Sin comercio no hay dinamismo económico

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Dinamismo económico

El estancamiento de la actividad se ha acentuado. Las tensiones comerciales no son el único nubarrón en la coyuntura mundial. Pero su supresión ayudaría al despegue.

 

La economía mundial atraviesa un punto crítico en el ecuador del ejercicio. El mantenimiento de las tensiones comerciales dificultará aún más la actividad entre julio y diciembre. “Sin avances en las hostilidades” desencadenadas por EEUU hacia China -sobre la que pesa la amenaza de subir aranceles al 25% a todos sus productos-, con las tarifas decretadas por la Casa Blanca para México en suspenso, a la espera de que la Administración Trump certifique el reforzamiento de los controles sobre la inmigración centroamericana en su vecino del sur, o con la incertidumbre sobre nuevos gravámenes alcistas a la industria automovilística europea que acceda al mercado estadounidense intercediendo en el flujo del comercio transatlántico, “la economía mundial se va a instalar en los ritmos actuales”. Es la señal de alerta de Morgan Stanley, que anticipa una senda de ralentización para el segundo semestre de 2019. Así lo transmite Chetan Ahya, analista jefe de su servicio de investigación. “Y, desafortunadamente, el resquicio para que aminoren las tensiones y se eviten daños mayores sobre el ciclo de negocios es demasiado estrecho en estos momentos”, añade.

En sus actuales diagnósticos de situación, Ahya y su equipo otorgan un moderado repunte del 3,2% a la economía global en 2019, después de revisar a la baja sus predicciones de noviembre pasado, y de dos décimas más en 2020. Pero con una puntualización más que importante: sin un acuerdo entre EEUU y China que aclare la lista tarifaria entre ambas superpotencias sobre la totalidad de sus bienes y servicios que intercambian entre sus respectivos mercados, “el riesgo de una recesión global se incrementa significativamente”.

Los canales de contagio de la paralización de la actividad comercial son numerosos. Aunque en Morgan Stanley destacan tres. El primero es que el incremento arancelario eleva en paralelo los costes de las compañías y los consumidores de ambos países y, en consecuencia, erosiona tanto la rentabilidad de las empresas como la capacidad de demanda de los hogares. Además de frenar los flujos del comercio bilateral -y global- y de hacer incurrir a sus sectores exteriores en pagos adicionales, como el desarrollo de negocios alternativos para suplir la contracción del mercado o para acceder a fuentes de suministro que no conculquen la legislación tarifaria. Cualquiera de ellos trasladará sus nuevos precios al consumidor final. Un segundo componente es la paulatina pérdida de confianza empresarial, que se traducirá en una merma inversora y en ralentización de la demanda global agregada, en un contexto de encarecimiento de las condiciones financieras internacionales que podría precipitar al final del ciclo de negocios actual. Y, finalmente, mientras los bancos centrales no adecúen sus políticas monetarias al nuevo escenario bélico-comercial -es decir, en tanto no reduzcan el precio del dinero- “el impacto sobre la actividad económica se retrasará, pero acabará llegando”, alerta el banco de inversión americano.

Ellen Zentner, su responsable para EEUU, incide en que la guerra comercial con China generará más efectos indirectos, derivados de la pérdida de confianza de las empresas y la volatilidad en los mercados de capitales, que directos. Como lo demuestra, según ella, la petición expresa del sector empresarial americano -en especial, el exterior- de concretar un acuerdo bilateral urgente que ayude a perfilar adecuadamente sus carteras de inversión. Zentner prevé un crecimiento del 1,9% para la economía de EEUU en 2019, si bien con un ritmo del 1,6% al término del año. En este contexto, considera correcto que la Reserva Federal rebaje medio punto los tipos antes de finalizar el año, lo que podría añadir tres décimas al crecimiento “si las condiciones crediticias se mantienen estables”.

El equipo de Morgan Stanley en China, dirigido por Robin Xing, afirma que la prolongación de las tensiones comerciales y las dudas sobre su impacto y duración, “ha generado incertidumbre sobre si los planes de estímulos de Gobierno de Pekín se traducirán en un despegue de actividad. Para Xing, la subida arancelaria restará tres décimas de crecimiento al PIB, en términos anuales, si bien alerta de que los daños colaterales sobre las empresas y los consumidores serán todavía más cuantiosos y se apreciarán a lo largo del próximo ejercicio. La estimulación del Gobierno del lado fiscal, con un plan económico equivalente al 1,75% del PIB chino, para espolear la economía perderá al menos dos décimas de ese fuelle “en cuanto las tensiones persistan más de cuatro meses”. Si el escenario depara la ampliación de aranceles del 25% a todos los productos made in China, el crecimiento anual pasará del 6,5% que prevén ahora en el banco americano, hasta el 6%.

Entretanto, Europa se sigue beneficiando de las políticas fiscales y monetarias expansivas, “que permite a los socios del euro, al menos, sujetar con firmeza las riendas de la economía” ante el pulso comercial que mantienen las dos superpotencias y sus dos grandes socios comerciales. Su economista jefe, Daniele Antonucci, para quien el PIB del área monetaria europea registrará un alza del 1,2% en 2019 y de dos décimas por encima el próximo ejercicio. Predicción que incluye el impacto de una posible subida de aranceles sobre el sector automovilístico europeo en un futuro inmediato. Bajo la intriga de conocer el momento y la magnitud de las posibles represalias a esta industria por parte de la Casa Blanca. “Factores que determinarían una pérdida de vigor de la actividad económica entre los socios del euro”, alerta Antonucci, para quien el BCE seguirá con su estrategia de “incertidumbre persuasiva”, sobre la que justifica su decisión de preservar los tipos de interés próximos a cero. Según el responsable para Europa de Morgan Stanley, “a lo largo de todo el próximo año”, además de restablecer la “reedición de su programa de estímulo monetario” -es decir, de adquisiciones de deudas soberana y privada- al mínimo contratiempo. “Toda vez que los planes fiscales siguen sin ser demasiado generosos”, admite. Antonucci cree que, a medio plazo, “presenciaremos el primer presupuesto de la zona del euro”.

 

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Last modified: 15/07/2019