coste_brexit

El coste del Brexit: 51.400 millones de euros y la pérdida de la City

Los daños y coste del Brexit van en aumento. Londres dejará de ser el mayor centro financiero global en cinco años. Bruselas, además, apremia para cobrar el cheque del divorcio.

 

Londres será la gran perjudicada del Brexit. A juzgar por un estudio, publicado por la prestigiosa firma financiera Duff & Phelps, su conocido en el mercado Global Regulatory Outlook, la capital británica, que se había convertido en los últimos ejercicios en el centro de las finanzas mundiales en detrimento de su histórico y gran rival, Nueva York, dejará de luchar por este cetro global a partir de 2023. Cuando se aprecien los daños colaterales del Brexit, con traslados de empleados, directivos y oficinas desde Canary Wharf, emblema de los negocios financieros de la City, hacia otras latitudes del planeta. Mayoritariamente, para más inri, europeas.  

El informe, basado en encuestas a profesionales seniors de instituciones económicas de todo el mundo, revela un creciente respaldo a Londres como sede idónea para que las corporaciones bancarias y empresariales desarrollen sus líneas de negocio. Sin embargo, ese mismo fervor por las ventajas competitivas de la capital británica se vuelven de inmediato -al vislumbrar el futuro a medio plazo- obstáculos insalvables por la salida del Reino Unido de la UE, la incertidumbre que todavía rodea al divorcio entre ambas partes y los interrogantes sobre si el sector privado de las islas podrá acceder o no al mercado interior europeo. “Pérdida de competitividad” es el término más utilizado por los encuestados, del “centro financiero por excelencia del mundo”.

Julian Koker, responsable de mercados de Duff & Phelps, asegura que “el trabajo que tendría que desarrollar Londres en el futuro si quiere retener la posición de liderazgo actual es ingente. Tanto, que los profesionales no lo ven ni entre los cinco primeros lugares preferenciales en un escenario post-Brexit”. A su juicio, “a medida que se aprecia cómo avanzan las negociaciones y las dudas sobre el camino por el que encauzar el mandato del referéndum el mercado es mucho más consciente de que las decisiones que se tomarán en los próximos meses serán cruciales, no de inmediato, sino en los próximos años”. Los dirigentes de los servicios financieros son los que más preocupación manifiestan en este estudio. Un 64% considera que el coste del Brexit será “directo y definitivo sobre los actuales programas de inversiones”. Aun así, este estado de situación gana en optimismo respecto a sus predecesores de años anteriores.

Korek aduce que el factor que impera sigue siendo la incertidumbre, pero con una renovada y sorprendente confianza respecto a las opiniones vertidas por los directivos financieros cuando se produjo la consulta popular. Porque, en su opinión, “la principal novedad del informe estriba en que, en los últimos meses, Londres haya recuperado su estatus global de primer mercado financiero, por delante de Nueva York”, lo cual anticipa que la probable caída de Canary Wharf podría ser, incluso, más grave si se consuman las cifras de cientos de miles de puestos de trabajo y el traslado de sedes de un centenar de firmar financieras, consultoras y bufetes de abogados que confluyen en la capital londinense desde hace décadas.

El problema añadido es que la factura por el divorcio podría ser, incluso, superior a lo que baraja el Gobierno británico. Es decir, que además de la pérdida de prosperidad asociada al paulatino deterioro de la City como centro de negocios, se une el mayor coste asociado a la salida legal de Reino Unido de la UE. En este caso, las últimas estimaciones del coste del Brexit, de la Oficina Nacional de Auditoría (NAO, según sus siglas en inglés), contabilizan un cheque al portador para Bruselas de 44.900 millones de libras. Unos 51.400 millones de euros. Entre otras razones, porque el gabinete de Theresa May no incluyó varias partidas. Entre otras, 3.000 millones de libras de contribuciones británicas al presupuesto europeo y otros 2.900 millones que tendrá que aportar aún al Fondo Europeo de Desarrollo. Por si fuera poco, la NAO también avanza que el sector privado británico tendrá que costear 7.200 millones de libras por la ruptura del statu quo actual. Esta nueva cifra corrobora la tesis del ex primer ministro, Tony Blair, uno de los más fervientes defensores de un nuevo referéndum en Reino Unido y de no pocos euroescépticos tories del Parlamento británico que esperan el más mínimo revés de May para tratar de boicotear su gabinete, pese a ser del mismo signo político, porque consideran que cualquier cantidad superior a los 35.000 millones de libras por el Brexit sería un ultraje a la soberanía del país.

Philip Hammon, el Chancellor of the Exchequer o ministro de Finanzas, tuvo que salir al paso en la Cámara de los Comunes frente a la oposición laborista, que trasladó al Ejecutivo su temor a que, de consumarse la salida del Reino Unido de la UE, la factura será desorbitada, a cuenta del informe de la NAO. Aunque su mensaje no pudo contentar con datos ni a los parlamentarios de su propio partido conservador, que dio el apoyo a May para que Londres pagara entre 35.000 y 39.000 millones de libras a Bruselas por el divorcio el pasado diciembre y que finalmente se formalizó, como un primer principio de acuerdo, con el negociador europeo, Michel Barnier.

Lo que ahora ponen encima de la mesa los auditores oficiales británicos de la oficina de control de las finanzas públicas, es un reconocimiento claro y explícito de que Reino Unido tiene que contribuir a los presupuestos anuales de 2019 y 2020, además de aportar responsabilidades monetarias por sus compromisos con instituciones de crédito y de ayuda al desarrollo de la Unión después de 2020.

Por si fuera poco, Bruselas apremia a Londres. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha urgido en una reciente reunión a May que concluya con los detalles del divorcio. Y, sobre todo, con el cheque de la separación y el acuerdo fronterizo con Irlanda que satisfaga el principio de libre circulación europeo. Tusk quiere culminar el affair Brexit a tiempo para la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE del próximo mes de junio en la que, a buen seguro, se va a revelar también la estrategia de reformas del euro.

china_estados_unidos

China y EEUU imponen una tregua amistosa a su guerra comercial

Principio de acuerdo en la guerra comercial. La Casa Blanca ha arrancado el compromiso de Pekín de que corregirá su superávit bilateral. Aunque China seguirá con su diplomacia de doble rasero.

 

Las subidas arancelarias estadounidenses sobre productos chinos se dejan en cuarentena. Así lo ha manifestado el máximo responsable de la economía americana: su secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, quien se apresuró a asegurar el compromiso de China en la corrección del gran superávit comercial que mantiene con la mayor potencia económica del mundo. El objetivo que perseguía la Administración Trump con el incremento de aranceles sobre el acero y el aluminio decretado a mediados de abril. La propia Casa Blanca, semanas después de la convulsión que creó en los mercados la reedición de una guerra comercial de dimensiones globales, apuntó el único callejón de salida al conflicto: negociaciones directas para corregir los desequilibrios de las balanzas comerciales bilaterales de EEUU. Un acuse de recibo especial para China, en primer término, y Europa, inmediatamente después. Aunque con escala también en las capitales de Canadá, México y otros mercados anglosajones como Reino Unido o Australia. Washington daba un toque a sus principales socios comerciales. Bajo la amenaza de una vuelta al proteccionismo.

Pekín decidió coger el testigo. Como en semanas precedentes lo hicieron el resto de afectados por la decisión del presidente Donald Trump y del núcleo duro de asesores partidarios de esta estrategia comercial. En concreto, el endurecimiento de las condiciones financieras de entrada sobre una larga lista de mercancías made in China ascendía a 150.000 millones de dólares. Cifra de los beneficios que repatrió Pekín en 2017 por los bienes que Washington seleccionó para su correctivo a Pekín. “Mantenemos la guerra comercial con China en cuarentena”, dijo Mnuchin. “Y así estarán hasta que ejecutemos un acuerdo” bilateral. Todas las subidas arancelarias sobre productos y servicios chinos violaban las leyes sobre propiedad intelectual o fueron identificadas como prácticas contrarias al libre mercado, adujo la Casa Blanca desde el mismo comienzo de las hostilidades. La respuesta inicial de China fue imponer tarifas especiales sobre importaciones americanas, desde hortalizas y legumbres, hasta aviones comerciales. Tanto los mercados como las instituciones multilaterales, especialmente el FMI, han saludado con optimismo el principio de acuerdo entre las dos grandes potencias económicas del planeta.

Mnuchin, eso sí, se reservó la posibilidad de una marcha atrás. El presidente Trump “puede, en todo momento, restablecer de nuevo las tarifas, en caso de que no alcancemos compromisos claros”, precisó. En línea, aunque con un mensaje más contundente, con el representante de Comercio, Robert Lighthizer, máximo responsable de la estrategia comercial en el exterior de la Casa Blanca. “Si este proceso no llegara a buen puerto, EEUU podría hacer uso de herramientas legales para proteger la tecnología americana, a través de tarifas, restricciones a la inversión que proceda de determinados países o instaurar nuevas regulaciones a la importación”. A su juicio, “sería aconsejable que se produjera un cambio estructural porque, de otra forma, la amenaza sobre el futuro de decenas de miles de puestos de trabajo en EEUU seguirá siendo un riesgo”.

Sin embargo, algunas de las medidas instauradas ya por Pekín podrían mantenerse en vigor tras esta paz en la guerra comercial. Por ejemplo, la devaluación soterrada pero constante del rinminbi, su divisa operativa en los mercados cambiarios, mediante el uso de su herramienta habitual, la banda rígida de fluctuación que mueve a su antojo el Banco de China. O la más reciente, de denominar en yuanes, la moneda china de curso legal, los contratos petrolíferos de futuro que suscribe China, principal comprador de crudo del planeta. Toda una afrenta para la hegemonía absoluta del dólar en los mercados energéticos. Una maniobra que se constató hace unas semanas en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái. Y que podría consumarse, según los expertos, con una tercera apuesta económico-monetaria: lograr que la divisa china se haga un hueco importante en las reservas de divisas de los grandes bancos centrales del planeta. Dominadas, hasta ahora, por el billete verde americano y el euro.

