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Qatar cumple 100 días de embargo con nuevos proyectos de inversión

El control comercial de sus vecinos, los emiratos del Golfo Pérsico, por indicación de Arabia Saudí, ha incentivado la diplomacia económica de Doha.

 

Qatar continúa con su road map hacia la modernidad.

Cien días después de que sus emiratos vecinos, abanderados por Arabia Saudí, y socios en el seno del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -además del Gobierno de Riad, el de Bahréin, Omán, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos (EAU)- a los que se sumó Egipto impusieran a Qatar un embargo comercial sin precedentes en la región por, a su juicio, fomentar, desde la cadena televisiva Al-Jazeera, y ayudar, con sus petrodólares, a ciertos movimientos terroristas de corte islámico -entre otras razones, para impedir una revolución primaveral en su territorio-, las autoridades de Doha no parecen haber caído en el desánimo. Más bien, parecen alejados de cualquier efecto colateral de la interrupción de los flujos de comercio e inversión al emirato.

Inauguración del Puerto de Doha

Una de las señales más visibles de que el business as usual continúa imperando en Qatar, es la reciente inauguración del Puerto de Doha, a mediados del pasado mes de septiembre. Proyecto de infraestructura emblemático, elogio de los nuevos tiempos, vanguardia tecnológica y, sobre todo, un alarde de riqueza. Nada menos que 7.400 millones de dólares ha sido, oficialmente, el cheque que ha desembolsado el Ejecutivo qatarí.

Para muchos de sus vecinos, un ejemplo de extravagancia. Pero para el ministro de Transportes y Comunicaciones del emirato, una pica más en el camino hacia el liderazgo empresarial regional.

Jassim bin Saif Al-Sulaiti aseguró ante una delegación de segundo nivel de sus países limítrofes -entre ellos, Irán- y de una representación amplia de diplomáticos occidentales y del Lejano Oriente, que Qatar “es hoy mucho más fuerte y determinante”, porque “no esperamos a que el mar esté en calma, sino que aprendemos a navegar en medio de las tormentas”. Todo un desafío al embargo y una aceptación conciliadora a la propuesta de Pekín de que forme parte activa de la Nueva Ruta de la Seda de intercambios comerciales entre Oriente y Occidente.

El panorama no mejora

Lo cierto es que, cien días después del comienzo de la represalia económica dirigida desde Riad, el panorama de Qatar no ha cambiado. Las escenas de ejecutivos, banqueros e inversores, así como de comitivas oficiales y privadas de países de todas las latitudes del mundo se suceden. Igual que en los tiempos precedentes.

Aunque hayan tenido que transformar, como admiten en el emirato, las carteras de clientes para eludir las normas del embargo. O se haya tenido que revisar la red de relaciones diplomáticas del pasado. Y se refuercen la vigilancia para no cometer pasos equivocados que den al traste con un negocio en ciernes. Porque las tensiones están aún lejos de remitir. Al menos en un futuro inmediato, reconocen las mismas fuentes oficiales.

La opinión de un experto

“De hecho –dice Allison Wood, analista para Oriente Próximo y África del Norte de la firma de riesgos estratégicos Control Risks, los empresarios qataríes preferirían poner en marcha nuevas rutas comerciales y formalizar pactos con nuevos socios, alejados de sus clientes tradicionales, que eviten el control de EAU y Arabia Saudí”. De igual forma que las multinacionales también sopesan muy cuidadosamente “cómo penetrar en el área del CCG y la fórmula en la que llegar a suelo qatarí”.

El CCG

El CCG fue fundado en 1981 para contrarrestar la amenaza del triunfo de la revolución islámica en Irán, dos años antes. El final de este selecto club podría suponer la pérdida de varios miles de millones de dólares de contratos de futuros y la quinta parte del suministro mundial de petróleo, así como una pérdida más que substancial de la financiación y de los activos de las empresas occidentales en los mercados internacionales. No en vano, los petrodólares del CCG nutren, en gran medida a través de fondos de inversión soberanos, las cuentas de resultados de firmas privadas de todo el planeta.

Arabia está tejiendo el mayor fondo soberano y preparando para ello la venta de, en principio, el 5% de las acciones estatales de su petrolera Aramco. Su fin declarado es que este instrumento financiero ejerza la influencia del reino wahabí en su órbita geográfica próxima, el polvorín de Oriente Próximo y, en especial, a lo largo y ancho del mundo de los negocios. Qatar se ha propuesto emplear miles de millones de dólares en convertir Doha en un hub de negocios regional. Aprovechando el Mundial de Fútbol de 2022. Su fondo inversor ya hace las veces de banco de inversión y generador de ingresos para este acontecimiento.

Tensiones bilaterales

Sin embargo, la acusación del CCG a Qatar deja en el aire la política de apoyo a bancos, empresas y países del club en una red de intereses geoestratégicos comunes. Firmas constructoras, pero también industriales, al frente de grandes proyectos de infraestructuras, tanto en Arabia Saudí como en EAU o Qatar, han tenido que decantarse por unas u otras obras de ingeniería, porque “no siempre” hay conciliación. Eso sí, “hay que ir con cautela”.

