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Mujer gritando ordenador por un error

Errores que los inversores detestan en pymes y autónomos

Inversores: Financiación o Capital nuevo

Obtener financiación o levantar capital nuevo, es una de las misiones más importantes y complicadas de los emprendedores. De ahí que uno de los grandes objetivos de todo aquel que es capaz de crear un negocio sea el de saber qué es lo que necesita escuchar un inversor para decidirse a poner parte de su dinero en la empresa.

Levantar capital, que es como se llama al hecho de lograr convencer a algunos de que las inversiones más rentables están en nuestra empresa, es un medio no el fin del negocio. Conviene hacer esta distinción porque existen demasiados ejemplos de empresas, especialmente en el ámbito tecnológico, que tienen muy claro cómo obtener mayor financiación, pero que presentan importantes dudas sobre la viabilidad de su modelo de negocio. Normalmente eso suele acabar en explosiones de burbujas de infaustos recuerdos para muchos.

Un emprendedor jamás debe olvidar que lo importante es construir una empresa exitosa que genera un importante crecimiento orgánico y no perderse en los cantos de sirena que pueden llegar tras cosechar éxitos en diversas rondas de financiación.

Una vez hecha esta salvedad, es el momento de conocer todo aquello que los propietarios de pymes y también los autónomos deben evitar si pretenden conquistar a cualquier inversor, independientemente de que se trate de una firma de capital riesgo, un business angel, familiares, amigos, etc.

Creerse el más listo

Puede que un emprendedor en cuestión sea un verdadero experto en el ámbito económico en el que se mueve su negocio. Pero eso no quiere decir que tenga que adoptar un comportamiento prepotente a la hora de hablar con posibles socios. Los inversores no acostumbran a buscar a genios sino que prefieren a emprendedores que sepan rodearse de un equipo de personas con talento. Tener la habilidad de contratar a los mejores es una cualidad que los dueños del dinero quieren encontrar en todo emprendedor. Así que en las conversaciones se debe ensalzar la capacidad de atracción de talento que la empresa tiene.

Desconocer el mercado

Al igual que es perjudicial de cara a obtener financiación comportarse como el más listo de la clase, también es un importante error no prepararse la reunión. Presentarse ante unos posibles inversores con importantes lagunas de conocimiento en los ámbitos económicos en los que se mueve el negocio disminuye en demasía las posibilidades de levantar capital. Una de las cualidades que un inversor busca en un emprendedor es el que verle capaz de dominar y liderar el sector. De ahí que sea necesario que este posible líder conozca a la perfección las virtudes y defectos de todos los competidores, así como las problemáticas intrínsecas al propio sector.

Carecer de un plan de negocio

Cualquier estudio sobre la materia que pueda consultarse indica que las empresas que disponen de un plan de negocio tienen más del doble de posibilidades de lograr nueva financiación que las que carecen de una hoja de ruta definida.

Los datos no engañan. La importancia de un plan de negocio de cara a entrevistarse con posibles socios es capital. Da igual el tipo de documento que elabore, carecer del mismo es sinónimo de fracaso. Quizá si estamos hablando de una startup le pueda parecer que contar con una hoja de ruta detallada carece de sentido ante las enormes dificultades que tendrá para alcanzar los objetivos allí marcados. Pero eso no quiere decir que no deba disponer del documento ,ya que le dará confianza al inversor.

Con un plan de negocios se alienta al posible inversor a investigar y conocer los detalles de la compañía lo que a la larga aumenta las opciones de que se considere parte del negocio y, por lo tanto, invierta.

Contar con una idea que no destaque

Si su negocio es uno más del montón con escasas diferencias y sin capacidad para destacar sobre los demás, casi mejor que se vaya olvidando de la posibilidad de convencer a los inversores. Estos buscan ideas auténticas y rompedoras, que sean capaces de  abrir un nuevo nicho de mercado y que resuelvan los problemas de la sociedad. De ahí que solo con un objetivo auténtico escalable y que cuente con potencial de desarrollo se puedan superar las rondas de financiación.

Carecer de experiencia

Aunque de facto la falta de experiencia no elimina la posibilidad de obtener financiación, sí que reduce, y mucho, las opciones. Piense que es como a la hora de buscar trabajo. Siempre lo tiene más fácil alguien con experiencia en puestos de trabajo similares que un novato. A la hora de negociar con inversores, estos siempre prestarán más atención y estarán más predispuestos a participar en el proyecto de alguien con un nombre o con un pasado en el mismo entorno económico, que con la idea revolucionaria de un nuevo actor en el sector.

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Así atraen las startups al capital riesgo

startups_riesgoExisten infinidad de startups en España. Por desgracia, la mayoría de ellas no llegan a los dos o tres años de vida. El principal motivo de este elevado ratio de mortalidad lo tenemos en las dificultades para obtener financiación. Por norma general, una empresa (y más si es de reciente creación y trabaja en el sector tecnológico) no será rentable hasta que hayan pasado cuatro o cinco años de actividad. Ejemplos de ello los tenemos a montones. El más carismático es el de WhatsApp. A pesar de sus más de 1.000 millones de usuarios la filial de Facebook jamás ha dado un euro de beneficio. Lo mismo le ocurre a la red social de moda, Snapchat, que crece sin parar en número de usuarios. Pero todavía no ha sido capaz de descubrir cómo convertir a esos internautas en clientes.

 

A pesar de ser deficitarias, ambas compañías (y otras muchas) no han tenido problemas para encontrar financiación. El capital riesgo se las ha rifado y ha generado que startups de similares características tengan un valor contable que, por sus cifras de facturación y beneficios, nunca podrían obtener.

