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China sopesa devaluar el yuan como respuesta a la guerra comercial

Pekín maneja un informe de su banco central que aconseja usar el tipo de cambio para gestionar el impacto del comercio bilateral con EEUU y forzar negociaciones China – EEUU.

Las tarifas y aranceles

La tensión geoestratégica no se ha hecho esperar. Apenas un mes después de la proclamación de la guerra comercial por parte de la Administración Trump, China, el principal acusado desde la Casa Blanca del déficit comercial estadounidense, la dialéctica ha dejado paso a los hechos. Aunque el cruce de acusaciones, de alta carga retórica, no haya desaparecido precisamente. Sin embargo, el combate inicial de productos de una u otra potencia económica que han pasado a engrosar la cada vez más extensa lista negra de bienes y servicios que serán sometidos a alzas de tarifas y aranceles siga aumentando, podría pasar a otro peligroso umbral si, como parece, el Gobierno chino decide activar la política cambiaria para amortiguar el golpe de efecto de EEUU y tratar de ganar ventaja en este combate bilateral. Varias fuentes oficiales atestiguan el posible uso de esta arma. De indudable efecto sobre los flujos y la libertad del comercio y de la inversión.

Acuerdo comercial China – EEUU

Una parte de este análisis oficial se centra en las repercusiones que nuevos movimientos en la banda de fluctuación cambiaria que determina, desde el banco central -es decir, por criterios de la política económica planificada de Pekín-, tendría para forzar negociaciones directas con EEUU para alcanzar un acuerdo comercial. En concreto, con la clara intención de alcanzar un mayor margen de maniobra sobre Washington que permita a China cerrar un consenso con ciertas garantías para sus intereses comerciales. El segundo apartado del estudio del que hablan los analistas del Mercado tiene que ver con los efectos que un rinminbi (la divisa internacional que mantiene un cambio paritario con el yuan, la moneda de uso corriente en china) más bajo respecto a las principales divisas del mundo (pero, en especial, frente a un dólar todavía lejos de la prometida fortaleza que desea Trump) tendría sobre la balanza comercial china.

“Parece como si Pekín deseara mostrar la totalidad de las herramientas de las que dispone y que podría emplear” en esta guerra comercial, asegura Viraj Patel, estratega de ING Bank. El yuan se mantiene en una línea de moderada pérdida de valor frente al billete verde norteamericano desde el estallido de la contienda comercial con EEUU. A un cambio de 6,3 yuanes por dólar. Sin que, hasta el momento, el banco central chino haya dado señales de preocupación. Al menos, sin una alteración especial desde que Donald Trump, al inicio mismo de su mandato, arremetiera contra la banda de fluctuación fija que usa Pekín. La principal razón esgrimida por la OMC y sus socios para impedir, casi unánimemente, que adquiera el estatus de economía de mercado. Pese a que se ha revalorizado un 9% respecto al dólar desde que Trump accedió a la Casa Blanca, en enero de 2017.

Las subidas arancelarias

 

China, de hecho, ya está jugando a una gradual depreciación del yuan. Desde el mismo instante en el que su gobierno decretó subidas arancelarias a productos made in USA por valor de 50.000 millones de dólares. A la que siguió otra réplica de Washington para encarecer productos chinos por 100.000 millones, que se suma al alza de tarifas sobre el acero (25%) y el aluminio (10%), que originaron las hostilidades. Gran parte de cuyas importaciones, proceden de China. De momento en vano. Porque desde su implantación, el S&P 500, principal índice de referencia bursátil en el mundo, ha caído un 9% en comparación a su máxima, de comienzos de enero de este año. Una tendencia a la baja que también se ha trasladado al Shanghai Composite Index, que ha perdido un 12% de su valor en el mismo periodo. El presidente Xi Jinping ha declarado que es consciente de los riesgos asociados a una devaluación de la moneda. En concreto, sobre el servicio de pago de deuda de las empresas chinas, altamente endeudadas después de varios años de compras masivas de rivales en el exterior. O por la interrupción del viaje hacia la libre flotación del yuan que le concedería el ansiado cetro de economía industrializada. Cuando pretende lograr el cetro mundial y sustituir, por abandono, a EEUU como actor hegemónico de la globalización.

La consecuencia

Una consecuencia inminente y asociada a esta estrategia cambiaria es la volatilidad del mercado. Ya de por sí, bastante convulso tras la declaración de guerra comercial y las posibles represalias bélicas en Siria. Pero, como toda contienda que se precie, el resultado de mover artificialmente la cotización del rinminbi puede provocar que el disparo le salga a Pekín por la culata. ¿Interesa a China, pues, tocar a su antojo el tipo de cambio? “No es ni adecuado, ni demasiado inteligente” dice Kevin Lai, economista jefe para Asia de Daiwa Capital Markets. “Porque una devaluación utilizada como arma económica podría dañar más la coyuntura china, a la que la táctica del tipo de cambio bajo una banda de fluctuación le ha ayudado a generar estabilidad”, explica, y “podría ocurrir como en 2015, cuando los valores corporativos y financieros se comportaron como una montaña rusa y estuvieron a punto de dar al traste con los cambios en el patrón de crecimiento decretados por Pekín”. China devaluó su moneda, inesperadamente, en agosto de ese año, y los flujos de capital huyeron precipitadamente del país.

Frances Cheung, de Westpac Banking, cree que, dados los antecedentes, Pekín no se decantará por la herramienta monetaria. Aunque servirá para facilitar un compromiso entre ambas partes en la dirección correcta, la de la liberalización de capitales. “Hay otras medidas que puedes usar antes que ésta”, asegura Ken Peng, de Citi. “Utilizar la depreciación es como sacrificar a 800 soldados de tu ejército para matar a 1.000 enemigos”. No es un buen resultado.

Sobre todo, si los augurios de Louis Gave, CEO y cofundador de Gavekal, uno de los fondos de inversión más rentables con un amplio juego de intereses en China, resultan correctos ya que, a su juicio, antes de la declaración de guerra de Trump, Pekín tenía en mente abandonar la banda de fluctuación de su moneda en los mercados internacionales. Dentro de tres años, precisa. Básicamente, porque su riqueza ha crecido y se ha expandido por su sociedad y, si quiere lograr el estatus de economía de mercado, debe abandonar estas prácticas. Algo que puede conseguir de la mano de Alemania. Un viejo anhelo desde que entrara en la OMC, en 2001, y que otorgaría al país un mayor rango de influencia mundial. En línea con viejos mensajes de Administraciones estadounidenses del pasado de pedir “mayor responsabilidad y activismo” a Pekín en resolución de problemas globales. Y que han desaparecido con la llegada de Trump.

“La Lista”

Más efectivo, sin embargo, será la lista de productos norteamericanos que se encarecerán a su entrada en el gigante asiático. Los más de 100.000 millones de dólares en los que se valora las subidas arancelarias de EEUU sobre bienes procedentes de China podrían ser menos dañinos que las barreras por 53.000 millones que ha levantado el régimen de Pekín a mercancías que adquiere de EEUU. La explicación está en los sectores. La agencia Standard & Poor’s no considera que la subida arancelaria americana afecte más allá del 12% de las exportaciones chinas hacia la mayor economía del planeta, muy centrada en productos tecnológicos -no precisamente de alta gama-, hacia el pago de patentes (propiedad intelectual) o a suministros para abastecer a la industria del automóvil. En cambio, el disparo chino es más preciso. Va contra el sector agrícola, es decir contra los estados rurales del interior, los que dieron su voto mayoritariamente al dirigente republicano. La agricultura y, en especial, las carnes, frutas, hortalizas y vino que acaba de gravar adicionalmente Pekín, supusieron más de 19.000 millones de las ventas americanas a China en 2017. La jugada es simple. Washington prefiere daños cuantitativos para reducir su desequilibrio bilateral desde los 375.200 millones de dólares a una cifra inferior a los 100.000 millones, y Pekín apuesta por los efectos cualitativos. Sólo la soja totalizó 12.300 millones del total de la partida agrícola estadounidense. Aunque Pekín también ha creado nuevas barreras a los automóviles y a los aviones comerciales, segmentos en los que las grandes multinacionales americanas habían cerrado acuerdos multimillonarios, con carteras de inversiones cerradas para varios años.

Entre otras razones, porque firmas como Ford tenían previsto importar versiones de su modelo Focus ensamblado en sus plantas de China a partir de 2019. O el holding Geely, que integra a la marca Volvo, que empezó a importar sus automóviles sedans de China en 2015. O General Motors, que también adquiere de sus fábricas en China su híbrido Cadillac CT6.

Dardos bandera alemana y americana

Merkel sabe que Trump no parará hasta corregir el déficit con Alemania

Quizás más que el Brexit, las presiones nacionalistas de Rusia o las reformas europeas, el gran reto de Merkel en su cuarto mandato será la guerra comercial de EEUU con Trump.

 

La Casa Blanca ha situado a Alemania en su punto de mira

No hasta el punto de modificar su alianza geoestratégica, forjada en la historia reciente, a prueba de cualquier altercado. Pero la Administración Trump tiene una obsesión: acusa a Berlín, casi al mismo nivel que a China, de ser el artífice del déficit comercial de la mayor economía del planeta. Donald Trump menciona a la locomotora europea cada vez que revela sus intenciones sobre cómo deberían ser las relaciones comerciales en el nuevo orden global. Y esas tensiones con aliados, como ha avanzado el actual inquilino del Despacho Oval, determinarán las acciones inmediatas de la Gran Coalición de Merkel en su cuarto mandato como canciller. Más, incluso, que posibles injerencias del nacionalismo de Vladimir Putin o que otra posible crisis de refugiados, que deterioró en la legislatura anterior un drástico descenso de la popularidad de la dirigente germana.

