peso decisivo a día de hoy, en la que las exportaciones españolas cuentan aún con amplio recorrido.

 

Una oportunidad: la nueva ‘diáspora’ española

 

Con la crisis, un elevado número de españoles (especialmente jóvenes) han tenido que buscar en el extranjero las opciones laborales de las que no disponían en España. Sin embargo, esta nueva emigración española, asentada en el extranjero pero con redes de contactos en España, puede contribuir al desarrollo de negocios entre sus países de origen y de acogida. Parte del crecimiento de los dos ‘gigantes asiáticos’ (China e India) deriva del papel activo de su diáspora en el proceso de internacionalización de sus empresas.

 

Una tarea pendiente: la empresa en la política de cooperación

 

Al contrario de lo que se observa en la mayoría de países industrializados, la política de cooperación española se ha caracterizado desde hace tiempo por la ausencia de las empresas en su diseño y ejecución. La causa de esto, entre otros factores, podemos encontrarla en la oposición de las ONGs a la ‘mercantilización de la ayuda’. Por ello, constituye una tarea pendiente la creación de canales que faciliten la incorporación de la empresa española a la política de cooperación.

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Los 9 fraudes más habituales en la exportación

Cuando se habla de fraude y exportación a la mayoría se le viene una palabra a la boca: China. Es cierto, como ya hemos advertido en alguna ocasión en este blog, que  hay que tener mucho cuidado cuando se comienza a exportar a China para evitar timos y fraudes. Pero no solo en ese país hay riesgo. Los países en vías de desarrollo son los más conflictivos, los casos se han incrementado en los últimos años cuando se comercia con destinos africanos. Pero incluso, en los avanzados Estados Unidos se dan este tipo de problemas. De hecho, las autoridades españolas y estadounidenses tuvieron que lanzar una advertencia oficial para ayudar a los exportadores del sector agroalimentario a detectar conductas fraudulentas.

Teniendo claro que timos y fraudes “haberlos, hailos” y que el país con el que comerciamos no es ninguna garantía de seguridad, lo mejor es asegurarse frente a impagos y estar atento a las situaciones más sospechosas:

1. El contacto inesperado de un desconocido que propone un gran negocio

Llega un email con una oferta de ensueño. Una empresa, con la que nunca se ha tenido relación, muestra su interés por hacer un gran pedido a la compañía española y además le ofrece un excelente precio.  En algunos casos, a la empresa española le hacen los ojos chiribitas y se lanza a la gestionar la transacción. Error. ¿Por qué un desconocido iba a querer dar duros a cuatro pesetas?

Las derivadas de este engaño pueden ser varias. Se han detectado empresas con origen en EEUU que demandan dinero para hacer frente a registros especiales o cubrir los gastos de gestión de una supuesta burocracia mayor de la esperada. Una burocracia que no es real. Cuando la empresa española abona el cargo demando, el cliente “estrella” desaparece.

Un mal menor, si se compara con lo que suelen hacer empresas asiáticas y, alguna vez también las africanas.  Estas van más allá en la transacción y cuando el pedido está prácticamente ultimado demandan que el empresario español vaya hasta el país de origen. Argumentan que los empresarios locales no quieren cerrar el trato con alguien que no conocen. Una vez se llega al país, cerrar el trato implica un cuantioso “regalo” al empresario local.  Más de un empresario español ha temido por su vida al negarse a dar ese “regalo” o cuantía económica similar.

2. Pedido urgente de gran compañía con pago aplazado

Este método podría definirse de forma parecida al conocido phishing de la banca. En realidad se trata de suplantar a una gran empresa. Diseñan documentos oficiales, logos e incluso webs muy similares al original para hacer pensar al incauto que está ante la gran multinacional.  Esa supuesta empresa grande y conocida se pone en contacto con el proveedor español para solicitar un pedido urgentísimo, y normalmente bastante cuantioso, pero pone como requisito aplazar el pago unos meses.

Sólo cuando la empresa española va a reclamar el dinero por la transacción, meses después, detectará que no era con la gran multinacional con la que había cerrado el trato sino una empresa desconocida que es imposible de localizar.

