La nueva regulación en auditorías que impulsará a las pymes

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Las pymes y los autónomos no son solo el principal sector económico español. También es el que rige en toda la Unión Europea. En concreto, las pymes suponen el 99 por ciento del total del tejido empresarial de la eurozona. Un porcentaje que se reduce al 40 por ciento si se tiene en cuenta el PIB. Pero que no por ello deja de ser relevante. Ante esta realidad, carece de sentido que la normativa relacionada con todos los aspectos relacionados con las auditorías se concentre solo en los gigantes empresariales o las también conocidas como blue chips de la bolsa.

Las autoridades comunitarias parecen haberse dado cuenta de este punto. De ahí que, según apuntan en la patronal de los Economistas Auditores (REA), Europa esté ya trabajando en una regulación de auditoría adaptada a las pequeñas y medianas empresas y a los nuevos negocios. ¿Objetivo? Lanzar una nueva normativa que beneficie a las pymes. Para ello, los informes de auditoría que en un futuro se exigirán buscarán que se plasme en los mismos la estrategia por medio de la cual la firma espera incrementar las cifras de su negocio y su valor y los aspectos sociales y medioambientales.

Es obvio que, aunque desde la UE se apunte a que se tratará de limitar los esfuerzos, el mero cumplimiento de la normativa generará un trabajo extra que, hasta ahora, las pymes más pequeñas no han asumido. Y es que conviene recordar que la legislación actual no obliga a todas las empresas a realizar una auditoria financiera y no financiera (la que incluye las estrategias en sostenibilidad y RSC). En concreto, en España, tales controles solo deben ser cumplidos por todas aquellos negocios que presenten un volumen total de ingresos superior a los 5,7 millones de euros y 50 empleados o más. Es obvio que esas cantidades dejan fuera a muchos negocios que funcionan. Pero que por su escasa vida empresarial no alcanzan las cifras fijadas en la legislación nacional.

Quizá por ello muchos países europeos están ya bajando sus umbrales de auditorías obligatorias al tiempo que otros no lo hacen porque ya son menores que los que, por ejemplo, presenta España. En el primer grupo se encuentra Chipre, Estonia o Rumanía. Al segundo pertenecen naciones como Francia e Italia. Así, las pymes de nuestros vecinos del norte solo necesitan alcanzar un volumen de negocio de 3,1 millones para tener que pasar una auditoría obligatoria. Por su parte, la exigencia para las empresas transalpinas se produce a partir de solo dos millones de ingresos.

 

Es obvio que estos datos deben tenerse en cuenta ya que, además de rebajar el umbral, se trata de países donde el peso de las pymes en el tejido empresarial es menor que en España. En este contexto, parece lógico que España regule en el mismo sentido que sus vecinos comunitarios y que la propia UE.

 

Efectos positivos de una auditoría no financiera

Lejos de lo que podría pensarse, estos previsibles cambios normativos no deben ser temidos por las empresas, más allá del citado esfuerzo al que obligará su cumplimiento. Muy al contrario, la inclusión de informes en los que las pymes deban reflejar información no financiera en sus estados contables es positiva, ya que se trata de reflejar todas las políticas que la compañía realiza en aspectos tan importantes como el compromiso social y medioambiental.

Más allá de la falta de acuerdos ambiciosos entre los países, la Cumbre del Clima (COP25) que hace pocos días finalizó en Madrid dejó patente el interés de las grandes multinacionales por contar con proveedores que respeten y compartan sus prácticas en materias tan sensibles como las emisiones de CO2 o cualquier aspecto relacionado con el buen Gobierno o la Responsabilidad Social Corporativa. De ahí que las pymes que pretendan surtir con sus productos o servicios a alguno de estos gigantes no tengan más remedio que acometer prácticas sociales y medioambientales creíbles. Por todo ello, el mero hecho de que exista una auditoría en donde se reflejan dichas prácticas facilita, y mucho, hacer negocios con los grandes del sector.

Otro aspecto que beneficia a las pymes que se sometan a este tipo de controles es que también allana el camino a la hora de obtener nueva financiación. Y es que los bancos y el resto de actores que pueden participar con su capital en el crecimiento de una empresa tienen cada vez más presente los compromisos en la lucha contra el cambio climático y las acciones sociales que se realicen. Es más, recientemente, Mapfre lanzó el primer fondo a nivel mundial que invierte bajo criterios de sostenibilidad teniendo en cuenta, además, las acciones en beneficio de las personas con discapacidad. Es obvio que dicho fondo estará más abierto en entrar en una pyme con compromiso social que en otra que no lo tenga.

Como se puede ver, las auditorías obligatorias para las pequeñas empresas no deben ser temidas, sino que han de ser consideradas como una oportunidad para potenciar el crecimiento del negocio. Además, el mayor control también servirá para mejorar la imagen que de la empresa tienen los clientes y la sociedad, lo que, sin duda, mejorará la reputación de la marca.

 

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Last modified: 15/01/2020