El factor sorpresa de China con la denominación en yuanes del crudo se produce en un momento especialmente propenso para ello. Esencialmente, por dos cuestiones. Porque el petróleo acaba de tocar los 80 dólares por barril, una cotización desconocida desde 2014 y, en segundo lugar, porque China es, con creces, el mayor demandante de crudo del planeta y, si fructifica su táctica, adecuará las adquisiciones del oro negro al valor exacto de su moneda. Si a ello se une que toda fluctuación perjudicial sobre su moneda será, a buen seguro, corregida por su sistema de banda de fluctuación controlada de la divisa, el éxito de la medida parece asegurado. Esta maniobra se completaría con un nuevo gran mercado petrolífero en Asia. Como el West Texas o el Brent son las referencias en EEUU y Europa, respectivamente. Si cuajara, el billete verde perdería peso en el continente asiático. Aunque el euro se ha planteado en alguna ocasión una batalla similar sin demasiada perseverancia política. Las autoridades chinas creen que, en los precios actuales, esta decisión ahorraría varios miles de millones de dólares de la macro-factura energética del gigante asiático. Al menos, un par de ellos.

China sigue avanzando al son que marca su denominada diplomacia del Panda en esta guerra comercial, sosegada pero proactiva, y al ritmo que determina su cambio de modelo productivo, que ha dejado atrás su rol de fábrica mundial que exporta a bajos precios para aproximarse al estilo de las potencias más industrializadas, que somete su prosperidad a las ventajas del consumo familiar y de la inversión empresarial. Es decir que, sin desligarse de la planificación estatal, el sistema económico china se acerca cada vez más al estatus de economía de mercado. En línea con las proclamas de Xi Jinping al asumir su nuevo mandato presidencial: iniciar una revolución económica y financiera en el país. La denominación del crudo en yuanes en el mercado de futuros de Shanghái, según el propio dignatario chino, viene a corregir tres largas décadas de retraso en esta decisión. Para Pekín, además, la medida, que se planteó con cierta seriedad en la década de los noventa, busca establecer un mecanismo propio de contratos locales para el comercio del petróleo que podría atraer al capital extranjero. No por casualidad, China ostenta el récord constructor de nuevas instalaciones de refino de petróleo y gas para satisfacer la intensa demanda interna de energía.

Esta es la cara A de la reacción china a la guerra comercial, en lo que se refiere a la energía. Pero tiene un plan B, que también ejerce con regularidad y, hasta ahora, con ciertos visos de éxito. Es el doble filo de la diplomacia político y económica de Pekín. La geometría variable del Panda. La misma que es capaz de iniciar negociaciones abiertas con EEUU. De momento, con resultados eficientes: el alto el fuego en las subidas arancelarias entre las dos potencias. Propiciada por una delegación de asesores presidenciales del área económica de Jinping que inició hace escasas dos semanas contactos con republicanos próximos al círculo de Trump. Se trataba, según Pekín, de una primera toma de contacto. Como las que han emprendido también europeos, canadienses y mexicanos o australianos y británicos en su propósito de obtener treguas arancelarias sobre productos de sus países. Entre las citas que han fraguado el principio de acuerdo destacan las que ha mantenido Liu He, en suelo estadounidense, con el representante de Texas Kevin Brady, a la sazón, presidente del Comité de la Cámara de Representantes que redactó la polémica rebaja fiscal de Trump, primero, y con el senador Orrin Hatch, de Utah, del Comité Financiero del Senado, panel homólogo al de Brady en la Cámara Baja. Liu es viceprimer ministro, y aterrizó en Washington a mediados de mayo. Pero, entre sus interlocutores, también se deben nombrar al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que ya tuvo un primer contacto con Liu en Pekín el 4 de mayo. Y con el asesor comercial del presidente de EEUU, Peter Navarro. Quizás, el principal artífice del inicio de la guerra contra China y el gran receptor de las críticas chinas a la decisión bélica estadounidense por “su cerrada defensa del proteccionismo” y por “su actitud errática y poco profesional”.

Pero, sobre todo, el diálogo bilateral -la cal- y las actuaciones en el plano económico -subida de aranceles- monetario -devaluación encubierta de la moneda- y geoestratégico -contestación a la supremacía del dólar en los mercados energéticos- tiene otro doble rasero. El debilitamiento de la actividad económica china. Es la arena de esta jugada. En abril, varios de los indicadores de referencia del boom del país desde finales del siglo pasado desvelaron un preocupante descenso productivo. Entre otros, el de las inversiones de activos fijos, las ventas de comercio minorista y la producción industrial. Las represalias comerciales de EEUU y el endurecimiento de las condiciones crediticias parecen estar detrás de esta pérdida de dinamismo en la guerra comercial.

retos_seguro_de_credito

Los nuevos retos del seguro de crédito

La última Asamblea General de la Asociación Panamericana de Fianzas y Aseguradoras de Crédito, celebrada en Madrid del 6 al 9 de mayo, ha recogido una serie de conclusiones y compromisos que marcan un futuro positivo para el sector y reforzar el seguro de crédito

Madrid acaba de acoger la XXX Asamblea General de la Asociación Panamericana de Fianzas y Aseguradoras de Crédito (APF-PASA), que ha tenido lugar del 6 al 9 de mayo en el Hotel Meliá Castilla. En este encuentro internacional se han desglosado diferentes temáticas que han mostrado pasado, presente y futuro del seguro de crédito, un sector que ya está implicado en el 10% de la economía mundial, y que supera los 15 billones de euros.

De la primera jornada se desprendieron conclusiones muy positivas, principalmente que España tiene uno de los mejores seguros de crédito del mundo, peleando los primeros puestos de este ranking con Francia, Alemania y Reino Unido. A pesar de la evolución negativa de la última década, provocada por la crisis y por la constante pérdida de primas que ha traído la recuperación económica, y del crecimiento cero del pasado ejercicio, las expectativas entre los agentes del sector son buenas.

Sobre todo, porque ha sabido conectar con el mundo de la pyme que, no lo olvidemos, conforma el 98% del tejido empresarial español. Pero también por las nuevas oportunidades que está abriendo el entorno digital, no exento de dificultades, marcadas por los gigantes de la red: Google, Amazon, Facebook y Apple (GAFA), a los que se ve capaces de dar un vuelco al sector.

También se ha convertido en oportunidad el crecimiento de la economía en Latinoamérica, un mercado aún reticente a la contratación del seguro de crédito. ¿Por qué? Según los expertos que participaron en la mesa de debate durante la asamblea, los motivos no sólo son culturales. También existen dificultades para acceder a toda la información que lo rodea y redes precarias de distribución de producto que apenas pueden crecer porque las normativas no permiten crear redes de agentes exclusivos.

NUEVAS NORMATIVAS

La segunda jornada estuvo muy enfocada a la revisión de las normativas que giran en torno al seguro de crédito. Se puso sobre la mesa el caso de la Autoridad Europea de Seguros y Pensiones de Jubilación (Eiopa por sus siglas en inglés), una institución de la Unión Europea que nació en 2011 mediante el Reglamento de la UE 1094/2010.

Según se explicó en la Asamblea, este regulador cuenta con un marco de supervisión común que quiere extender más allá de sus fronteras, involucrando a la Asociación Internacional de Supervisores de Seguros (IAIS) con el objetivo de homogeneizar las normativas del sector al máximo. Un objetivo que no es baladí, teniendo en cuenta la íntima relación que existe entre el seguro de crédito y el comercio internacional. Y que tampoco parece complicado, ya que la IAIS impone reglas muy parecidas a las de Eiopa en lo que respecta a sistemas de riesgos y requerimientos de capital.

PERSPECTIVAS DEL SEGURO DE CRÉDITO

Así las cosas, los principales agentes implicados en el negocio del seguro de crédito se preparan para los cambios que están surgiendo en el mercado, como la economía colaborativa y el entorno digital global. Aunque los retos son muchos, las perspectivas de futuro son buenas, y las cifras recabadas en los últimos ejercicios, dan buena muestra de ello.

Según datos de la Berne Union, en 2016 esta modalidad aseguradora se hizo cargo de más de 1.700 millones de euros en operaciones comerciales de exportación. Una cifra que está creciendo, según los expertos, debido a un repunte de las insolvencias a nivel internacional. Una situación turbulenta pero estable, según una encuesta que se realizó a los miembros del Comité de Seguro de Crédito Comercial a Corto Plazo. De hecho, a pesar de las altas reclamaciones, las aseguradoras expresaron que se mantienen cómodas con los riesgos que están asumiendo.

banco_mundial_amplia

El Banco Mundial eleva en 13.000 millones su capital para el desarrollo

La medida, aprobada por las grandes potencias, incluye cambios operativos para estrechar la vigilancia sobre la ayuda financiera a los países receptores de fondos.

EEUU finalmente no puso objeciones. En contra del criterio mantenido en los últimos meses, la Casa Blanca facilitó la ampliación de capital del Banco Mundial, la principal fuente de recursos de fondos al desarrollo de una institución multilateral. La decisión se tomó durante la asamblea de ministros de Finanzas en la última reunión, la de primavera, a finales de abril, que la entidad realiza junto a su organización hermana, el Fondo Monetario Internacional (FMI), con la que conforma, además del Tesoro norteamericano y la Reserva Federal, el denominado consenso de Washington. O cónclave que perfila los grandes acuerdos mundiales en materia económica. Es decir, el primer paso hacia la liberación de fondos en situaciones de emergencia o diagnósticos iniciales para avanzar en la gobernanza global. No es el único, porque foros como el G-3 de la OCDE, en París, también tienen un protagonismo estelar en citas multilaterales y de grandes potencias industrializadas y emergentes, como el G-20. Al igual que las visiones monetarias que parten del G-10, con vínculos directos en el Banco Internacional del Pagos (BIS), en Basilea. Pero el de Washington es un consenso sine qua non en cualquier crisis nacional, regional o mundial que se precie.

1ª MEDIDA: AMPLIACIÓN DE CAPITAL

Desde esta primavera, el Banco Mundial dispondrá de 13.000 millones de dólares adicionales en su capital social. Surgido, sobre todo, de las aportaciones de sus afiliados; esencialmente, la casi totalidad de los países del planeta. A excepción de regímenes como el de Cuba o el de Corea del Norte y de territorios como Mónaco, Liechtenstein o Andorra, el resto de naciones que forman parte de la ONU tienen cabida en su estructura interna.

