La OCDE pide nuevas reglas comerciales y fiscales contra el proteccionismo

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El club de las naciones industrializadas reclama un nuevo orden económico-comercial que incluya normas fiscales idóneas para generar un adecuado clima empresarial.

 

Que las guerras arancelarias están frenando la actividad económica global es un secreto a voces que comparten, a modo de consenso, los organismos multilaterales, los centros de investigación y los bancos de inversión. También economistas y analistas del mercado. El FMI acaba de cifrar el coste de las subidas de tarifas iniciada por la Casa Blanca en el tamaño del PIB suizo, valorado, a precios actuales, en 715.000 millones de euros, la vigésima del planeta. Desde la OCDE, el club de los países de rentas altas y con estatus de economías de mercado, acaban de emitir una señal de alerta máxima. “El dinamismo mundial se ha hundido; es hora de que los gobiernos dejen sus hostilidades comerciales y pongan de nuevo a la economía en movimiento”. En defensa de esta tesis, acompaña un gráfico que muestra el daño que las políticas proteccionistas, alentadas por el presidente estadounidense, Donald Trump, desde la primavera de 2018, ha ocasionado sobre el PIB global. Además de hacer hincapié en que el crecimiento que prevén para este ejercicio es “el más bajo, en términos anuales, desde el estallido de la crisis financiera de 2008”. Y no augura cambios positivos ni en 2020 ni en 2021, para los que pronostica ritmos similares de actividad; es decir, en el entorno del 2,9% que otorga al conjunto de 2019.

En un tono poco habitual, la OCDE responsabilizó a las guerras comerciales del aterrizaje brusco de la economía y reclamó “una acción concertada y contundente” para superar los altos niveles de incertidumbre empresarial que se han propagado por todo el planeta. A pesar de que, para no pocos expertos, especialmente los bancos de inversión internacionales, la coyuntura podría avanzar por el derrotero más positivo: una corrección bursátil que impulse un cierto vigor a las potencias industrializadas y a los grandes mercados emergentes y que ayude a mantener el PIB en crecimiento. Lento, pero sostenido. Al menos, durante los dos próximos años. En este sentido han surgido datos relevantes. Como la suspensión del alza de aranceles al sector del automóvil europeo, que tenía que haber entrado en vigor a mediados de noviembre, por parte de la Casa Blanca, aunque, en sentido contrario, la Administración Trump acaba de elevar las tarifas sobre el acero y el aluminio importado de Brasil y Argentina, y el resurgimiento de un cierto dinamismo adicional de la industria europea y china, pese al interrogante sobre el duelo arancelario con Washington de esta última. Los expertos de la OCDE, en un comunicado oficial, solicitan a “los gobiernos que den pasos decididos y conjuntos para catapultar las inversiones y establecer reglas de fair-play fiscal y comercial” en beneficio de la libre circulación de mercancías, bienes y servicios.

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La dureza de la dialéctica empleada por esta institución también se traduce en mensajes directos a las dos superpotencias económicas. Aunque con hilo preferente hacia Washington. No en vano, Pekín, pese a sus reiterados deseos desde que ingresó en la OMC, al inicio de este siglo, siempre ha llamado a la puerta de entrada de la OCDE, que le ha negado reiteradamente el plácet por la falta de reconocimiento internacional a otorgar al segundo PIB global el estatus de economía de mercado. Entre otras razones, por su política de control del tipo de cambio con bandas opacas de fluctuación de su divisa o por los límites en el accionariado de sus empresas al capital foráneo. “Dos años de escalada en el conflicto tarifario, principalmente entre EEUU y China, han reducido los flujos de comercio y minado las inversiones empresariales hasta el punto de poner en riesgo miles de empleos”, constata la organización con sede en París. Y prosigue. Por si acaso cupiese alguna duda: “Sería un error de bulto considerar estos cambios tarifarios como factores de orden temporal que pueden ser corregidos en cualquier instante por políticas monetarias o fiscales; son virajes estructurales”, aclaró la economista jefe de la OCDE, Laurence Boone. “Sin una coordinación sobre las reglas del juego comercial y sobre la imposición mundial se generará mayor incertidumbre en cuestiones como la transición energética o los daños que una ralentización económica -con riesgos de contracción en alguna de las grandes economías- puede ocasionar sobre el ciclo de negocios y el clima empresarial”. Goldman Sachs ha revelado en una nota a inversores que los efectos colaterales de la guerra comercial entre EEUU y China serán superiores, a medio plazo, en la economía asiática, aunque a ambas superpotencias les va a pasar factura a lo largo de 2020. También Maerks, la mayor compañía de transporte marítimo comercial, ha advertido que el posible despegue de la actividad no tendrá lugar antes de la mitad del próximo año.

La OCDE también señala a una terna de países que tendrán dificultades añadidas en este clima de tensión comercial. Cita a EEUU, India, Argentina y China. Por este orden. Por delante de áreas como la UE, Arabia Saudí e Indonesia, a los que sus sectores exteriores restarán crecimiento en 2020. Antes de dejar una advertencia de especial énfasis: “Cualquier nueva escalada de guerras comerciales promoverá la interrupción de las redes de consumo, la pérdida de confianza entre inversores y empresarios, la expulsión de nuevos trabajadores de los mercados de empleo y una caída súbita de los ingresos familiares”.

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En el ámbito tributario, el esfuerzo armonizador hacia una adecuada y eficaz planificación de las obligaciones impositivas corporativas le corresponde a la OCDE. Un reto nada baladí. La lista de multinacionales que controlan la empresa desde un país, tienen registrada su actividad en otro y eluden el pago de sus tributos en ambos, es cada vez más amplia, admite esta institución. Los negocios, en la actualidad, operan con elevados componentes digitales y su prestación de servicios está vinculada a activos intangibles; entre otros, los derechos de explotación y los de propiedad intelectual, desde patentes a logos. Escenarios que propician pérdidas masivas de ingresos en la práctica totalidad de las arcas de los Tesoros nacionales. Y fugas que supera cada año, según la OCDE, los 240.000 millones de dólares. El 10% de lo que se recauda por impuestos de sociedades. Estimación conservadora, advierten en esta institución multilateral, porque estos datos no tienen en cuenta el recurso de dirigir declaraciones impositivas de empresas a paraísos fiscales o centros off-shore. Las 500 mayores corporaciones de EEUU tienen más de 2 billones de dólares (equivalente al PIB italiano) de sus beneficios en jurisdicciones de baja tributación, el doble que en la década de los ochenta.

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Last modified: 08/01/2020