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Luces y sombras de hacer negocios en Brasil

Brasil y España quieren potenciar sus relaciones económicas. Así lo han manifestado estos días mandatarios de ambos países a lo largo del viaje que el presidente del Gobierno español Mariano Rajoy ha realizado a Brasil esta semana.

Los atractivos de la tierra que dio origen a la samba son indudables. Es la quinta economía del mundo, con una población de 206 millones de habitantes, más de cuatro veces la española. Su PIB asciende a 1,7 billones de dólares y su renta per cápita se sitúa en los 8.500 dólares. Son muchos los empresarios españoles que ya han apostado por Brasil como destino para sus exportaciones o proyectos de internacionalización. En la actualidad, es el segundo socio comercial de España en Iberoamérica. Y España, el tercer inversor extranjero allí.

Muchas de esas empresas llegaron atraídas por los primeros procesos de privatización que el país inició a finales del siglo pasado. La presencia española es habitual en sectores como la energía, las finanzas, los seguros y el turismo, entre otros. Pero los últimos años no han sido fáciles. La crisis brasileña ha impactado en ellas, y en 2016 las exportaciones cayeron un 18%. Los impagos se generalizaron y con ellos las quiebras empresariales.

El Gobierno brasileño presidido por Michel Temer quiere paliar esa situación. Aunque la economía todavía está débil, ha puesto en marcha un nuevo proyecto de inversiones en infraestructuras de transporte y energía para dar entrada a inversores internacionales que se denomina Crescer. Consta de 34 proyectos, entre los que se encuentran cuatro aeropuertos, tres líneas de ferrocarril, dos autopistas, cinco áreas portuarias… Las oportunidades de negocio también se extienden, según la información de la Cámara de Comercio Española, a sectores como el aeronáutico, las energías renovables, la gestión de residuos y el medioambiente.

Con el proyecto Crescer, el Gobierno de Brasil ha puesto en marcha un plan de concesiones que mejora la transparencia en el proceso de negociación, la seguridad jurídica e incluso introduce un sistema de arbitraje para dar mayor seguridad a los inversores internacionales.

Es uno de los pasos para tratar de soltar el lastre que pesa sobre la actividad económica y financiera de Brasil.  En 2016, fue calificada como la más cerrada de toda América Latina por un estudio realizado por el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). El informe Doing Business del Banco Mundial, la sitúa en el puesto 123 de los 190 países que se analizan.

Entre las principales dificultades a las que se enfrentan los empresarios que quieren hacer negocios en Brasil está la excesiva burocracia. Se necesita una media de 13 trámites y 119 días de trabajo para iniciar una empresa. Un permiso de construcción puede tardar en tramitarse más de un año. Los impuestos son otro de los puntos débiles para hacer negocios en Brasil. Según la revista The Economist, “los conflictos por impuestos son tan brasileños como los bikinis o la samba”. El número de impuestos diferentes ronda la centena y la carga impositiva está entre las mayores del mundo. La normativa fiscal cambia continuamente motivo por el cual se aconseja a los inversores internacionales que todas sus gestiones estén supervisadas por abogados brasileños expertos actualizados.

Esto repercute directamente en la carestía de los productos hasta tal punto que es el quinto país más caro del mundo, según el famoso índice BigMac.

Las infraestructuras tampoco ayudan. Las Olimpidadas de Rio de 2016 sacaron a la luz las importantes carencias que tiene el país. Más allá del caos en el marco del evento, el país desaprovechó la ocasión para modernizar las infraestructuras básicas. Tampoco dio el impulso esperado en desarrollo tecnológico. Unas carencias que impactan de lleno en la rentabilidad de los proyectos empresariales que puedan emprenderse en aquel país. Hace unos años, El Confidencial contaba las dificultades a las que tenía que enfrentarse Zara en materia de impuestos y en su gestión logística en aquel país.

En ese reportaje también se detenía en analizar el impacto que el negocio de la multinacional de Amancio Ortega, las rígidas leyes laborales y el poder de los sindicatos en el país. Aseguraba que el coste salarial para el empresario casi triplica el sueldo que percibe el trabajador. Aún así, según un informe de Morgan Stanley, “el margen de beneficios es tres veces más alto que el promedio de otros países en algunos sectores”. Además, recuerde que la corrupción puede afectar directamente a su actividad.

Es decir, invertir en Brasil tiene su sufrimiento, pero si se hace bien puede merecer la pena. Un alto nivel de información y un buen seguro son requisitos obligados.

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Reino Unido ya negocia pactos comerciales con 15 mercados

La filtración es oficial. La ha realizado Liam Fox, del Departamento de Comercio Internacional del Gobierno británico. Nada más emprender la desconexión con Europa.

La exclusiva se la llevó el medio británico IBTimes. El Ejecutivo de Theresa May, tan sólo unas horas después de invocar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa que emprendía la maniobra de auto-expulsión británica de la Unión Europea, admitía estar en negociaciones abiertas con otros mercados y bloques comerciales, tratados de libre tránsito de mercancías, bienes y servicios. Semanas antes del Brexit. Quizás, incluso, meses. Y a pesar de la tajante advertencia de las autoridades comunitarias, que alertaron a Downing Street de que el acceso al mercado interior europeo de inversiones, comercio y ciudadanos británicos estaría supeditado a la ausencia de diálogos colaterales en esta materia con otros países, latitudes y bloques aduaneros.

La decisión de Reino Unido parece dar prioridad a nuevos tratados fuera de sus, hasta ahora, socios europeos, que a la preservación de garantías y derechos para operar en el mercado interior comunitario. Es decir, que Londres buscará en su diálogo con la UE un pacto único, sin esperar al visto bueno de socios individuales y contrarios a su estrategia, como Alemania o Francia, para sellar, cuanto antes, pasarelas comerciales con otros mercados. En concreto, la iniciativa de la diplomacia económica británica ha tenido como destinatarios nueve latitudes (aunque, en realidad, suponen quince países), dentro de una táctica negociadora que englobaba otros nueve grupos de trabajo de expertos del Gabinete May.

Estos son sus interlocutores… y las declaraciones que anticipaban las intenciones comerciales.

Australia

“Ambas partes queremos en el futuro generar un acuerdo de libre comercio que cree, además, nuevas oportunidades de inversión. Priorizaremos las consultas y los intereses de nuestros respectivos sectores privados para buscar puntos en común y sellar un pacto bilateral en toda regla”, apuntaron tanto el ministro de Comercio australiano, Steven Ciobo, como el Secretario de Comercio Internacional británico y filtrador de la estrategia, Liam Fox, en septiembre de 2016.