3. Un mail que cambia en el último momento

Que un mail cambie en los últimos procesos de cualquier gestión internacional debe hacer saltar todas las alarmas de la precaución.  Y es que no es extraño que los timos los realicen los propios empleados de las empresas con las que se trabaja fuera. Esto significa que una vez definidos el pedido, la gestión para transportarlo, y demás detalles que se han estado negociando vía email con una persona de referencia, ésta nos indique que cambia el mail, a veces también la cuenta corriente en la que hay que abonar el pedido.

La empresa española no sospecha del cambio porque es un proveedor habitual por lo tanto ingresa lo acordado. Pero días después, el pedido se retrasa y al ponerse en contacto con el proveedor este le indica que la cuenta y el mail no son correctos y que nada había cambiado o que incluso ese empleado ya no trabaja en la empresa. El empleado desleal ha conseguido que la empresa española ingrese el dinero en otra cuenta de otra empresa que, seguramente, ni siquiera existirá.

4.- Gestión de la visa y el viaje

El timo del caso uno puede tener otra versión. En lugar de pedir que quien viaje al país de referencia sea el empresario español, el timador se ofrece para viajar él a España. Eso sí, a cambio solicita una carta para el gestionar el visado y además dinero para sufragar el viaje. Esta es una práctica que utilizan las mafias que trafican con personas.

5. Transacciones financieras que no aceptan medios seguros

No importa cuál sea el método de pago que ofrezca la contraparte, para evitar ningún tipo de riesgo hay que ofrecer como alternativa un método seguro, por ejemplo Paypal. Esta compañía se compromete a verificar que la transacción es real y que el comprador recibe su pedido. No ocurre lo mismo con pasarelas de pago y otros sistemas.  Si un socio comercial insiste en no utilizar un medio de pago seguro, hay que sospechar de inmediato.

6. Transferencias por adelantado

Pedir dinero y no entregar la mercancía a cambio es uno de los trucos más viejos de la historia. Aún así, se sigue dando. Sospeche de cualquier demanda de dinero por adelantado. Como mucho, se puede fijar un anticipo o fianza proporcionada.

7- Solicitud de muestras para testear la calidad de producto

Los timadores saben que demandar dinero levanta sospechas. Así que utilizan la versión de las muestras de producto. Con la excusa de testar la calidad del producto, utilizan este sistema para conseguir productos españoles que pueden revender en el mercado local y que, por supuesto, no abonan a su propietario.

8.- Contratos paralelos

Esto más que engaño es invitación al delito. Se trata de empresas que ofrecen contratos paralelos a los trámites oficiales para ahorrar parte de las tasas que requieren las transacciones legales.  Si se aceptan aquí no habrá ninguna opción a reclamar si es objeto de alguno de los otros timos comentados.

9.- Donaciones a ONG

En algunas ocasiones la gestión de una transacción comercial se completa con la invitación a colaborar con el desarrollo del país en cuestión ayudando a alguna ONG local. Para ello requieren los datos bancarios personales de la víctima a la que le retiran un dinero extra, sin justificar realmente su destino.

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Protege tu marca en China

Las copias y falsificaciones en China están a la orden del día. Por eso, proteger sus productos es una de las cosas más importantes que debe hacer cualquier empresa que quiera instalarse en aquel país. Pero, para conseguirlo plenamente, lo primero es registrar la marca, algo que tendremos que realizar rápidamente si no queremos que alguien se nos adelante y se apropie de ella, inscribiéndola antes que nosotros como si fuera propia.

Hay que tener en cuenta que el registro de marcas comerciales tiene mucha importancia en China, ya que una buena imagen es un elemento muy influyente en la toma de decisiones de compra de los consumidores y, por lo tanto, un instrumento fundamental para conseguir clientes.

Pues bien, como advierten desde la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Shanghai, en China es frecuente la práctica de algunos agentes o distribuidores que asisten a ferias y que si localizan marcas de interés que todavía no están registradas las registran ellos. En ocasiones, su intención es simplemente pedir un “rescate” por ellas, mientras que otras veces pretenden utilizarlas para sus propios productos. Por lo tanto, se recomienda comenzar los trámites de registro lo antes posible para prevenir este peligro.

