Reino Unido y la UE acercan posiciones sobre su acuerdo de divorcio

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Bandera europa y reino unido rota

El Brexit está más cerca. Bruselas y Londres han sellado el ‘road map’ de la desconexión británica de Europa, la transición de 21 meses tras la ruptura.

Un primer esbozo

Las empresas y ciudadanos europeos y británicos ya tienen un primer esbozo de acuerdo sobre la preservación de sus derechos civiles y mercantiles, que establecerá reglas consensuadas sobre circulación de bienes y mercancías. Una reivindicación de mínimos, reclamada desde la sociedad británica y desde las instituciones europeas, como paso previo para consolidar una transición ordenada del divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea (UE).

“Se trata de un paso decisivo”, aseguró el negociador jefe de la Unión, el comisario francés Michel Barnier, que pasa, a falta de que se concreten los pormenores de este principio de acuerdo, por una premisa esencial: Reino Unido permanecerá bajo el sometimiento de las normas europeas durante los 21 meses a los que se refiere el consenso, pero sin capacidad de voto -ni siquiera de voz- en los estamentos en los que se toman decisiones soberanas en nombre de la Unión.

Las cesiones iniciales

Grosso modo, Londres deberá seguir otorgando a los ciudadanos europeos que lleguen a suelo británico los mismos derechos que hasta ahora. Y, salvo imprevistos, que los puede haber en cualquier momento, también cederá a las reivindicaciones europeas sobre Irlanda, y Gibraltar, que saldrá de la UE al mismo tiempo que Reino Unido. A los ojos de la primera Theresa May, estas cesiones iniciales al órdago lanzado desde Bruselas podrían anticipar un buen pacto futuro en materias sensibles para el 10 de Downing Street como la Seguridad y la Política Exterior o el libre acceso al mercado interior. E, incluso, la negociación de acuerdos comerciales con terceros países o bloques aduaneros antes de que se certifique la rúbrica del Brexit. Una condición que Londres ha buscado desde el primer minuto de su decisión de activar el artículo 50 del Tratado de la UE por el que un país miembro puede pedir unilateralmente su salida del club comunitario y que se ha hecho imperioso para los intereses de Londres con la reciente declaración de guerra comercial lanzada por la Casa Blanca.

El sector empresarial

Una de las primeras voces en celebrar el resultado negociador, impulsado durante el pasado fin de semana, han sido las empresariales. Allie Renison, responsable de política comercial y para Europa del Instituto de Directores, think-tank vinculado a la gran patronal británica, agradeció que se diera cumplimiento a “una prioridad” del empresariado, aunque se reservó una opinión de mayor precisión “hasta conocer los pormenores del acuerdo”. También la poderosa Cámara de Comercio Británica, que ha ejercido indisimuladamente su influencia sobre el gabinete tory en los últimos meses para alcanzar este principio de consenso, se mostró satisfecha. “Era una auténtica urgencia avanzar este pacto porque la mayoría de las planificaciones de inversiones y de negocios para el próximo bienio (y en el escenario post-Brexit) deben empezar a tomarse de inmediato”, explicó Adam Marshall, su director general. La noticia, de hecho, hizo saltar el valor de la libra, una de las divisas más revalorizadas, según el mercado, pero en paulatino descenso durante la segunda mitad del pasado año y el trimestre actual de 2018.

El road map de la salida del Reino Unido

David Davis, el ministro para Europa del Reino Unido y contraparte de Barnier en la negociación, resaltó que este principio de acuerdo “sienta las bases para avanzar en el tratado que desligará a Londres de las instituciones comunitarias”. Barnier, por su parte, valoró “el notable caudal de entendimiento mutuo” para llevar, a buen ritmo, el road map de la salida del Reino Unido. De hecho, para Davis, “este acuerdo facilita enormemente que Londres salga de la Unión en el plazo previsto”. Es decir, en dos años desde la petición de separación.