China

“Los beneficios mutuos son claros. China es la segunda mayor economía del mundo, las exportaciones británicas al gigante asiático han crecido exponencialmente en los últimos años y Reino Unido reclama más inversiones de China que de cualquier otro mercado europeo”, apuntaba Philip Hammond, Chancellor of the Exchequer o Ministro de Hacienda, en noviembre del pasado año.

Consejo de Cooperación del Golfo (Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y UAE)

“La libre circulación de mercancías nos hará más ricos: Elevará nuestras inversiones, mejorará nuestra productividad y transformará nuestros niveles de vida al crear nuevas oportunidades a nuestros ciudadanos”, dijo Theresa May en diciembre ante autoridades de los seis países del CCG.

Israel

“Estrecharemos nuestra cooperación en el orden económico, tecnológico, de seguridad, en el campo del ciberterrorismo y en muchas más áreas de colaboración. Incluidos acuerdos comerciales que nos ayuden a mejorar nuestra seguridad y alcanzar la paz en la región” de Oriente Próximo, precisó el primer ministro israelí, en marzo de 2017 durante un encuentro oficial con el Gobierno británico.

India

“Tenemos un compromiso de acuerdo con el Ejecutivo de la India para trabajar de forma conjunta en la elaboración de unas relaciones comerciales sólidas y perdurables, lo que significa más comercio e inversiones para los empresarios británicos, más empleo para ambas partes y más garantías de negocios para los dos países”, aclaró May en noviembre de 2016.

Nueva Zelanda

“Estamos listos para negociar un acuerdo de alta calidad y garantías consolidadas en el terreno comercial con Reino Unido cuando la ocasión lo requiera y así lo aconseje el diálogo para la salida de Londres del club comunitario”, señaló en enero de este año el primer ministro neozelandés, Bill English.

Noruega

“El parternariado entre Noruega y Reino Unido es fuerte y resistente, particularmente en el ámbito del comercio y los negocios. Hemos acordado trabajar en la dirección de cerrar un acuerdo comercial en los próximos años”, anticipó en noviembre la ministra de Comercio noruega, Monica Mæland.

Turquía

“Podemos anunciar hoy un acuerdo bilateral entre Turquía y Reino Unido que sienta las bases de un diálogo y una cooperación mutua entre nuestros gobiernos en la esfera económico-comercial, que también afecta a nuestros acuerdos de intercambio militar y a la estrategia de defensa y seguridad”, explicó May en enero durante un encuentro oficial en Turquía, en el que también subrayó “el establecimiento de un grupo de trabajo comercial para explorar las vías de mejora de los cauces de intercambio de servicios y mercancías” entre ambos países.

Corea del Sur

“Un grupo de trabajo formal ha sido creado por ambas naciones, que ya se han reunido en, al menos, cuatro ocasiones este año, para discutir cómo desmantelar las barreras comerciales y establecer oportunidades futuras y ambiciosas en el plano del libre comercio, después de consumarse la desconexión por el Brexit”, informaba la agencia Bloomberg en diciembre.

EEUU

“Un Reino Unido libre e independiente es una bendición para el mundo y para que nuestras relaciones sean más fuertes que nunca. Ambos, América y la Gran Bretaña comprenden que deben ser responsables con sus trabajadores y ciudadanos. Por eso, avanzaremos en el fortalecimiento de nuestras mutuas relaciones comerciales, de negocios y en el ámbito de la política exterior”, Donald Trump, en enero.

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Brexit, año I: el divorcio con Europa crea nuevos nichos para España

¿Cómo afectará a España la salida de Reino Unido de Europa?

El sector exterior es moderadamente optimista con el futuro del cuarto socio comercial y quinto exportador.

 

Reino Unido inicia hoy su andadura en solitario, al margen del club europeo. Después de 40 semanas de tiras y aflojas entre ambas partes para perfilar las estrategias de un divorcio anunciado desde el referéndum del pasado mes de junio, la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, invoca hoy el Artículo 50 del Tratado de Lisboa, paso previo e ineludible a la maniobra de desacoplamiento del club comunitario. Un road map que durará dos años. Y cuya cuenta atrás culminará con los términos de separación de un matrimonio rubricado en 1973, durante la primera ampliación de la Unión, junto a Irlanda y Dinamarca, y que negociarán el secretario británico para el Brexit, David Davis, y el comisario del Mercado Interior, el francés Michael Barnier, que ya ha puesto tierra de por medio al adelantar la fecha tope de la batalla legal a octubre de 2018. Gran parte de este conflicto entre Bruselas y Londres gira en torno a la política comercial. Reino Unido retomará su soberanía para cerrar nuevos acuerdos de libre comercio. En especial, con EEUU. Pero, al mismo tiempo, pretende mantener parte de los privilegios de acceso al mercado interior europeo.

Para España, todavía con la incertidumbre de conocer si el des-ensamblaje británico será más agresivo o dócil, los efectos colaterales no pasan desapercibidos. Expertos y Gobierno admiten que el Brexit podría suponer caídas de varias décimas del PIB, un descenso en las ventas al exterior, debido a que Reino Unido es uno de los principales socios comerciales e inversores, en los flujos de turistas llegados de las islas y en una contribución adicional notable, de casi 900 millones de euros, al presupuesto de la UE. La diferencia de ser o no contribuyente neto a las arcas de la Unión.

Reino Unido es el cuarto mercado de la exportación española (19.153 millones de euros en 2016, frente a los 11.184 millones de importaciones); y quinto destino inversor del último lustro. En 2015, casi totalizaron los 6.000 millones de euros, casi la tercera parte de los 15.509 millones de 2012. Pero el impacto del Brexit también tiene que tener en cuenta las filiales de empresas como Santander y Sabadell, Telefónica, Ferrovial, IAG –hólding de British Airways e Iberia) o Iberdrola que, en total, están valoradas por el mercado por encima de los 60.000 millones de euros. Y, en el plano comercial, afectaría sobre todo a sectores como el de automoción. Aunque también a la maquinaria, a la industria aeronáutica y a la venta de frutos y hortalizas.

Otro cauce de impacto será el turismo. En dos frentes. El primero, por ser la nacionalidad más fiel a dedicar sus vacaciones en suelo español en los últimos años. Nada menos que 16,9 millones de turistas, de los 75,3 que visitaron España en 2016, eran británicos, que gastaron más de 1.000 euros por turista de promedio. El segundo, tiene que ver con el descenso de la libra desde el Brexit, las dificultades para tramitar visados y las dudas sobre derechos de residentes británicos en España (más de 200.000), que podría perjudicar al mercado de la vivienda. En total, BBVA cree que este asunto restará ya cuatro décimas a la economía española en 2017.

En el terreno positivo, España podría albergar agencias regulatorias como la de la banca o la del medicamento, ahora en Londres, y ganar ciertas opciones para lograr la histórica devolución de Gibraltar.