Y es que en el país asiático se aplica el principio “First to file”, es decir, que quien solicita el registro de una marca en primer lugar, tiene preferencia. Y ninguna otra empresa puede alegar después que lleva años usando la misma marca sin registrarla o que ya la utilizaba en otros mercados, pues eso no le supondrá ningún derecho adquirido.

Hay que tener en cuenta que el aumento del consumo en China ha originado la creación de numerosas firmas locales, pero también la entrada de un gran número de insignias extranjeras. En 2012 la Oficina de Marcas de China (CTMO) aceptó más de 1,6 millones de solicitudes de registro, de acuerdo con el Informe Anual del Desarrollo de Estrategia de Marcas publicado por la Administración Estatal de Industria y Comercio (SAIC). Esta cifra, que representa un aumento del 16,3% con respecto al año anterior, supone un nuevo máximo histórico y coloca a China como primer país del mundo en solicitudes de registro por decimoprimer año consecutivo.

Visto el panorama, no hay que perder tiempo y registrar nuestra marca cuanto antes. Pero, ¿cómo hacerlo? En principio, hay que saber que se trata de un proceso que dura entre 12 y 18 meses, aunque puede tardar más si se producen objeciones, y que durante ese plazo la marca no estará protegida. Pero, una vez que se inician los trámites, y desde que se recibe la “letter of acceptance”, se tiene preferencia sobre quien intente registrarla más tarde. La protección de las marcas es perpetua y se encuentra sujeta al pago de tasas de renovación cada 10 años.

El registro se puede realizar de dos formas: a través del sistema nacional, por medio de la Oficina de Registro de Marcas (CTMO), o del sistema internacional, por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). En el primer caso, hay que presentar la solicitud directamente ante la CTMO, organismo dependiente de la Administración Estatal de Industria y Comercio. Y en el segundo, se puede realizar una petición de registro ante la OMPI y solicitar la extensión de la protección de una marca ya registrada en España al país asiático.

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La apertura de Shanghái como zona de libre comercio, una buena oportunidad para conquistar el mercado chino

El pasado domingo se dio el pistoletazo de salida a uno de los experimentos comerciales que la comunidad empresarial ha calificado como histórico: la declaración de Shanghái como zona de libre comercio.

Las autoridades Chinas han optado por liberar la actividad económica en este enclave para hacer pruebas durante tres años, hasta octubre de 2016, de lo que podría ser una economía China adaptada a las prácticas empresariales del mundo occidental. Según explicó el Consejo de Estado chino, “a partir de ahora Shanghái se abre a la competencia extranjera y, lo que es aún más importante, el yuan, la moneda oficial del país, será convertible y sus tasas de interés podrán fluctuar libremente con el resto de monedas del mundo”. Hasta ahora en China el yuan sólo es convertible con fines comerciales, como comprar productos importados o reconvertir los beneficios de la exportación en fondos denominados en yuanes. La continua injerencia de las autoridades en el valor de la moneda es una de las principales críticas que recibe la política económica china que le ha llevado a sonados enfrentamientos con Estados Unidos en los últimos años.

La idea de abrir una ciudad dentro del territorio chino a las reglas del comercio internacional ha sido impulsada por Li Keqiang, quien fue nombrado primer ministro el pasado mes de marzo, en contra de las oligarquías económicas del país. Los análisis de la prensa china, aseguran que con esta operación “Li parece querer demostrar con Shanghái cómo su plan económico puede salvar a China de un aterrizaje forzoso, tras tres décadas de rápido y continuado crecimiento”. Pero sobre todo es la reacción al susto que supuso el dato de exportaciones del pasado mes de junio cuando registró una caída del 3,1% interanual; la mayor en los cuatro últimos años. Aunque en julio volvieron a subir un 5,1%, el bajón de junio sirvió como alarma indicativa de que el gigante asiático puede tener los pies de barro. Y además sirvió para constatar que el frenazo en la euforia económica puede llegar acompañado de revueltas sociales cada vez más potentes y, por tanto, más peligrosas para el poder de Partido Comunista Chino.

