Alemania inaugura las políticas de estímulos económicos en Europa

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Berlín acude a los impulsos fiscales y el mercado aplaude una medida que contrarrestaría el escaso margen del BCE para restablecer la compra de deuda privada y soberana.

 

Alemania, la locomotora europea, ha activado los planes de estímulo, que podrían propagarse por el resto de la unión monetaria, cuya economía se enfrenta, después de un lustro de sobre-endeudamiento, a un escenario similar al que experimentó la zona del euro durante el credit-crunch de 2008, primero, y a lo largo de su crisis de deuda, con posterioridad: bajo crecimiento con inflación también próxima a cero. Aunque bajo un prisma diferente. Porque a la pérdida de actividad clásica de un ciclo de negocios que ha ido siempre al ralentí y bajo el calor de la estimulación fiscal y monetaria, se han incorporado notables riesgos geoestratégicos. Desde el proteccionismo comercial hasta el difícil divorcio del Brexit. Y lo afronta con un escaso arsenal financiero por parte del BCE. Razón por la que el mercado defiende la aplicación de medidas de gasto público. Morgan Stanley, por ejemplo, apoya recetas iniciales de impulso equivalentes a seis décimas del PIB alemán.

No en vano, la eurozona dispone del mayor acopio presupuestario de la última década, aseguran sus expertos, que aconsejan a Berlín que inyecte este ahorro en la economía en 2019. El servicio de estudios de Barclays se une a esta petición y destaca la reactivación que podría producirse en Francia con las rebajas fiscales logradas por las protestas de los Chalecos Amarillos para reactivar a las industrias manufactureras y a los transportistas autónomos en una coyuntura que igualmente se precipita al estancamiento.

 

El colchón presupuestario de los socios de la UE

“Por primera vez en mucho tiempo, los socios del euro tienen un colchón presupuestario de la suficiente dimensión como para incentivar el crecimiento”, dice Daniele Antonucci, economista jefe de Morgan Stanley. “Cuando se logren filtrar los estímulos en las economías del área, se verán de inmediato sus efectos sobre el PIB”. Esta vuelta al recetario keynesiano ha encontrado el respaldo del BCE, que ha recomendado en las últimas fechas a los gobiernos “una reacción inmediata” ante el “desánimo” mostrado por todas las economías del euro en el último tramo de 2018 y el primer trimestre de este ejercicio; su forma de trasladar la piedra al tejado de los políticos. Pero también el de la OCDE y el FMI. Todos ellos, al igual que la Comisión Europea, han recortado la actividad de la zona del euro al entorno del 1% este año.

Quizás una de las voces más contundentes en favor de otra oleada de estímulos económicos haya sido Benoit Coeure, miembro del Comité Ejecutivo del FMI, para quien la política fiscal del euro “tiene un balón de oxígeno idóneo para emprender un esfuerzo expansionista” del mismo modo que, en paralelo, los socios monetarios están en disposición de iniciar esfuerzos inversores en áreas dirigidas a impulsar la productividad; en referencia a los avances en la digitalización de las empresas. Christine Lagarde, la directora gerente del organismo, incidió esta semana en que era necesaria la adopción en Europa de políticas “equilibradas” que refuercen sus economías. No lo decía al azar. Los últimos datos de actividad en Francia constatan que la caída continúa y en Alemania su industria manufacturera descendía a su nivel más bajo en seis años. Para Lagarde la reanimación económica devolvería la confianza empresarial a Alemania y, por ende, al resto de la unión monetaria.

“Lo ideal sería hacer los esfuerzos económicos y monetarios de forma coordinada”, recomienda Gilles Moec, de Merrill Lynch. Europa “debe mejorar su trabajo de homogeneización y sincronización; entre otras cuestiones, porque países como Italia o Bélgica mantienen deudas del 130% del PIB y España roza un volumen similar al de su economía” dice Natascha Gewaltig, de Action Economics, quien anticipa que, en todo caso, cualquier plan de estímulo, colectivo o individual, en la zona del euro no será considerable. “Los márgenes de maniobra son modestos, pero deben aprovecharse porque la debilidad es manifiesta”.

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Impulsos económicos

El Gobierno alemán ha priorizado el gasto público en infraestructuras, educación, vivienda y en la carrera hacia la digitalización. Serán los destinos esenciales de los 150.000 millones de euros que Olaf Scholz, el primer político socialdemócrata al frente de Finanzas desde la era del canciller Gerhard Schröder, ya ha destinado en los próximos cuatro años al impulso de una economía que se contrajo en los meses de verano por el deterioro de su industria y su sector exportador, y que ha dado sus primeros frutos. Porque la construcción ha vuelto a crecer por encima del 3% en el último tramo de 2018. Se trata de una medida anticíclica, resume el ex economista del Fondo Monetario Stephen Jen, quien además resalta que la deuda germana está por debajo del 60%, el límite fijado por la unión monetaria, por vez primera desde 2002.

Jen, analista bursátil de Eurizon SLJCapital, cree que “la tendencia al estancamiento de Alemania es bastante probable, si persiste el enfriamiento de la industria, aunque sin entrar en recesión”. A no ser que la parálisis del sector manufacturero y, en especial, el de la rama del automóvil, se torne estructural, lo que obligaría a que el desembolso adicional del gasto deba superar el 0,4% que Scholz tiene reservado para este ejercicio. En sintonía con el 0,6% que proponen los expertos de Morgan Stanley. Además de forjar un sólido consenso entre las tres administraciones. “Para resolver el parón, se deben establecer mejores cauces de actuación entre autoridades federales, estatales y locales, dentro de un programa de estímulo cíclico que preste soluciones a frenos sistémicos de la economía”, como los avances en digitalización, alerta Claus Michelsen, del Instituto Alemán de Investigación Económica. Sobre todo, si es una demanda de la propia industria. Porque tanto Daimler como BMW o Volkswagen han comprometido 45.000 millones de euros a inversiones tecnológicas para la fabricación de vehículos eléctricos en los próximos tres años, según un informe de VDA, la patronal del sector.

 

El segmento manufacturero alemán está en recesión

Con las fábricas reduciendo empleos. “Es claramente una caída drástica de actividad”, coinciden en reconocer sindicatos y empresarios, que se ha trasladado al resto de las grandes economías del euro. Salvo, de momento, España. El PMI, el índice de capacidad de compra de la industria en Europa, que revela Eurostat, constata que la contracción de pedidos es peor de la estimación inicial y que, en países como Italia, ya ha elevado, en seis décimas, la tasa de paro. Andrew Kenningham lo resume gráficamente. El sector manufacturero, en Alemania, “está en una profunda depresión, que ya está contagiando el resto de socios monetarios; anticipamos un crecimiento de apenas ocho décimas en la zona del euro este año”, augura este analista de Capital Economics. Entre otras razones, por el descenso de la demanda desde China, en ralentización, y de mercados como Turquía, Rusia o, incluso, Suecia, prioritarios para el sector industrial de Italia o Francia, que también emiten señales de pérdida de vigor por las tensiones comerciales.

Estamos ante un cambio justificado de política económica, dado el escaso arsenal monetario del que dispone el BCE tras más de tres largos años de implantación del plan de estímulo de Mario Draghi”, se coincide en el mercado. El llamado Quantitative Easing (QE) o compra masiva de deuda soberana y corporativa por parte de la autoridad emisora y que se ha valorado en más de 2,5 billones de euros -el doble de la economía española- ha sido determinante para devolver la estabilidad a la eurozona.

 

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Last modified: 22/05/2019