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Póngase objetivos S.M.A.R.T. para impulsar su negocio

Cuando Alsa, la compañía de transporte española abordó su asalto al mercado chino se llevó un gran susto. Su plan de exportación contemplaba implantar el servicio de autobuses en todo el país, pero el resultado de la licitación a la que había concurrido la empresa no fue el esperado.

En lugar de concederles derecho explotar las líneas de autobús de todo el país, solo les concedieron una región. La decepción se adueñó de la cúpula directiva de la empresa, ante lo que parecía un fracaso. Pero el susto duró poco, tanto como tardaron en darse cuenta que esa pequeña región en la que debían implantar sus rutas era más grande que toda España. Si les hubieran otorgado la licitación completa que habían solicitado, casi con toda seguridad habrían muerto de éxito.

Identificar retos irrealizables no es una situación aislada de esta compañía. Ocurre a muchas empresas y en muchas ocasiones. Eso es, en parte, debido al desconocimiento de una teoría de gestión empresarial que hace más de medio siglo que definió una potente metodología para evitar que los objetivos empresariales se queden en deseos lanzados al viento.

Se trata del Management by Objetives (MBO) o gestión por objetivos. Fue enunciada por primera vez alrededor de 1954 por un abogado experto en gestión empresarial llamado Peter Drucker. Sus aportaciones revolucionaron el marketing en el siglo XX. Pero el éxito de sus teorías no fue completo.

Y es que, aunque ahora no hay empresario que se precie que no se fije objetivos, son muchos los que olvidan e incluso desconocen un enunciado que Drucker ligó a la práctica de estos objetivos: SMART.

 

Esta palabra, que en inglés, significa listo, inteligente, brillante, en la teoría enunciada por Drucker es un acrónimo formado por las iniciales de los principales requisitos que deben cumplir los objetivos de una empresa fueran eficientes y contribuyeran de verdad al éxito empresarial.

 

Aunque no se sabe muy bien qué fue primero, si el huevo o la gallina. Lo cierto es que en la teoría de Drucker, las iniciales de la palabra smart sirven para presentar cada una de las cinco características básicas que debe tener esta estrategia para reportar los máximos beneficios a la empresa.

 

  • Specific (Específico). La diferencia entre un objetivo específico y uno que no lo es son los números. Cualquier reto que se ponga la compañía debe estar cuantificado.  Es decir, no es lo mismo definir el objetivo de incrementar las ventas, que incrementar un 5% las ventas en los próximos cinco meses.
  • Measurable (Medible). Ese incremento de ventas o cualquier otro objetivo debe ser medible. Incrementar un 5% ¿respecto a qué?, ¿a lo conseguido el año anterior, el mes anterior, respecto a lo que factura la compañía?
  • Attainable (Alcanzable). De nada sirve diseñar objetivos estupendos si luego van a ser imposibles de cumplir. ¿Cómo estar seguro de ello? Según Drucker una de las mejores estrategias es valorarlos contando con los empleados.  Ellos son más importantes incluso que los líderes de la compañía puesto son los que tienen que ejecutar aquello que los líderes idean. Tener en cuenta a los empleados ayuda a definir de forma más clara los objetivos, ya que tienen que ser comprendidos por lo que no han participado en el proceso de definición. Además, si se les implica y se les muestra la hoja de ruta se refuerza su compromiso con el proyecto.
  • Realistic (Realistas). Para evitar sustos como el que le ocurrió a los directivos de Alsa o morir de éxito, hay que esforzarse en definir objetivos los más realistas posibles. Analizar toda la capacidad de recursos y dinero que la empresa o el empresario puede poner al servicio del nuevo reto para definirlo con exactitud.
  • Timely (marcado temporalmente). Todo el mundo sabe que cuando tiene un deadline el esfuerzo para completar cualquier trabajo se refuerza, frente a encargos que se acumulan en el cajón porque siempre hay algo urgente que le toma la delantera. Es aquello de vender 30 lotes de producto, frente a vender 30 lotes de producto en un mes. Por ello, para buscar la eficiencia de cualquier objetivo, su consecución debe tener un límite temporal.
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