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Por qué es rentable la formación en una empresa

Formar a sus trabajadores es una obligación que tienen todas las empresas pero también se trata de una inversión de futuro, ya que disponer de empleados cualificados termina siendo altamente rentable. Por eso, la formación es uno de los elementos indispensables para que un negocio tenga éxito, lo que implica a su vez que no debe realizarse únicamente de forma puntual sino de manera continua. Veamos a continuación por qué es rentable la formación en una empresa y los efectos que puede traer consigo.

 

En primer lugar, hay que recordar que para que la formación sea eficaz la empresa debe crear programas de formación y adiestramiento que aporten al empleado los conocimientos, los métodos y las habilidades necesarios para que éste realice correctamente su labor. Así, éste se sentirá más integrado en la compañía, mejorará su rendimiento y comprobará que tiene ante sí la posibilidad de emprender una interesante carrera profesional en esa compañía, sin necesidad de irse a otra.

 

Pero, como hemos señalado, la formación también es muy rentable para el negocio, ya que contribuirá a reducir la siniestralidad en el puesto de trabajo, sobre todo en las actividades con riesgos añadidos como la construcción o las que requieren utilizar máquinas peligrosas, cortadoras, vehículos, etc. Y, por otra parte, mejorará la satisfacción laboral, lo que supondrá un menor absentismo y una mayor comunicación entre jefes y empleados.

 

Pero sobre todo una buena formación aumentará la productividad del negocio, ya que el trabajador estará más preparado, será más eficiente y podrá afrontar cualquier reto que se le presente en su actividad. Y, evidentemente, en un futuro inmediato podrá desempeñar puestos de mayor responsabilidad si fuera necesario. Esto, además, resulta muy interesante para los directivos de la empresa, que no necesitarán recurrir a un profesional externo para cubrir esos puestos, sino que ya dispondrán en su propia “casa” de un candidato conocido.

 

Las ventajas de una buena formación llegan más allá de las personas y los departamentos, ya que ésta tiene efectos sobre el conjunto de la actividad empresarial. Eleva la productividad, aumenta la calidad de los productos que se fabrican y la cualificación de los servicios que se prestan, contribuye a potenciar la innovación, agiliza los procesos, ayuda a introducir cambios que mejoren el funcionamiento de las distintas áreas, reduce los tiempos de realización de determinados trabajos…

 

Pero para conseguir todos estos objetivos, es necesario que la estrategia de formación tenga en cuenta algunas premisas:

 

-El primer paso es determinar las necesidades de formación que requieren los diferentes puestos, trabajos y responsabilidades existentes en la empresa, para adecuar los contenidos a los diversos grupos de trabajadores que se formen.

 

-El programa de formación debe tener en cuenta los conocimientos previos de los empleados, para no perder el tiempo en materias que éstos ya conocen. El objetivo debe ser centrarse directamente en los temas que resulten más novedosos.

 

-El aprendizaje debe ser efectivo, para lo que es imprescindible combinar teoría y práctica, prever las suficientes demostraciones y asegurarse de que todos los trabajadores participarán de forma activa.

 

-El seguimiento de los avances y mejoras en los conocimientos y habilidades es fundamental. De nada sirve asistir a un curso de formación si no se interiorizan los conocimientos y las destrezas.

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