 

Saber cómo enamorar a los inversores adquiere una importancia capital. De ahí que en este post queramos definir unos pasos básicos que todo emprendedor debe seguir si no quiere que la falta de financiación acabe con sus sueños empresariales. La mejor forma de lograrlo es encontrar las respuestas a la gran pregunta que todo inversor, ya sea particular o parte de una firma de venture capital, se hace antes de colocar su dinero: ¿cuáles son las virtudes y los defectos de la empresa?

 

La firma debe resolver un problema con una herramienta nueva o, como mínimo, diferente
Una startup jamás tendrá éxito, ni será capaz de lograr financiación, si no ofrece algo útil. Sin una idea que sea capaz de resolver una carencia, es imposible llamar la atención. Esto será lo primero en lo que se fije un posible inversor. Estudiará a qué se dedica a la firma y si no le convence lo que ofrece será imposible lograr que se quede e invierta.

 

Esa solución no tiene que ser milagrosa. Si es nueva, estupendo. Pero también sirve si mejora lo que ya existe en el mercado. Sólo así se podrán tener oportunidades de captar dinero exterior.

 

La búsqueda de la idea genial también tiene una lectura negativa. Algunas veces, los emprendedores se ciegan y ponen en peligro a la propia empresa porque no se deciden a pedir ayuda hasta que no tienen el producto totalmente desarrollado. Eso no es del todo necesario. Si una idea es buena, aunque todavía esté en desarrollo, será suficiente para llamar la atención de los inversores. Estos se encargarán de darnos los fondos necesarios para que la firma pueda pulir la solución final.

 

No se canse de hacer comprobaciones

Uno de los errores más habituales de las firmas de reciente creación es pensar que su invento es lo mejor. Que no existe nada en el mercado capaz de igualarlos. El problema es que ese castillo de naipes se suele derrumbar cuando llega un inversor y le dice que en tal lugar existe otra compañía que está haciendo lo mismo y de forma más eficiente.

 

Para evitar que eso ocurra, es necesario desafiar nuestros supuestos una y otra vez. Debe probar su producto o servicio con diferentes muestras de personas. No basta con la familia o los amigos sino que es necesario buscar ayuda profesional para realizar testeos amplios. Sólo así estará más cerca de dar con esa solución requerida.

 

Todas estas pruebas le servirán además para pulir los detalles que no convencen a las muestras. Y también le vendrán muy bien para conocer cómo es y qué busca su cliente objetivo. Así aumentará las posibilidades de éxito. Y es que puede que el producto o servicio sea perfecto pero muy difícil de vender debido a que la sociedad no está dispuesta a pagar el precio que vale. Todas estas variables hay que tenerlas en cuenta porque el inversor, sin duda, las tendrá.

 

No busque soluciones de capital eventuales

Una norma del capital riesgo es la de permanecer poco tiempo en una misma compañía y diversificar las inversiones. De hecho, estas empresas se guían por una regla muy sencilla. Ellos saben que en el caso de las startups ocho de cada diez inversiones generarán pérdidas. Pero con las dos que salen bien recuperarán lo invertido y obtendrán beneficios. De ahí su reducido tiempo de permanencia.

 

A pesar de ello, la intención de un emprendedor debe ser la de conseguir socios dentro del capital riesgo. Hay que ser capaces de crear un núcleo accionarial estable, que será clave en el futuro de la compañía. Un objetivo prudencial de permanencia puede ser de cuatro o cinco años. Si usted es capaz de lograr que un inversor profesional siga con usted esa cantidad de tiempo será porque tiene un producto o servicio de muy alta calidad.

 

Construya un equipo de profesionales de muy elevada cualificación

Los fundadores de startups necesitan buenos compañeros de viaje dentro de la propia empresa. Se trata de un paso fundamental para alcanzar las metas exigidas. Los primeros años de cualquier negocio son muy difíciles y resultan imposibles de superar si no se cuenta con ayuda.

 

Una empresa deja de existir cuando los trabajadores la abandonan. Por eso, un emprendedor tiene que ser capaz de atraer al talento y, también, mantenerlo. Aunque no se lo crea, esta característica también será tenida en cuenta por parte de los inversores. Ellos estudiarán todas las claves y no suelen apostar por firmas unipersonales en las que las posibilidades de éxito o fracaso dependen de una sola persona.

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¿Es el Capital Riesgo la solución financiera para su pyme?

La relación entre una pyme y los fondos de capital riesgo se plantea en muchas ocasiones como la de un candidato en búsqueda de empleo. La pequeña empresa suele verse como la parte débil que debe cumplir con todos los requisitos que exige el fondo, que para eso es quien pone el dinero.

Las noticias sobre el interés de los fondos internacionales en España e iniciativas como el fondo de fondos del ICO están dinamizando mucho más el mercado y haciendo que muchas pymes se planteen el dilema. Con el grifo del banco cerrado, ¿es esta una buena alternativa para conseguir dinero?

De la misma forma que los candidatos a un puesto de trabajo pueden decir (aunque hoy en día parezca un lujo) que la empresa en cuestión no es el sitio en el que quieren desarrollar sus tareas profesionales, también el empresario puede decidir que el modo de trabajo del capital riesgo no es lo quiere para su empresa.