El Gobierno de Keqiang apenas tardó un mes en idear la liberalización comercial de Shanghái como primer experimento para una economía china que debe dar el paso de ser una potencia industrial y exportadora a desarrollar un fuerte sector de servicios y consumo. Para conseguir ese cambio son conscientes que deben acabar con la barrera de entrada que suponen la actual burocracia y las complicadas relaciones comerciales.

En el nuevo Shanghái están previstas reformas en los servicios financieros, bancarios, contables y legales; también en el comercio marítimo, la construcción, la inversión extranjera, la sanidad, los seguros médicos, las firmas legales, las telecomunicaciones, las agencias de empleo y de viajes, la cultura y el entretenimiento.

Uno de los principales objetivos es el fomento de nuevas entidades financieras que, en contra de lo que sucedía hasta ahora, podrán ser 100% de capital privado y podrán operar libremente en sus actividades internacionales. Lo mismo les ocurrirá a los centros médicos de capital extranjero. Por su parte a las firmas logísticas (que todavía serán de capital mixto) se les rebajan los límites de la participación foránea. La decisión también supone una alfombra roja para el desembarco de las empresas de telecomunicaciones que podrán operar con toda libertad.

Por otro lado,  la zona creará un nuevo mecanismo para el comercio internacional de materias primas como metales, carbón, petróleo, gas y alimentos, y permitirá con el tiempo que las firmas extranjeras comercien directamente con futuros de estos productos, al contrario de lo que ocurre hoy con las Bolsas de futuros chinas.

Para empezar a funcionar, 25 compañías internacionales y 11 instituciones financieras ya han recibido la aprobación para operar con estas condiciones preferentes. Todas ellas tenían ya negocios en China. No cabe duda de que este es un aviso a navegantes, con el que el Gobierno de Pekín quiere avisar de que aquellos que apuestan por su país tendrán recompensa en el que en unos años será el mayor mercado del mundo.

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Valiosas pautas para invertir en China

Corría el año 1984 cuando la compañía de autocares Alsa decidió adentrarse en un territorio virgen para las empresas españolas: China. Casi tres décadas después, el gigante asiático sigue siendo un bocado apetitoso al que hincar el diente. Seminarios, conferencias, cursos… el interés sigue estando tan latente que parece que no hubiera otro lugar en el mapa donde invertir. Y aunque no hay empresa internacional que se precie de serlo que no esté allí, no es la panacea porque, para empezar, ya hay mucha competencia.

La clave del éxito

Muchos son los ingredientes que hay que introducir en tan singular coctelera para que el salto al país de Mao acabe siendo un éxito. Para empezar, hay que hacer un buen plan de negocio y tener un buen producto o servicio. Por eso, llegar con los laureles del triunfo cosechados en otros países es un paso adelante. Los chinos confían en marcas de prestigio que les otorgan seguridad y un status.

Además, hay tres palabras que son fundamentales para atracar la nave a buen puerto: guanxi, renqinq y Xining. Es decir, relaciones y contactos a nivel político, reciprocidad y confianza.

Cierto que, en muchas ocasiones, se utilizará la vía tradicional administrativa y, en otras, el guanxi. Hay empresarios que se olvidan del guanxi y, sin ello, no se puede funcionar. Porque es una forma de tener a alguien que abra puertas. Dicho de otra manera: se trata de agasajar a los empresarios chinos con comidas, cenas y brindis. Encuentros de los que han surgido multitud de anécdotas. Como la de un bodeguero que vio como un importador chino se levantó en medio de una cena y dijo: “¡Campei!” (dejar el vaso seco). Hasta que no se bebió la cerveza de un trago no le dejaron en paz.

Saber reaccionar ante estas situaciones es fácil si se prepara de antemano el viaje. Pero sin exagerar. Lo que sí conviene es saber cuál es el protocolo pero aplicando el sentido común. También es muy importante contar con un buen traductor. A los chinos les cuesta reconocer que no entienden a su interlocutor.

Uno de los grandes fallos en este tipo de aventuras es no poner toda la carne en el asador. Porque si no se invierte lo suficiente tanto en tiempo como en dinero, el fracaso está asegurado.

País-continente

Una de las características que definen a China es su extensión: enorme. Tanto, que no hay quien duda en afirmar que se asemeja más a un continente que a un país. Por lo tanto, cada región es un mundo. Algunas tienen influencia musulmana o anglosajona, mientras que otras cuentan con culturas y razas propias. Y todo ello puede cambiar la estrategia de ventas.

