¿Sobrevivirán en el futuro sólo las empresas que sean capaces de aprender?

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Decir que el mundo cambia a una velocidad vertiginosa es algo que todos conocemos y observamos en nuestro día a día. Sin embargo, en la última década la rapidez en la evolución de tácticas y procesos que está provocando la tecnología está siendo tan disruptiva que todo y todos estamos plenamente inmersos en lo que Bauman llamaba la modernidad líquida, y que no es otra cosa que la incertidumbre que nos rodea y que afecta muy singularmente a nuestra toma de decisiones.

Basta como dato decir que el 70% de las empresas que formaban parte del Fortune 500 de las compañías más grandes del planeta, tan sólo dos décadas después ya no formaban parte de dicho ranking. Es decir, aquellas que no supieron hacer evolucionar sus modelos de negocio hasta transformarlos según avanzaba la tecnología, dejaron de ocupar su posición de privilegio en el comercio mundial para, en muchos casos, perder el liderazgo de mercado, cuando no, incluso, ser incapaces de sobrevivir.

En el ADN corporativo

En el mundo de la empresa, este concepto del cambio está íntimamente ligado al del aprendizaje, con un carácter permanente e imprescindible. Si hasta hace muy poco la ventaja competitiva para una compañía residía fundamentalmente en su tecnología y su know-how, que le podía permitir fabricar más rápido, con mejores precios y una mayor calidad, ahora dicha ventaja descansa en la capacidad de reciclarse en las nuevas tendencias con flexibilidad y capacidad de asimilación, algo en donde las entidades más pequeñas pueden lograr adaptarse con mayor rapidez que las grandes.

De hecho, una de las características del mundo empresarial en la actualidad es que resulta imposible mantener una ventaja competitiva por un tiempo indefinido, lo que, al final, termina por provocar variaciones drásticas en las cuotas de mercado en ciclos de tiempo cada vez más cortos. Por ello, las empresas más jóvenes y flexibles suelen adaptarse mejor a esta nueva coyuntura, gracias a poseer como una de sus señas de ADN corporativo la innovación.

 

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Aunque resulta muy ambicioso, entre las claves que cada vez parecen ser más relevantes para garantizar la supervivencia de las empresas, están las siguientes:

  • Acceder a las fuentes de información necesarias para conocer las tendencias que influyen en tu negocio. Junto a ello, es fundamental contar con equipos que sean capaz de evaluar los datos y convertirlos en conocimiento útil para la compañía. Contar con especialistas en big data puede suponer una gran ayuda en este sentido.
  • Captar talento y ser capaces de fidelizarlo y retenerlo, lo que supone no sólo contar con profesionales de los recursos humanos que identifiquen los perfiles idóneos para la entidad, sino que se implementen políticas efectivas internas de estímulo para los trabajadores, como las de conciliación laboral y familiar, el trabajo autónomo, la flexibilidad, la formación y la promoción interna, o el desarrollo de un ambiente que estimule la creatividad y el trabajo en equipo.
  • Favorecer el desempeño autónomo dentro de la estrategia corporativa, siempre que vaya en línea con los objetivos de la compañía. La toma de decisiones sólo por parte de unos pocos está cada vez más en desuso, mientras que, por el contrario, se está promoviendo el establecimiento de canales de comunicación eficaces entre todos los departamentos y profesionales de la entidad.
  • Estimular el intraemprendimiento, o, lo que es lo mismo, crear mecanismos flexibles para que los trabajadores impulsen dentro de la compañía sus propios proyectos de negocio, facilitándoles en horarios el impulso de sus ideas y dando soporte económico y logístico para que puedan tener éxito.
  • Implicar a todos los trabajadores y stakeholdersen la toma de decisiones. Si figuras como los proxy advisorhan logrado cobrar un enorme protagonismo como ente que vela por los derechos de los accionistas en las juntas generales, a nivel empresarial es muy necesario contar con las visiones e ideas de todos los que participan dentro de la cadena de valor, ya que, en un contexto de incertidumbre general, contribuye a aportar seguridad a la compañía, mientras se granjea aliados bajo una atmósfera de transparencia.
  • Participar en grupo de trabajo, actos e informes relacionados con las nuevas tecnologías. Las organizaciones no deben tener miedo a invertir todo lo que puedan en conocimiento e innovación. Apenas se están empezando a conocer las utilidades reales del blockchain, la computación cuántica o la inteligencia artificial, por lo que las empresas que cuenten con profesionales con mayor conocimiento están mejor posicionadas para tener éxito.
  • Ser multidisciplinar y tener una visión 360º para procurar captar aquellas ideas e innovaciones que se produzcan en otros sectores de actividad, pero que se puedan acabar trasladando a la realidad de nuestra empresa. En este sentido, es muy necesario el contacto constante entre los departamentos de la entidad ya que, de este modo, se estimulará la creatividad y las visiones complementarias de hacia dónde se puede dirigir el negocio.

 

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Last modified: 20/05/2019