¿Quieres emprender? Deja a un lado tus miedos

Emprendimiento

Dolores de estómago, jaquecas recurrentes o noches de insomnio eternas. Hay quien considera que emprender es lo más parecido a un sufrimiento constante. Dolores que se acentúan día a día al no tener con qué pagar las nóminas o a los proveedores, porque hay que salir a la caza y captura de los clientes, porque hay puertas que se cierran delante de las narices una y otra vez… ¿Tirar la toalla? Muchos emprendedores se han quedado en el camino ante tales tesituras. Pero otros muchos han superado sus miedos y han llegado hasta el final.

Ok, pero… ¿Cómo?

Para empezar, hay que contar con una ilusión, una pasión y una confianza en uno mismo y en el proyecto a prueba de bombas. Porque las preocupaciones serán compañeras de viaje desde el momento en el que el cronómetro de emprendedor comienza a correr. Por eso, hay que dejar en el baúl de los recuerdos el tan manido miedo al fracaso. El famoso “qué dirán”, al cubo de la basura.

Tampoco hay que pensar que ser emprendedor es cosa de locos. Porque donde otros ven locura, el emprendedor ve una oportunidad. ¡Y hay que aprovecharla! Ese dedo acusador de los demás hay que mirarlo como una motivación extra. Eso sí, eso no significa que haya que lanzarse al vacío sin una red protectora debajo. Tener una idea, o detectar una oportunidad, no son garantía de éxito. Por eso, es bueno calibrar las fuerzas y poner nombre y apellido a aquello que puede llegar a aterrorizar para plantarle cara lo antes posible. ¿Qué no se llega a determinados sitios? Entonces, ¿para qué están los socios? Dar con buenos profesionales, y confiar en ellos, es parte del éxito o del fracaso.

Plan B

 

Un proyecto emprendedor podría definirse como un río que nace en un sitio y desemboca en otro. Pero su devenir no es lineal, porque no siempre se parte con la misma agua ni nunca se llega al mar con idéntica cantidad. Porque en el camino puede haber una tormenta que aumente ese cauce, que arrastre consigo lodos, que destruya puentes… Lo mismo sucede con los proyectos empresariales: crecen y evolucionan por caminos insospechados. Por eso, es bueno tener en la cabeza diferentes escenarios y planes B. Estar concienciado de que la idea va a sufrir metamorfosis por el camino es un paso adelante más.

Por eso es bueno adquirir determinadas capacidades: de negocio, de relaciones interpersonales e, incluso, de índole personal. La integridad, la honradez y la perseverancia son fundamentales. Como también lo es perder el miedo al rechazo, a la palabra no. En este caso, una buena solución es no tomarse esa negativa como algo personal, sino apuntarlo como posibles debilidades en las que hay que trabajar y esforzarse más.

¿Y cómo es el emprendedor español?

Según un estudio de MercaConsult, las competencias más destacadas son su disposición al cambio, su capacidad de razonamiento e influencia. También su perfil se caracteriza por su autosuficiencia, por estar orientado a resultados, y por su gran competitividad. Y, por si fuera poco, es impermeable al qué dirán. Con estas características, ¿quién ha dicho miedo?

Last modified: 20/03/2013