Detrás de la subida arancelaria sobre el acero y el aluminio subyace su idea de debilitar el sector exterior alemán. Igual que su declarada intención, aún no consumada, de imponer un impuesto sobre los coches de importación, que han copado el parque automovilístico de los americanos en los últimos años. O su idea de penalizar a países que no aporten sus asignaciones anuales a la OTAN. Otra de sus constantes amenazas a Berlín. Y es que Alemania es el socio europeo que más tendría que perder en caso de que se recrudezca la batalla transatlántica. “Aunque suene bastante rocambolesco que se redoblen las presiones entre aliados”, asegura Sebastian Dullien, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) en Berlín. Dullien precisa que Trump asume el refrán de “con estos amigos, quién necesita enemigos”. Toda una equivocación, a su juicio. Pero sus citas sobre comercio y defensa no caerán en saco roto. “Algún efecto va a tener” en las relaciones, explica.

La nueva estrategia proteccionista

El saldo positivo de la balanza comercial entre EEUU y Alemania sobrepasó en 2017 los 60.000 millones de dólares. Cuatro veces el superávit bilateral de Canadá. Pero, con la nueva estrategia proteccionista de Trump, sus exportaciones al mayor mercado del mundo y, sobre todo, la salud empresarial de sus grandes emporios industriales, desde Daimler a Deutsche Bank, pasando por BMW -entre otros- podrían verse sometidos a vaivenes en sus cuentas de resultados. El futuro, pues, “es incierto”, admite el mercado. A los ojos de Merkel, esta actitud supone una afrenta en toda regla de su aliado transatlántico. En un instante de tensiones con Reino Unido por el Brexit, con China por la hegemonía a la que ha renunciado la Administración Trump en el orden global, en asuntos como el cambio climático o el libre comercio, lo que se traduce en un pulso dentro de instituciones multilaterales como el G-20, el FMI o la propia OMC y, sobe todo, con una dura y exigente agenda reformista del euro en ciernes.

El tacticismo de Trump

Merkel se ha adherido a la reacción europea contra EEUU en el terreno comercial. Aunque ve en esta actitud una oportunidad de renegociar el Tratado Transatlántico con Washington. En su opinión, a Trump también le mueve el tacticismo. Como ha sucedido con el Nafta. Pese a que sus homólogos mexicano y canadiense incidan en que, tras un largo trimestre de diálogo, las intenciones de revitalizar la unión aduanera norteamericana por parte del dirigente republicano sean una quimera. Fiel a su teoría de que en una guerra comercial “nadie gana”, la canciller adopta la estrategia de wait and see. Hasta comprobar, de primera mano, que la carta del tratado de libre comercio se entierra definitivamente. Siempre ha confiado en las distancias cortas. Sobre todo, en cumbres multilaterales como las del G-20.

De hecho, al mismo tiempo que respalda las sanciones europeas a productos estadounidenses, pone de ejemplo las exenciones que se han granjeado Canadá o México sobre los incrementos arancelarios del 25% al acero y del 10% al aluminio. Origen de la guerra comercial. Una medida de gracia a la que podrían acogerse también Reino Unido, deseoso de labrar nuevos acuerdos de inversión y comerciales para su etapa post-Brexit y Australia. Es decir, los mercados anglosajones. El mismo compás de espera que han proclamado Robert Lighthizer, representante comercial de EEUU, y la comisaria Cecilia Malmstrom. Ambos han apelado a “un futuro próximo” para arrojar “mayor claridad” a las nuevas relaciones comerciales entre Europa y EEUU.

Aun así, Trump no pierde comba a la hora de criticar a Berlín. Es el caso más significativo de los aliados que dicen “no queremos tarifas” y el más reacio a “cambiar las cosas y a advertir de sus terribles consecuencias”, aclara el presidente. Mientras “Europa no mata” con un déficit que supera los 100.000 millones de dólares. Por eso, “vamos a gravar con impuestos, tarifas y otras barreras a sus multinacionales”. De cumplir con esta prerrogativa, y elevar en un 10% el coste de las compras procedentes de Alemania, el PIB germano se contraería tres décimas. Aunque el americano sería un 0,9% más reducido en 2020. Es decir, que el perjuicio sería mayor para la economía de EEUU, según algunos estudios prospectivos. Carsten Brzeski, economista jefe de ING-Diba cree que la táctica proteccionista de Trump “es un argumento a favor de una mayor integración de la zona del euro”. La canciller “busca suprimir los riesgos iniciales de la contienda; hasta comprobar que la amenaza es cierta y real”, aclara Oliver Rakau, de la consultora Oxford Economics. “Aunque no le haya sentado nada bien que las embestidas desde Washington hayan surgido durante la campaña electoral y se hayan acentuado mientras superaba los escollos de su futuro gabinete”, dice “ella confía en rebajar las pretensiones” de Trump.

La incertidumbre y los empresarios

La paciencia de Merkel, sin embargo, no guarda relación con la de los empresarios de su país. Al menos, con los dirigentes de Lufthansa, por ejemplo. La línea de bandera alemana acaba de cancelar su vuelo directo Berlín-Nueva York ante los escasos beneficios que le ha reportado la  ruta en el último año, en el que la instauró, tras el colapso de su rival Air Berlin. Lufthansa no ha admitido exactamente que su decisión se deba a la guerra comercial. Pero ha contado porque, de hecho, ha criticado abiertamente la dureza de horarios que el aeropuerto JFK ha impuesto a sus vuelos y las nulas opciones de adquirir otras bandas temporales por la prioridad que concede a sus aerolíneas nacionales y a ciertas extranjeras, preferentemente de países anglosajones.

Bandera americana Trump industria

Guerra comercial de Trump: efectos económicos y orden mundial

La subida arancelaria al acero y el aluminio de Trump en EEUU es un riesgo sistémico. Ninguna guerra comercial ha ocasionado riqueza nacional, sino tensiones globales. 

Las consecuencias de la guerra comercial de Trump inaugurada el mes pasado por la Casa Blanca con la subida arancelaria sobre las importaciones de acero y aluminio se apreciarán sobre la coyuntura de la mayor economía del planeta y sobre sus intereses geoestratégicos. Tal y como se analiza en los siguientes apartados. Porque ningún mecanismo de protección comercial declarada ha ocasionado vencedores. Más bien al contrario. Las hostilidades contra el libre comercio siempre se han saldado con duros efectos sobre los mercados involucrados.

1.- La economía estadounidense sufrirá presiones inflacionistas.

En el peor momento. Bajo una coyuntura delicada. Con una rebaja fiscal sin parangón, tanto para rentas personales como para beneficios empresariales, que añade combustible a una economía que muestras los primeros signos de sobrecalentamiento y de subida de precios; con la Reserva Federal del presidente recién nombrado Jerome Powell, acelerando el encarecimiento del dinero (el pasado miércoles lo hizo en otro cuarto de punto, hasta el 1,75%), el sexto movimiento alcista desde la implantación de la política de tipos próximos a cero. Y se esperan dos más este año, según el recién nombrado máximo dirigente de la Fed. Debido a que sus previsiones de crecimiento se han elevado (al 2,7% este año y al 2,4% en 2019) a que la tasa de paro oscilará entre el 3,6% y el 3,8% y que el IPC se espera que repunte al 2% en 2019.

Sin embargo, estas predicciones están puestas en tela de juicio. No sólo en el mercado. También entre los organismos multilaterales, que detectan efectos más perniciosos sobre los precios y que alertan, además, sobre el doble déficit (el fiscal y el de la balanza de pagos) de la mayor economía global. JP Morgan cifra que el desequilibrio presupuestario alcanzará este año el 5,4% del PIB, dos puntos más que en 2017, mientras que el de cuenta corriente -exceso de gasto en las transacciones internacionales- llegará al 3,9% del PIB en 2019. Anomalías que pueden traer unas súbitas oscilaciones en el valor del dólar y dudas en consumidores y empresas a la hora de iniciar decisiones de gasto o de inversiones por el dinero extra de las rebajas tributarias. BCA Research apuesta por tipos de interés notablemente altos a medio plazo para contener una inflación que se disparará en los próximos meses, y por rentabilidades bursátiles a la baja y un billete verde en retroceso por la guerra comercial. Por si fuera poco, sus expertos alertan de que, a diferencia del recorte fiscal de la era Reagan, la deuda federal estaba en el 30% del PIB. Ahora se sitúa en el 100%, con las obligaciones de pagos internacionales en el 40% del PIB.

2.- La historia de las guerras comerciales acaba en catástrofes.

Ninguna batalla por el control del comercio ha traído buenas nuevas. Y ninguna ha dado como resultado una “victoria sencilla” como vaticina Trump. Sin duda, la más emblemática de la historia económica contemporánea fue la iniciada por EEUU en 1930. A partir de la Smoot-Hawley Tariff Act. Una subida arancelaria sobre más de 20.000 productos de importación. Concebida para hacer frente al Crash de 1929, fue derogada en 1934. Porque Canadá y otros socios comerciales de EEUU subieron el precio de sus adquisiciones made in US hasta un 61%. Numerosos historiadores aseguran que, lejos de cantar victoria, esta reacción a la Gran Depresión fue el mayor desastre en política comercial de EEUU en el siglo pasado.