En total, alberga a 189 miembros. Sus principales acreedores son Francia, Alemania, Japón y EEUU, parte de cuyas cuotas se destinan a la captación de nuevos recursos en los mercados de capitales, a través de varios de sus brazos financieros, como la AIF, su Asociación Internacional de Fomento, desde la que, por medio de la decimoctava reposición de fondos, en vigor para este año, ha logrado disponer de una cifra sin precedentes de 75.000 millones de dólares, que se destinarán a sufragar su servicio de ayuda de fondos al sector privado. En 170 países en los que opera con proyectos de desarrollo. Así como a sus dos organizaciones privadas, la Corporación Financiera Internacional (IFC) y la Agencia de Garantías de Inversiones Multilaterales (MIGA).

Esta ampliación de capital es la primera desde que, en 2010, se decidiera un incremento de las cuotas, en la que España pasó de representar el 1,7% del patrimonio del Banco Mundial, porción notablemente por debajo de su correlación al PIB global, al 1,85%. Aunque la nación que más vio elevada su cota fue China, que pasó del 2,77% al 4,42%, todavía muy por debajo de su peso en la economía mundial.

2ª MEDIDA: MÁS VIGILANCIA A LOS RECEPTORES

La cesión de EEUU a estos nuevos desembolsos adicionales al Banco Mundial tuvo como réplica el compromiso del Comité Ejecutivo de esta institución multilateral de que se impondrán nuevas medidas de supervisión y vigilancia de las líneas financieras que libera hacia las economías en vías de desarrollo. Washington ha sido uno de los altavoces más críticos, en los últimos años, en favor de que el Banco Mundial instaure mecanismos de regulación y control más eficaces contra la corrupción. Jim Yong Kim, su presidente, de origen surcoreano, el primer máximo dirigente de la institución no nacido en EEUU -por el pacto no escrito en Bretton Woods por el que esta organización sería liderada por un estadounidense, mientras que la dirección gerente del FMI se encargaría sistemáticamente a un europeo- ha enviado cumplidas promesas de que extremará la vigilancia en el futuro contra cualquier “práctica irregular”. Cambios que requerirán pasos en el orden interno, “incluidas reformas operativas y protocolos de fijación de precios”, aseguró la institución en un comunicado oficial. Y que significarán una “reducción gradual” del acceso a la financiación del banco a países como China, que se ha beneficiado de la doble condición de gran contribuyente y de receptor de ayudas. Entre otras razones, porque la OCDE todavía no le ha reconocido el estatus de economía de mercado. Tal y como avanzó Yong Kim. Este organismo se compromete, además, a elevar hasta los 80.000 millones de dólares los fondos que liberarán a lo largo de este año en líneas de financiación para proyectos al desarrollo en todo el mundo. Un montante notablemente superior a los 59.000 millones que aprobó en 2017.

El otro motivo del visto bueno final de EEUU ha sido la exigencia de que China deje de acudir a la financiación del Banco Mundial. “Dado su creciente estatus económico y su habilidad para conseguir liquidez en los mercados financieros”, recalcan fuentes estadounidenses. Del mismo modo que el respaldo a peticiones que, como la británica, reclaman más recursos para proyectos de países en desarrollo. Bajo el nuevo acuerdo de aumento de capital, el Banco Mundial focaliza sus esfuerzos futuros en “las naciones de bajos niveles de renta”, aseguró Kim, como desean los países europeos y Reino Unido, antes de recordar que “China está catalogada como nación con elevadas cotas de ingresos per cápita”. Esta institución otorgó al gigante asiático 2.500 millones de dólares, 500 más que en 2016.

Con este nuevo pacto en el seno del Banco Mundial, China eleva su capacidad de voto desde el 4,5% hasta el 5,7%. Más en línea con su tamaño en relación al PIB mundial. EEUU se mantiene como el máximo accionista de la institución, con un 15,9% de las aportaciones, una décima por debajo de su estadio actual, seguido de Japón, que también cede una décima a Pekín y se sitúa en el 6,8%.

Este reequilibrio del poder financiero del Banco Mundial supone un paso más en el objetivo de paliar el déficit de infrarrepresentación de economías que han dado un salto cuantitativo por su tamaño, diez años después de la crisis financiera de 2008. Básicamente, los grandes mercados emergentes, que empiezan a perder, además, sus fuentes de acceso financiero dentro de la institución. En favor de los países con rentas más bajas. Sin embargo, el acuerdo está a expensas de que sea finalmente ratificado. Por ejemplo, por el Congreso de EEUU, tal y como avanzó Steven Mnuchin, su secretario del Tesoro, quien incidió en que Washington “espera que este pacto sirva para que se reduzcan los niveles de pobreza”.

Y para países como España, cuyas empresas empiezan a ganar terreno en el competitivo y, cada vez más suculento, mercado multilateral, que mueve más de nueve cifras si se contabiliza la totalidad de proyectos de desarrollo del conjunto de instituciones, globales y regionales, que liberan recursos para elevar las condiciones de vida, las infraestructuras y el emprendimiento en economías con dificultades de acceso a los mercados internacionales. La denominada cuota de retorno de inversiones al sector privado español -es decir, los ingresos que las empresas hispanas, en este caso, consiguen por ganar concursos multilaterales, gestionar los planes financieros y lograr que los planes de transformación se conviertan en realidad- siempre han estado por debajo de la tasa o aportación que, como país, España aporta a las arcas de las distintas organizaciones mundiales y regionales de ayuda al desarrollo.

endeudamiento_proteccionismo

El endeudamiento y el proteccionismo amenazan la economía mundial

El FMI lo apunta y Europa lo enfatiza: las guerras comerciales nunca son eternas y dañan la prosperidad. Sobre todo, con un endeudamiento global de 164 billones de dólares.

 

La reciente cumbre de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha trasladado a los responsables económicos un mensaje de alerta máxima. El elevado endeudamiento que pende sobre los servicios de pagos de todo el mundo pone en serio riesgo la sostenibilidad del actual ciclo de negocios. Una forma de avanzar que la próxima inestabilidad de los mercados podría estar más cerca de lo previsto. En conjunto, los países deben la astronómica cantidad de 164,4 billones de dólares, según los cálculos del Fondo que incluyen tanto la deuda soberana como la de empresas no financieras. Cifra que duplica con creces la riqueza que es capaz de generar la economía mundial y que, al término del pasado ejercicio, alcanzó los 79,8 billones de dólares. Es decir, que el endeudamiento total supera el 100% de la producción total del planeta. Por si fuera poco, el FMI prevé que el endeudamiento repunte un 3,9% más tanto este año como en 2019.

Endeudamiento de las grandes potencias mundiales

De este montante, el peligro más acuciante es el de la deuda de las potencias industrializadas, que supera los 119,2 billones y, en particular, la de EEUU, que ha saltado hasta los 48,1 billones, por encima de los 43,9 billones del conjunto de mercados emergentes dentro de los que China, con 25,5 billones, encabeza el ranking. El incremento del endeudamiento ha sido substancial en comparación a 2007, el ejercicio previo a la crisis, cuando los vencimientos de pagos superaron los 115,9 billones, y las economías de rentas altas rozaban los 100 billones. “A medio plazo, sería conveniente vigilar el déficit y el endeudamiento excesivos, con objeto de equilibrar los balances en las cuentas públicas”, admitía el comisario de Asuntos Económicos y Financieros de la UE, el francés Pierre Moscovici, durante la cita multilateral, de finales de abril. Porque, como también se dejó constancia en la reunión, la deuda acumulada del sector público y privado, a finales del año 2016, suponía un 225% del PIB mundial. El endeudamiento contraído por empresas y bancos durante el largo periodo de bonanza previo a la crisis de 2008 no sólo fue el principal detonante del credit-crunch internacional, sino que se trasladó, en casi la totalidad de los países, al servicio de deuda soberana, a través de rescates de sectores, industrias o firmas.

GUERRA COMERCIAL Y DE DIVISAS

El segundo de los nubarrones que amenazan la coyuntura global es la guerra comercial desatada por la Casa Blanca. Contra China, sobre todo, y contra Europa, en segunda instancia, a cuenta del superávit que mantienen en relación a la balanza comercial estadounidense. También sobre este asunto, Moscovici advirtió de que las tensiones sobre el libre tránsito del comercio y de las inversiones. Su visión fue optimista -“ninguna batalla de esta índole ha sido eterna, esa es la buena noticia”-, a buen seguro por ser conocedor de primera mano del proceso de negociación  abierto por Washington con socios estratégicos como la UE, Canadá y México, para establecer exenciones a la subida arancelaria sobre el acero y el aluminio que desencadenó las hostilidades.

El Yuan pierde fuerza frente al Dolar

Una táctica que difiere en el planteamiento inicial de la que ya ha empezado a jugar China con el paulatino debilitamiento de su moneda, paso previo a la apertura de un diálogo bilateral con la Casa Blanca para discutir temas comerciales. El yuan ha perdido terreno frente al billete verde y ha devuelto a la divisa estadounidense un relativo esplendor desde que Trump anunciara las represalias para, en su opinión, “conseguir el equilibrio en la balanza comercial” con el gigante asiático. La política del dólar fuerte emerge por primera vez desde que el presidente republicano se instaló en el Despacho Oval. Eso sí, más por una decisión de su rival geoestratégico que por la propia dinámica de la política económica estadounidense. “Los movimientos detectados en las últimas fechas en los mercados cambiarios han sido especialmente agresivos”, admite Ken Cheung, estratega en el banco de inversión Mizuho, en Hong-Kong. “Y obedece a la pretensión de Pekín de ganar margen de maniobra negociadora y de ganar recorrido para encarecer el valor del yuan en caso de que se complique el diálogo comercial”, asegura.