Pese a estas incertidumbres, que también afectan al resto de socios comunitarios, las empresas españolas se declaran optimistas a la hora de hacer negocios en los 12 meses próximos, a pesar de que aún revelan una alta preocupación por la salida británica de la UE. Un reciente sondeo de KPMG y CEOE entre 2.906 directivos y mandos intermedios de firmas de 13 sectores de actividad diferentes constata, en una cuestión con multi-respuesta, que el mayor efecto del Brexit sobre sus negocios lo determinará la depreciación de la libra (58%); seguido de la posible contracción del PIB británico (50%); la instauración de aranceles (43%) y los cambios regulatorios, motivo de temor para el 41% de los encuestados.

De este sondeo, el 45% de encuestados declara tener algún tipo de exposición con Reino Unido. Entre otras, el 16%, vínculos exportadores; el 12%, filiales y el 5%, sucursales. Un notable 19% considera que el Brexit generará más oportunidades de negocio, mientras el 45% juzgaba que no iba a reportar nuevos beneficios. El 36% restante se decantaba por estar a la expectativa del proceso.

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El estudio de opinión de KPMG también constata que el 22% de las firmas españolas tiene listo un plan de contingencia por la salida británica de la UE; un 43% no lo creía todavía pertinente y un 35% lo tenía pendiente de evaluación. Por áreas, el departamento financiero, el de fiscalidad y el legal son los que más se verán afectados. Incluso sin descartar que tengan que modificar aspectos de sus modelos actuales de negocio. De hecho, así lo cree el 35% de los encuestados.

Entre los más confiados en que el Brexit podría mejorar sus relaciones empresariales con Reino Unido, figuran, como se aprecia en el cuadro adjunto a continuación, los servicios profesionales, el sector financiero y el tecnológico y de comunicaciones.

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El sector textil español aumenta su presencia en el extranjero

La Confederación de la Industria Textil (Texfor) ha presentado recientemente sus resultados del ejercicio 2016, mostrando unas cifras de progresiva recuperación tras diez años de pérdidas y cierres. Según su secretario general, Andrés Borao, la crisis que arrancaba en 2008 ha sido dura para el sector, pero ha servido para reforzar a las empresas que han conseguido mantenerse en pie. Y no se trata sólo de los grandes gigantes que triunfan dentro y fuera de España: el perfil medio analizado por la patronal muestra una pyme de unos 30 trabajadores.

Uno de los datos más destacados ha sido el de las exportaciones, que han devuelto a la vida a muchas de estas pequeñas y medianas empresas. Se vendieron casi 3.900 millones de euros de producto textil fuera de nuestras fronteras, un 7,3% más que en 2015. Gracias a ello y a la evolución de la internacionalización de las compañías españolas, la patronal cree que este 2017 la balanza comercial puede ser positiva para la industria.

El principal cliente del mercado textil español es la Unión Europea, que representa el 56% de las ventas, aunque el norte de África también es un importante comprador, con un 24% y un aumento en sus adquisiciones de casi el 13%. Por países, Marruecos es el más importante, seguido de Francia, Portugal, Italia y Alemania. Entre todos representan el 58% de las ventas en el exterior.

APOYOS PARA MOVERSE EN EL EXTRANJERO

La crisis y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han servido para que muchas pymes de la industria textil den el salto más allá de las fronteras españolas. También para que otras tantas se lo estén planteando, a la vista de tan interesantes resultados.

Para ello es importante contar con algunos recursos que faciliten el camino de la internacionalización. La empresa que quiere salir fuera explora antes sus posibilidades en los mercados extranjeros, a menudo dispares entre sí. Se informa y documenta, y, a pesar de ello, no termina de conocer por completo la cultura, costumbres y normativas de la región en cuestión: idioma, horarios, acuerdos y convenios con entidades públicas y/o privadas, plazos de pago… Por eso puede ser útil contar con un socio local que sirva como apoyo y pueda abrirnos puertas en ese nuevo mercado.

También es necesario un buen gestor de riesgo de crédito que ofrezca garantías frente al impago de operaciones y herramientas de recobro óptimas, que sirvan como respaldo en determinadas operaciones en el exterior. Hay que tener muy en cuenta el riesgo comercial, el riesgo país y el riesgo de cambio. Y asegurar de una manera lógica el cobro de las ventas para evitar que la empresa se vea al borde de la quiebra por culpa de un impago.

Las entidades que dan estos servicios pueden informar a tiempo real sobre cuáles son los diferentes grados de riesgo político y comercial de cada país, que pueden afectar a las operaciones comerciales. También incluir seguros para el comercio exterior, como los de caución y crédito, que certifiquen en las cuentas de la corporación tanto pagos como cobros, respectivamente.

Además los seguros de crédito a la exportación de la cuenta del Estado de CESCE pueden cubrir riesgos comerciales a un plazo superior a 24 meses. También aquellos generados por circunstancias extraordinarias, como catástrofes naturales, accidentes nucleares y/o químicos y conflictos que alteren de forma sustancial el orden público. Y los riesgos políticos, como crisis de balanzas de pagos o insolvencias generalizadas, expropiaciones, nacionalizaciones y similares.

Por último, y aunque no suele ser obligatorio, para la empresa textil es interesante contratar un seguro de transporte de mercancías, que varía dependiendo de si el producto viaja por carretera o por vía marítima. Este servicio cubre los daños que pueda sufrir el género a lo largo de su recorrido hacia el país de destino.

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Cinco años de superávit comercial

Nota: Éste artículo fue publicado originalmente en el diario El Mundo el 18/03/2017.
La imagen es propiedad de El Mundo y su autor es Luis Parejo.

 

En 2016 España ha cosechado su quinto superávit consecutivo de balanza de pagos. El importe, 26.859 millones de euros, representa el superávit exterior más alto de la serie histórica, un 2,4% del PIB. El superávit de la balanza por cuenta corriente, que mide la diferencia entre lo que España produce y gasta, se elevó hasta los 22.306 millones de euros, el 2% del PIB. Desde 2012 España ha sido capaz de generar capacidad de financiación frente al exterior por quinto año consecutivo, algo que no había sucedido nunca antes en la economía española.

El vuelco producido en el sector exterior de la economía española en los últimos años es, sin duda, admirable. Porque conviene recordar que, allá por 2007, España cosechó el déficit de balanza de pagos más alto del mundo desarrollado, por un importe de 100.020 millones de euros, un 10% del PIB. Por entonces, en números redondos, España producía anualmente 1 billón de euros y gastaba 1,1 billones de euros. Gastábamos un 10% más de lo que producíamos cada año, acumulando, en consecuencia, deuda externa a un ritmo insostenible y colocándonos en una posición financiera de extremada vulnerabilidad, como la realidad se encargó de demostrar.