En EEUU, desde hace más de cien años, el lobby agrícola e industrial ha pretendido sellar las fronteras por temor a la competitividad, vía precios, sobre todo, de sus rivales exteriores. Y, casi siempre lo han conseguido. Pese a que la Smoot-Hawley sigue siendo un caso práctico de libro en las escuelas de negocio. De prácticas perniciosas claro. Lo llegó a reconocer Franklin D. Roosevelt, su mentor desde la Casa Blanca. En 2010, se alcanzó un gravamen medio de entrada de mercancías y servicios a EEUU del 5%. Si bien en 1930, alcanzó el 45%. No resulta fácil desmantelar los muros arancelarios. De ahí que el mundo académico tache a Trump de “arcaico” y de “decimonónico” por su concepción sobre el comercio. Ni antes, con actos similares, de finales, incluso, del XVIII, ni después, con las batallas sectoriales del pollo y otros productos alimenticios, o la propia de George W. Bush sobre el acero y el aluminio, el resultado ha sido satisfactorio. Para nadie.

El sentir general asegura que los grandes perdedores son los consumidores, que hay muchos más sectores y negocios que dejan de ingresar que los escasos que ganan y que éstos lo hacen de forma coyuntural, y que generan más desigualdad porque su contagio inflacionista -el impuesto de los pobres- lo pagan, sobre todo, las clases más desfavorecidas.

3.- El juego geoestratégico entra en escena con Trump.

Hay quien dice que los que persigue Trump es un juego táctico. De buscar de nuevo la hegemonía estadounidense con sus aliados. De ahí que nada más llegar al Despacho Oval arremetiera contra el Trans-Pacific Partnership y sacara a su país del acuerdo suscrito por Obama. En paralelo a la defensa de Taiwán y las acusaciones sobre la presencia de Pekín en las islas del Mar Meridional de China. En plena tensión nuclear con Corea del Norte. Y con un replanteamiento de relaciones geoestratégicas con Seúl y Tokio -e, incluso con China- que va a modificar el statu quo en Asia. No por casualidad, Trump acaba de avanzar aumentos de aranceles sobre productos chinos por más de 60.000 millones de dólares.

También ha utilizado esta estrategia con el Nafta norteamericano. Herido de muerte, pero sobre cuyo aparente cadáver aún negocian tanto Canadá como México. O con la pasarela de comercio e inversiones transatlántico (el llamado TTIP) con Europa. En este teatro del absurdo, además, conviene mencionar los acuerdos multimillonarios con Arabia Saudí, el acercamiento al Israel de Netanyahu y los ataques contra Palestina para cambiar la creciente influencia iraní en Oriente Próximo. Y los ataques al entramado multilateral, con la OMC y el FMI como objetivo claro de sus dardos.

Sin embargo, las críticas arrecian contra la concepción infanticida de Trump. Desde un sinfín de latitudes. El Gobierno noruego, por ejemplo, hace hincapié en que la constante apelación a la seguridad nacional para justificar esta medida, denota que el presidente estadounidense “tiene su Talón de Aquiles con el libre comercio” y que su vinculación a esta causa “es una excusa para implantar un proteccionismo exacerbado y nada constructivo”, asegura su Ministerio de Exteriores en una dura nota oficial. La poderosa Cámara de Comercio estadounidense le ha instado a que deje sin efecto la medida, advirtiéndole que su idea del America, first ocasionará un perjuicio de alto calado a la industria del país, debido a las consecuencias imprevisibles de la guerra comercial abierta con sus aliados. Pero, quizás, la dialéctica más feroz ha llegado de un ex director de la CIA, John Brennan, para quien Trump “es inestable y carente de experiencia”. Como en su día criticó Henry Ford a Roosevelt (“su medida, señor presidente, es una solemne estupidez económica”), Brennan cree que el liderazgo del republicano deja una “profunda preocupación” porque sus “diatribas -dijo- irán a peor”.

Moneda dólar comercio Trump

Guerra comercial de Trump: EEUU en el laberinto

La afrenta de Donald Trump contra el libre comercio puede traerle serios perjuicios. Con aliados hostiles y sin recuperación del empleo industrial.

Los efectos colaterales de su ordenado incremento de tarifas sobre las importaciones de acero -del 25%- y de aluminio (10%) no parecen que estén completamente bajo el control del actual inquilino de la Casa Blanca. Es decir, que el inicio de hostilidades decretado por EEUU ya revela dudas sobre la hipotética victoria “fácil” augurada por su presidente en esta contienda. Todas ellas, de enorme calado. Algunas, de índole económica, aunque también geoestratégicas. Y que dejan en entredicho las palabras de Trump, en su cuenta personal de Twitter, de que “las guerras comerciales son buenas”.

Veamos dos inmediatas, de pronóstico incierto para el comercio global

1.- Aliados de Washington que recogen el guante.

“El acero es el acero. Si no tienes acero, no tienes un país”. La proclamación de Trump en la Sala Roosevelt de la Casa Blanca es una llamada al proteccionismo. Al patriotismo. “Estas acciones se han tomado porque no hay otra elección, porque son necesarias para preservar nuestra seguridad nacional”, explicaba Trump, antes de sentenciar: “La mayoría de los países que nos amenazan con lo peor del comercio y de la defensa militar son nuestros aliados, como a ellos mismos les gusta denominarse”. El dirigente aludía, sin citarlos, a países de la OTAN. Trump acusa a los diez que lideraron las ventas de acero a EEUU de competencia desleal a los trabajadores metalúrgicos estadounidenses, a los que, enfatiza, hay que defender a ultranza como parte de la soberanía nacional.

Este primer muro arancelario ha dejado un reguero de rivales. Europa, Japón, China, Rusia y sus vecinos del todavía latente Nafta (Canadá y México) están dispuestos a presentar batalla a Washington. La UE, por ejemplo, ha enumerado un listado de 350 productos a los que aplicará gravámenes si EEUU consuma su amenaza sobre el acero y el aluminio. En realidad, son dos listas negras que, en conjunto, suman 6.400 millones de euros en ventas. En caso de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) dictamine que EEUU ha vulnerado, con su decisión, el principio de libre circulación de mercancías y servicios. El Gobierno chino, por su parte, se apresuró a calificar de “sumamente grave” el viraje de Trump. Li Xinchuang, presidente de la Asociación China del Hierro y del Acero, aclaró que “el impacto sobre los productores chinos no será grande”, ya que, según el Departamento de Comercio de EEUU, los mayores vendedores de acero son Canadá, con más del 16% de las adquisiciones de este material, seguidos de Brasil y Corea del Sur, mientras China apenas coloca algo menos del 5%. Datos de 2017. Pero, escasas semanas después, Pekín ha contraatacado con subidas de aranceles a una treintena de bienes de EEUU por valor de 3.000 millones de dólares. Advirtiendo de que la respuesta será inmediata y proporcionada, en sintonía, con posibles nuevas represalias de EEUU.

Louis Kuijs, de la consultora Oxford Economics en Hong Kong cree que, si realmente Washington pretende hacer daño a Pekín en este terreno, “debería encarecer las entradas de productos electrónicos o de telecomunicaciones”. Aunque, según su opinión, “sería más conveniente alcanzar un acuerdo bilateral, porque muchas firmas de EEUU se enfrentarán a daños colaterales que podrían repercutir sobre los consumidores, con alzas de precios”. O actuando sobre la propiedad intelectual, requisito que las compañías chinas se suelen saltar por norma general, un asunto -aclara- que sería, además, del agrado del sector privado estadounidense.

China, México y Europa -o, para ser más precisos, Alemania-, han sido identificados por Trump como los principales focos del déficit comercial de EEUU. Un agujero que se ha deteriorado durante el primer año de gestión de Trump un 12,1% en términos interanuales, hasta totalizar 566.000 millones de dólares, la cota más alta desde la crisis de 2008. Las exportaciones subieron un 5,5% (2.330 millones de dólares), frente al repunte del 6,7% de las compras: 2.900 millones. Con China -que acumula frente a EEUU un superávit comercial de 375.200 millones de dólares, un 8,1% más respecto a 2016- y México (71.100 millones) a la zaga, aunque a bastante distancia. Europa tuvo un saldo positivo conjunto de 120.800 millones en 2017; un 6,8% más que el año anterior.

El problema para Trump es que su táctica del palo (incremento de tarifas) y la zanahoria (países que podrían beneficiarse de excepciones; es decir, de un aumento menos agresivo e, incluso, de exenciones) no parece que vaya a dar el resultado previsto. Salvo mercados anglosajones como Reino Unido, inmerso en una dura negociación con Europa por el Brexit y necesitado de perfilar su mapa de acuerdos de libre comercio tras el divorcio de la UE, o Australia, titubeante ante los cantos de sirenas de Trump, los grandes aliados de EEUU prefieren combatir el proteccionismo de la mayor economía del planeta. Japón recalca que “sus ventas de aluminio y acero a EEUU no pueden afectar a la seguridad nacional; en absoluto. Así se lo diré a sus autoridades en cuanto tenga la oportunidad”, dijo su titular de Comercio.

En línea con voces empresariales como la del CEO de Siemens, Joe Kaeser, para quien “después de una reforma fiscal enfocada a la creación de empleo, ahora [el gobierno americano] saca de la chistera una deplorable decisión sobre lo que considera un comercio justo”. Para Kaeser, la doble subida arancelaria “ni es buena para el consumidor, ni para generar empleos ni para un mundo libre”. Algo que también critica Hyundai. La multinacional surcoreana alerta que este cambio de tarifas “elevará los costes de producción” de sus fábricas en EEUU, lo que conducirá a “un incremento del precio final de sus vehículos y a un descenso de la demanda”, señaló Jim Trainor, portavoz de la firma en EEUU, que no descartó modificaciones en los planes productivos de su planta en Alabama. La japonesa Toyota o Ford se han añadido a la lista de empresas agraviadas.