Las tensiones comerciales desempolvan el temor de la deflación

El problema de la gestión artificial de la cotización de las divisas es que, según el FMI, en medio de una fase de tensiones comerciales como la actual -con subidas arancelarias por parte de EEUU a productos chinos valorados en 150.000 millones de dólares y, a la inversa, del régimen de Pekín a bienes made in US que entran en el mercado chino por algo más de 100.000 millones-, podría hacer emerger, de nuevo, junto a una repentina y súbita paralización de la actividad económica, el fantasma de la deflación. Es decir, la vuelta a una fase de estanflación, el anómalo fenómeno que siguió a la crisis financiera de 2008. No sólo en los países industrializados sino también entre los mercados emergentes.    

 

devaluar_yuan_china

China sopesa devaluar el yuan como respuesta a la guerra comercial

Pekín maneja un informe de su banco central que aconseja usar el tipo de cambio para gestionar el impacto del comercio bilateral con EEUU y forzar negociaciones China – EEUU.

Las tarifas y aranceles

La tensión geoestratégica no se ha hecho esperar. Apenas un mes después de la proclamación de la guerra comercial por parte de la Administración Trump, China, el principal acusado desde la Casa Blanca del déficit comercial estadounidense, la dialéctica ha dejado paso a los hechos. Aunque el cruce de acusaciones, de alta carga retórica, no haya desaparecido precisamente. Sin embargo, el combate inicial de productos de una u otra potencia económica que han pasado a engrosar la cada vez más extensa lista negra de bienes y servicios que serán sometidos a alzas de tarifas y aranceles siga aumentando, podría pasar a otro peligroso umbral si, como parece, el Gobierno chino decide activar la política cambiaria para amortiguar el golpe de efecto de EEUU y tratar de ganar ventaja en este combate bilateral. Varias fuentes oficiales atestiguan el posible uso de esta arma. De indudable efecto sobre los flujos y la libertad del comercio y de la inversión.

Acuerdo comercial China – EEUU

Una parte de este análisis oficial se centra en las repercusiones que nuevos movimientos en la banda de fluctuación cambiaria que determina, desde el banco central -es decir, por criterios de la política económica planificada de Pekín-, tendría para forzar negociaciones directas con EEUU para alcanzar un acuerdo comercial. En concreto, con la clara intención de alcanzar un mayor margen de maniobra sobre Washington que permita a China cerrar un consenso con ciertas garantías para sus intereses comerciales. El segundo apartado del estudio del que hablan los analistas del Mercado tiene que ver con los efectos que un rinminbi (la divisa internacional que mantiene un cambio paritario con el yuan, la moneda de uso corriente en china) más bajo respecto a las principales divisas del mundo (pero, en especial, frente a un dólar todavía lejos de la prometida fortaleza que desea Trump) tendría sobre la balanza comercial china.

“Parece como si Pekín deseara mostrar la totalidad de las herramientas de las que dispone y que podría emplear” en esta guerra comercial, asegura Viraj Patel, estratega de ING Bank. El yuan se mantiene en una línea de moderada pérdida de valor frente al billete verde norteamericano desde el estallido de la contienda comercial con EEUU. A un cambio de 6,3 yuanes por dólar. Sin que, hasta el momento, el banco central chino haya dado señales de preocupación. Al menos, sin una alteración especial desde que Donald Trump, al inicio mismo de su mandato, arremetiera contra la banda de fluctuación fija que usa Pekín. La principal razón esgrimida por la OMC y sus socios para impedir, casi unánimemente, que adquiera el estatus de economía de mercado. Pese a que se ha revalorizado un 9% respecto al dólar desde que Trump accedió a la Casa Blanca, en enero de 2017.

Las subidas arancelarias

 

China, de hecho, ya está jugando a una gradual depreciación del yuan. Desde el mismo instante en el que su gobierno decretó subidas arancelarias a productos made in USA por valor de 50.000 millones de dólares. A la que siguió otra réplica de Washington para encarecer productos chinos por 100.000 millones, que se suma al alza de tarifas sobre el acero (25%) y el aluminio (10%), que originaron las hostilidades. Gran parte de cuyas importaciones, proceden de China. De momento en vano. Porque desde su implantación, el S&P 500, principal índice de referencia bursátil en el mundo, ha caído un 9% en comparación a su máxima, de comienzos de enero de este año. Una tendencia a la baja que también se ha trasladado al Shanghai Composite Index, que ha perdido un 12% de su valor en el mismo periodo. El presidente Xi Jinping ha declarado que es consciente de los riesgos asociados a una devaluación de la moneda. En concreto, sobre el servicio de pago de deuda de las empresas chinas, altamente endeudadas después de varios años de compras masivas de rivales en el exterior. O por la interrupción del viaje hacia la libre flotación del yuan que le concedería el ansiado cetro de economía industrializada. Cuando pretende lograr el cetro mundial y sustituir, por abandono, a EEUU como actor hegemónico de la globalización.

La consecuencia

Una consecuencia inminente y asociada a esta estrategia cambiaria es la volatilidad del mercado. Ya de por sí, bastante convulso tras la declaración de guerra comercial y las posibles represalias bélicas en Siria. Pero, como toda contienda que se precie, el resultado de mover artificialmente la cotización del rinminbi puede provocar que el disparo le salga a Pekín por la culata. ¿Interesa a China, pues, tocar a su antojo el tipo de cambio? “No es ni adecuado, ni demasiado inteligente” dice Kevin Lai, economista jefe para Asia de Daiwa Capital Markets. “Porque una devaluación utilizada como arma económica podría dañar más la coyuntura china, a la que la táctica del tipo de cambio bajo una banda de fluctuación le ha ayudado a generar estabilidad”, explica, y “podría ocurrir como en 2015, cuando los valores corporativos y financieros se comportaron como una montaña rusa y estuvieron a punto de dar al traste con los cambios en el patrón de crecimiento decretados por Pekín”. China devaluó su moneda, inesperadamente, en agosto de ese año, y los flujos de capital huyeron precipitadamente del país.

Frances Cheung, de Westpac Banking, cree que, dados los antecedentes, Pekín no se decantará por la herramienta monetaria. Aunque servirá para facilitar un compromiso entre ambas partes en la dirección correcta, la de la liberalización de capitales. “Hay otras medidas que puedes usar antes que ésta”, asegura Ken Peng, de Citi. “Utilizar la depreciación es como sacrificar a 800 soldados de tu ejército para matar a 1.000 enemigos”. No es un buen resultado.

Sobre todo, si los augurios de Louis Gave, CEO y cofundador de Gavekal, uno de los fondos de inversión más rentables con un amplio juego de intereses en China, resultan correctos ya que, a su juicio, antes de la declaración de guerra de Trump, Pekín tenía en mente abandonar la banda de fluctuación de su moneda en los mercados internacionales. Dentro de tres años, precisa. Básicamente, porque su riqueza ha crecido y se ha expandido por su sociedad y, si quiere lograr el estatus de economía de mercado, debe abandonar estas prácticas. Algo que puede conseguir de la mano de Alemania. Un viejo anhelo desde que entrara en la OMC, en 2001, y que otorgaría al país un mayor rango de influencia mundial. En línea con viejos mensajes de Administraciones estadounidenses del pasado de pedir “mayor responsabilidad y activismo” a Pekín en resolución de problemas globales. Y que han desaparecido con la llegada de Trump.

“La Lista”

Más efectivo, sin embargo, será la lista de productos norteamericanos que se encarecerán a su entrada en el gigante asiático. Los más de 100.000 millones de dólares en los que se valora las subidas arancelarias de EEUU sobre bienes procedentes de China podrían ser menos dañinos que las barreras por 53.000 millones que ha levantado el régimen de Pekín a mercancías que adquiere de EEUU. La explicación está en los sectores. La agencia Standard & Poor’s no considera que la subida arancelaria americana afecte más allá del 12% de las exportaciones chinas hacia la mayor economía del planeta, muy centrada en productos tecnológicos -no precisamente de alta gama-, hacia el pago de patentes (propiedad intelectual) o a suministros para abastecer a la industria del automóvil. En cambio, el disparo chino es más preciso. Va contra el sector agrícola, es decir contra los estados rurales del interior, los que dieron su voto mayoritariamente al dirigente republicano. La agricultura y, en especial, las carnes, frutas, hortalizas y vino que acaba de gravar adicionalmente Pekín, supusieron más de 19.000 millones de las ventas americanas a China en 2017. La jugada es simple. Washington prefiere daños cuantitativos para reducir su desequilibrio bilateral desde los 375.200 millones de dólares a una cifra inferior a los 100.000 millones, y Pekín apuesta por los efectos cualitativos. Sólo la soja totalizó 12.300 millones del total de la partida agrícola estadounidense. Aunque Pekín también ha creado nuevas barreras a los automóviles y a los aviones comerciales, segmentos en los que las grandes multinacionales americanas habían cerrado acuerdos multimillonarios, con carteras de inversiones cerradas para varios años.

Entre otras razones, porque firmas como Ford tenían previsto importar versiones de su modelo Focus ensamblado en sus plantas de China a partir de 2019. O el holding Geely, que integra a la marca Volvo, que empezó a importar sus automóviles sedans de China en 2015. O General Motors, que también adquiere de sus fábricas en China su híbrido Cadillac CT6.

Dardos bandera alemana y americana

Merkel sabe que Trump no parará hasta corregir el déficit con Alemania

Quizás más que el Brexit, las presiones nacionalistas de Rusia o las reformas europeas, el gran reto de Merkel en su cuarto mandato será la guerra comercial de EEUU con Trump.

 

La Casa Blanca ha situado a Alemania en su punto de mira

No hasta el punto de modificar su alianza geoestratégica, forjada en la historia reciente, a prueba de cualquier altercado. Pero la Administración Trump tiene una obsesión: acusa a Berlín, casi al mismo nivel que a China, de ser el artífice del déficit comercial de la mayor economía del planeta. Donald Trump menciona a la locomotora europea cada vez que revela sus intenciones sobre cómo deberían ser las relaciones comerciales en el nuevo orden global. Y esas tensiones con aliados, como ha avanzado el actual inquilino del Despacho Oval, determinarán las acciones inmediatas de la Gran Coalición de Merkel en su cuarto mandato como canciller. Más, incluso, que posibles injerencias del nacionalismo de Vladimir Putin o que otra posible crisis de refugiados, que deterioró en la legislatura anterior un drástico descenso de la popularidad de la dirigente germana.

