El PIB global, al borde de la contracción por la Industria y el Comercio

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PIB global

La economía mundial apenas registrará un alza del 3% este año, el ritmo más bajo desde la crisis de 2008, y el límite en el que el mercado marca contracción real.

 

El FMI acaba de certificar el aterrizaje brusco del PIB global, por la parálisis industrial y la caída de los flujos comerciales y de inversión. Un fenómeno que se propaga por la práctica totalidad de sus latitudes del planeta y que afecta tanto a potencias industrializadas como a los grandes mercados emergentes. Especialmente a Europa y, en menor medida, a EEUU, pero también a los tigres asiáticos y otras economías de la región de rentas altas. Y está siendo “especialmente pronunciada” en Brasil, China, India, Rusia, Sudáfrica (los denominados BRICS) y México; todos ellos sufren una significativa presión sobre sus datos macroeconómicos y financieros. El informe del FMI, el WEO, desvelado en los prolegómenos de su cumbre semestral de otoño, señala como factor esencial de la atonía de “los últimos doce meses” la alarmante pérdida de la actividad industrial, que hizo caer las ventas de coches en un 3% en 2018. El sector automovilístico -incide el diagnóstico del Fondo- constata las “disrupciones” en la demanda global, que obedece a una multiplicidad de causas. Desde el tránsito hacia la digitalización y los cambios en las cadenas de valor de sus empresas, hasta “la expiración de los incentivos fiscales en China” o los ajustes productivos hacia las reglas de reducción de emisiones de CO2 en Europa -especialmente en Alemania, máximo ejemplo del hundimiento del sector- y en el gigante asiático. Pero también a la actitud de los consumidores de esperar y ver “la oferta tecnológica” que los grandes emporios automovilísticos ponen en el mercado para paliar el parque de vehículos contaminantes.

 

Tensiones comerciales entre EEUU y China

En paralelo, las tensiones comerciales entre EEUU y China, han acelerado la debacle productiva. Desde el inicio del pasado ejercicio “los costes de intermediación” en los flujos de comercio e inversión han aumentado, la incertidumbre se ha disparado y las empresas, muy en especial las del tejido industrial, han adoptado estrategias de cautela, que han retraído sus planes de compra de maquinaria y equipo y sus expectativas de gasto a largo plazo. Tendencia que se aprecia sobre todo en economías de alta exposición internacional, como las asiáticas. Pero que es palpable en países como Alemania o Japón, cuyas tasas industriales han retrocedido en términos anuales, o en China y Reino Unido, con una ralentización considerable. Incluso en EEUU, donde se aprecia ya una “particularmente pronunciada caída de la producción de bienes de capital”. Todo ello ha deteriorado la confianza empresarial y de los consumidores, expresa el WEO, a la vez que empuja al comercio a un punto muerto. El Fondo prevé que el volumen de mercancías y servicios apenas supere en una décima el 1% de crecimiento este año. Otro parámetro que el mercado interpreta como peligro latente de recesión. Aunque eleve su predicción de 2020 hasta el 3,2%.

 

El FMI prevé un repunte modesto de la economía estadounidense. Lejos del compromiso de su presidente, Donald Trump, de alcanzar una velocidad de crucero anual, durante su mandato, del 3%. Apuesta por un alza del 2,4% este año, tres décimas por encima de su predicción para 2020, año de elecciones presidenciales, en noviembre. El Fondo achaca este “notable descenso” de un PIB que navegó en el pasado reciente por encima del 3% a un abanico de motivos. A la tardanza de la Reserva Federal en adoptar de nuevo una “estrategia acomodaticia” de abaratamiento del dinero, a la sobrevaloración del dólar, en otro 2,5% este año -que sitúa su apreciación en un 18% según el consenso del mercado- y al descenso de la inversión extranjera directa, “afectada por las operaciones financieras de sus multinacionales en busca de las ventajas de la rebaja fiscal de Sociedades” aprobada por la Administración Trump. En un apéndice específico, el WEO calibra, a partir de un análisis prospectivo, la “incertidumbre de la política económica” de Washington por las guerras arancelarias y la reducción de la presión tributaria a las empresas. En él también se concreta una disminución de un 1% del capital foráneo anual que penetra en EEUU desde 2018, cuando comienzan las hostilidades comerciales, hasta 2020, ejercicio en el que sitúa el efecto de mayor virulencia de ambos cambios legislativos, por la asunción de los costes de importación bajo las nuevas tarifas y porque, también el próximo año, se concentrarán los aumentos sobre los márgenes financieros de las empresas americanas. El resultado: impactos sobre la actividad, la productividad, recolocaciones de fábricas y sedes sociales y dificultades de acceso a fuentes de producción y, en consecuencia, merma recaudatoria por la caída de beneficios con una rebaja impositiva en vigor. Así justifica la pérdida de tres décimas del PIB de EEUU en 2020. Si bien avisa que el recorte de tipos de la Fed y un probable reajuste presupuestario bianual con estímulos económicos podrían mejorar la coyuntura.