Hasta Canadá se ha sumado a la retahíla de advertencias. Su primer ministro, Justin Trudeau, que ha aireado su malestar por la renegociación del Nafta, un intento, a su juicio y el de numerosos expertos, de lapidar la unión aduanera norteamericana, considera “inaceptables” y una medida que causará “daños significativos” la maniobra beligerante de Trump.

2.- El alza de tarifas no garantiza la defensa de los empleos americanos.

“Las tarifas sobre el acero funcionan”. Fue el lema de George Bush en marzo de 2002 para justificar su decisión de elevar, del 8% al 30% los aranceles a la importación. Esta recurrente ocurrencia republicana, en su penúltima versión, sólo duró un año y medio. Hasta diciembre de 2003. No consiguieron reactivar el empleo de esta vetusta, aunque todavía estratégica industria.

El sector sufrió su gran desplome de puestos de trabajo al inicio de los ochenta del siglo pasado, al pasar de una plantilla de 453.000, en 1979, a otra de 236.000 en 1984. Después de alcanzar su clímax en 1953: 650.000 empleos. En sintonía con la caída global. Desde 1972 hasta 2014 este segmento manufacturero ha perdido la mitad de sus trabajadores en el mundo, según la Oficina de Estadísticas Laboral de EEUU. Una dura y larga reconversión.

Tampoco el negocio vinculado al aluminio es demasiado boyante. La bauxita, el mineral del que se extrae, apenas requiere 5.000 mineros, el 80%, en Minnesota. De ahí que la adquisición de acero y de aluminio foráneo y barato, indispensable para abastecer la industria aeroespacial, la automovilística, la de envases o la de componentes electrónicos, haya aportado más puestos de trabajo de los que ha destruido. Aunque no lo crea así el secretario de Comercio, Wilbur Ross, que compró varias firmas acereras en bancarrota en 2002 -coincidiendo con el alza arancelaria de Bush- y que tres años después vendió a Mittal Steel (ahora Arcelor Mittal).

Ross abandera el ala dura de los partidarios del proteccionismo en la Casa Blanca. Junto a Peter Navarro, director del Consejo Nacional de Comercio. Son los dos grandes triunfadores. Las voces del Buy american, first. Y Robert Lighthizer, responsable de Comercio Internacional quien, como abogado, dirigió el lobby de la industria siderúrgica en Washington. Los tres han salido airosos frente al dimisionario Gary Cohn, el principal asesor en materia económica de Trump y antiguo directivo de Godman Sachs y Rex Tillerson, ex secretario de Estado. Una lucha interna que tendrá sus consecuencias en la esfera internacional, mediante un “alto coste diplomático” en el terreno geoestratégico y económico, auguran nada menos que Alan Greenspan y Ben Bernanke, los ex presidentes de la Reserva Federal, quienes no conceden credibilidad al mensaje de Trump de que la política de resolución de conflictos a través de panales sectoriales de la OMC ha sido “un desastre para nuestro sector manufacturero” y proclamar que “necesitamos a nuestras firmas para impulsar a nuestra industria del metal”.

Una apelación al patriotismo que no ha cuajado. Ford cree que, a pesar de comprar la mayoría del acero y aluminio del país, “esta acción aumentará el precio de las materias primas y dañará la competitividad del sector”; las firmas cerveceras, que venden gran parte de su producción en latas, han pedido a la Casa Blanca que “reconsidere su postura” para cubrir los desequilibrios de demanda de aluminio nacional o importado y cumplir con los 2,6 millones de toneladas de este metal que precisó en 2016; las tecnológicas, con Apple a la cabeza, aunque sólo fabrique una mínima porción de sus productos en EEUU, admiten temer caídas bruscas de su cotización por la guerra comercial de EEUU, colapso que también atisban las constructoras de oleoductos y gaseoductos, en una fase crucial, con un billonario plan de infraestructuras en marcha e, incluso, el sector agrícola, que se teme el blanco de las represalias a la importación de mercancías estadounidenses. Sus directivos muestran unas cartas reveladoras: los sueldos que generan las firmas productoras de acero y aluminio totalizan 203.000 nóminas en todo el país. Frente a los 6,5 millones de las diferentes industrias que usan estos materiales.

Bandera europa y reino unido rota

Reino Unido y la UE acercan posiciones sobre su acuerdo de divorcio

El Brexit está más cerca. Bruselas y Londres han sellado el ‘road map’ de la desconexión británica de Europa, la transición de 21 meses tras la ruptura.

Un primer esbozo

Las empresas y ciudadanos europeos y británicos ya tienen un primer esbozo de acuerdo sobre la preservación de sus derechos civiles y mercantiles, que establecerá reglas consensuadas sobre circulación de bienes y mercancías. Una reivindicación de mínimos, reclamada desde la sociedad británica y desde las instituciones europeas, como paso previo para consolidar una transición ordenada del divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea (UE).

“Se trata de un paso decisivo”, aseguró el negociador jefe de la Unión, el comisario francés Michel Barnier, que pasa, a falta de que se concreten los pormenores de este principio de acuerdo, por una premisa esencial: Reino Unido permanecerá bajo el sometimiento de las normas europeas durante los 21 meses a los que se refiere el consenso, pero sin capacidad de voto -ni siquiera de voz- en los estamentos en los que se toman decisiones soberanas en nombre de la Unión.

Las cesiones iniciales

Grosso modo, Londres deberá seguir otorgando a los ciudadanos europeos que lleguen a suelo británico los mismos derechos que hasta ahora. Y, salvo imprevistos, que los puede haber en cualquier momento, también cederá a las reivindicaciones europeas sobre Irlanda, y Gibraltar, que saldrá de la UE al mismo tiempo que Reino Unido. A los ojos de la primera Theresa May, estas cesiones iniciales al órdago lanzado desde Bruselas podrían anticipar un buen pacto futuro en materias sensibles para el 10 de Downing Street como la Seguridad y la Política Exterior o el libre acceso al mercado interior. E, incluso, la negociación de acuerdos comerciales con terceros países o bloques aduaneros antes de que se certifique la rúbrica del Brexit. Una condición que Londres ha buscado desde el primer minuto de su decisión de activar el artículo 50 del Tratado de la UE por el que un país miembro puede pedir unilateralmente su salida del club comunitario y que se ha hecho imperioso para los intereses de Londres con la reciente declaración de guerra comercial lanzada por la Casa Blanca.

El sector empresarial

Una de las primeras voces en celebrar el resultado negociador, impulsado durante el pasado fin de semana, han sido las empresariales. Allie Renison, responsable de política comercial y para Europa del Instituto de Directores, think-tank vinculado a la gran patronal británica, agradeció que se diera cumplimiento a “una prioridad” del empresariado, aunque se reservó una opinión de mayor precisión “hasta conocer los pormenores del acuerdo”. También la poderosa Cámara de Comercio Británica, que ha ejercido indisimuladamente su influencia sobre el gabinete tory en los últimos meses para alcanzar este principio de consenso, se mostró satisfecha. “Era una auténtica urgencia avanzar este pacto porque la mayoría de las planificaciones de inversiones y de negocios para el próximo bienio (y en el escenario post-Brexit) deben empezar a tomarse de inmediato”, explicó Adam Marshall, su director general. La noticia, de hecho, hizo saltar el valor de la libra, una de las divisas más revalorizadas, según el mercado, pero en paulatino descenso durante la segunda mitad del pasado año y el trimestre actual de 2018.

El road map de la salida del Reino Unido

David Davis, el ministro para Europa del Reino Unido y contraparte de Barnier en la negociación, resaltó que este principio de acuerdo “sienta las bases para avanzar en el tratado que desligará a Londres de las instituciones comunitarias”. Barnier, por su parte, valoró “el notable caudal de entendimiento mutuo” para llevar, a buen ritmo, el road map de la salida del Reino Unido. De hecho, para Davis, “este acuerdo facilita enormemente que Londres salga de la Unión en el plazo previsto”. Es decir, en dos años desde la petición de separación.

Gibraltar en el punto de mira

Ambos políticos, además, convinieron en que el abandono británico de la UE supone, de facto, y de forma inmediata, la salida también de Gibraltar. De manera que este asunto pasará a ser de la exclusiva responsabilidad de Londres y Madrid, que reivindica históricamente la devolución de la colonia británica. Es decir, que perderá la concepción comunitarizada de ciertos aspectos negociadores, como la política de Cielos Abiertos, centralizada en Bruselas, para convertirse en un conflicto de marcado cariz bilateral. Aun así, Barnier quiso enfatizar la solidaridad europea con las posiciones españolas en torno a esta cuestión. En este sentido, Davis señaló que las negociaciones entre Londres y Madrid están siendo “muy constructivas”, al tiempo que enfatizó su deseo de que acaben siendo “muy productivas”. Aunque fuentes diplomáticas españolas y europeas incidan en la dureza negociadora de Madrid.

El Peñón seguirá beneficiándose de las ventajas del mercado único en las mismas condiciones que el Reino Unido hasta finales de 2020, pese a que en teoría el poder de veto de Madrid sigue intacto: para que el acuerdo de transición sea aplicable en Gibraltar tiene que haber un acuerdo bilateral entre Londres y Madrid. Y España pretende que Londres haga concesiones acerca del uso compartido del aeropuerto de Gibraltar y sobre las prácticas fiscales agresivas que emplea El Peñón. Entre otros aspectos.