Gibraltar en el punto de mira

Ambos políticos, además, convinieron en que el abandono británico de la UE supone, de facto, y de forma inmediata, la salida también de Gibraltar. De manera que este asunto pasará a ser de la exclusiva responsabilidad de Londres y Madrid, que reivindica históricamente la devolución de la colonia británica. Es decir, que perderá la concepción comunitarizada de ciertos aspectos negociadores, como la política de Cielos Abiertos, centralizada en Bruselas, para convertirse en un conflicto de marcado cariz bilateral. Aun así, Barnier quiso enfatizar la solidaridad europea con las posiciones españolas en torno a esta cuestión. En este sentido, Davis señaló que las negociaciones entre Londres y Madrid están siendo “muy constructivas”, al tiempo que enfatizó su deseo de que acaben siendo “muy productivas”. Aunque fuentes diplomáticas españolas y europeas incidan en la dureza negociadora de Madrid.

El Peñón seguirá beneficiándose de las ventajas del mercado único en las mismas condiciones que el Reino Unido hasta finales de 2020, pese a que en teoría el poder de veto de Madrid sigue intacto: para que el acuerdo de transición sea aplicable en Gibraltar tiene que haber un acuerdo bilateral entre Londres y Madrid. Y España pretende que Londres haga concesiones acerca del uso compartido del aeropuerto de Gibraltar y sobre las prácticas fiscales agresivas que emplea El Peñón. Entre otros aspectos.

Irlanda

Otro de los puntos de máxima tensión es Irlanda. No sólo por la posibilidad, defendida desde el Reino Unido, de evitar que se instauren de nuevo los límites fronterizos entre ambos países. Sino por cómo va a quedar resuelta finalmente la solución para Irlanda del Norte. “Mientras no haya un acuerdo, este asunto quedará sin respuesta. Pero sabemos qué tenemos que hacer y cómo conseguirlo”, aseguró Davis. Barnier prefirió hacer hincapié en que “serán los trabajos preparatorios”, de suma trascendencia, los que logren “eludir la frontera que separe el norte del sur y reduzca la necesaria cooperación entre las dos partes de Irlanda”. El comisario europeo dijo confiar en que este acuerdo “de transición” sirva para perfilar “los términos” de un pacto duradero y de “obligado cumplimiento y entendimiento”.

Tanto Londres como Dublín desean que la desconexión no ocasione una separación geográfica y política entre Irlanda e Irlanda del Norte que ponga en riesgo los Acuerdos de Paz del Viernes Santo. Pero la marcha de Reino Unido del mercado interior podría obligar a ello. De momento, Londres también cede a las pretensiones de la UE: acepta incluir un respaldo “legal” que mantendría a Irlanda del Norte en el grueso del mercado único y la unión aduanera “hasta que se encuentre otra solución”, dice Barnier. O lo que es lo mismo. Hasta que Downing Street proponga otras opciones.

Pasos rumbo a la desconexión de Reino Unido

Finalmente, en el anuncio de este progreso negociador sin precedentes desde que el 29 de marzo del pasado año Londres invocara oficialmente la puesta en marcha del Brexit, también se apreciaron discrepancias. En particular, sobre el clima para hacer negocios. Mientras para Davis, este concordato de transición restaurará la certidumbre en el sector privado de ambas partes, para Barnier, la necesaria certeza que demandan las relaciones empresariales sólo se conseguirá con la rúbrica del acuerdo definitivo.

El acuerdo de transición es clave para asegurar un Brexit ordenado y evitar una ruptura abrupta. Otorga al Gobierno británico y a la UE 21 meses adicionales para negociar la relación futura, y da más certidumbre tanto a las empresas y los bancos como a los 4,5 millones de europeos en suelo británico y de británicos en la UE. Su contenido preliminar deja dos puntos claros. Reino Unido sigue dentro del mercado común durante 21 meses, pero están obligados a respetar la normativa europea, premisa que molestará, a buen seguro, a los partidarios de un Brexit duro.

Last modified: 23/04/2018