En algunos, como en el caso de las micropymes (menos de 10 empleados) la duda ni siquiera  es planteable. Por su tamaño, el capital riesgo suele descartarlas. Para el resto, la situación más habitual recuerda mucho a un ritual de apareamiento digno de pavos reales. Empresarios abriendo sus plumas: destacando proyectos de I+D que apenas tienen más vida que la idea puesta en un papel, rediseñando páginas web, cambiando sus objetivos de negocio… para cumplir con las expectativas que esos fondos dicen tener en cuenta. Pero, ¿realmente es esa la financiación que quieren para sus pymes? Algunos se dan cuenta tarde que cometieron un error, otros la ven como la mejor de las decisiones. Todo depende del proyecto de negocio.

Si el criterio por el que se ha planteado la entrada de capital riesgo en la empresa es sólo por la necesidad de financiación, lo más probable es que la decisión sea errónea. Un capital riesgo, no es un banco que pide unos requisitos, entrega el dinero y espera a su devolución. Este tipo de empresas toman parte del capital de las empresas en las que participan. Esto, cuando se trata de pymes con socios, puede acarrear problemas ya que descontrola el balance de fuerzas de poder sobre el que se constituyó inicialmente la empresa y puede generar conflictos a la hora de tomar decisiones importantes. En muchos casos, no todos los socios pueden tener la misma opinión respecto a las posturas de la empresa de capital riesgo.

Además, conviene recordar que el capital riesgo tiene un límite temporal. Su participación en la empresa no supera los 10 años. ¿Se bate el cobre igual alguien que quiere sacar la máxima rentabilidad en el menor tiempo posible que quien ve el negocio como un proyecto para toda la vida? Esa disparidad de criterios suele ser otra fuente de problemas. Para algunas pymes, correr demasiado en un determinado momento de su negocio puede acabar con el negocio en sí mismo. Es lo que se llama morir de éxito y muchos empresarios son reacios a ello.

Con la entrada de capital riesgo el proceso de crecimiento se suele acelerar. La buena noticia es que la profesionalidad de estos gestores externos ayuda a gestionar ese crecimiento desmedido y conseguir que la empresa se adapte a él con suficiente rapidez. Al menos, así lo asegura un estudio elaborado por un grupo de expertos de las universidades estadounidenses de Standford, MIT y Dartmouth. Su tesis pretendía descubrir si las empresas de capital riesgo ayudan a innovar con éxito o simplemente entran en aquellas empresas que, por sus características, ya están en la rampa de lanzamiento del mismo. La conclusión es que la profesionalidad de los equipos de los fondos de capital riesgo dispara el número de patentes de las empresas en las que participan y además, impulsa sus posibilidades de salir a bolsa. Es decir, les ayuda a crecer y lo hace en el buen camino.

Otra cosa es que ese sea el objetivo de su propia empresa. La entrada de fondos de capital riesgo implica presencia de representantes del fondo en los órganos de dirección de las pymes y esto, a su vez, compartir toda la información sensible de la compañía ¿Está dispuesto a eso? Este es, en muchos casos, el escollo más difícil de superar. Conseguir que los socios de la pyme acepten que ellos ya no mandan. O, al menos, ya no mandan tanto como antes.

¿Merece la pena la pérdida de poder? Si la respuesta es positiva, ya sabe que toca acicalarse y prepararse para el reto. Pero si lo que importa es mantener la esencia de la idea que le hizo hacerse empresario, el control de sus riesgos e incluso de sus angustias financieras, sepa que la opción de vestirse de casual es tan respetable como la primera.  Todo es cuestión de gustos.

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Claves para echar las redes a un business angel

Horas de trabajo, renunciar a la vida privada, estrés, soledad, aportar el patrimonio personal… Muchos son los riesgos que asume una persona cuando se decide a navegar en el mar del emprendimiento. En el otro lado de la balanza, independencia, libertad y autorrealización. Ante la falta de oportunidades en el mercado laboral, por la crisis, muchos recurren a esta fórmula. Y una de las galernas que se suelen encontrar es la necesidad de capital. Familiares y los propios ahorros suele ser la fuente que utilizan para iniciar el negocio. Pero si se quiere ir más allá, hay que recurrir a otras alternativas. Con el grifo de la banca cerrado, otra de las puertas a las que se puede llamar es la de los inversores privados, o business angels.

¿Qué buscan?

El acceso a la financiación se ha convertido en una verdadera odisea. Por eso, cada vez más, quienes reman en el mundo emprendedor ponen rumbo a los inversores privados. Pero, ¿qué hay que hacer para que éstos, al final, acaben creyéndolos y les den un sí? “Para empezar, tienen que creer al cien por cien en su proyecto. Deben poner mucha pasión en su exposición y transmitirla”, afirma Elisabeth Martínez, directora de una aceleradora de startups. Junto a la pasión, otro punto relevante en el que suelen fijarse es ver si poseen experiencia previa en lo que están presentando, y mucha polivalencia. “Un emprendedor, desde el principio, tiene que hacer de todo y estar dispuesto a todo”, señala Iñigo González de Luna, miembro de Comité de Inversores de un fondo de venture capital.

También ponen su punto de mira en la capacidad de liderazgo. Un campo que, reconocen, es bastante difícil de identificar. Por ejemplo, y en el caso de Ángel García, la encuentra ahondando “en su capacidad para atraer a gente sin ofrecerles un sueldazo a cambio, y en ver cómo sabe transmitir su pasión a los demás miembros del equipo”. Por su parte, Javier Ulecia, hace hincapié en la labor de equipo: “Tiene que tener la aptitud de asumir que no es bueno en todo y saber dar paso a otros que le puedan ayudar”.