Pero pensando en que la colisión entre Arabia Saudí y Qatar no tiene por qué romper un proyecto de alta repercusión global, dicen voces empresariales que operan desde hace años en la zona. El comercio y los lazos financieros se han debilitado, pero no hasta el punto de quebrarse. Más bien al contrario, tienen visos de recomponerse tras los primeros cien días de embargo, asegura Farouk Soussa, economista jefe para esta región de Citigroup.

Kuwait es una de las voces del CCG

Kuwait es una de las voces que, con más fuerza, reclaman una mediación para superar la crisis. Mientras Omán, Irán y Turquía han incrementado sus flujos comerciales con Qatar desde el inicio del boicot, el pasado 5 de junio. En el caso de Omán, hasta un 2.000 por ciento, según la Cámara de Comercio omaní. Aunque, en general, las importaciones qataríes se han resentido en un 40% en términos interanuales y un 35% sólo en julio y las estimaciones hablan de que la economía del emirato, perjudicada por los bajos precios del petróleo, evoluciona a un nivel desconocido desde 1995. El nivel de reservas de divisas internacionales de su banco central también se ha reducido en un 30%.

A corto plazo, el impacto directo del embargo sobre la economía qatarí ha sido agudo, admiten en Moody’s que, de momento, no tiene pensado reducir su nota, ni las implicaciones sobre la coyuntura del país, en ningún emirato del CCG. A largo, pueden verse modificados varios de los ambiciosos proyectos de infraestructuras, alegan. “Naturalmente, sus autoridades tendrán que barajar alternativas de inversión”, recalcan.

Qatar, el ojo del huracán

La lista de trece acusaciones de las monarquías del Golfo a su, hasta ahora, socio del Consejo de Cooperación exige a Doha, entre otras reivindicaciones, romper sus cada vez más estrechos lazos con Irán (el rival saudí en la región); la expulsión de militares turcos de suelo qatarí; el final de los contactos con los Hermanos Musulmanes, enemigos del general Al Sisi en Egipto y el cierre de Al Jazeera, el canal más visto entre los musulmanes de todo el mundo y que costea la familia real de Qatar.

Los cargos: financiación actual del ISIS y, durante décadas, a otros grupos terroristas, principalmente Al Qaeda, pero también a los Hermanos Musulmanes egipcios y a organizaciones vinculadas al régimen de Teherán; en especial, Hezbolá. El castigo: un bloqueo comercial, económico y diplomático por parte del resto de los emiratos y Egipto. Embargo que, de momento, el régimen de Doha ha logrado eludir gracias a los flujos de comercio activos desde Irán y Turquía.

Presencia militar

El Gobierno de Erdogan, para más inri, ha reforzado el número de militares en la base turca en suelo qatarí. De hecho, desde el 5 de junio, fecha en la que estalla las tensiones diplomáticas, dos contingentes procedentes de Ankara, con columnas de vehículos pesados, se han instalado en Doha. Todo un signo de apoyo de un socio de la OTAN a su emirato aliado. La conexión entre el partido islamista de Erdogan, los Hermanos Musulmanes egipcios y la connivencia de Qatar con los movimientos revolucionarios chiíes en países árabes -para desesperación de sus vecinos suníes más ortodoxos- parece, al menos, tan sólida como los 11.000 efectivos estadounidenses que residen en los cuarteles generales de Al Udeid, a las afueras de la capital, Doha, y desde los que suelen despegar los cazas que realizan incursiones de castigo en territorio sirio e iraquí, pero también en suelo yemení y afgano.

La posición de EE.UU.

En este órdago, la Casa Blanca se ha posicionado claramente del lado de Arabia Saudí. No sólo porque Donald Trump eligiera Riad como primer destino internacional de su mandato. Todo un aviso para navegantes. También porque, bajo su brazo, llevaba un acuerdo de venta de material bélico americano por valor de 110.000 millones de dólares. Una vez más, al presidente le tocó jugar el papel que más le gusta. El de poli malo. El policía bueno lo protagonizó su secretario de Estado, Rex Tillerson, quien ha apelado a la resolución diplomática de la crisis. Como requieren los cánones.

Pero que, al mismo tiempo, deja actuar con total libertad a su colega en Defensa, James Mattis, jefe del Pentágono, para inclinar la balanza bélica en la región con el megacontrato militar con destino a Riad. A pesar de que Washington dispone en Qatar de la mayor base en la zona, y de que Mattis también cerrara otro acuerdo de venta de armamento a Qatar por 12.000 millones de dólares, concede mayor trascendencia al viraje geoestratégico auspiciado desde el régimen saudí. Cambio de rumbo que también incluye la acusación a Doha de simpatizar con las primaveras árabes. Sobre todo, a través de Al-Jazeera.

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