El protagonismo del vuelco histórico de la balanza de pagos española se debe atribuir a las exportaciones de bienes y servicios españoles. España ha pasado de exportar 277.795 millones de euros en 2007 a exportar cerca de 365.000 millones de euros anuales en 2016, un nuevo récord de la serie histórica. Este empuje exportador es el que ha permitido reducir radicalmente el déficit de la balanza de mercancías, generar un abultado superávit de la balanza de servicios e incrementar paulatinamente el superávit de la balanza por cuenta corriente.

La exportación de bienes y servicios ha ganado peso en el PIB como nunca lo había hecho antes: cerca de 11 puntos adicionales, desde el 23% del PIB hasta el 34%, un peso que bien merece el calificativo de protagonista del “cambio de modelo productivo”. El peso en el PIB dejado por el sector de la construcción ha sido compensado (con creces) por las exportaciones de bienes y servicios de múltiples sectores productivos de la economía española.

El tirón del sector exterior nos ha permitido convertirnos, de entre las cinco grandes economías de la UE, en el segundo exportador (medido por peso en el PIB de las exportaciones), sólo por detrás de Alemania. En 2007, España era el quinto exportador de ese grupo. Hoy, España está claramente por delante de Francia, Italia y Reino Unido en peso exportador, todos ellos lejos del 34% del PIB que la economía española registró en 2016. Durante los últimos años, España ha sido capaz de registrar tasas de crecimiento anuales de sus exportaciones muy superiores a las registradas por el conjunto de la UE, e incluso por encima de la media mundial. Esto nos ha permitido mantener nuestra cuota en el mercado mundial, algo que ninguna otra economía de las grandes de la UE -ni siquiera Alemania- ha sido capaz de conseguir.

Un hecho meritorio y claramente diferencial frente a otros ciclos económicos del pasado estriba en que el tirón exportador ha continuado cuando la demanda doméstica ha comenzado a revitalizarse. Allá por 2012 y 2013, eran muchos los analistas que auguraban un repliegue exportador a medida que se consolidara la recuperación. Para bien de la economía española, estaban equivocados: la recuperación de la demanda interna en 2015 y 2016 ha venido acompañada de un notable dinamismo exportador. Esta vez, ha sido diferente.

El “milagro del sector exterior” no es tal, porque en economía los milagros no existen. La realidad es que en España se ha producido una profunda transformación en nuestro tejido empresarial, que ha elevado el número de empresas exportadoras desde las 99.000 existentes en 2007 a las 148.000 registradas en 2015. En otros términos, la base exportadora española se ha ensanchado en un 50%. Más importante aún es el incremento de nuestra base exportadora regular, es decir, el conjunto de empresas que exportan durante al menos cuatro años consecutivos. Esa base exportadora regular ha crecido un 30% durante la crisis y se sitúa ya en cerca de 40.000 empresas.

Un repaso del impulso exportador desde la perspectiva sectorial, que permite constatar el extraordinario dinamismo del sector del automóvil, del sector químico, del sector de bienes de equipo, del sector farmacéutico y del sector agroalimentario, nos lleva inexorablemente a constatar la importancia crucial de la inversión extranjera como motor de la exportación. Cuidar la inversión extranjera instalada en España y atraer nuevas inversiones resulta clave para la sostenibilidad del dinamismo del sector exterior.

Aunque el protagonismo de este gran éxito exportador sólo puede atribuirse cabalmente a las empresas que producen en España, nacionales o extranjeras, no deja de ser cierto que estas brillantes páginas del sector exterior de la economía española no se hubieran podido escribir sin la profunda recuperación de competitividad de la economía española, en buena parte atribuible a las reformas estructurales acometidas en 2012 y 2013.

Hay otro elemento fundamental para comprender el auge exportador: la eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias para los bienes y servicios españoles que acompañan a los acuerdos de libre comercio suscritos por la Unión Europea. A lo largo de los últimos años, la firma de los acuerdos con Perú, Colombia, Ecuador, Vietnam, Singapur o Canadá han extendido los espacios comerciales libres de barreras para las empresas españolas. Los futuros acuerdos con Japón o Mercosur abrirán enormes nuevas oportunidades. Aunque el balance es extraordinariamente positivo, el proceso de internacionalización de la economía española está a medio camino. España está en condiciones de exportar un 40% de su PIB a medio plazo, de ensanchar aún más su base exportadora hasta las 200.000 empresas y de incrementar su base exportadora regular hasta las 70.000 empresas.

Con perseverancia y por el camino ya emprendido, España está en condiciones de escribir una extraordinaria historia de éxito comercial en el mundo desarrollado.

 

Artículo de Jaime García-Legaz Ponce, Presidente de CESCE, para el diario El Mundo.

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La diplomacia económica se hace cargo del comercio internacional

El combate al proteccionismo ha desaparecido de los comunicados oficiales sobre comercio internacional del G-20. Ahora, la diplomacia perfilará el nuevo orden económico global en la era Trump.

Tregua hasta julio. Será entonces, en Hamburgo, cuando los líderes de las potencias industrializadas y los grandes mercados emergentes que configuran el G-20 tendrán que perfilar la estrategia del comercio internacional. Aunque a mediados de marzo, los responsables de Economía y Finanzas de este selecto club, al que muchos analistas consideran el germen de un gobierno económico mundial, han dejado sobradas muestras de que el proteccionismo ha hecho escala en el G-20. Y que los debates sobre las normas comerciales en el futuro serán tensos y podrían eludir los precedentes históricos en favor de la libre circulación de bienes, mercancías y servicios. No por casualidad, los dirigentes de las áreas económicas de estos países no lograron consensuar la redacción final sobre comercio en el comunicado del foro. Por primera vez en su historia. Ni siquiera en un entorno como el de la ciudad-balneario de Baden-Baden. Alemania lidera la presidencia anual del G-20, junto a sus socios europeos, Francia e Italia, y a los que acompaña Reino Unido en los últimos meses antes del Brexit. En julio, retomarán las sesiones geoestratégicas y económicas del grupo los jefes de Estado o de Gobierno.

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Comercio internacional y la nueva Administración Trump

Las relaciones comerciales han dado un giro con la nueva Administración Trump, como ya hablamos en el post sobre el nuevo escenario del comercio internacional. El nuevo Gabinete de EEUU se ha desmarcado de la estrategia de comercio internacional del gobierno de Obama. Desde el inicio de su mandato, en enero pasado, del tratado de libre comercio recién firmado con Asia/Pacífico, mientras quedaba en agua de borrajas el acuerdo transatlántico con Europa y ponía en tela de juicio el funcionamiento y las reglas de juego actuales del Nafta norteamericano con Canadá y México. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, apenas logró sortear la cuestión. Intercedió para incluir en el acta del encuentro el apelativo de comercio “justo”, mientras China, que aún carece del estatus de economía de mercado, fue la gran impulsora de la existencia de las normas que rigen los intercambios transfronterizos en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC). A pesar de que Pekín ha protagonizado la mayor parte de los conflictos en los paneles de arbitraje de la más alta institución comercial.