Errores

Todos estos inversores privados resaltan que lo que buscan son proyectos que no sean copias, que se centren en un determinado producto, que sean disruptivos o rompedores, empresas B2B… Eso sí, reconocen que son muchos los errores que cometen cuando llaman a sus puertas. Uno de ellos es no tener un foco definido, por lo que tocan varias de estas puertas a la vez. Y acaban quemando el proyecto por la sencilla razón que los business angels se conocen y se pasan información unos a otros. “Dependiendo de cuál sea la fase en la que está el proyecto, deben buscar un determinado inversor u otro”, indica Elisabeth Martínez. En otras ocasiones, lo que detectan es una falta de entrega por parte de todos los miembros del equipo. Como en Fuenteovejuna, miran que todos vayan a una. Por no hablar de las cantidades desmesuradas que pretenden apresar poniendo en el otro lado de la balanza un proyecto inconcluso, a medio hacer, o con unas expectativas de beneficio mínimas. “Con una breve presentación no se pueden conseguir 300.000 euros”, sostiene Ángel García. De ahí que sea primordial justificar muy bien todo lo que se va a hacer y demostrar que se le ha dedicado todo el tiempo del mundo. “En muchas ocasiones no plantean un modelo de negocio completo, ya que faltan aspectos clave como la manera de llegar al mercado o cómo hacerlo crecer”, puntualiza Mark Erik Kavelaars.

Un último apunte: no todos los proyectos son invertibles para el capital riesgo. Pero eso no significa que se trate de un mal proyecto. “No somos ONGs, pero tampoco tiburones, porque al final lo que buscamos es ganar todos juntos”, matiza Javier Ulecia.

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Capital riesgo: una fórmula de financiación temporal

En post anteriores hemos hablado de diversas posibilidades y vías que tienen las pymes para conseguir financiación. Pues bien, ahora ya terminamos esta serie apuntando otra alternativa muy interesante, el capital riesgo. Se trata de una actividad financiera por la que determinadas sociedades invierten, con carácter temporal, en el capital de empresas.

Esta temporalidad está normalmente relacionada con la realización de una determinada inversión o proyecto que conlleva un cierto riesgo. Y esa incertidumbre sobre la inversión hace que el capital riesgo sea una actividad preferentemente reservada a inversores profesionales dispuestos a asumir el riesgo o, también, a determinados entes públicos que por razones estratégicas pueden estar interesados en fomentar un sector industrial en concreto. Habitualmente se realiza una parte de las operaciones con financiación bancaria por lo que, en general, las inversiones se realizan con un cierto nivel de apalancamiento.

Las sociedades de capital riesgo participan generalmente en sociedades que no cotizan en bolsa. Además, normalmente no suelen invertir en instituciones financieras ni en empresas dedicadas a actividades inmobiliarias.

El capital riesgo puede invertir en empresas que se encuentran en diferentes fases de desarrollo. Veamos los tres casos posibles. En primer lugar el denominado Semilla (seed): representa la aportación de recursos por parte del inversor en una fase anterior al inicio de la producción masiva (definición/diseño del producto, prueba de prototipos, etc.), de forma que todavía existe riesgo tecnológico.

En segundo lugar, arranque (Start-up): se trata normalmente de inversiones para financiar el desarrollo inicial y primera comercialización del producto o servicio de empresas de reciente creación. Y, en tercer lugar, Expansión (Expansion): corresponde a inversiones para financiar el crecimiento de una empresa con beneficios. El destino de los fondos puede ser para la adquisición de activos fijos, el incremento del fondo de maniobra para el desarrollo de nuevos productos o el acceso a nuevos mercados.

Por otra parte, las inversiones por parte de entidades de capital riesgo pueden clasificarse del siguiente modo:

  • Sustitución (Replacement): adquisición de acciones existentes en poder de otra entidad de capital riesgo o de otro accionista o accionistas antiguos.
  • Adquisición con apalancamiento (Leveraged Buy-out – LBO): compra de empresas en las que una parte sustancial del precio de la operación es financiada con recursos ajenos, en parte garantizados por los propios activos de la empresa adquirida, y con instrumentos que están a medio camino entre los recursos propios y ajenos (financiación de entresuelo o mezzanine financing). Son frecuentes en capital riesgo las adquisiciones protagonizadas por los propios directivos de la empresa (MBO) o por directivos de otra empresa similar (MBI).
  • Reorientación (Turnaround): recursos aportados a una empresa en dificultades financieras para facilitar su reflotamiento.
  • Refinanciación de deuda: sustitución de deuda por recursos propios para reducir el nivel de endeudamiento de la empresa.
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El plan de viabilidad, o cómo ganarte a los inversores

La mujer del César no solo debía ser honrada sino también parecerlo. Algo similar les ocurre a las ideas de negocio que tienen algunos emprendedores, aunque en este caso lo que deben ser y parecer son viables, sobre todo si hay que pedir financiación externa para ponerlas en marcha.

Y es que todo proyecto empresarial surge de una idea de negocio que representa una oportunidad. Pero una vez definida la idea es esencial comprobar que ésta se podrá convertir en una realidad rentable. ¿Cómo hacerlo? A través del plan de viabilidad. Eva Fontecha, responsable de Creación de Empresas de la Cámara Navarra, nos explica cómo elaborarlo y cuáles son los principales requisitos que debe cumplir.

Pues bien, entremos en materia. El plan de viabilidad persigue dos objetivos concretos: por un lado permite al emprendedor analizar su idea de negocio y evaluar su viabilidad técnica y económica. Por otro, sirve para presentar el proyecto ante terceros, ya sea ante organismos públicos para la solicitud de ayudas, o ante entidades financieras, inversores, sociedades de garantía recíproca o de capital riesgo o business angels para obtener financiación.