 

Territorio europeo

Sobre la zona del euro, achaca la pérdida de vigor a la recaída de la demanda externa por el alza tarifaria y el descenso de los inventarios propiciados por la debilidad industrial, que está siendo de especial brusquedad en Alemania y, en menor medida, en Francia. También al parón del consumo en Italia y a la pérdida de vigor por contagio en España. El Brexit pasa factura a Reino Unido que será capaz de sortear, a duras penas, la contracción del segundo trimestre, mientras el sector exterior de Japón seguirá restando dinamismo a la tercera economía del planeta, pese a los estímulos a la inversión privada y los programas de gasto público en marcha.

El mundo emergente se mantiene como el motor del crecimiento. Con China e India al mando, si bien el mercado de la mayor democracia del planeta tomará un impulso más contundente. De América Latina, el resultado es sumamente decepcionante. La región sólo crecerá dos décimas este año. Lastrada por los desajustes en el abastecimiento de Brasil, el retroceso de los flujos de inversión en México y, sobre todo, por las recesiones en Argentina -del 3,1% este año y de otro 1,3% en 2020, después de registrar una contracción del 2,5% en 2017- y Venezuela, que será de un calibre colosal y que se llevará la tercera parte del PIB este ejercicio -en concreto, una caída del 35%- agudizada por las sanciones económicas impuestas por la Administración Trump. Para el próximo año, el FMI pronostica números rojos también de alto riesgo, aunque ligeramente más benévolos, del 10%.

El Fondo también alerta de futuras vulnerabilidades en los bancos por la fortaleza del dólar. La sobrevaloración del billete verde vuelve a poner en riesgo los balances de los bancos; sobre todo los de latitudes ajenas a EEUU. En medio de un clima de especulación creciente en los mercados cambiario y de deuda, dice el informe financiero del FMI, el Global Financial Stability Report. “La proliferación del dólar reverbera y expande los costes asociados a su encarecimiento en toda la arquitectura financiera internacional” afirma el informe del Fondo. En un clima, aún, en el que las tasas de endeudamiento privado, de empresas no financieras y hogares, y público -servicios de deuda soberana-, no invitan al optimismo precisamente. En contraste con los bancos de EEUU, el resto de entidades financieras no tienen acceso estable a una base de depósitos en dólares. De hecho, operan con límites claros, enfatiza el informe de estabilidad financiera del Fondo. “Así que deben extremar la prudencia al acudir a fuentes de financiación a corto plazo, ante los más que previsibles, potenciales y volátiles cambios en la evolución de las divisas, con objeto de garantizar sus préstamos comerciales y los créditos que solicitan diariamente a otras entidades bancarias” resaltan estos autores. Porque en caso de que sus líneas de prestación monetaria y crediticia sean insuficientes, tendrán que acudir a instrumentos como los foreign currency swaps que son más caros y pueden provocarles episodios de stress -tensiones- en sus balances por la acumulación de activos tóxicos. Para atestiguar a continuación que la historia vuelve a tener visos de ser reincidente. Los activos en dólares de los bancos no estadounidenses alcanzaron en el ecuador del pasado año los 12,4 billones de dólares frente a los 9,7 billones que atesoraban en 2012. Una cifra comparable, a precios actuales de mercado, a los niveles que mantenían en los años que precedieron a la crisis.

 

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Last modified: 23/10/2019