¿Más consejos? Ya sea con un estudio de mercado adecuado, o con el asesoramiento de un consultor externo, hay que identificar el nicho al que queremos dirigirnos, el consumidor adecuado y una correcta política de ventas. Y si todo acaba marchando viento en popa y a toda vela, dejar abierta la expansión a otros países asiáticos.

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El e-commerce y China, dos grandes apuestas en una

El comercio electrónico es un asunto básico en la estrategia de expansión internacional de cualquier empresa que tenga una visión global de negocio. Y uno de los mercados más grandes y con más amplia capacidad de crecimiento es el chino, por lo que estar presente en él se ha convertido en una prioridad para muchos emprendedores y pymes. Algunas estimaciones calculan que para 2015 será el mayor mercado electrónico del mundo.

El año pasado la compañía de distribución estadounidense Walmart anunció su intención de elevar su participación en Yihaodian, una firma china especializada en el comercio electrónico, para hacerse con su control. La noticia sirvió para que grandes inversores internacionales centraran sus miradas en este negocio. Pero los movimientos también se han producido entre compañías del mismo país. Por ejemplo, Alibaba, el mayor gigante chino en el negocio del comercio electrónico, ha entrado en el capital de Weibo, el Twitter chino.

Y es que el mercado electrónico chino se encuentra en su mejor momento y, probablemente, continuará en auge durante los próximos años. Prueba de los movimientos que van surgiendo son empresas como el portal asiático 360Buy, que están diversificándose continuamente en un número de mercados creciente. Sus productos y servicios han salido ya de China y se están diseminando por todo el mundo. Ya se encuentran nada menos que en 36 países, entre ellos Estados Unidos, Rusia, buena parte de la Unión Europea (incluida España), México, Chile y Brasil.

Además, parece que a China no le afecta demasiado la crisis. Aunque algunos han indicado que las consecuencias internacionales de ésta terminará lastrando también a su economía, (el año pasado fue el primero en un período de ocho años en el que el PIB chino creció por debajo del 8%) la realidad es que las autoridades del país ya han anunciado que mantienen su objetivo de crecimiento del PIB en el 7,5% para 2013, el mismo porcentaje que en 2012. Un crecimiento que comparado con el de los países de la Unión Europea no está nada mal.

Coincidiendo con este panorama, la Cámara de Comercio de Madrid celebró recientemente una jornada sobre “Comercio electrónico en China”, en la que Fernando Aparicio, socio de Amvos Consulting, intervino para contar las principales cuestiones que tiene que cuidar especialmente una pyme cuando aborda este asunto.

Según señaló este experto, en primer lugar la pyme debe planificar un adecuado plan de negocio, seleccionar proveedores, estudiar el mercado y la competencia, dotarse de una estructura organizativa y analizar los canales alternativos. Y, también, debe ocuparse de la programación, el diseño, los métodos de pago, el cumplimiento normativo, la integración de la logística, el diseño de una estrategia de marketing online y la integración de las plataformas de venta.

En cuanto a la operativa, debe cuidar fundamentalmente la gestión financiera, el marketing, los recursos humanos, la logística, la atención al cliente y la gestión diaria de los canales de venta. Además, ha de plantearse preguntas relacionadas con las ventas, como dónde vender y qué métodos de pago utilizar; con la producción como qué y cuánto producir; con el marketing como qué estrategia de redes sociales y de marca poner en marcha y qué segmentación realizar; y con la logística como qué cobertura utilizar y cómo distribuir.

La empresa tampoco debe olvidarse de los costes operativos que tendrá. Entre ellos, el de los portales, los depósitos en prevención de problemas, las comisiones por venta, los fees anuales, las comisiones por programas de fidelización, los derechos de importación, los costes logísticos, los envíos (por contenedor o por pallet), el almacenamiento en China, los costes de etiquetado de producto, manipulado, packaging, picking, packing, los sistemas de información de control y, en su caso, la inversión en desarrollo de web propia. Una vez decidido todo esto, empezará una aventura que puede ser muy productiva.