La maniobra de Mnuchin deja a las diplomacias económicas de estas naciones el papel de conciliación. Una misión nada baladí. Porque, hasta ahora, las menciones del G-20 en este punto hablaban de “resistir a cualquier forma de proteccionismo”. El asedio diplomático hacia el G-20 tendrá, al menos, 100 días para buscar una solución que se antoja compleja. Porque si bien los deseos pretéritos de que el proteccionismo al comercio y las inversiones extranjeras no se han traducido necesariamente en una mejora de los flujos de mercancías y capitales, lo cierto es que el giro político de EEUU en esta materia no sólo parece que modificará la retórica oficial, de concepción, hasta ahora, más multilateralista; sino que también añadirá incertidumbre y dudas sobre la defensa sin paliativos que, hasta ahora, la Casa Blanca ha hecho sobre la libertad comercial. Así, al menos, se manifiesta el consenso del mercado tras la reciente reunión de titulares de Economía del G-20. Una vez interpretaron la banalidad de su redacción final: “estamos trabajando para fortalecer la contribución del comercio a nuestras economías”.

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En gran medida, la labor de esta diplomacia económica -y sus posibilidades de éxito- están en manos del comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, que ya se apresuró a poner paños calientes a la brecha abierta desde EEUU. “La mayor aportación a la Gran Depresión de 1929 y al Crash de 2008 ha sido evitar caer en las tentaciones proteccionistas y apostar por economías globalmente abiertas”. En sintonía con las declaraciones de la canciller Angela Merkel, y su homólogo japonés, Shinzo Abe, en un encuentro bilateral simultáneo a la reunión del G-20. Ambos incidieron en la defensa del libre comercio, y de los mercados globales abiertos y justos. “Sin barreras”, enfatizaron. En alusión a la estrategia menos cooperante con el exterior y más enfocada a la economía nacional que ha instaurado la Administración Trump.

Los expertos en comercio internacional, sin embargo, apelan a la paciencia. Porque una cosa es la dialéctica que emplea EEUU y otra bien distinta -dicen esperar-, sus decisiones oficiales. Aunque haya que prestar atención a la guerra abierta de divisas, como vimos en el post sobre los 5 principales riesgos del comercio exterior, por el retorno a la política de un dólar fuerte, que ha desempolvado la fluctuación de los tipos de cambio de las monedas en los mercados globales, y valorar la premisa de Trump de convertir el crónico déficit comercial norteamericano en superávit, impulsando las exportaciones, desde el software a la Educación.

La posición de España ante la nueva estrategia de comercio internacional

España, en este contexto, y como país invitado permanente al G-20, tendrá también que perfilar sus líneas de influencia. Como no puede ser de otra forma, al lado de la UE, institución a la que los socios europeos han cedido su soberanía en materia comercial. Pero, sobre todo, en favor del libre comercio. En un momento en el que el déficit comercial ha vuelto a hacer aparición. El pasado enero, la brecha entre compras y ventas españolas aumentó un 31,3% debido a la energía, cuyos precios se encarecieron súbitamente en los mercados internacionales durante el tránsito de 2016 a 2017. Un lastre para un país todavía muy crudo-dependiente. Y a pesar de registrar un nuevo récord exportador, con un nuevo repunte del 17,4% respecto al mismo mes del ejercicio precedente.

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Este brío del sector exterior español también se vislumbra entre los empresarios. Según el sondeo de Perspectivas España 2017 de KPMG, realizado entre 2.906 directivos y cargos intermedios de firmas que operan en 22 sectores diferentes de actividad, el 35% de las inversiones previstas para los próximos doce meses se destinará a la internacionalización. El estudio, que se realiza en colaboración con CEOE, marca como destinos preferenciales de las exportaciones e inversiones en mercados exteriores EEUU (10%); Francia (8%) y México (7%). Por delante de Alemania (6%) y una triada a la que asignan el 5% de los flujos internacionales, compuesta por Reino Unido, pese al Brexit, China e Italia.

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El tsunami de los puertos

La modificación obligada de la legislación portuaria española para hacerla compatible con el ordenamiento jurídico europeo ha puesto en pie de guerra a los estibadores que amenazan con provocar un auténtico tsunami en los puertos españoles con consecuencias dramáticas para la economía- el tráfico marítimo canaliza el 86 por ciento de nuestras importaciones y el 60 por ciento de las exportaciones- y para las empresas, obligadas a buscar puertos fuera de España con los consiguientes incrementos de los costos y tiempos de tránsito, e incluso de cuantiosas pérdidas de mercancías y negocio especialmente en el caso de productos perecederos, peligrosos y sensibles. De hecho los analistas estiman que sólo los nueve días de huelga convocados durante tres semanas pueden generar unas pérdidas estimadas en 500 millones de euros, a añadir a los ya perdidos por los paros encubiertos llevados a cabo, ilegalmente, en muchas instalaciones portuarias.

Pero, al margen de los perjuicios económicos, este conflicto de los estibadores se enmarca más que en la lícita defensa de los derechos de los trabajadores, en una rebelión para mantener las privilegios que les confiere un monopolio de hecho cuya subsistencia es incompatible con el ordenamiento jurídico europeo, tal y como recoge la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de 11 de diciembre de 2014, que declara a la legislación española sobre trabajadores portuarios “contraria a la libertad de establecimiento”, que consagra el artículo 49 del Tratado de Funcionamiento de la UE.

Un sector este de la estiba que es el único en España que no está abierto a la libertad de contratación.  Al contrario, las empresas que operan en los puertos públicos no pueden contratar a los trabajadores que deseen sino exclusivamente a aquellos que formen parte de Sociedades Anónimas de Gestión de trabajadores Portuarios (Sagep). Con el agravante de que las empresas, además, están obligadas a participar con capital en las Sagep, por lo que su contribución es doble.

La rigidez en la normas de contratación y de negociación de las condiciones laborales que impone este peculiar sistema se ha traducido en una alarmante pérdida de competitividad por la coexistencia de salarios muy elevados con una muy baja productividad. De acuerdo con los datos del Registro Mercantil, un estibador español gana de medida 70.000 euros anuales, llegando en algunos casos hasta los 90.000. Unas retribuciones que hacen que el coste unitario de la mano de obra en los puertos españoles sea hasta cinco veces más caro que en el resto de los puertos de los países Mediterráneos, Francia e Italia entre ellos, con los que competimos. Ello para una media de 1.300 horas anuales de trabajo efectivo, mientras en cualquier otra actividad se sobrepasan las 1.800 horas anuales.