Además de valorar si el emprendedor cuenta con las capacidades óptimas para liderar el proyecto empresarial, existen ciertos contenidos mínimos que es necesario considerar para analizar la viabilidad del negocio.

El plan debe empezar describiendo el negocio, el producto o servicio que se va a ofrecer, las necesidades que éste satisface y el sector en el que se encuadra. Hará referencia también al equipo emprendedor, incluyendo tanto los datos personales como la información profesional que pueda ser relevante para el negocio. El mercado es otro de los puntos a tener en cuenta. Se profundizará en el apartado relativo a la clientela potencial, y se hará también especial hincapié en describir a los competidores, y sus principales debilidades y fortalezas frente a nuestro negocio. Asimismo, se incluirán aquí los aspectos económicos, socioculturales, legales, políticos o tecnológicos del entorno.

El plan de recursos humanos, la forma jurídica y el régimen fiscal aplicable a la empresa constituirán apartados adicionales del plan. En este sentido, es importante que el emprendedor busque asesoramiento, dado que cada tipo de empresa implicará unas consecuencias y obligaciones futuras distintas. Y será necesario también diseñar un plan de marketing para determinar la estrategia comercial a seguir en la captación de clientes y su posterior fidelización.

Es imprescindible incluir un estudio económico financiero que recoja las inversiones y  necesidades de tesorería inicial previstas, un detalle de los principales gastos que afectarán al negocio y una previsión de los ingresos que se estima obtener en los primeros años. Con esta información se construirán los balances y cuentas de resultados previsionales y se realizará también el cálculo del punto muerto de nuestro negocio, es decir, el punto en el que los ingresos se igualan a los gastos.

Por último, el plan de empresa recogerá unas conclusiones sobre la viabilidad del negocio, resaltando sus fortalezas y oportunidades y definiendo cuáles son las debilidades y amenazas y cómo se pretende mitigarlas

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Vuelve la moda de los préstamos participativos

En época de crisis se vuelven a poner de moda algunas fórmulas de financiación que habían quedado un tanto olvidadas en los tiempos de bonanza. Es lo que está sucediendo ahora con los préstamos participativos, una interesante opción para muchas pymes que en los últimos años había perdido fuerza y que se mantenía como la gran desconocida para muchas de ellas.

Sin embargo, en estos momentos en los que conseguir financiación es más difícil que nunca, cada vez son más las empresas y negocios que vuelven su mirada hacia estas herramientas. Se trata de un instrumento financiero a medio camino entre los préstamos tradicionales y las inversiones de riesgo (capital riesgo o capital semilla), que no precisa de más garantía ni aval que un plan de negocio viable y de calidad.

Estos préstamos están regulados por el artículo 20 del Real Decreto-Ley 7/1996 de 7 de junio sobre Medidas Urgentes de carácter Fiscal y de Fomento y Liberalización de la Actividad Económica, y por la Ley 10/1996 de 18 de diciembre de Medidas Fiscales Urgentes.

Como explican desde el Centro Europeo de Empresas e Innovación del Principado de Asturias, un préstamo participativo es un préstamo a largo plazo, con posibilidad de carencia, cuyos intereses están ligados a los resultados de la empresa que va a llevar a cabo un proyecto empresarial innovador. Lo que paga la empresa en concepto de intereses dependerá de la evolución de su actividad; gracias a esto, la carga financiera que supone el préstamo se adapta a la situación económica de la compañía a lo largo del desarrollo del proyecto empresarial. La garantía que se exige es la viabilidad técnica-económica-financiera del proyecto empresarial y la experiencia del equipo gestor.

El préstamo participativo se considera como fondos propios a efectos de reducción de capital y disolución de sociedades previstas en la legislación mercantil. En el supuesto que el emprendedor/a o promotor/a realice una amortización anticipada, deberá compensarla con una aportación a fondos propios. Y, en cuanto a la exigibilidad de este tipo de préstamo, hay que tener en cuenta que es subordinado a cualquier otro crédito u obligación de la empresa, situándose después de los acreedores comunes en el orden de prelación.

Entre los organismos que apuestan por esta herramienta de financiación se encuentra la Empresa Nacional de Innovación (ENISA), adscrita al Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Esta entidad va a abrir sus líneas de financiación para 2013, dirigidas a apoyar la creación, crecimiento y consolidación de proyectos empresariales, con un presupuesto total de 126 millones de euros. Pues bien, dentro de estas líneas de financiación, se encuentran los préstamos participativos. ENISA está exponiendo dichas líneas a empresarios de toda España con el programa Impulsando Pymes, en el que participa junto con otras grandes empresas como CESCE, que también presenta soluciones de financiación.

ENISA ofrece préstamos participativos, con importes que oscilan entre 25.000 euros y 1,5 millones de euros, a proyectos empresariales impulsados por emprendedores y pequeñas y medianas empresas de cualquier sector de actividad, excepto inmobiliario y financiero.

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Ya tengo mi idea, ahora ¿qué pongo en el Business Plan?