Irlanda

Otro de los puntos de máxima tensión es Irlanda. No sólo por la posibilidad, defendida desde el Reino Unido, de evitar que se instauren de nuevo los límites fronterizos entre ambos países. Sino por cómo va a quedar resuelta finalmente la solución para Irlanda del Norte. “Mientras no haya un acuerdo, este asunto quedará sin respuesta. Pero sabemos qué tenemos que hacer y cómo conseguirlo”, aseguró Davis. Barnier prefirió hacer hincapié en que “serán los trabajos preparatorios”, de suma trascendencia, los que logren “eludir la frontera que separe el norte del sur y reduzca la necesaria cooperación entre las dos partes de Irlanda”. El comisario europeo dijo confiar en que este acuerdo “de transición” sirva para perfilar “los términos” de un pacto duradero y de “obligado cumplimiento y entendimiento”.

Tanto Londres como Dublín desean que la desconexión no ocasione una separación geográfica y política entre Irlanda e Irlanda del Norte que ponga en riesgo los Acuerdos de Paz del Viernes Santo. Pero la marcha de Reino Unido del mercado interior podría obligar a ello. De momento, Londres también cede a las pretensiones de la UE: acepta incluir un respaldo “legal” que mantendría a Irlanda del Norte en el grueso del mercado único y la unión aduanera “hasta que se encuentre otra solución”, dice Barnier. O lo que es lo mismo. Hasta que Downing Street proponga otras opciones.

Pasos rumbo a la desconexión de Reino Unido

Finalmente, en el anuncio de este progreso negociador sin precedentes desde que el 29 de marzo del pasado año Londres invocara oficialmente la puesta en marcha del Brexit, también se apreciaron discrepancias. En particular, sobre el clima para hacer negocios. Mientras para Davis, este concordato de transición restaurará la certidumbre en el sector privado de ambas partes, para Barnier, la necesaria certeza que demandan las relaciones empresariales sólo se conseguirá con la rúbrica del acuerdo definitivo.

El acuerdo de transición es clave para asegurar un Brexit ordenado y evitar una ruptura abrupta. Otorga al Gobierno británico y a la UE 21 meses adicionales para negociar la relación futura, y da más certidumbre tanto a las empresas y los bancos como a los 4,5 millones de europeos en suelo británico y de británicos en la UE. Su contenido preliminar deja dos puntos claros. Reino Unido sigue dentro del mercado común durante 21 meses, pero están obligados a respetar la normativa europea, premisa que molestará, a buen seguro, a los partidarios de un Brexit duro.

puerto marítimo áfrica

El desarrollo portuario en África genera oportunidades a España

Gracias a diferentes acuerdos y tratados de apoyo, muchos países africanos están creando y mejorando sus precarias infraestructuras portuarias, con el fin de impulsar su desarrollo económico. Una situación que España puede aprovechar para reforzar la posición que le da su situación geográfica estratégica.

Los puertos en África

Más del 80% del comercio global se mueve por la vía marítima y se maneja en puertos de todo el mundo, sin embargo, prácticamente el mismo porcentaje de países con actividad comercial no tiene una conexión directa por mar con sus socios. África es uno de los continentes que peor parte se lleva en lo que respecta a puertos. Según la última edición del informe Review of Maritime Transport, en esta gran región sólo destacan a nivel portuario Egipto, Marruecos y Sudáfrica, influidos por sus posiciones geográficas estratégicas. Sin embargo, hay países que hacen negocios entre sí, como Brasil y Nigeria, cuyos barcos han de hacer escalas en puertos europeos por falta de infraestructuras.

Esta realidad ha abierto los ojos de muchos gobiernos africanos, que han empezado a desarrollar grandes infraestructuras para cubrir esta demanda y, de esta manera, generar una mayor riqueza. Una situación que las compañías españolas deben tener en cuenta para impulsar posibles alianzas en el continente vecino. Y no sólo eso, también aprovechar su situación geográfica estratégica para convertirse en enlace imprescindible dentro de las rutas comerciales de África.

La situación española

De hecho, puertos como el de Algeciras o aquellos localizados en las Islas Canarias son ya un referente del comercio con este continente. Según datos aportados por el director general de Casa África, Luis Padrón, el 60% de las mercancías que llegan o salen del Puerto de Las Palmas, por ejemplo, procede o se dirige hasta territorio africano. Además, sólo en 2016 esta misma infraestructura fue enlace en la costa atlántica para casi 90 puertos del continente.

Situaciones como éstas se han dado a conocer en la presentación Review of Maritime Transport, realizada recientemente en la sede de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) en Madrid, en la que también participó Narciso Casado, director de Gabinete de Presidencia, Relaciones Internacional e Institucionales de la patronal. Éste aseguró en su intervención que un gran número de países del África subsahariana ha ratificado el Tratado de Facilitación del Comercio.

Uno de los objetivos de dicho documento es agilizar y modernizar las tramitaciones aduaneras en la mayoría de los países del mundo. A esto se suma el Acuerdo de Partenariado Económico de la UE con la Comunidad de Desarrollo de África Austral, que ha empezado a estar operativo a principios de este año. Gracias a este, se establecen regímenes arancelarios comunes entre diversos países y se pondrán en marcha procedimientos aduaneros más eficientes.

Conexión España-África

También presente en el acto, el presidente de Puertos del Estado, José Llorca, aseguró que en 2017 los intercambios comerciales entre España y los países africanos ascendieron a 106,5 millones de toneladas, un 4,7% más que el año anterior. Una tendencia que, en su opinión, continuará incrementándose en los próximos ejercicios. Llorca aprovechó su intervención para reclamar medidas que impulsen a España como hub logístico de las rutas marítimas internacionales, una apuesta de futuro en la que también jugaría un papel importante la interoperabilidad ferroviaria.

 Review of Maritime Transport se lleva publicando de forma anual desde 1968, y depende de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad). Su objetivo es el de aumentar la transparencia de los mercados marítimos y analizar los acontecimientos que lo requieran. Ofrece información pormenorizada sobre los cambios estructurales, coyunturales y cíclicos que afectan al comercio marítimo, puertos y mercancías, así como información estadística completa.

En su última edición se plasma cómo el tráfico marítimo es mucho más denso en el hemisferio norte, exceptuando las áreas alrededor de Mauricio, Sudáfrica y Brasil. El documento también apunta hacia Suez, Malaca, Panamá y el estrecho de Gibraltar como cuatro de los nudos de comunicación marítima más importantes del mundo.

Brexit bandera arabia saudí y reino unido

Reino Unido prepara con Arabia Saudí su escenario post-Brexit

Londres acaba de sellar un acuerdo de intercambio mutuo de inversiones y comercio con Riad por valor de 90.000 millones de dólares sin acordar el Brexit.

El Brexit: un divorcio inminente

Es un voto de confianza hacia la economía británica para cuando se desvincule de la UE. Así de contundente se mostró la primera ministra, Theresa May, al anunciar el acuerdo bilateral con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, hace unos días, en Londres. Parada inicial de un viaje oficial que también pasa por la Casa Blanca. Pero, sobre todo, una señal inequívoca de que Reino Unido no tiene la intención de esperar a rubricar su divorcio de la UE. Al margen de si ambas partes logran hilvanar un pacto para que la tercera economía europea se beneficie del mercado interior, para empezar a forjar su red de tratados de libre comercio.

Una tesis que, además, corrobora las intenciones en el Brexit, desde dentro de las filas tories, de firmar acuerdos de este tipo preferentemente con países de tradición anglosajona. Entre los que se encuentran las ex colonias británicas. Y, por supuesto, los estados del Golfo Pérsico, espacio geoestratégico para Londres.

El Brexit y el príncipe saudí

El príncipe saudí, por su parte, enmarcó esta alianza en los planes de modernización de su país, en plena reconversión de su modelo de crecimiento, para reducir la elevada exposición de sus ingresos y finanzas al precio del petróleo. Dentro de la llamada Visión 2030, un programa que lleva el sello personal del heredero de la monarquía saudí. Y que incluye proyectos ambiciosos como la creación de un fondo soberano que ejercerá de brazo inversor de Riad en el exterior -en especial, en multinacionales tecnológicas y emporios energéticos-, o el plan de privatización de Aramco, la mega-petrolera saudí. En principio, el 5% de sus acciones. Todas estatales. Dos iniciativas con la misma valoración: 2 billones de dólares. El primero, para ganar influencia en el exterior; el segundo, para sanear las deterioradas arcas de Riad, que han llegado a alcanzar un déficit del 16% del PIB por la caída de la cotización del crudo desde 2010 y la factura por la guerra en Yemen, patrocinada mayoritariamente por Arabia Saudí.

Visión 2030

“El programa Visión 2030 es un plan para la rápida transformación de la economía, la aplicación de cambios sociales y la instauración de instituciones políticas con suficiente fortaleza para que se consolide y estabilice el reino saudí”, aclaró la delegación que acompañó al príncipe heredero.

Los acuerdos post Brexit

El Memorándum de Entendimiento que firmaron Londres y Riad contiene catorce acuerdos y, aunque no consta ninguna cláusula concreta sobre los intereses políticos y empresariales británicos, las fuentes diplomáticas presentes en el acto de rúbrica reconocieron que las petroleras del Reino Unido acudirán a la venta del 5% de Aramco. Igual que las estadounidenses, próxima escala de Bin Salman.