Son argumentos de peso, a los que se suma el inapelable de la multa con la que Bruselas castigará a España si no procede a adaptar su legislación a la comunitaria. Una sanción superior a 20 millones de euros en función de las cantidades fijadas en la resolución de la Comisión Europea del pasado 13 de julio, que de tener que abonarse significará una merma importante de los recursos públicos.

Es por esto que resulta difícil de entender que se quiera dejar sólo al Gobierno en este necesario cambio, porque ésta no es una cuestión de partidos, sino de Estado.

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2017 pinta bien para las pymes

El año pasado fue bueno pero estuvo marcado por el desgobierno y la incertidumbre, y 2017 será mejor. Son las conclusiones que se pueden extraer del análisis que han efectuado la consultora KPMG en colaboración con la patronal empresarial CEOE, que en el informe ‘Perspectivas España 2017’ apuntan a que un 75% de nuestras compañías -cabe recordar en este punto que más del 98% son pymes- cree que facturará más en este periodo. Al margen, y después de casi un año de parón político que interrumpió numerosas decisiones entre directivos y empresarios, un 56% de los encuestados para elaborar el informe aseveran que se disponen a invertir cantidades más cuantiosas en los próximos meses.

El informe ‘Perspectivas España’ ha sido elaborado en base a 2.900 encuestas a los altos responsables de compañías de nuestro país, y arroja otras conclusiones positivas: un 46% de los mismos cree que tendrá que contar con más trabajadores en sus negocios, lo que se puede traducir en una fuerte creación de empleo. Precisamente ayer la patronal de las pymes, Cepyme, hacía público que las empresas más pequeñas pueden llegar a ser responsables de hasta 500.000 nuevos puestos de trabajo hasta 2018, y ello pese a que el crecimiento esperado este año, del 2,5%, es netamente inferior al de los dos últimos ejercicios (3,2%).

En esta mejora está influyendo, sin lugar a dudas, la apuesta del tejido productivo por la exportación, que este año apunta de nuevo a superar el récord de ventas de más de 254.000 millones obtenido en 2017. El sector exportador español se está comportando mejor que el europeo, ya que las exportaciones medias de los países de la eurozona se incrementan a un ritmo del 0,7% y las de toda la UE, de hecho, coquetean con el retroceso (-0,1% el pasado año). Mientras nuestras compañías venden a otros países un 1,7% más cada año, las alemanas avanzan el 1,2% y las de Francia, Reino Unido, Estados Unidos, China y Japón retroceden con cierto vigor.

Por áreas geográficas, las exportaciones de nuestro país dirigidas a la UE, que representan el 66,3% del total, se incrementaron un 4,1% en 2016, en tanto que las ventas a la zona euro (51,8% del total) crecieron un 4,4%. Mientras, las destinadas al resto de la UE (14,5% del total), avanzaron un 2,9%. También crecieron especialmente las dirigidas a Canadá (+8,4%), con la que la Unión Europea acaba de firmar el acuerdo comercial CETA; China (+13,4%); Hong Kong (+10,2%); y Marruecos (+13%). Sin embargo, bajaron las destinadas a América Latina (-9,1%), Oriente Medio (-4,8%), África (-0,4%) y Oceanía (-17,3%).
El problema de la incertidumbre

Según el estudio de KPMG y CEOE, la incertidumbre política y el debilitamiento de la economía constituyen las dos principales amenazas para las empresas. Mal momento, en este sentido, pues pese a la conformación del Gobierno a nivel nacional, éste legisla por ahora en minoría y ni siquiera tiene garantizado poder aprobar los Presupuestos Generales del Estado. En la escena internacional la coyuntura es aún más complicada, con un nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, decidido a implementar medidas de tinte proteccionista y líderes de ultraderecha anticapitalistas avanzando en las encuestas en varios países europeos (Holanda, Francia y Alemania, que afrontan comicios en los próximos meses, son los que más preocupan). El comercio internacional, advierten los expertos, puede verse afectado por ese cambio de rumbo, especialmente si Trump, como señalan algunas fuentes, termina imponiendo aranceles a las compañías norteamericanas que aspiran a exportar.

Los empresarios españoles consultados también aseguran que otros problemas son la enorme carga regulatoria que hoy presenta el marco jurídico y normativo español; y la debilidad de la demanda. Y por ello piden al Gobierno que priorice la reforma de las pensiones y la rebaja de las cotizaciones sociales. A los gobernantes autónomicos, los empresarios les reclaman acometer una simplificación administrativa, incentivar la creación de empleo y fomentar la innovación. Precisamente la innovación y la capacitación tecnológica, aseguran la mayoría de los encuestados, es el principal reto al que se enfrentan las compañías de menor tamaño este año.

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Cómo prepararse para la llegada de IVA Inmediato, más conocido como SII

1 de julio de 2017. Esta es, de momento, una fecha clave en el calendario de las empresas españolas. A partir de ese día será obligatorio, para muchas de ellas, gestionar la tramitación del IVA mediante el nuevo Sistema Inmediato de Información (SII).

Si a alguien le parece que queda mucho tiempo, no se confíe. Adaptarse a los nuevos requerimientos de la Agencia Tributaria no es fácil y, probablemente, tampoco barato.

Pero vamos por partes, antes de agobiarse en exceso lo mejor es comprobar si está en el grupo de empresas que deben implantar el SII obligatoriamente o no. Los que se tienen que poner al día sin más dilación son alrededor de 63.000 contribuyentes, los que cumplen con alguno de los siguientes requisitos:

  • Las empresas cuya facturación supere los 6 millones de euros al año.
  • Los Grupos de IVA
  • Las empresas inscritas en el Registro de Devolución mensual de IVA

El resto, de momento, se libera. Pero es cuestión de tiempo que tras una primera etapa de implantación de este modelo entre las grandes, la administración tributaria se anime e implante el sistema de forma generalizada. De momento, está sobre la mesa la invitación a adherirse voluntariamente a esta nueva práctica.

Entre otras cosas porque, como explica la web de la Agencia Tributaria, uno de los principales motivos de la implantación del sistema es luchar contra el fraude y evitar que se puedan generar facturas falsas.

Para ello, se implanta un procedimiento telemático que impone la obligación de que el Libro de Registro de IVA sea gestionado a través de la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria. De esta forma, la información de las facturas emitidas o pagadas deberá ser incluida casi en tiempo real en el sistema informático. Las empresas apenas van a tener cuatro días de margen para realizar ese trabajo, sin contar sábados, domingos o fiestas nacionales.

Eso sí, para poder irse adaptando durante los primeros meses de implantación, es decir durante el segundo semestre de 2017, ese plazo será de 10 días.