Arquímedes no fue el primero que utilizó la palabra Eureka. Pero desde que la usó, se la identifica como una expresión que indica la realización de un descubrimiento. Y eso es, más o menos, lo que hacen los emprendedores: descubrir una idea que acaba convirtiéndose en un negocio. Pero para que esa transición se materialice, es indispensable plasmar los objetivos de dicho negocio en un documento. Es decir, en un business plan, o plan de negocio. El mismo analiza las actividades, las estrategias a seguir, la situación del mercado y otros estudios con el fin de ver la rentabilidad del negocio a crear. Por eso, es muy importante ordenar dichas ideas, estructurarlas y otorgarles un valor económico. Porque dicho valor económico será básico para captar posibles socios y capital riesgo.

Tanto el preparar como el desarrollar un plan de negocio implica y demuestra que existe una actitud profesional ante el desafío de emprender; un compromiso y un dominio de la idea de negocio; y una actitud proactiva y dinámica frente a los posibles socios y capitalistas.

Partes

Un buen business plan debería incluir un resumen ejecutivo (cuyo fin es captar el interés de los potenciales inversores), la descripción del producto y valor distintivo, el mercado potencial, el público objetivo, la competencia, el modelo de negocio y plan financiero (cuenta de resultados, proyección de cash flow, balance…), el equipo directivo y su organización.

Sin olvidar el plan de implantación, las alianzas estratégicas, el plan de márketing y ventas y, por último, los riesgos (tanto los propios del mercado como los intrínsecos del proyecto en sí) y las estrategias de contingencia en caso de que el negocio no alcance los objetivos previstos (alianzas, venta total o parcial de la compañía…).

Un business plan por cada destinatario

Una matización: si nos ponemos en la piel de a quien dirigimos el business plan, vemos que sus intereses son totalmente distintos. Por ejemplo, las instituciones públicas pondrán sus ojos en ver que, con la subvención otorgada, se va a generar riqueza y empleo. Mientras que las instituciones financieras comprobarán que el riesgo que corren es asumible, y que el equipo promotor podrá hacer frente al préstamo otorgado. Los inversores, por su parte, querrán conocer la escalabilidad de la nueva compañía, cuándo podrán salir y en qué condiciones… Como puede apreciarse, todos son intereses muy lícitos, pero difíciles de conciliar en el mismo documento. Por eso, es conveniente elaborar tantos business plan como posibles destinatarios haya. O, dicho de otra manera, es conveniente reforzar y potenciar determinadas partes atendiendo al posible destinatario.

Un BP para inversores

Un ejemplo. Si se presenta el plan de negocio a los inversores, el capítulo que deberá ser tratado con mayor profundidad será el relativo al modelo de negocio y al plan financiero. Eso no quiere decir que no se fijen también en la descripción del producto o en el análisis de la competencia, pero no con tanto ahínco. ¿Y qué debe incluir el plan financiero? Pues la cuenta de resultados, especificando las partidas de ingresos y costes con sus hipótesis implícitas, las proyecciones de cash flow (especificando cuándo se alcanzará el breakeven), la valoración de la compañía y las necesidades de financiación. Además, el plan debe estar detallado para los dos primeros años. ¿Dónde ponen también los inversores los puntos sobre las íes? Pues en saber si el equipo directivo es capaz de llevar a cabo el negocio. Por eso, debe incluir el perfil del equipo directivo (educación, experiencia profesional y éxitos en el mundo laboral), cómo encaja su perfil con las nuevas necesidades del negocio, y si faltan capacidades, detallando cómo se piensan cubrir y por quién. Porque las preguntas que se hacen los inversores son si el equipo directivo ha trabajado junto con anterioridad, si los fundadores son conscientes de sus debilidades y sí serán capaces de hacerlas frente, si estarán a tiempo completo en el nuevo proyecto… Si, finalmente, la información es de su agrado, no dudarán en darle al proyecto un OK con mayúsculas.

¿Sería posible tener un Silicon Valley en España?

Siempre que surge en una conversación el tema de Silicon Valley se suele hacer con grandes dosis de envidia y de nostalgia. Para los emprendedores españoles es como la Tierra Prometida, un lugar único en el mundo donde cualquiera con una buena idea puede convertirla en negocio. Pero, ¿por qué es así?. Y lo que es más importante, ¿por qué no se podría crear uno similar en España que diera salida a las grandes ideas que tienen los emprendedores de este país.

Para responder a estas cuestiones, nada mejor que conocer los cinco puntos las claves que explican el milagro de Silicon Valley y descubrir si en España sería posible replicar ese modelo.

1- Sinergias con las Universidades. La Universidad más cercana al Valle es la de Stanford, un centro cuya formación se basa en dar orientación empresarial a sus estudiantes. De sus aulas salieron las personas que fundaron algunas de las empresas más importantes de Silicon Valley. La mentalidad cooperativa de los empresarios de la zona también tiene su origen en dicha universidad, ya que muchos de ellos eran compañeros de clase. Por otro lado, el hecho tan de la cultura americana de ver como algo positivo un fallo de un emprendedor, también fue fomentado durante la formación de los estudiantes.

2- La importancia de la inmigración. Otro factor clave en el auge de Silicon Valley ha sido la presencia de personas de distintas razas, cultura y religión debido a la fuerte inmigración que históricamente se ha producido en la zona. De hecho, en los inicios del valle, casi todo el mundo provenía de la costa Este de los Estados Unidos. Se encontraban solos, sin familia ni amigos, lo que hacía que todo el mundo se mezclara y relacionara mucho más con sus compañeros en otras empresas. Esto provocó que más que compañeros fueran amigos lo que apoyó en buen grado el auge de la mentalidad cooperativa que tanto defendía la Universidad de Stanford. En la actualidad, la inmigración sigue siendo clave en el auge de las empresas de la zona, ya que éstas se esfuerzan por captar talento internacional, que enriquezca la cultura empresarial.