Además, también consta una relación privilegiada de Londres en la venta de material militar a Riad. Reino Unido es el segundo suministrador de equipamiento de defensa de Riad; sobre todo, a través de BAE Systems, que está en conversaciones aceleradas con las autoridades saudíes para la venta del caza Eurofighter Typhoon. El acuerdo establece una intensificación de comercio de instrumental militar. A pesar de las protestas sociales en Reino Unido contra la intervención de Riad en Yemen. Conflicto que Naciones Unidas ha calificado como la peor crisis humanitaria de la actualidad.

La llamada del Brexit

Los lazos comerciales e inversores bilaterales, en cualquier caso, siempre han sido sólidos. Riad fue uno de los países que primero acudió a la petición de inversiones que el gobierno laborista de Gordon Brown hizo en 2009, en los primeros meses del estallido de la crisis. Cuando las arcas londinenses flaquearon súbitamente. Igual que el resto de grandes potencias industrializadas. Pero el programa de modernización saudí llama especialmente la atención en la City. Aun así, en los últimos años, Reino Unido ha exportado a Riad equipamiento de transporte, maquinaria para la construcción de centrales energéticas, material industrial, automóviles, alimentos de primera necesidad, consumibles y perecederos, productos farmacéuticos y bienes y servicios de alta tecnología. También proyectos de innovación científica. Más de 6.000 firmas británicas tienen algún tipo de relación comercial o inversora con Arabia Saudí, mercado a donde han vendido 7.340 millones de libras anuales a lo largo del trienio 2014-1016. Por su parte, Reino Unido es el segundo destino preferencial de las inversiones saudíes, donde las más de 200 joint ventures han facturado más de 11.500 millones de libras en 2016.

Las inversiones

Arabia Saudí ofrece al sector privado británico unos amplios nichos de negocio. Sobre todo, en los sectores de energía, agua, comunicaciones, transporte e infraestructuras, en los que se han movilizado más de 440.000 millones de dólares de inversiones. En el área de transportes, por ejemplo, Riad tiene en marcha el desarrollo de la red de cercanías y metro de la capital y los de Jeddah y Makkah, así como nuevos terminales aeroportuarias y futuros aeropuertos. En agua, tienen prevista una inversión de 66.000 millones de dólares en el próximo decenio. Además de 100.000 millones para construir hospitales, en cinco años, y la dedicación de más del 25% del presupuesto a educación. El plan privatizador de Visión 2030 también ofrece oportunidades a sectores profesionales, a programas de cooperación público-privada, al capital riesgo, así como a firmas suministradoras de materiales de construcción, energía, tecnología e informática.

Imagen trump pintado en un muro dando un discurso

Trump inicia las hostilidades contra el libre comercio

Europa y China han salido en defensa de la globalización de bienes y servicios, mientras en EEUU arrecian las críticas contra el proteccionismo de Trump en la Casa Blanca.

Trump: America, first!

El lema electoral del presidente republicano, Donald Trump, ha traspasado, como adelantó antes y después de su victoria en las urnas, una de las fronteras más sensibles: el libre comercio. Sólo algo más de un año después de instalarse en la Casa Blanca. La declaración bélica se produjo el pasado 1 de marzo. Con una primera demostración de fuerza: el anuncio de una subida arancelaria del 25% sobre las importaciones de acero y del 10% sobre el aluminio. A la que sucedió un par de salvedades que dejan la impronta del líder republicano. Por un lado, que la medida tendrá carácter casi inmediato, ya que entrará en vigor antes de que termine marzo, “en dos semanas”, dijo el jueves día 8. Y, por otro, que tendrá complacencia -es decir, unos obstáculos de entrada más reducidos- con aquellos países que asuman sin represalias tal decisión y sean considerados aliados comerciales.

La metalurgia

El primer sostén del presidente norteamericano será la industria metalúrgica, con los que tiene contactos fluidos y que están detrás del giro proteccionista de EEUU porque, a su juicio, y así se lo han transmitido sus patronales a la Casa Blanca en los últimos meses, reducen sus beneficios y ocasionan pérdidas estructurales de puestos de trabajo, debido a los bajos precios con los que entran y operan en el mercado estadounidense. De hecho, tras uno de sus últimos encuentros, Trump dejó el siguiente tweet: “Tenemos que proteger nuestras industrias de acero y aluminio, mientras que al mismo tiempo mostramos gran flexibilidad y cooperación hacia aquellos que son verdaderos amigos, y nos tratan justamente en el comercio y en la cuestión militar”. Horas después de su mensaje, Washington hizo saber que tanto Canadá como México quedarían exentos, al menos inicialmente, de este arancel general. Un guiño que, sin embargo, no ha sido aceptado ni en su vecino del norte ni en el del sur, enfrascados en unas negociaciones para salvar el Nafta, la unión aduanera norteamericana, que Washington se afana en desmantelar.

Trabas al liber mercado

China y Europa no tardaron en reaccionar. Desde Bruselas se habló de guerra comercial abierta y no se descarta que los incrementos arancelarios se propaguen a otros productos y servicios; sobre todo, los que se fabrican o extraen en estados con mayoría republicana, aduciendo que en la Casa Blanca ya se trabaja desde hace semanas en remodelar el ordenamiento jurídico para acometer estas trabas al libre comercio. De hecho, el máximo asesor económico de Trump, Gary Cohn, dimitió de inmediato tras catorce meses en el cargo y se convirtió, así, en el último de una larga lista de consejeros del presidente que han abandonado sus puestos desde que el dirigente republicano accedió a la Casa Blanca. Cohn ha admitido no compartir el nacionalismo económico que se ha instalado en Washington. Y que Trump se encarga de alimentar con mensajes con proclamas como que “EEUU ha sido maltratado como país durante años; todos han sacado ventaja. Pero nunca más va a volver a ocurrir. Las guerras comerciales no son tan malas; somos más poderosos que ellos”. O que los conflictos sobre el comercio “hay que ganarlos” y que “no suelen venir solos”, dejando entreabierta la puerta a nuevos focos de tensión. Una deriva que ha contagiado a otras esferas de poder en EEUU, desde donde se enfatiza sin tapujos que Trump es un político proteccionista. Entre otros, Wall Street, el poderoso sector financiero americano que domina no sólo el mercado inversor estadounidense, sino el resto de plazas bursátiles con sus hegemónicos bancos de inversión. Al S&P y al Dow Jones, sus dos índices de referencia, no le han sentado nada bien la maniobra del presidente en materia comercial.

Críticas en el republicanismo

Desde el republicanismo, se han alzado voces críticas contra Trump, que ha esperado obtener la doble victoria en el Congreso con su rebaja fiscal y la anulación del ObamaCare para emprender su medida estrella, el proteccionismo comercial, base esencial de su America, first. “Exigimos precaución” le espetó el líder del Grand Old Party en el Senado, Mitch McConnell, tan sólo unos días después de que su contraparte en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, uno de los republicanos con mayor ascendencia sobre el partido, admitiera “estar preocupados [en la formación conservadora] por las consecuencias de una guerra comercial” de la que precisó, además, que “podría amenazar” los efectos dinamizadores de “la reforma tributaria”. A lo que Trump respondió en Twitter: “Desde el primer Bush hasta hoy, nuestro país ha perdido 55.000 factorías, 6.000.000 de empleos manufactureros y ha acumulado un déficit comercial de más de 12 billones de dólares. El año pasado, tuvimos un déficit de casi 800.000 millones. Malas políticas y mal liderazgo. Hemos de ganar otra vez”.

Europa responde

“Si Trump pone en marcha estas medidas, Europa responderá con un arsenal de productos a los que aplicaremos nuevos aranceles”, aseguró el comisario de Asuntos Financieros, Pierre Moscovici, quien apeló a la cordura del Congreso americano “para que valore si desea implantar una receta en la que perderemos todos”, aclaró. Dicho y hecho. Bruselas impuso tarifas sobre algunos de los bienes más icónicos de EEUU como los tejanos Levi’s, las motos Harley Davidson, el Bourbon o las mantequillas de cacahuete y de arándanos, ante la seria amenaza de que se pierdan casi 3.000 millones de euros por las ventas de acero y aluminio a EEUU. “En una guerra comercial nadie sale ganando”, admitió la comisaria europea Cecilia Malmström, para quien “carece de sentido que Washington diga que la UE, su tradicional aliada, ponga en riesgo la seguridad nacional de EEUU”. Malmström explicó que la estrategia de la UE es triple: litigar junto con otros bloques comerciales ante la Organización Mundial del Comercio (OMC); imponer protecciones a la industria europea del aluminio y el acero, y aprobar normas de salvaguardia “para equilibrar la situación”; con una lista provisional de productos sobre los que se impondrán aranceles.

China también prepara represalias.

Sobre todo, porque Trump siempre ha señalado al régimen de Pekín como el principal responsable del déficit comercial estadounidense. Wang Yi, titular de Exteriores chino, afirmó que ambas superpotencias “no deberían ser rivales” y que la historia se afana en demostrar que las guerras comerciales “no son las decisiones correctas para resolver los problemas”. En especial, “en la era de la globalización”. Pero que, aun así, Pekín “tendrá que preparar una batería de productos y servicios” con los que reaccionar ante “estas embestidas” de EEUU. Trump volvió a hacer uso de su cuenta de Twitter para reclamar la inmediata corrección de sus 1.000 millones de dólares de superávit comercial y de los 375,2 millones de desequilibrio de la balanza bilateral entre ambos países. Aunque las ventas de acero chino a EEUU son mínimas, su industria metalúrgica, también la del aluminio, es la responsable, según el presidente americano, de los bajos precios globales de estos materiales. La Casa Blanca aduce que las exportaciones de China crecieron un 44,5% en febrero respecto al mismo mes del año precedente, un ritmo que ha acumulado un superávit con EEUU, en los dos primeros meses de 2018, de 42,9 millones de dólares.

planta extracción crudo

EEUU se convierte en primer productor de crudo del mundo

El ‘fracking’ ha otorgado a Washington el cetro de primer productor global. Empieza a extraer más de 10 millones de barriles de crudo diarios.