Conviene tener muy claro que lo que se transmitirá a Hacienda es la información de la factura y no la factura en sí. Esto implica que muchas empresas deberá incrementar los recursos (tanto personales como tecnológicos) para poder gestionar la abultada labor administrativa que implica esta nueva metodología.

Puesto que supone digitalizar y mantener actualizado en tiempo real:

  • El libro de Facturas Expedidas.
  • El libro de Facturas Recibidas.
  • El libro de Registro de Bienes de Inversión.
  • El Libro de Registro de Operaciones Intracomunitarias.
  • El Libro de Registro de Importes en Metálico.

A cambio, los empresarios quedan liberados de la obligación de presentar los modelos liquidativos del impuesto como el 347. 340 y 390. Además, se amplía el plazo para las autoliquidaciones mensuales en 10 días, hasta el 30 de cada mes.

Para un mayor control, la sede electrónica de la Agencia Tributaria ha diseñado la puesta en marcha de un Libro de Registro Declarado y un Libro de Registro Contrastado para “reducir los errores en el cumplimiento de las obligaciones formales y en las propias declaraciones”, asegura la información oficial.

El resultado de todo este proceso no solo implica una revolución para los servicios informáticos de las empresas y de la agencia tributaria, también tiene consecuencias sobre el resto de los contribuyentes, en especial las pymes. La información indirecta que va a poseer Hacienda sobre sus compras y actividades se va a multiplicar. Puesto que el Fisco podrá cruzar datos con todas las facturas que emitan sus proveedores: desde el gasto de luz y teléfono hasta el de folios o consumibles informáticos.

Asunción presidencial de Mauricio Macri. Buenos Aires, 10 de diciembre de 2015. FOTO DANIEL JAYO/LA NACION

Argentina exhibe su mejor cara en España

El presidente de la República Argentina, Mauricio Macri, se encuentra estos días protagonizando una visita de Estado a España de claro tinte empresarial. No es ningún secreto que Macri está particularmente interesado en que las empresas de nuestro país recuperen la confianza en aquel mercado después de más de una década a en la que, con los Kirchner en el poder, nuestro sector privado vivió en una incesante angustia. Un periodo de tensiones que estuvo marcado por dos episodios: la nacionalización de Aerolíneas Argentinas, propiedad de la española Marsans, en el año 2009; y el proceso similar sufrido en 2012 por Respol con su filial YPF.

 

Macri, que lleva en el poder desde diciembre de 2015, está implementando una potente batería de medidas liberalizadoras encaminadas a abrir su país al exterior -con fuerte contestación social, por cierto- que, en principio, favorecen el comercio internacional con un país que cuenta con 43 millones de habitantes y espera crecer, este año, un 3,5%. Y espera que España aumente su apuesta por un Estado con el que comparte idioma y, por cierto, grandes lazos históricos y culturales. Tanto es así que, como prueba de esa estrecha relación, la inversión de nuestras compañías en aquel mercado ha venido superando de largo los 6.000 millones de euros anuales, incluso en aquel fatídico 2012 en el que Cristina Fernández de Kirchner declaró “de utilidad pública sujeta a expropiación” el 51% de las acciones del negocio argentino de Repsol YPF.

 

Hoy por hoy, la liberación de las restricciones comerciales que se está produciendo gradualmente con el cambio de Gobierno ofrece oportunidades en todos los sectores, si bien sigue siendo recomendable que el exportador e inversor se proteja, bien a través de socios locales que conozcan muy bien la legislación, o bien a través de herramientas más próximas como los seguros de crédito a la exportación y la inversión. Entre los más destacados -y promocionados por la propia delegación argentina estos días- figuran automoción, maquinaria agrícola, ganadería, agroindustria, industria alimentaria, química, petroquímica, equipos para la minería y tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

 

La patronal CEOE, que está auspiciando numerosos encuentros entre 800 empresarios de ambos países, asegura igualmente que también hay oportunidades en sectores de importante demanda, como son transporte e infraestructuras viarias, energías renovables, construcción, gestión de residuos urbanos y bienes de equipo. Además, otras actividades presentan un interesante potencial todavía por desarrollar, como las energías renovables (impulsadas por la Administración), petróleo (importantes yacimientos de crudo y gas), biotecnológico o turismo (con grandes posibilidades aún por explotar).

 

Paliar el deterioro

España llegó a ser el primer inversor mundial en Argentina, pero las expropiaciones dieron al traste con esa condición. De ahí que Macri necesite, en su proceso de cambio, de la confianza de nuestras grandes multinacionales -allí están Telefónica, BBVA, Gas Natural y muchas otras-, pero también de nuestras pymes. En su histórica comparecencia en el Congreso ha remarcado que “son años de intercambio. Tenemos por delante muchísimas cosas en conjunto”. El mandatario se felicitó por las buenas relaciones entre España y Argentina y apostó por que ambos países continúen profundizando en su “alianza estratégica”. Pero también instó a que España y Argentina sigan teniendo un “rol protagónico” en las negociaciones que están manteniendo Mercosur y la UE con vistas a firmar un Tratado de Libre Comercio.

 

Por último, Macri pidió a las compañías españolas que ya tienen presencia en Argentina a que, “en esta etapa de estabilidad macroeconómica”, profundicen en su actividad y “atraigan” a nuevas compañías a participar en el proyecto del nuevo Gobierno, que es “crecer, crear empleo de calidad y reducir la pobreza”.

El potencial comercial entre España y aquel país es mucho mayor al que vienen exhibiendo en los últimos años. Así, en 2015, las exportaciones españolas a Argentina alcanzaron los 1.318 millones (somos su duodécimo proveedor de una lista que encabeza Brasil), mientras que las importaciones tocaron los 1.376 millones.

 

Los productos que más exporta España al mercado argentino son, según datos del Ministerio de Economía y Competitividad, equipos y componentes de automoción, material eléctrico, materias primas y semi manufacturas de plástico, productos farmaquímicos y automóviles. También destacan los productos siderúrgicos y los productos editoriales y de perfumería. Por su parte, los productos que España compra más a Argentina (2016) son residuos de la industria agroalimentaria, moluscos y crustáceos congelados, frutos cítricos frescos, cobre y sus aleaciones, pescado y productos de química orgánica.

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El ecommerce, aliado clave para la pyme

¿Se acuerda de cuando usted no podía comprar en Zara a través de la pantalla? ¿O cuando no existía la banca online? ¿O cuando páginas como Ebay o Amazon ni siquiera le sonaban? Aquellos tiempos parecen haber quedado lejanos… y sin embargo son increíblemente recientes. La evolución digital es tan rápida y tan profunda que el mundo que conocíamos está cambiando por completo, y las empresas no son una excepción.