Detrás de la subida arancelaria sobre el acero y el aluminio subyace su idea de debilitar el sector exterior alemán. Igual que su declarada intención, aún no consumada, de imponer un impuesto sobre los coches de importación, que han copado el parque automovilístico de los americanos en los últimos años. O su idea de penalizar a países que no aporten sus asignaciones anuales a la OTAN. Otra de sus constantes amenazas a Berlín. Y es que Alemania es el socio europeo que más tendría que perder en caso de que se recrudezca la batalla transatlántica. “Aunque suene bastante rocambolesco que se redoblen las presiones entre aliados”, asegura Sebastian Dullien, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) en Berlín. Dullien precisa que Trump asume el refrán de “con estos amigos, quién necesita enemigos”. Toda una equivocación, a su juicio. Pero sus citas sobre comercio y defensa no caerán en saco roto. “Algún efecto va a tener” en las relaciones, explica.

La nueva estrategia proteccionista

El saldo positivo de la balanza comercial entre EEUU y Alemania sobrepasó en 2017 los 60.000 millones de dólares. Cuatro veces el superávit bilateral de Canadá. Pero, con la nueva estrategia proteccionista de Trump, sus exportaciones al mayor mercado del mundo y, sobre todo, la salud empresarial de sus grandes emporios industriales, desde Daimler a Deutsche Bank, pasando por BMW -entre otros- podrían verse sometidos a vaivenes en sus cuentas de resultados. El futuro, pues, “es incierto”, admite el mercado. A los ojos de Merkel, esta actitud supone una afrenta en toda regla de su aliado transatlántico. En un instante de tensiones con Reino Unido por el Brexit, con China por la hegemonía a la que ha renunciado la Administración Trump en el orden global, en asuntos como el cambio climático o el libre comercio, lo que se traduce en un pulso dentro de instituciones multilaterales como el G-20, el FMI o la propia OMC y, sobe todo, con una dura y exigente agenda reformista del euro en ciernes.

El tacticismo de Trump

Merkel se ha adherido a la reacción europea contra EEUU en el terreno comercial. Aunque ve en esta actitud una oportunidad de renegociar el Tratado Transatlántico con Washington. En su opinión, a Trump también le mueve el tacticismo. Como ha sucedido con el Nafta. Pese a que sus homólogos mexicano y canadiense incidan en que, tras un largo trimestre de diálogo, las intenciones de revitalizar la unión aduanera norteamericana por parte del dirigente republicano sean una quimera. Fiel a su teoría de que en una guerra comercial “nadie gana”, la canciller adopta la estrategia de wait and see. Hasta comprobar, de primera mano, que la carta del tratado de libre comercio se entierra definitivamente. Siempre ha confiado en las distancias cortas. Sobre todo, en cumbres multilaterales como las del G-20.

De hecho, al mismo tiempo que respalda las sanciones europeas a productos estadounidenses, pone de ejemplo las exenciones que se han granjeado Canadá o México sobre los incrementos arancelarios del 25% al acero y del 10% al aluminio. Origen de la guerra comercial. Una medida de gracia a la que podrían acogerse también Reino Unido, deseoso de labrar nuevos acuerdos de inversión y comerciales para su etapa post-Brexit y Australia. Es decir, los mercados anglosajones. El mismo compás de espera que han proclamado Robert Lighthizer, representante comercial de EEUU, y la comisaria Cecilia Malmstrom. Ambos han apelado a “un futuro próximo” para arrojar “mayor claridad” a las nuevas relaciones comerciales entre Europa y EEUU.

Aun así, Trump no pierde comba a la hora de criticar a Berlín. Es el caso más significativo de los aliados que dicen “no queremos tarifas” y el más reacio a “cambiar las cosas y a advertir de sus terribles consecuencias”, aclara el presidente. Mientras “Europa no mata” con un déficit que supera los 100.000 millones de dólares. Por eso, “vamos a gravar con impuestos, tarifas y otras barreras a sus multinacionales”. De cumplir con esta prerrogativa, y elevar en un 10% el coste de las compras procedentes de Alemania, el PIB germano se contraería tres décimas. Aunque el americano sería un 0,9% más reducido en 2020. Es decir, que el perjuicio sería mayor para la economía de EEUU, según algunos estudios prospectivos. Carsten Brzeski, economista jefe de ING-Diba cree que la táctica proteccionista de Trump “es un argumento a favor de una mayor integración de la zona del euro”. La canciller “busca suprimir los riesgos iniciales de la contienda; hasta comprobar que la amenaza es cierta y real”, aclara Oliver Rakau, de la consultora Oxford Economics. “Aunque no le haya sentado nada bien que las embestidas desde Washington hayan surgido durante la campaña electoral y se hayan acentuado mientras superaba los escollos de su futuro gabinete”, dice “ella confía en rebajar las pretensiones” de Trump.

La incertidumbre y los empresarios

La paciencia de Merkel, sin embargo, no guarda relación con la de los empresarios de su país. Al menos, con los dirigentes de Lufthansa, por ejemplo. La línea de bandera alemana acaba de cancelar su vuelo directo Berlín-Nueva York ante los escasos beneficios que le ha reportado la  ruta en el último año, en el que la instauró, tras el colapso de su rival Air Berlin. Lufthansa no ha admitido exactamente que su decisión se deba a la guerra comercial. Pero ha contado porque, de hecho, ha criticado abiertamente la dureza de horarios que el aeropuerto JFK ha impuesto a sus vuelos y las nulas opciones de adquirir otras bandas temporales por la prioridad que concede a sus aerolíneas nacionales y a ciertas extranjeras, preferentemente de países anglosajones.

Bandera americana Trump industria

Guerra comercial de Trump: efectos económicos y orden mundial

La subida arancelaria al acero y el aluminio de Trump en EEUU es un riesgo sistémico. Ninguna guerra comercial ha ocasionado riqueza nacional, sino tensiones globales. 

Las consecuencias de la guerra comercial de Trump inaugurada el mes pasado por la Casa Blanca con la subida arancelaria sobre las importaciones de acero y aluminio se apreciarán sobre la coyuntura de la mayor economía del planeta y sobre sus intereses geoestratégicos. Tal y como se analiza en los siguientes apartados. Porque ningún mecanismo de protección comercial declarada ha ocasionado vencedores. Más bien al contrario. Las hostilidades contra el libre comercio siempre se han saldado con duros efectos sobre los mercados involucrados.

1.- La economía estadounidense sufrirá presiones inflacionistas.

En el peor momento. Bajo una coyuntura delicada. Con una rebaja fiscal sin parangón, tanto para rentas personales como para beneficios empresariales, que añade combustible a una economía que muestras los primeros signos de sobrecalentamiento y de subida de precios; con la Reserva Federal del presidente recién nombrado Jerome Powell, acelerando el encarecimiento del dinero (el pasado miércoles lo hizo en otro cuarto de punto, hasta el 1,75%), el sexto movimiento alcista desde la implantación de la política de tipos próximos a cero. Y se esperan dos más este año, según el recién nombrado máximo dirigente de la Fed. Debido a que sus previsiones de crecimiento se han elevado (al 2,7% este año y al 2,4% en 2019) a que la tasa de paro oscilará entre el 3,6% y el 3,8% y que el IPC se espera que repunte al 2% en 2019.

Sin embargo, estas predicciones están puestas en tela de juicio. No sólo en el mercado. También entre los organismos multilaterales, que detectan efectos más perniciosos sobre los precios y que alertan, además, sobre el doble déficit (el fiscal y el de la balanza de pagos) de la mayor economía global. JP Morgan cifra que el desequilibrio presupuestario alcanzará este año el 5,4% del PIB, dos puntos más que en 2017, mientras que el de cuenta corriente -exceso de gasto en las transacciones internacionales- llegará al 3,9% del PIB en 2019. Anomalías que pueden traer unas súbitas oscilaciones en el valor del dólar y dudas en consumidores y empresas a la hora de iniciar decisiones de gasto o de inversiones por el dinero extra de las rebajas tributarias. BCA Research apuesta por tipos de interés notablemente altos a medio plazo para contener una inflación que se disparará en los próximos meses, y por rentabilidades bursátiles a la baja y un billete verde en retroceso por la guerra comercial. Por si fuera poco, sus expertos alertan de que, a diferencia del recorte fiscal de la era Reagan, la deuda federal estaba en el 30% del PIB. Ahora se sitúa en el 100%, con las obligaciones de pagos internacionales en el 40% del PIB.

2.- La historia de las guerras comerciales acaba en catástrofes.

Ninguna batalla por el control del comercio ha traído buenas nuevas. Y ninguna ha dado como resultado una “victoria sencilla” como vaticina Trump. Sin duda, la más emblemática de la historia económica contemporánea fue la iniciada por EEUU en 1930. A partir de la Smoot-Hawley Tariff Act. Una subida arancelaria sobre más de 20.000 productos de importación. Concebida para hacer frente al Crash de 1929, fue derogada en 1934. Porque Canadá y otros socios comerciales de EEUU subieron el precio de sus adquisiciones made in US hasta un 61%. Numerosos historiadores aseguran que, lejos de cantar victoria, esta reacción a la Gran Depresión fue el mayor desastre en política comercial de EEUU en el siglo pasado.

En EEUU, desde hace más de cien años, el lobby agrícola e industrial ha pretendido sellar las fronteras por temor a la competitividad, vía precios, sobre todo, de sus rivales exteriores. Y, casi siempre lo han conseguido. Pese a que la Smoot-Hawley sigue siendo un caso práctico de libro en las escuelas de negocio. De prácticas perniciosas claro. Lo llegó a reconocer Franklin D. Roosevelt, su mentor desde la Casa Blanca. En 2010, se alcanzó un gravamen medio de entrada de mercancías y servicios a EEUU del 5%. Si bien en 1930, alcanzó el 45%. No resulta fácil desmantelar los muros arancelarios. De ahí que el mundo académico tache a Trump de “arcaico” y de “decimonónico” por su concepción sobre el comercio. Ni antes, con actos similares, de finales, incluso, del XVIII, ni después, con las batallas sectoriales del pollo y otros productos alimenticios, o la propia de George W. Bush sobre el acero y el aluminio, el resultado ha sido satisfactorio. Para nadie.

