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Tácticas de las empresas deudoras para no pagar

Llega el día del vencimiento y… ¡sorpresa! El deudor no ha hecho frente a su compromiso. ¿Un olvido? En la mayoría de las ocasiones, no. Los deudores no solo son conscientes de que han incumplido con sus obligaciones sino que buscan cualquier estratagema para rehuir o dilapidar el pago. Las más habituales, y sus posibles soluciones, son:

Alegar desconocimiento de la existencia de la deuda, o que no existe documentación que acredite la misma. Es decir, alegan que no han recibido la factura, que los importes facturados no se corresponden con la realidad, o que la misma está incompleta o incorrecta ¿Respuesta? Hacer llegar por la vía más rápida una copia de la misma.

Desviar la cuestión principal, que es la exigencia del impagado, e intentar llevar a su terreno al acreedor. ¿Cómo? Diciendo que se ha producido un retraso en la entrega del producto, que éste está defectuoso, que no tiene la calidad que debería tener… Ante esta postura conviene preguntar al deudor si esta es la primera ocasión que realiza la reclamación, justo al recibir la factura (¡Oh, casualidad!). Deberá pedirle una prueba de la reclamación, y si no tiene razón, decirle que no acepta sus argumentos y que efectúe el pago.

Efectuar promesas de pago de forma ambigua pero sin concretar la fecha de pago ni los importes, con el único propósito de tranquilizar al acreedor y darle confianza. Una maniobra que se basa en reconocer la totalidad de la deuda, afirmar que va a pagar hasta el último céntimo de euro, y asegurar al acreedor que cobrará lo antes posible. Entonces, éste debe requerir al moroso una mayor precisión en la fecha de pago y las cantidades a abonar; si no es así, debe estipular un nuevo contacto para estipular la fecha de pago. También puede poner sobre la mesa el uso de un documento de pago con fecha definida, como un pagaré o una letra de cambio.

Utilizar pantallas de humo. Sí, el deudor reconoce la deuda, pero usa multitud de argucias, en muchas ocasiones ligadas a desgracias o infortunios, para demorar el pago. Entonces, lo razonable es darle a entender que ha comprendido el problema, incluso mostrarse solidario, pero dejar claro que no son motivos suficientes para no llevar a cabo con sus obligaciones. Para, a continuación, mostrarle una forma de pago justa.

Usar el engaño, con frases del tipo “ya he pagado”, o “pagaré enseguida”. Dirá que ha enviado un cheque o un pagaré por correo, y que en breve le llegará. Sólo pretende ganar tiempo. Pedir los datos del banco que ha librado el documento, el número y el importe del instrumento de pago, pueden servir para, dependiendo de la respuesta, descubrir si es una argucia o se corresponde con la realidad.

Cansar al acreedor. No ponerse nunca al teléfono, estar siempre reunido, ha marchado de viaje… son algunas de las técnicas usadas para ir cansando y frustrando al acreedor. Paciencia, constancias e insistencia son las armas a utilizar.

Agresividad y enfrentamiento. Discusiones elevadas de tono, gritos, amenazas… todo para romper el lazo de unión y provocar el fin de las negociaciones. Insultos y amenazas que sirven de excusa para prohibir al acreedor la entrada en la empresa y destruir en mil pedazos las relaciones. Así, el deudor consigue su propósito. Para que no suceda, el acreedor debe evitar caer en este tipo de trampas, misión difícil en muchas ocasiones ya que hay auténticos especialistas en estas artimañas. No hay que caer en sus provocaciones.

Y se preguntará el lector, ¿y tengo que soportar todo este tipo de argucias si quiero cobrar? No. También tiene la posibilidad de descontar sus facturas transfiriendo el riesgo de impago, es decir, cobrar sí o sí, y ahora mismo. (Más información)

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