Tanto es así que el comercio electrónico se ha convertido en una de las herramientas más importantes para las pymes exportadoras españolas, gracias a su capacidad para ahorrar costes, acortar distancias y generar ventas en los lugares más insospechados. Según un estudio que acaba de publicar la multinacional de transporte urgente Fedex, 9 de cada 10 pequeñas y medianas empresas exportadoras de nuestro país ha logrado ya generar ingresos a través del ecommerce, un porcentaje además superior al que muestra la media de la Unión Europea, del 80%. Si bien es cierto que la tecnologización y la digitalización aún no ha invadido por completo al tejido productivo español -aún hay mucho por hacer-, parece que el segmento de empresas internacionalizadas ha captado a la perfección el cambio de perfil del consumidor en los últimos años y está sabiendo aprovechar las ventas que ofrece internet.

Según el citado estudio de Fedex, el 69% de las pymes españolas exportadoras ya generan ingresos a través del llamado mcommerce (comercio a través del teléfono móvil), gracias a las mejoras realizadas en las páginas web y las aplicaciones móviles. Además, ocho de cada diez utilizan también las plataformas de redes sociales para fines de ventas, con especial ímpetu a través de Facebook (allí comercian la mitad) y de las apps de mensajería instantánea (más de tres de cada diez).

El informe, dirigido por Harris Interactive entre 4.500 pymes de nuestro país, muestra que los ingresos generados por las exportaciones representan el 71% de los ingresos totales de las pymes exportadoras españolas, un dato significativamente superior a los promedios europeos y mundiales. Y ahí está teniendo mucho que ver el auge del comercio electrónico, que desde hace un año factura trimestralmente en España más de 5.000 millones de euros. Tanto es así que pese a que aún no se conocen los datos conjuntos de 2016, el pasado año fue el primero en el que el sector rebasó la cota psicológica de los 20.000 millones de euros facturados (la industria da por hecho que el incremento fue superior al 20% respecto a 2015).

Cada vez más mercados

El estudio de Fedex pone de manifiesto además que nuestras compañías trabajan fundamentalmente con la Unión Europea: un 84% de las mismas distribuyen sus productos y servicios a los Veintiocho, si bien la diversificación también está alcanzando este campo, pues seis de cada diez logra ingresos en terceros mercados. Los principales mercados a los que las pequeñas y medianas empresas españolas exportan dentro de Europa son: Francia (61%), Alemania (46%), Italia (44%) y Portugal (43%). Mientras, Alemania (40%) es considerada como el principal competidor, seguido de Francia (35%), Italia (30%) y Reino Unido (23%). En cuanto a los principales mercados a los que exportan fuera de Europa son: Estados Unidos (22%) y Latinoamérica, concretamente Argentina (20%), México (19%) y Brasil (16%).

De esta manera, cabe concluir que el comercio electrónico ha tenido mucho que ver en el récord exportador que España volvió a marcar en el año 2016. Con datos hasta noviembre, y según el Ministerio de Economía y Competitividad, nuestras ventas al exterior aumentaron un 1,6% hasta tocar los 233.800 millones de euros, máximo histórico. La tasa de cobertura -exportaciones sobre importaciones- se situó en el 93,5% (93,3% en enero-noviembre de 2015), el segundo mejor registro tras el de 2013 en toda la serie histórica, que se inició en 1962.

La evolución positiva de las exportaciones españolas entre enero y noviembre contrasta con el entorno: en la zona euro subieron ligeramente (0,2%) y en la Unión Europea bajaron el 0,6%. Crecieron en Alemania (0,8%) e Italia (0,7%), pero con menor intensidad que en España, y bajaron en Francia (-1,8%) y Reino Unido (-1,5%), además de en EE.UU. (-4%), China (-6,4%) y Japón (-8,5%).

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Inflación y competitividad

La fuerte subida de la inflación, hasta el 3 por ciento en enero, ha disparado la inquietud entre algunos analistas y en los ámbitos políticos económicos y sociales, incluso en el Gobierno, hasta el punto de que el propio ministro de Economía, Luis de Guindos, calificaba la situación de “preocupante”, aunque sin caer en alarmismos que, a día de hoy y con los datos disponibles, parecen injustificados.

Cierto es que este aumento de los precios en enero es el mayor desde octubre de 2012 y un 60 por ciento superior a la subida media de la zona euro. Pero también lo es que obedece a situaciones meramente coyunturales vinculadas a nuestra elevada dependencia energética del exterior. El encarecimiento del barril de crudo Brent, que ha pasado de 33 a 55 dólares en el último año, y el encarecimiento de la energía que ha duplicado el precio del kilovatio hasta 73 euros en el mismo período, son la causa fundamental y casi única de este desbordamiento inflacionario. Factores que, especialmente el segundo, irán remitiendo conforme avance el año, lo que si no hay imprevistos volverá situar la variación de los precios en el entorno del 1 por ciento, en línea con la tasa que marca hoy la inflación subyacente, es decir, la que no computa los productos energéticos ni los alimentos sin elaborar.

Estamos pues ante una desviación meramente coyuntural y reconducible, lo que no debe, sin embargo, ser óbice para no empezar a actuar de forma urgente para evitar que el repunte inflacionista contamine el crecimiento económico y la creación de empleo. No se puede olvidar que la inflación es un elemento clave de competitividad y que España lleva ya dos meses consecutivos con una inflación muy superior a la media de la zona euro, a donde se dirigen el 60 por ciento del total de nuestras ventas en el exterior. Y todo ello en un contexto en el que el sector exterior ha sido uno de los grandes motores de la recuperación marcando máximos históricos en la exportación de mercancías.

En este sentido la decisión del Ministerio de Economía de reactivar la Ley de Desindexación del Economía Española, que aprobada en la anterior legislatura, dormía el sueño de los justos por falta desarrollo reglamentario, es una buena medida, toda vez que permite desligar las subidas de los precios en los que intervenga el sector público de las desviaciones del IPC. Es decir que las autopistas, transportes, telecomunicaciones, aguas y tasas, entre otros servicios, no van a poder modificar sus precios en función de la inflación como hasta ahora, sino que deberán vincularlas a una estructura de costes vinculada a la eficiencia y a la buena gestión empresarial.

Pero es necesario hacer más. El Gobierno debe vigilar el comportamiento del mercado energético para evitar distorsiones. El precio de la luz que pagan los hogares ha subido en España el doble que en el resto de la Unión Europea durante la crisis económica, hasta situar a España como el cuarto país europeo con el precio más caro de la electricidad, solo por detrás de Dinamarca, Alemania e Irlanda. Mientras que nuestras empresas están también a la cabeza de la UE en cuanto al precio de sus costes energéticos, lo que supone un importante lastre a la hora de competir dentro y fuera de nuestras fronteras, penalizando además las inversiones.