El sentir general asegura que los grandes perdedores son los consumidores, que hay muchos más sectores y negocios que dejan de ingresar que los escasos que ganan y que éstos lo hacen de forma coyuntural, y que generan más desigualdad porque su contagio inflacionista -el impuesto de los pobres- lo pagan, sobre todo, las clases más desfavorecidas.

3.- El juego geoestratégico entra en escena con Trump.

Hay quien dice que los que persigue Trump es un juego táctico. De buscar de nuevo la hegemonía estadounidense con sus aliados. De ahí que nada más llegar al Despacho Oval arremetiera contra el Trans-Pacific Partnership y sacara a su país del acuerdo suscrito por Obama. En paralelo a la defensa de Taiwán y las acusaciones sobre la presencia de Pekín en las islas del Mar Meridional de China. En plena tensión nuclear con Corea del Norte. Y con un replanteamiento de relaciones geoestratégicas con Seúl y Tokio -e, incluso con China- que va a modificar el statu quo en Asia. No por casualidad, Trump acaba de avanzar aumentos de aranceles sobre productos chinos por más de 60.000 millones de dólares.

También ha utilizado esta estrategia con el Nafta norteamericano. Herido de muerte, pero sobre cuyo aparente cadáver aún negocian tanto Canadá como México. O con la pasarela de comercio e inversiones transatlántico (el llamado TTIP) con Europa. En este teatro del absurdo, además, conviene mencionar los acuerdos multimillonarios con Arabia Saudí, el acercamiento al Israel de Netanyahu y los ataques contra Palestina para cambiar la creciente influencia iraní en Oriente Próximo. Y los ataques al entramado multilateral, con la OMC y el FMI como objetivo claro de sus dardos.

Sin embargo, las críticas arrecian contra la concepción infanticida de Trump. Desde un sinfín de latitudes. El Gobierno noruego, por ejemplo, hace hincapié en que la constante apelación a la seguridad nacional para justificar esta medida, denota que el presidente estadounidense “tiene su Talón de Aquiles con el libre comercio” y que su vinculación a esta causa “es una excusa para implantar un proteccionismo exacerbado y nada constructivo”, asegura su Ministerio de Exteriores en una dura nota oficial. La poderosa Cámara de Comercio estadounidense le ha instado a que deje sin efecto la medida, advirtiéndole que su idea del America, first ocasionará un perjuicio de alto calado a la industria del país, debido a las consecuencias imprevisibles de la guerra comercial abierta con sus aliados. Pero, quizás, la dialéctica más feroz ha llegado de un ex director de la CIA, John Brennan, para quien Trump “es inestable y carente de experiencia”. Como en su día criticó Henry Ford a Roosevelt (“su medida, señor presidente, es una solemne estupidez económica”), Brennan cree que el liderazgo del republicano deja una “profunda preocupación” porque sus “diatribas -dijo- irán a peor”.

Moneda dólar comercio Trump

Guerra comercial de Trump: EEUU en el laberinto

La afrenta de Donald Trump contra el libre comercio puede traerle serios perjuicios. Con aliados hostiles y sin recuperación del empleo industrial.

Los efectos colaterales de su ordenado incremento de tarifas sobre las importaciones de acero -del 25%- y de aluminio (10%) no parecen que estén completamente bajo el control del actual inquilino de la Casa Blanca. Es decir, que el inicio de hostilidades decretado por EEUU ya revela dudas sobre la hipotética victoria “fácil” augurada por su presidente en esta contienda. Todas ellas, de enorme calado. Algunas, de índole económica, aunque también geoestratégicas. Y que dejan en entredicho las palabras de Trump, en su cuenta personal de Twitter, de que “las guerras comerciales son buenas”.

Veamos dos inmediatas, de pronóstico incierto para el comercio global

1.- Aliados de Washington que recogen el guante.

“El acero es el acero. Si no tienes acero, no tienes un país”. La proclamación de Trump en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca es una llamada al proteccionismo. Al patriotismo. “Estas acciones se han tomado porque no hay otra elección, porque son necesarias para preservar nuestra seguridad nacional”, explicaba Trump, antes de sentenciar: “La mayoría de los países que nos amenazan con lo peor del comercio y de la defensa militar son nuestros aliados, como a ellos mismos les gusta denominarse”. El dirigente aludía, sin citarlos, a países de la OTAN. Trump acusa a los diez que lideraron las ventas de acero a EEUU de competencia desleal a los trabajadores metalúrgicos estadounidenses, a los que, enfatiza, hay que defender a ultranza como parte de la soberanía nacional.

Este primer muro arancelario ha dejado un reguero de rivales. Europa, Japón, China, Rusia y sus vecinos del todavía latente Nafta (Canadá y México) están dispuestos a presentar batalla a Washington. La UE, por ejemplo, ha enumerado un listado de 350 productos a los que aplicará gravámenes si EEUU consuma su amenaza sobre el acero y el aluminio. En realidad, son dos listas negras que, en conjunto, suman 6.400 millones de euros en ventas. En caso de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) dictamine que EEUU ha vulnerado, con su decisión, el principio de libre circulación de mercancías y servicios. El Gobierno chino, por su parte, se apresuró a calificar de “sumamente grave” el viraje de Trump. Li Xinchuang, presidente de la Asociación China del Hierro y del Acero, aclaró que “el impacto sobre los productores chinos no será grande”, ya que, según el Departamento de Comercio de EEUU, los mayores vendedores de acero son Canadá, con más del 16% de las adquisiciones de este material, seguidos de Brasil y Corea del Sur, mientras China apenas coloca algo menos del 5%. Datos de 2017. Pero, escasas semanas después, Pekín ha contraatacado con subidas de aranceles a una treintena de bienes de EEUU por valor de 3.000 millones de dólares. Advirtiendo de que la respuesta será inmediata y proporcionada, en sintonía, con posibles nuevas represalias de EEUU.

Louis Kuijs, de la consultora Oxford Economics en Hong Kong cree que, si realmente Washington pretende hacer daño a Pekín en este terreno, “debería encarecer las entradas de productos electrónicos o de telecomunicaciones”. Aunque, según su opinión, “sería más conveniente alcanzar un acuerdo bilateral, porque muchas firmas de EEUU se enfrentarán a daños colaterales que podrían repercutir sobre los consumidores, con alzas de precios”. O actuando sobre la propiedad intelectual, requisito que las compañías chinas se suelen saltar por norma general, un asunto -aclara- que sería, además, del agrado del sector privado estadounidense.

China, México y Europa -o, para ser más precisos, Alemania-, han sido identificados por Trump como los principales focos del déficit comercial de EEUU. Un agujero que se ha deteriorado durante el primer año de gestión de Trump un 12,1% en términos interanuales, hasta totalizar 566.000 millones de dólares, la cota más alta desde la crisis de 2008. Las exportaciones subieron un 5,5% (2.330 millones de dólares), frente al repunte del 6,7% de las compras: 2.900 millones. Con China -que acumula frente a EEUU un superávit comercial de 375.200 millones de dólares, un 8,1% más respecto a 2016- y México (71.100 millones) a la zaga, aunque a bastante distancia. Europa tuvo un saldo positivo conjunto de 120.800 millones en 2017; un 6,8% más que el año anterior.

El problema para Trump es que su táctica del palo (incremento de tarifas) y la zanahoria (países que podrían beneficiarse de excepciones; es decir, de un aumento menos agresivo e, incluso, de exenciones) no parece que vaya a dar el resultado previsto. Salvo mercados anglosajones como Reino Unido, inmerso en una dura negociación con Europa por el Brexit y necesitado de perfilar su mapa de acuerdos de libre comercio tras el divorcio de la UE, o Australia, titubeante ante los cantos de sirenas de Trump, los grandes aliados de EEUU prefieren combatir el proteccionismo de la mayor economía del planeta. Japón recalca que “sus ventas de aluminio y acero a EEUU no pueden afectar a la seguridad nacional; en absoluto. Así se lo diré a sus autoridades en cuanto tenga la oportunidad”, dijo su titular de Comercio.

En línea con voces empresariales como la del CEO de Siemens, Joe Kaeser, para quien “después de una reforma fiscal enfocada a la creación de empleo, ahora [el gobierno americano] saca de la chistera una deplorable decisión sobre lo que considera un comercio justo”. Para Kaeser, la doble subida arancelaria “ni es buena para el consumidor, ni para generar empleos ni para un mundo libre”. Algo que también critica Hyundai. La multinacional surcoreana alerta que este cambio de tarifas “elevará los costes de producción” de sus fábricas en EEUU, lo que conducirá a “un incremento del precio final de sus vehículos y a un descenso de la demanda”, señaló Jim Trainor, portavoz de la firma en EEUU, que no descartó modificaciones en los planes productivos de su planta en Alabama. La japonesa Toyota o Ford se han añadido a la lista de empresas agraviadas.

Hasta Canadá se ha sumado a la retahíla de advertencias. Su primer ministro, Justin Trudeau, que ha aireado su malestar por la renegociación del Nafta, un intento, a su juicio y el de numerosos expertos, de lapidar la unión aduanera norteamericana, considera “inaceptables” y una medida que causará “daños significativos” la maniobra beligerante de Trump.

2.- El alza de tarifas no garantiza la defensa de los empleos americanos.

“Las tarifas sobre el acero funcionan”. Fue el lema de George Bush en marzo de 2002 para justificar su decisión de elevar, del 8% al 30% los aranceles a la importación. Esta recurrente ocurrencia republicana, en su penúltima versión, sólo duró un año y medio. Hasta diciembre de 2003. No consiguieron reactivar el empleo de esta vetusta, aunque todavía estratégica industria.