El mercado ya baraja un escenario a medio plazo -a finales de año- con la cotización del petróleo por encima de los 80 dólares. Si EEUU así lo desea. Porque la mayor economía del planeta se ha erigido también en el primer productor de crudo del mundo. Su cuota extractiva supera los diez millones de barriles diarios, algo que no sucedía desde tiempos de Richard Nixon, que abrió las reservas de crudo del país para hacer frente a la gran crisis del petróleo de 1970. En gran medida, esta nueva vitola hegemónica de EEUU se debe al uso del fracking, técnica que, paradójicamente, se propagó durante el mandato del líder republicano que dimitió por el caso Watergate tras varios años de fase experimental.

Cómo se extrae el crudo

En esencia, se trata de un método de extracción de gas y de petróleo por el que se somete a una fuerte tensión al subsuelo, a través de voladuras aparentemente controladas con agua a muy alta presión, que están dirigidas a fracturar la roca y recopilar el combustible de las llamadas pizarras bituminosas, que contienen elevadas proporciones de combustibles fósiles.

Los días de bonanza del crudo

Entonces, el barril de crudo se pagaba a 1,8 dólares por barril. Ahora, después de la recuperación de 2017 -en el que los contratos de futuros elevaron entre un 12% y un 17% el valor del precio del barril de Brent, de referencia en Europa- se mueve por encima de los 65 dólares. Lejos quedan ya los días de bonanza del crudo. Como el 3 de julio de 2008, en el que registró su cota histórica: 146,08 dólares. A sólo dos meses vista de la quiebra de Lehman Brothers.

EE.UU y su poder con el crudo y el gas

La superación de la psicológica barrera de los ocho dígitos de producción diaria de EEUU la acaba de certificar la propia Agencia Internacional de la Energía (AIE), que data el evento en el pasado mes de noviembre, cuando los inventarios americanos (el stock acumulado de crudo) alcanzó la cifra de 418,4 millones de barriles, un nivel de autosuficiencia más que notable para hacer frente a los recortes de 20.000 barriles al día decretados, el pasado mes de enero, por la OPEP. Nunca, en las cuatro décadas desde la crisis energética de los setenta, EEUU ha adquirido tanto poder para regular los flujos de crudo y de gas. Porque con estos datos sobre la mesa, las importaciones de combustibles se han desplomado hasta niveles desconocidos desde 1973. Por debajo de los 2,5 millones de barriles al día. Cuando hace un decenio adquiría más de 12 millones. El efecto del fracking ha convertido a EEUU, pues, en superpotencia petrolífera.

Más madera energética con Trump

La Administración Trump disfruta de este momento de gloria. El America first encaja como anillo al dedo con esta coyuntura. Porque esta peligrosa técnica medioambiental no ha sido el único factor que ha catapultado la capacidad productiva de EEUU. Los deseos del líder republicano de permitir a las petroleras estadounidenses el acceso a labores de exploración y de extracción en las aguas del llamado Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico, añadirían más cuotas de crudo.

Un daño medioambiental

Sería curiosamente también el primer permiso oficial en 40 años. Un arsenal energético sublime que se sumaría a las reservas, valoradas en unos 11.800 millones de barriles, detectadas bajo el subsuelo de Alaska y que, tecnológicamente, las firmas americanas están ya en disposición de sacar al exterior. Y una espita que la Casa Blanca de Trump tiene pensado abrir. Por mucho que los tres años precedentes hayan sido los más calurosos desde el Siglo XIX. Pese a que gobernadores de los estados de la costa atlántica le hayan advertido recientemente de los devastadores efectos de aplicar su política extractiva en estos santuarios para otra industria de alto valor, la turística, que registra ingresos multibillonarios al año.

Adiós a las energías limpias

Además, el lobby petrolífero se ha vuelto a instalar a sus anchas en Washington tras expulsar, durante el actual mandato, al de las energías limpias, y declara sin ambages su idea de neutralizar, por un lado, la influencia política de los estados del Golfo y de Rusia; con férreos controles sobre la cotización del crudo, que les permitan obtener beneficios sin tensiones en los mercados; es decir, un precio que oscile este año entre 65 y 70 dólares. Y, por otro, de mitigar el emergente poder de las renovables, que ya se han hecho un hueco con el vehículo eléctrico y que reduce a marchas forzadas la proporción de los carburantes fósiles dentro del mix energético global.

El mercado y las negociaciones

Si la cotización del crudo rebasa los 80 dólares, como pretende la OPEP, Rusia y Arabia Saudí, restarían automáticamente independencia energética a EEUU. Además de adquirir, a partir de ese precio, nuevos colchones de financiación con los que abordar sus intereses geoestratégicos. No siempre ni del todo coincidentes con los de EEUU. En especial, en Oriente Próximo.

Por si fuera poco, el fracking también ha ayudado a las firmas americanas a solventar su cuenta de resultados durante la crisis. Deteriorada hasta tiempos bastante recientes. Porque todavía en 2014, la extracción cayó a 8,5 millones de barriles diarios, llevando a la bancarrota a algunas refinerías de Texas o Dakota del Norte, con la consiguiente pérdida de miles de empleos.

Gendarme de los flujos energéticos globales

La irrupción de la denominada Shale 2.0, la versión moderna y más innovadora del fracking, ha devuelto la estabilidad financiera a los amigos empresarios de Trump, como Harold Hamm, de Continental Resources. Pero también a Exxon Movil o Chevron aunque, en general, a las gigantes del sector. Y, de paso, ha otorgado un arma diplomática de gran calibre a la Casa Blanca. Porque si la producción de crudo a través de la mejorada técnica Shale 2.0 mantiene a raya los precios -o, dicho de otro modo, Washington aplica el regulador del suministro más eficiente del último lustro- Moscú no tendrá tanta abundancia de recursos para sus campañas militares en Siria o Ucrania. De forma que se verá en la obligación de seguir contribuyendo a la política de rebaja de cuotas de la OPEP. Estrategia que separa a los oligarcas de Vladimir Putin.

Crudo de mucha calidad

Por si fuera poco, la elevada calidad del crudo 2.0 está transformando las cadenas de procesado del crudo en las refinerías americanas. Por lo que es cuestión de tiempo que se reemplace parte del abastecimiento del combustible de baja calidad que llega desde México, Venezuela, Canadá o, incluso, Arabia Saudí. De hecho, las compras estadounidenses de crudo saudí están en el nivel más bajo de los últimos 30 años, lo que ha obligado a Riad a incrementar las ventas hacia China o Japón.

Y, por si fuera poco, Washington se reserva todavía jugar la baza del dólar fuerte. Que todavía no ha empleado con eficiencia. O, para ser más precisos, de un billete verde que contribuya también al control de los precios, ya que la moneda norteamericana sigue siendo la referencia en el mercado energético global.

Los cinco mayores productores mundiales

La propia Administración de Información de la Energía de EEUU admite que la mayor economía es, también, el mayor productor de energía global, con más de 14,86 millones de barriles al día, si se contabiliza toda su capacidad de extracción energética, que incluye crudo condensado, productos refinados, gas natural, carburantes sin tratamiento y combustibles licuados. Le siguen Arabia Saudí, con 12,39 millones de barriles; Rusia, con una capacidad de 11,24 millones; China, que alcanza los 4,87 millones y Canadá, con 4,59 millones de unidades diarias.

En un contexto en el que, según cálculos de la petrolera BP, el volumen de crudo en el mercado superará este año los 92 millones de barriles cada día.

feria con stand de muebles

El sector del mueble español triunfa mucho en el exterior

La Asociación Nacional de Fabricantes y Exportadores de Muebles de España (Anieme) ha presentado su informe sobre importaciones y exportaciones en el mercado del mueble español, que arroja un crecimiento de las ventas al exterior de un 2,4%.

Hace unos días, la Asociación Nacional de Fabricantes y Exportadores de Muebles de España (Anieme) presentaba sus cifras de 2017. Estos resultados muestran un sector del mueble tocado en lo que se refiere al consumo interno, pero exultante en cuanto a las exportaciones. Las ventas fuera de España crecieron un 2,4%, con 2.113 millones de euros.

Crece la importación del mueble

Son buenas noticias del mueble, que tienen un ‘pero’: las importaciones de muebles crecieron aún más. En concreto, un 3,4% sumando un total de 2.956 millones de euros. Con lo cual, la balanza sectorial nacional refleja un déficit de 842,8 millones de euros. Los principales países a los que compramos estos productos son: China (22,3% del total), Portugal (13,9%), Alemania (10,1%), Italia (8%) y Polonia (7%).

Algunas de ellas coinciden en el ranking de las naciones que más han comprado a España durante 2017: Francia (25,2% del total), Portugal (12%), Alemania (6,6%), Reino Unido (5,2%) y Estados Unidos (5%). Anieme ha querido destacar en su informe el importante crecimiento de las ventas que se ha dado en EEUU, un 7,3% más. También el del mercado marroquí y el del mexicano (un 9,4% y un 14,9% más que en 2016, respectivamente), que se encuentran entre los diez primeros destinos del mueble ‘made in Spain’.

Menos alegrías nos ha dado el mercado ruso, que ha sufrido una caída en sus ventas del 2,6%, ocupando la 16ª posición del ranking de destinos a nivel mundial.