3- Concentración de las empresas de innovación. A diferencia de la costa Este en la que las empresas se encontraban en diferentes localizaciones, en la Bahía de San Francisco había mucho terreno que se utilizó para aglutinar en un mismo lugar a la mayoría de las empresas tecnológicas. Esta situación de cercanía también ha ayudado a que las empresas se ayuden y ha facilitado el auge de las compañías, ya que los inversores no necesitan moverse del lugar para concretar diversas reuniones de negocios.

4- Business angels y capital riesgo. Históricamente, en Estados Unidos siempre han existido inversores dispuestos a jugarse el dinero en empresas de reciente creación. Pero en la zona de San Francisco, este tipo de personas no tenían demasiado donde invertir salvo las importantes bodegas de California. Por tanto, la aparición de Silicon Valley supuso un bálsamo para estos inversores. De ahí el auge que han tenido en las últimas décadas las empresas de capital riesgo y los business angels particulares. Eso sí, en los últimos años el modelo de empresas de capital riesgo ha cambiado. Si antes se la jugaban con cualquier idea medianamente novedosa, ahora se estudian mucho más las propuestas.

5 – Una inmensa capacidad para soñar. Los emprendedores más innovadores de Silicon Valley son unos grandes soñadores. Todos soñaban con cambiar el mundo. Algunos lo han conseguido y otros no. Pero el que no alimentaba su sacrificio y su esfuerzo personal con un sueño de éxito (el viejo sueño americano) nunca triunfó en el mundo de los negocios.

Tras descubrir las claves internas que explican Silicon Valley, solo cabe preguntarse si sería posible replicar ese modelo de éxito en España. La verdad es que tendrían que cambiar muchas cosas. Pero, de momento, ya contamos con un importante mercado de capital riesgo, alta formación, espacio de sobra e inmigración. Es decir, solo nos faltaría la mentalidad cooperativa y la valentía de atreverse a soñar que sí tienen los americanos. Por tanto, claro que es posible, solo hay que intentarlo y copiar los modelos que funcionan. Eso mismo es lo que ha llevado a cabo Israel, que se ha convertido en el Silicon Valley a este lado del charco. De nosotros depende lograr que en el futuro España sea capaz de convertirse en el primer Silicon Valley del Viejo Continente.

Prot-On: el guardián del siglo XXI

La aparición de fotos comprometedoras en redes sociales, el plagio de un documento situado en la nube o el robo de importantes contraseñas suponen el pan nuestro de cada día para muchos particulares y para la práctica totalidad de las empresas. Una verdadera lacra para la que hasta hace muy poco no había una solución satisfactoria. De hecho, lo único que se podía encontrar en el mercado en cuanto a seguridad eran pesadas y caras soluciones desarrolladas por empresas como Microsoft, IBM o Oracle, que solo estaban al alcance de grandes corporaciones.

Para solucionar esta carencia y comercializar una herramienta de seguridad para los documentos apta para particulares y pymes, el emprendedor Óscar Maire-Richard constituyó hace dos años la empresa Prot-On (Protección Online). “Hemos lanzado un software que protege cualquier tipo de archivo, como documentos, fotos y hasta textos en blogs. También es válido para tablets y smartphones”, asegura este ingeniero superior en Telecomunicaciones, con más de 15 años de experiencia en diferentes empresas del sector tecnológico.

La protección llega hasta al propio ordenador
Nacida con la intención de convertirse en “el estandarte de la protección del siglo XXI”, Prot-On está revolucionando la manera de proteger los archivos que se comparten en la Red, permitiendo al usuario decidir y conocer en cada momento quién, cómo y cuándo accede a su contenido, además de saber qué actividad se realiza sobre cualquiera de las copias existentes. “Pero eso no es todo. Las soluciones que había hasta ahora protegían los archivos cuando estos se subían a la nube. Nosotros los protegemos antes de que salgan del ordenador”, matiza Maire-Richard. Otra característica diferenciadora del producto es que se presenta en dos versiones, una gratuita para el usuario particular y otra de pago para profesionales, que otorga permiso de edición de un documento. “El precio es de 40 euros al año. Es lo que se paga por un antivirus”, explica el fundador de la empresa.

Aunque acaba de ser presentado, el producto que vende esta pyme de 12 empleados ya está calando entre los inversores. De hecho, la empresa de capital riesgo Ambar Venture Capital ya ha entrado a formar parte del accionariado de Prot-On, que nace con clara vocación internacional. “En estos momentos buscamos una segunda ronda de financiación para salir al exterior”, corrobora Maire-Richard.

El tiempo dirá si Prot-On se convierte en el adalid de la seguridad en la era de Internet y el cloud computing. De momento, ha llenado un hueco reclamado por el 35% de las organizaciones que, según un estudio de la consultora Gartner, demandaban una solución de protección de información. Y es que el 25% de las empresas sufren fugas de información, ya sea por parte de sus propios empleados o por proveedores o clientes. “Nosotros aseguramos que gracias al software toda la información estará siempre segura”, concluye Oscar Maire-Richard.

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Brasil, México y China, destinos preferidos de las empresas españolas para su internacionalización

Recientemente han aparecido dos informes complementarios sobre la presencia de las empresas españolas en el exterior. Uno de ellos está realizado por el ICEX y la escuela de negocios ESADE, y responde a la internacionalización del conjunto de las compañía españolas. El otro estudio ha sido elaborado por la consultora Diagonal Corporate Finance, y solo tiene en cuenta las inversiones estratégicas, especialmente las realizadas por las empresas de capital riesgo. Pues bien, aunque los resultados de ambos son diferentes, cabe destacar que los dos coinciden en que las preferencias de los empresarios españoles a la hora de  dar el salto al exterior pasa por incrementar la presencia en países como Brasil, México y China.