El sector sufrió su gran desplome de puestos de trabajo al inicio de los ochenta del siglo pasado, al pasar de una plantilla de 453.000, en 1979, a otra de 236.000 en 1984. Después de alcanzar su clímax en 1953: 650.000 empleos. En sintonía con la caída global. Desde 1972 hasta 2014 este segmento manufacturero ha perdido la mitad de sus trabajadores en el mundo, según la Oficina de Estadísticas Laboral de EEUU. Una dura y larga reconversión.

Tampoco el negocio vinculado al aluminio es demasiado boyante. La bauxita, el mineral del que se extrae, apenas requiere 5.000 mineros, el 80%, en Minnesota. De ahí que la adquisición de acero y de aluminio foráneo y barato, indispensable para abastecer la industria aeroespacial, la automovilística, la de envases o la de componentes electrónicos, haya aportado más puestos de trabajo de los que ha destruido. Aunque no lo crea así el secretario de Comercio, Wilbur Ross, que compró varias firmas acereras en bancarrota en 2002 -coincidiendo con el alza arancelaria de Bush- y que tres años después vendió a Mittal Steel (ahora Arcelor Mittal).

Ross abandera el ala dura de los partidarios del proteccionismo en la Casa Blanca. Junto a Peter Navarro, director del Consejo Nacional de Comercio. Son los dos grandes triunfadores. Las voces del Buy american, first. Y Robert Lighthizer, responsable de Comercio Internacional quien, como abogado, dirigió el lobby de la industria siderúrgica en Washington. Los tres han salido airosos frente al dimisionario Gary Cohn, el principal asesor en materia económica de Trump y antiguo directivo de Godman Sachs y Rex Tillerson, ex secretario de Estado. Una lucha interna que tendrá sus consecuencias en la esfera internacional, mediante un “alto coste diplomático” en el terreno geoestratégico y económico, auguran nada menos que Alan Greenspan y Ben Bernanke, los ex presidentes de la Reserva Federal, quienes no conceden credibilidad al mensaje de Trump de que la política de resolución de conflictos a través de panales sectoriales de la OMC ha sido “un desastre para nuestro sector manufacturero” y proclamar que “necesitamos a nuestras firmas para impulsar a nuestra industria del metal”.

Una apelación al patriotismo que no ha cuajado. Ford cree que, a pesar de comprar la mayoría del acero y aluminio del país, “esta acción aumentará el precio de las materias primas y dañará la competitividad del sector”; las firmas cerveceras, que venden gran parte de su producción en latas, han pedido a la Casa Blanca que “reconsidere su postura” para cubrir los desequilibrios de demanda de aluminio nacional o importado y cumplir con los 2,6 millones de toneladas de este metal que precisó en 2016; las tecnológicas, con Apple a la cabeza, aunque sólo fabrique una mínima porción de sus productos en EEUU, admiten temer caídas bruscas de su cotización por la guerra comercial de EEUU, colapso que también atisban las constructoras de oleoductos y gaseoductos, en una fase crucial, con un billonario plan de infraestructuras en marcha e, incluso, el sector agrícola, que se teme el blanco de las represalias a la importación de mercancías estadounidenses. Sus directivos muestran unas cartas reveladoras: los sueldos que generan las firmas productoras de acero y aluminio totalizan 203.000 nóminas en todo el país. Frente a los 6,5 millones de las diferentes industrias que usan estos materiales.

Bandera europa y reino unido rota

Reino Unido y la UE acercan posiciones sobre su acuerdo de divorcio

El Brexit está más cerca. Bruselas y Londres han sellado el ‘road map’ de la desconexión británica de Europa, la transición de 21 meses tras la ruptura.

Un primer esbozo

Las empresas y ciudadanos europeos y británicos ya tienen un primer esbozo de acuerdo sobre la preservación de sus derechos civiles y mercantiles, que establecerá reglas consensuadas sobre circulación de bienes y mercancías. Una reivindicación de mínimos, reclamada desde la sociedad británica y desde las instituciones europeas, como paso previo para consolidar una transición ordenada del divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea (UE).

“Se trata de un paso decisivo”, aseguró el negociador jefe de la Unión, el comisario francés Michel Barnier, que pasa, a falta de que se concreten los pormenores de este principio de acuerdo, por una premisa esencial: Reino Unido permanecerá bajo el sometimiento de las normas europeas durante los 21 meses a los que se refiere el consenso, pero sin capacidad de voto -ni siquiera de voz- en los estamentos en los que se toman decisiones soberanas en nombre de la Unión.

Las cesiones iniciales

Grosso modo, Londres deberá seguir otorgando a los ciudadanos europeos que lleguen a suelo británico los mismos derechos que hasta ahora. Y, salvo imprevistos, que los puede haber en cualquier momento, también cederá a las reivindicaciones europeas sobre Irlanda, y Gibraltar, que saldrá de la UE al mismo tiempo que Reino Unido. A los ojos de la primera Theresa May, estas cesiones iniciales al órdago lanzado desde Bruselas podrían anticipar un buen pacto futuro en materias sensibles para el 10 de Downing Street como la Seguridad y la Política Exterior o el libre acceso al mercado interior. E, incluso, la negociación de acuerdos comerciales con terceros países o bloques aduaneros antes de que se certifique la rúbrica del Brexit. Una condición que Londres ha buscado desde el primer minuto de su decisión de activar el artículo 50 del Tratado de la UE por el que un país miembro puede pedir unilateralmente su salida del club comunitario y que se ha hecho imperioso para los intereses de Londres con la reciente declaración de guerra comercial lanzada por la Casa Blanca.

El sector empresarial

Una de las primeras voces en celebrar el resultado negociador, impulsado durante el pasado fin de semana, han sido las empresariales. Allie Renison, responsable de política comercial y para Europa del Instituto de Directores, think-tank vinculado a la gran patronal británica, agradeció que se diera cumplimiento a “una prioridad” del empresariado, aunque se reservó una opinión de mayor precisión “hasta conocer los pormenores del acuerdo”. También la poderosa Cámara de Comercio Británica, que ha ejercido indisimuladamente su influencia sobre el gabinete tory en los últimos meses para alcanzar este principio de consenso, se mostró satisfecha. “Era una auténtica urgencia avanzar este pacto porque la mayoría de las planificaciones de inversiones y de negocios para el próximo bienio (y en el escenario post-Brexit) deben empezar a tomarse de inmediato”, explicó Adam Marshall, su director general. La noticia, de hecho, hizo saltar el valor de la libra, una de las divisas más revalorizadas, según el mercado, pero en paulatino descenso durante la segunda mitad del pasado año y el trimestre actual de 2018.

El road map de la salida del Reino Unido

David Davis, el ministro para Europa del Reino Unido y contraparte de Barnier en la negociación, resaltó que este principio de acuerdo “sienta las bases para avanzar en el tratado que desligará a Londres de las instituciones comunitarias”. Barnier, por su parte, valoró “el notable caudal de entendimiento mutuo” para llevar, a buen ritmo, el road map de la salida del Reino Unido. De hecho, para Davis, “este acuerdo facilita enormemente que Londres salga de la Unión en el plazo previsto”. Es decir, en dos años desde la petición de separación.

Gibraltar en el punto de mira

Ambos políticos, además, convinieron en que el abandono británico de la UE supone, de facto, y de forma inmediata, la salida también de Gibraltar. De manera que este asunto pasará a ser de la exclusiva responsabilidad de Londres y Madrid, que reivindica históricamente la devolución de la colonia británica. Es decir, que perderá la concepción comunitarizada de ciertos aspectos negociadores, como la política de Cielos Abiertos, centralizada en Bruselas, para convertirse en un conflicto de marcado cariz bilateral. Aun así, Barnier quiso enfatizar la solidaridad europea con las posiciones españolas en torno a esta cuestión. En este sentido, Davis señaló que las negociaciones entre Londres y Madrid están siendo “muy constructivas”, al tiempo que enfatizó su deseo de que acaben siendo “muy productivas”. Aunque fuentes diplomáticas españolas y europeas incidan en la dureza negociadora de Madrid.

El Peñón seguirá beneficiándose de las ventajas del mercado único en las mismas condiciones que el Reino Unido hasta finales de 2020, pese a que en teoría el poder de veto de Madrid sigue intacto: para que el acuerdo de transición sea aplicable en Gibraltar tiene que haber un acuerdo bilateral entre Londres y Madrid. Y España pretende que Londres haga concesiones acerca del uso compartido del aeropuerto de Gibraltar y sobre las prácticas fiscales agresivas que emplea El Peñón. Entre otros aspectos.

Irlanda

Otro de los puntos de máxima tensión es Irlanda. No sólo por la posibilidad, defendida desde el Reino Unido, de evitar que se instauren de nuevo los límites fronterizos entre ambos países. Sino por cómo va a quedar resuelta finalmente la solución para Irlanda del Norte. “Mientras no haya un acuerdo, este asunto quedará sin respuesta. Pero sabemos qué tenemos que hacer y cómo conseguirlo”, aseguró Davis. Barnier prefirió hacer hincapié en que “serán los trabajos preparatorios”, de suma trascendencia, los que logren “eludir la frontera que separe el norte del sur y reduzca la necesaria cooperación entre las dos partes de Irlanda”. El comisario europeo dijo confiar en que este acuerdo “de transición” sirva para perfilar “los términos” de un pacto duradero y de “obligado cumplimiento y entendimiento”.

Tanto Londres como Dublín desean que la desconexión no ocasione una separación geográfica y política entre Irlanda e Irlanda del Norte que ponga en riesgo los Acuerdos de Paz del Viernes Santo. Pero la marcha de Reino Unido del mercado interior podría obligar a ello. De momento, Londres también cede a las pretensiones de la UE: acepta incluir un respaldo “legal” que mantendría a Irlanda del Norte en el grueso del mercado único y la unión aduanera “hasta que se encuentre otra solución”, dice Barnier. O lo que es lo mismo. Hasta que Downing Street proponga otras opciones.

Pasos rumbo a la desconexión de Reino Unido

Finalmente, en el anuncio de este progreso negociador sin precedentes desde que el 29 de marzo del pasado año Londres invocara oficialmente la puesta en marcha del Brexit, también se apreciaron discrepancias. En particular, sobre el clima para hacer negocios. Mientras para Davis, este concordato de transición restaurará la certidumbre en el sector privado de ambas partes, para Barnier, la necesaria certeza que demandan las relaciones empresariales sólo se conseguirá con la rúbrica del acuerdo definitivo.