El mueble y los datos regionales

Las comunidades autónomas que siguen alzándose fuertes en lo que respecta a la fabricación y venta de muebles son Cataluña y la Comunidad Valenciana. Entre las dos totalizan casi el 50% del producto exportado en España. Es más, la región catalana ha desbancado de su eterno primer puesto a la segunda, con un crecimiento en sus exportaciones del 7,6% y una cuota del 27,2% del total exportado a nivel nacional.

Por su parte, la Comunidad Valenciana ha visto caer sus ventas al exterior un 2,1% y ha registrado una cuota del 22% sobre el total exportado. Las siguen en el ranking de ventas fuera de nuestras fronteras Galicia (11% del total), Madrid (7,8%), Andalucía (6,8%) y Aragón (6,4%).

Seguro del crédito, vital en la internacionalización

El sector del mueble es uno de los más afectados por la morosidad en nuestro país. Para las empresas que lo representan y que han decidido lanzarse al mercado exterior es decisivo contar con un buen seguro de crédito que pueda cubrir los impagos. Esos mismos impagos que generan la falta de liquidez y, en consecuencia, la bancarrota de una empresa.

Las compañías especializadas en seguro de crédito y en gestión del crédito comercial cada vez ofrecen más servicios a las empresas que lo necesitan. Cuentan con productos flexibles que se adaptan a esas necesidades y que incluyen herramientas de análisis y evaluación de los riesgos comerciales. Por ejemplo, existen servicios de consultoría personalizada en la gestión de créditos y riesgos comerciales que facilitan y aceleran el crecimiento de un negocio.

Hay sistemas de seguimiento en tiempo real que analizan los riesgos existentes en una cartera de clientes, muy útil para adelantarse a los problemas y tomar decisiones antes de que aparezcan. Y no sólo poniendo el punto de mira en los clientes, también en los mercados que crecen y en los que decaen, como está ocurriendo en la actualidad con Rusia y EEUU para la industria del mueble.

Se trata de un producto de sencilla contratación y gestión sobre el que pesan leyendas negras que se deben desterrar, como la de su elevado precio que no es tal. De hecho, las primas medias rondan el 0,5% de la facturación de la empresa que solicita los servicios. Pero, sobre todo, es un sistema eficaz para evitar la incertidumbre que suele garantizar el cobro de entre el 70% y el 90% de las facturas emitidas.

Imagen: Mueble de España

manos estrechandose sobre mesa de negocios

El buen gobierno corporativo también es para las pymes

Cepyme ha presentado la Guía de Buen Gobierno Corporativo, un documento que recoge consejos y recomendaciones para que las pequeñas y medianas empresas mejoren en gestión interna y ofrezcan unas cuentas transparentes.

 

La Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme) acaba de publicar la Guía de Buen Gobierno Corporativo con la colaboración del Consejo General de Economistas (CGE). En ella se recogen una serie de consejos para que las pymes mejoren sus relaciones internas, elaboren cuentas anuales transparentes, fieles a la realidad de la empresa, y ganen en competitividad.

No sólo eso. Como ha recordado durante la presentación el presidente del CGE, Valentín Pich, la Ley de Contratos del Sector Público, en vigor a partir del próximo mes de marzo, incorpora requisitos sobre buen gobierno y responsabilidad social corporativa (RSC), unas premisas que deben presentar todas las empresas que deseen optar a ser proveedoras de productos o servicios de una administración pública.

Según el texto, en nuestro país la modernización del gobierno corporativo se fundamenta en dos instrumentos. El primero es la reforma del marco normativo vigente a través de la Ley 31/2014, de 3 de diciembre, por la que se modifica la Ley de Sociedades de Capital. Ésta refuerza el papel de la junta de accionistas en las decisiones empresariales, equilibra los controles en las medidas adoptadas relativas a las remuneraciones de directivos y regula detalladamente el régimen de responsabilidad de los administradores.

12 Medidas gobierno corporativo

Por otra parte, la Comisión Nacional del Mercado de Valores actualizó el 1 de febrero de 2015 el Código unificado de buen gobierno de las sociedades cotizadas, que establece recomendaciones cuyo cumplimiento es voluntario, sólo sujetas al principio de “cumplir o explicar”. En un afán de que este documento sea una referencia similar para las pymes, recoge 12 principios básicos para la implantación de estos procedimientos en una dimensión empresarial más reducida.

  1. Las sociedades deben informar con claridad en la junta general sobre el grado de cumplimiento de las recomendaciones de buen gobierno, incluyendo la situación de los sistemas de control interno y las políticas fiscales aplicadas.
  1. La junta general debe funcionar bajo una serie de principios de transparencia y con la información adecuada y actualizada.
  1. Las sociedades deben facilitar el ejercicio de los derechos de asistencia y participación en la junta general en igualdad de condiciones.
  1. El órgano de administración asumirá colectiva y unitariamente la responsabilidad directa sobre la administración social y la supervisión de la dirección de la sociedad, con el propósito común de promover el interés social.
  1. El órgano de administración tendrá la dimensión precisa para favorecer su eficaz funcionamiento y la representación de todos los intereses de sus socios o accionistas.
  1. En la composición del órgano de administración se fomentará la diversidad de conocimientos, experiencias y género.
  1. Los miembros del órgano de administración dedicarán tiempo suficiente para el eficaz desarrollo de sus funciones y deberán contar con información suficiente y adecuada para la toma razonada de decisiones.
  1. El órgano de administración se reunirá con la frecuencia necesaria para el correcto desarrollo de sus funciones de administración y control. Se recomienda mantener un mínimo de cuatro reuniones anuales de miembros de la directiva.
  1. El órgano de administración evaluará periódicamente su desempeño y el de sus miembros, así como los resultados obtenidos por las diferentes direcciones ejecutivas que operan en la sociedad.
  1. La sociedad pondrá en marcha una función de control y gestión de riesgos que goce de independencia organizativa y pueda informar al órgano de administración.
  1. La sociedad promoverá una política adecuada de responsabilidad social corporativa como facultad indelegable del órgano de administración, ofreciendo de forma transparente información suficiente sobre su desempeño económico, social y medioambiental.
  1. La remuneración del órgano de administración será la adecuada para atraer y retener a sus miembros de acuerdo con su dedicación, cualificación y experiencia profesional.
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España cierra 2017 con un máximo histórico de las exportaciones

Los números, dicen, cantan y en la melodía del comercio exterior entonan una historia de éxito. España ha cerrado el año 2017 con un nuevo máximo histórico de las exportaciones, más de 277.000 millones de euros, superando en un 8,7 por ciento el récord de 2016. Un éxito indudable en sí mismo pero que cobra aún más valor por la solidez de los pilares sobre los que se sustenta.

En 2017 se contabilizaron 161.454 empresas exportadoras, un 8,5 por ciento más que en el ejercicio precedente y el número de exportadores permanentes subió a 50.562 compañías, cifras récord en ambos casos. Al igual que ocurre con el número de empresas que venden más de 250 millones en el exterior, un total de 123 con un 17,1 por ciento más de incremento interanual.

La composición sectorial

Y si analizamos la composición sectorial de nuestras ventas fuera vemos cómo los sectores que más contribuyeron a la tasa de variación anual de las exportaciones fueron los productos energéticos, bienes de equipo, y productos químicos, que junto con la alimentación y el automóvil aportan el 74,5 por ciento de todas las ventas españolas fuera de nuestras fronteras. A ellos habría que añadir un factor exógeno como es la recuperación de la demanda europea por la recuperación de las economías de la UE.

Este empuje exportador es el que ha permitido aumentar un 163 por ciento, hasta 607,9 millones de euros, nuestro superávit comercial con la Unión Europea, generar un abultado superávit de la balanza de servicios e incrementar paulatinamente el superávit de la balanza por cuenta corriente.

Crecimiento de las importaciones

Pero también al analizar el déficit se observan elementos positivos. Porque su crecimiento es consecuencia fundamentalmente de la subida de un 10,5 por ciento de las importaciones, además de por la subida de nuestra factura energética que en 2017 se incrementó en 8.875 millones de euros, un 30 por ciento más que en el año precedente. Factores ambos que son indicativos de una importante recuperación de la demanda interna, tanto de consumo como de inversión. Aunque en el caso de la energía está fuertemente condicionado por el aumento de los precios del barril y en los futuros del crudo norteamericano que le ha llevado a los precios máximos en tres años.

Aumenta el peso de las exportaciones

A falta del cierre anual del Banco de España se puede asegurar ya que en 2017 España ha cosechado su sexto superávit consecutivo de balanza de pagos. Y los datos definitivos del Ministerio de Economía confirman que el peso de las exportaciones en la economía ha aumentado un 53 por ciento hasta representar el 21,6 por ciento del PIB, otro máximo histórico, lo que nos permite situarnos como el segundo exportador de la eurozona, sólo por detrás de Alemania.

El sector exterior de España ha realizado un giro admirable y sustentado por un hecho nítidamente diferencial con respecto a ciclos anteriores, que por primera vez en nuestra historia económica el despegue exportador sigue creciendo en paralelo al tirón de la demanda interna.

Cambio que revela, ahora sí, un crecimiento de la economía española firme y saludable y que es fruto del esfuerzo conjunto de las empresas y de las distintas Administraciones, y la aplicación de instrumentos eficaces de apoyo y promoción entre los que destaca el seguro de crédito de CESCE, un aliado natural de las empresas, grandes y pequeñas, en su proceso de internacionalización, ya que ofrece la necesaria protección contra el impago.