En concreto, el ICEX asegura que Asia ha pasado de representar el 0,5% de las inversiones españolas en el extranjero en 2010, al 6,2% solo un año después. El informe también destaca que Latinoamérica ha comenzado a retomar el papel que tuvo en los años 90 como mercado natural de inversión para España y representa el 31% del total. A pesar de este incremento, la Unión Europea sigue acaparando el 49% de nuestra presencia en el exterior. Por último, el estudio destaca que casi el 25% de los activos de las empresas españolas en el exterior, más de 89.000 millones de euros, ya se encuentran localizados en países de alto potencial de crecimiento, como Brasil, México y China.

Los Juegos Olímpicos atraen inversiones españolas

Por otro lado, el análisis de la consultora catalana asegura que en los primeros seis meses de 2012 se han realizado 38 operaciones fuera de nuestras fronteras, lo que representa el 19% del total de los movimientos de inversión llevados a cabo por las empresas. Los países preferidos por estas compañías para invertir han sido Brasil y Reino Unido, un hecho coyuntural debido principalmente a la celebración de los Juegos Olímpicos. En cuanto a las firmas de capital riesgo, éstas han llevado a cabo sus transacciones en Brasil y Estados Unidos, principalmente.

En lo que ambos informes difieren es en la tendencia de las operaciones más allá de nuestras fronteras. Y es que mientras que el ICEX y ESADE hablan de una desaceleración del 26,9% con respecto a 2011, con un caída del 86,3% con respecto al pico alcanzado en 2007, el estudio de la consultora Diagonal aplaude un incremento del 21% dentro de las compañías de capital riesgo.

¿Cuál es la clave? ¿Por qué esas diferencias? Pues, por desgracia, la respuesta no es positiva. Por un lado tenemos que la inversión directa de empresas españolas en el exterior cae, lo que es una mala noticia para la internacionalización de las compañías (pymes incluidas). Pero a la vez nos encontramos que los inversores, concentrados muchos de ellos en las firmas de capital riesgo, apuestan por el exterior, lo que deja menos dinero para el desarrollo de negocios en España. Por tanto, solo queda esperar que estas diferencias se vayan reduciendo y que crezca el porcentaje de empresas españolas que dan el salto al exterior, mientras que se convence a los inversores de que sigan apostando por los negocios nacionales. Ésta es sin duda una obligación que las futuras medidas estructurales deberían contemplar.

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El gen emprendedor de los jóvenes españoles

La consultora Transactional Track Record revela en un ranking elaborado recientemente que las firmas de capital riesgo invierten 70 veces más en Estados Unidos y 140 veces más en Israel en pymes y startups de lo que lo hacen en España.

Hay quien podría pensar que el problema es que los proyectos pensados en España para iniciar nuevos negocios no son lo suficientemente atractivos como para atraer las inversiones. Pero eso no es así. Ni mucho menos.

Para comprobar cómo nuestros jóvenes derrochan creatividad e ideas de negocio originales basta con visitar alguna incubadora o asistir a algún encuentro de emprendedores. El pasado 29 de mayo se celebró la segunda convención anual de “Jóvenes con Ideas”, promovida por Yuzz, un programa para emprendedores, apoyado por la Fundación Banesto. La finalidad de dicho encuentro, que se dirige a personas de entre 18 y 30 años que tengan una idea de negocio con base tecnológica, consiste en seleccionar los tres mejores proyectos, que tendrán la oportunidad de viajar a Silicon Valley donde entrarán en contacto con la cúpula mundial de las startups y multinacionales tecnológicas. También habrá un premio de 10.000 euros para el mejor de todos y se les pondrá en contacto con posibles inversores.

Originalidad por bandera

Pues bien. Tras las votaciones del jurado se decidió que el emprendedor afortunado fuera Anxo Armada, con Bandeed, un proyecto que consiste en una plataforma para la organización de conciertos bajo demanda. Su idea superó a la de la malagueña Isabel Rubio, que había creado Ilatela, otra plataforma online y red social para la creación de telas con estampados personalizados, y a Ignacio Ferrer, cuya idea de negocio consistía en una aplicación móvil que ayuda a gestionar de manera eficiente la energía dentro del hogar.

Basta con conocer estos tres proyectos ganadores para darse cuenta de que a los jóvenes españoles no les falta ni originalidad ni creatividad. Y más aún si se tiene en cuenta que el resto de proyectos que no alcanzaron el Top 3 suponen también un soplo de aire fresco para la economía española. Entre ellos estaban ideas para crear un negocio de muebles exclusivo que combina diseño y tecnología, una empresa para desarrollar aplicaciones para el seguimiento de obras y la gestión de comunidades e inmuebles en la nube, una red social que conecta a universitarios con empresas para la búsqueda de oportunidades laborales y la mejora del curriculum, otra red social de moda en el mercado de las aplicaciones móviles y hasta una pyme que basa su negocio en la creación de pieles para superficies basadas en módulos de botellas iluminadas, con los que se generan revestimientos multimedia.

En definitiva, un océano de buenas ideas que, por lo menos, demuestran que el gen emprendedor está llegando por fin a los jóvenes. Ahora solo falta que tanto los business angels como el capital riesgo vean a España como un país donde conviene invertir en nuevas empresas.