El acuerdo de transición es clave para asegurar un Brexit ordenado y evitar una ruptura abrupta. Otorga al Gobierno británico y a la UE 21 meses adicionales para negociar la relación futura, y da más certidumbre tanto a las empresas y los bancos como a los 4,5 millones de europeos en suelo británico y de británicos en la UE. Su contenido preliminar deja dos puntos claros. Reino Unido sigue dentro del mercado común durante 21 meses, pero están obligados a respetar la normativa europea, premisa que molestará, a buen seguro, a los partidarios de un Brexit duro.

puerto marítimo áfrica

El desarrollo portuario en África genera oportunidades a España

Gracias a diferentes acuerdos y tratados de apoyo, muchos países africanos están creando y mejorando sus precarias infraestructuras portuarias, con el fin de impulsar su desarrollo económico. Una situación que España puede aprovechar para reforzar la posición que le da su situación geográfica estratégica.

Los puertos en África

Más del 80% del comercio global se mueve por la vía marítima y se maneja en puertos de todo el mundo, sin embargo, prácticamente el mismo porcentaje de países con actividad comercial no tiene una conexión directa por mar con sus socios. África es uno de los continentes que peor parte se lleva en lo que respecta a puertos. Según la última edición del informe Review of Maritime Transport, en esta gran región sólo destacan a nivel portuario Egipto, Marruecos y Sudáfrica, influidos por sus posiciones geográficas estratégicas. Sin embargo, hay países que hacen negocios entre sí, como Brasil y Nigeria, cuyos barcos han de hacer escalas en puertos europeos por falta de infraestructuras.

Esta realidad ha abierto los ojos de muchos gobiernos africanos, que han empezado a desarrollar grandes infraestructuras para cubrir esta demanda y, de esta manera, generar una mayor riqueza. Una situación que las compañías españolas deben tener en cuenta para impulsar posibles alianzas en el continente vecino. Y no sólo eso, también aprovechar su situación geográfica estratégica para convertirse en enlace imprescindible dentro de las rutas comerciales de África.

La situación española

De hecho, puertos como el de Algeciras o aquellos localizados en las Islas Canarias son ya un referente del comercio con este continente. Según datos aportados por el director general de Casa África, Luis Padrón, el 60% de las mercancías que llegan o salen del Puerto de Las Palmas, por ejemplo, procede o se dirige hasta territorio africano. Además, sólo en 2016 esta misma infraestructura fue enlace en la costa atlántica para casi 90 puertos del continente.

Situaciones como éstas se han dado a conocer en la presentación Review of Maritime Transport, realizada recientemente en la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) en Madrid, en la que también participó Narciso Casado, director de Gabinete de Presidencia, Relaciones Internacional e Institucionales de la patronal. Éste aseguró en su intervención que un gran número de países del África subsahariana ha ratificado el Tratado de Facilitación del Comercio.

Uno de los objetivos de dicho documento es agilizar y modernizar las tramitaciones aduaneras en la mayoría de los países del mundo. A esto se suma el Acuerdo de Partenariado Económico de la UE con la Comunidad de Desarrollo de África Austral, que ha empezado a estar operativo a principios de este año. Gracias a este, se establecen regímenes arancelarios comunes entre diversos países y se pondrán en marcha procedimientos aduaneros más eficientes.

Conexión España-África

También presente en el acto, el presidente de Puertos del Estado, José Llorca, aseguró que en 2017 los intercambios comerciales entre España y los países africanos ascendieron a 106,5 millones de toneladas, un 4,7% más que el año anterior. Una tendencia que, en su opinión, continuará incrementándose en los próximos ejercicios. Llorca aprovechó su intervención para reclamar medidas que impulsen a España como hub logístico de las rutas marítimas internacionales, una apuesta de futuro en la que también jugaría un papel importante la interoperabilidad ferroviaria.

 Review of Maritime Transport se lleva publicando de forma anual desde 1968, y depende de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad). Su objetivo es el de aumentar la transparencia de los mercados marítimos y analizar los acontecimientos que lo requieran. Ofrece información pormenorizada sobre los cambios estructurales, coyunturales y cíclicos que afectan al comercio marítimo, puertos y mercancías, así como información estadística completa.

En su última edición se plasma cómo el tráfico marítimo es mucho más denso en el hemisferio norte, exceptuando las áreas alrededor de Mauricio, Sudáfrica y Brasil. El documento también apunta hacia Suez, Malaca, Panamá y el estrecho de Gibraltar como cuatro de los nudos de comunicación marítima más importantes del mundo.

Brexit bandera arabia saudí y reino unido

Reino Unido prepara con Arabia Saudí su escenario post-Brexit

Londres acaba de sellar un acuerdo de intercambio mutuo de inversiones y comercio con Riad por valor de 90.000 millones de dólares sin acordar el Brexit.

El Brexit: un divorcio inminente

Es un voto de confianza hacia la economía británica para cuando se desvincule de la UE. Así de contundente se mostró la primera ministra, Theresa May, al anunciar el acuerdo bilateral con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, hace unos días, en Londres. Parada inicial de un viaje oficial que también pasa por la Casa Blanca. Pero, sobre todo, una señal inequívoca de que Reino Unido no tiene la intención de esperar a rubricar su divorcio de la UE. Al margen de si ambas partes logran hilvanar un pacto para que la tercera economía europea se beneficie del mercado interior, para empezar a forjar su red de tratados de libre comercio.

Una tesis que, además, corrobora las intenciones en el Brexit, desde dentro de las filas tories, de firmar acuerdos de este tipo preferentemente con países de tradición anglosajona. Entre los que se encuentran las ex colonias británicas. Y, por supuesto, los estados del Golfo Pérsico, espacio geoestratégico para Londres.

El Brexit y el príncipe saudí

El príncipe saudí, por su parte, enmarcó esta alianza en los planes de modernización de su país, en plena reconversión de su modelo de crecimiento, para reducir la elevada exposición de sus ingresos y finanzas al precio del petróleo. Dentro de la llamada Visión 2030, un programa que lleva el sello personal del heredero de la monarquía saudí. Y que incluye proyectos ambiciosos como la creación de un fondo soberano que ejercerá de brazo inversor de Riad en el exterior -en especial, en multinacionales tecnológicas y emporios energéticos-, o el plan de privatización de Aramco, la mega-petrolera saudí. En principio, el 5% de sus acciones. Todas estatales. Dos iniciativas con la misma valoración: 2 billones de dólares. El primero, para ganar influencia en el exterior; el segundo, para sanear las deterioradas arcas de Riad, que han llegado a alcanzar un déficit del 16% del PIB por la caída de la cotización del crudo desde 2010 y la factura por la guerra en Yemen, patrocinada mayoritariamente por Arabia Saudí.

Visión 2030

“El programa Visión 2030 es un plan para la rápida transformación de la economía, la aplicación de cambios sociales y la instauración de instituciones políticas con suficiente fortaleza para que se consolide y estabilice el reino saudí”, aclaró la delegación que acompañó al príncipe heredero.

Los acuerdos post Brexit

El Memorándum de Entendimiento que firmaron Londres y Riad contiene catorce acuerdos y, aunque no consta ninguna cláusula concreta sobre los intereses políticos y empresariales británicos, las fuentes diplomáticas presentes en el acto de rúbrica reconocieron que las petroleras del Reino Unido acudirán a la venta del 5% de Aramco. Igual que las estadounidenses, próxima escala de Bin Salman.

Además, también consta una relación privilegiada de Londres en la venta de material militar a Riad. Reino Unido es el segundo suministrador de equipamiento de defensa de Riad; sobre todo, a través de BAE Systems, que está en conversaciones aceleradas con las autoridades saudíes para la venta del caza Eurofighter Typhoon. El acuerdo establece una intensificación de comercio de instrumental militar. A pesar de las protestas sociales en Reino Unido contra la intervención de Riad en Yemen. Conflicto que Naciones Unidas ha calificado como la peor crisis humanitaria de la actualidad.

La llamada del Brexit

Los lazos comerciales e inversores bilaterales, en cualquier caso, siempre han sido sólidos. Riad fue uno de los países que primero acudió a la petición de inversiones que el gobierno laborista de Gordon Brown hizo en 2009, en los primeros meses del estallido de la crisis. Cuando las arcas londinenses flaquearon súbitamente. Igual que el resto de grandes potencias industrializadas. Pero el programa de modernización saudí llama especialmente la atención en la City. Aun así, en los últimos años, Reino Unido ha exportado a Riad equipamiento de transporte, maquinaria para la construcción de centrales energéticas, material industrial, automóviles, alimentos de primera necesidad, consumibles y perecederos, productos farmacéuticos y bienes y servicios de alta tecnología. También proyectos de innovación científica. Más de 6.000 firmas británicas tienen algún tipo de relación comercial o inversora con Arabia Saudí, mercado a donde han vendido 7.340 millones de libras anuales a lo largo del trienio 2014-1016. Por su parte, Reino Unido es el segundo destino preferencial de las inversiones saudíes, donde las más de 200 joint ventures han facturado más de 11.500 millones de libras en 2016.

Las inversiones

Arabia Saudí ofrece al sector privado británico unos amplios nichos de negocio. Sobre todo, en los sectores de energía, agua, comunicaciones, transporte e infraestructuras, en los que se han movilizado más de 440.000 millones de dólares de inversiones. En el área de transportes, por ejemplo, Riad tiene en marcha el desarrollo de la red de cercanías y metro de la capital y los de Jeddah y Makkah, así como nuevos terminales aeroportuarias y futuros aeropuertos. En agua, tienen prevista una inversión de 66.000 millones de dólares en el próximo decenio. Además de 100.000 millones para construir hospitales, en cinco años, y la dedicación de más del 25% del presupuesto a educación. El plan privatizador de Visión 2030 también ofrece oportunidades a sectores profesionales, a programas de cooperación público-privada, al capital riesgo, así como a firmas suministradoras de materiales de construcción, energía, tecnología e informática.