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China lidera la reserva global de divisas con 3,2 billones de dólares

El Banco Central de China acumula un arsenal monetario similar al tamaño del PIB alemán, más del doble que el tesoro de divisas de Japón y cuatro veces el de Suiza.

 

Las reservas de divisas de un banco central no son sólo una acumulación de valor monetario. Por encima de todo, ofrecen garantías iniciales para afrontar convulsiones de cualquier índole. Desde políticas a económicas, monetarias o sociales. En el orden financiero -es decir, en el día a día de gestión de cualquier institución emisora-, ejercen de baliza sobre la sostenibilidad del tipo de cambio de una moneda nacional e, incluso, proveen cobertura, una especie de seguro a todo riesgo, en casos de emergencias económicas en su país. La mayor parte de esta cesta monetaria está denominada en dólares, con el euro en segundo lugar de las preferencias de las entidades reguladoras de todo el mundo, aunque aún a años luz del billete verde. Son las dos divisas con un uso más global. De ahí que EEUU y los socios europeos que comparten la divisa común no se vean en la obligación de atesorar una especial cantidad de unas monedas -el euro y el dólar- que se emplean en la práctica totalidad de las transacciones internacionales. O, dicho de otra manera, son los grandes valores en circulación en los mercados financieros del planeta.

Sin embargo, que las arcas bancarias del resto de las economías -en especial, la de los mercados emergentes, con más potencial de crecimiento y prosperidad, pero también con mayores y más peligrosos desequilibrios macroeconómicos y sometidos al riesgo de incrementar sus ya de por sí amplias brechas de distribución de rentas- gocen de buena salud es un síntoma de seguridad financiera. Porque, además de a la sostenibilidad del tipo de cambio de una divisa -herramienta indispensable, sobre todo, en supuestos en los que los bancos centrales utilicen mecanismos cambiarios ajenos a la fluctuación o con bandas rígidas de oscilación-, son indispensables en los casos contrarios. Entre los emisores con sistemas flotantes del valor de la moneda, debido a que con su arsenal de divisas pueden adquirir moneda extrajera o instrumentos financieros con los que reducir el valor de su dinero doméstico. También son un colchón para mantener la liquidez en episodios de crisis. Además de dotar de confianza a los inversores extranjeros, a los que les infunde tranquilidad saber que un banco central de un mercado en el que depositan su capital dispone de la habilidad de actuar para proteger sus carteras de inversión. Hay otras tres razones. La primera, su papel de salvaguarda para el pago de obligaciones de pagos internacionales, muy al uso en una época como la actual, con niveles históricos de deuda soberana (de Estados), de empresas y de bancos tras varias crisis de endeudamiento, herencia del credit crunch de 2008. La segunda, que se pueden utilizar como fondos para ciertos sectores, como las infraestructuras. Y, finalmente porque, aunque mayoritariamente, las cestas monetarias de los bancos centrales las protagonizan el dólar y el euro, cada vez han diversificado más la entrada de otras divisas, lo que les ayuda a reducir los riesgos de sus propias inversiones en los mercados globales.

Pero, ¿qué países lideran esta clasificación? O, lo que es lo mismo, ¿qué economías atesoran el mayor volumen de arsenales monetarios para capear temporales en el futuro?

Uno por encima de todos: China. Su entidad emisora dispone del equivalente, al cambio, de 3,2 billones de dólares. A precios actuales de mercado. Casi el tamaño de la economía alemana, la cuarta del planeta. Más del doble de Japón que, con 1,2 billones, le sigue en la lista, que constata una reducción substancial de sus reservas en yenes por su consideración de gran superpotencia exportadora, ya que envía cada año al exterior más de 605.000 millones de dólares de productos made in Japan, la práctica totalidad denominados en dólares y euros. Y cuatro veces la cifra que custodia el Banco de Suiza, enclave considerado el refugio financiero mundial, con una moneda, el franco suizo, emblema de la estabilidad cambiaria y que ha hecho uso del tipo de cambio fijo para sostener el valor de su moneda durante varios de los años que siguieron a la crisis. Su depósito monetario supera los 785.700 millones de dólares. Una estrategia que también tiene que ver con su decisión de permanecer ajena al espacio de la UE como fórmula para atraer a sus propios inversores, al margen de la evolución del euro en los mercados.

Los diez países con mayores reservas de divisas, a partir de los últimos datos recabados por el FMI al término del primer trimestre de 2018, contrastados con la información facilitada por los bancos centrales hasta octubre del ejercicio pasado y recabados y analizados por el think-tank y consultora HowMuach.net, son los siguientes:

  1. China: 3,162 billones de dólares.
  2. Japón: 1,205 billones de dólares.
  3. Suiza: 785.700 millones de dólares.
  4. Arabia Saudí: 486.600 millones de dólares.
  5. Hong Kong: 437.500 millones de dólares.
  6. India: 397.200 millones de dólares.
  7. Corea del Sur: 385.300 millones de dólares.
  8. Brasil: 358.300 millones de dólares.
  9. Rusia: 356.500 millones de dólares.
  10. Singapur: 279.800 millones de dólares.

De estas cifras oficiales se deduce que la acumulación de divisas en países como China, con sus extraordinarios flujos exportadores de bienes, Japón, con su industria electrónica vendiendo por todo el mundo o los ingresos procedentes del petróleo en el caso de Arabia Saudí les otorga un salvavidas financiero notable para afrontar inestabilidades. Todo ellos son mercados dominantes en sectores concretos que les reportan múltiples ingresos del exterior.

Pero también sorprende el escaso stock monetario de EEUU, de apenas 44.000 millones de dólares, teniendo en cuenta que su deuda soberana supera los 21 billones de dólares, por encima del tamaño de su PIB. Un riesgo latente, pese a que el acceso de la mayor economía del mundo a los mercados financieros en el exterior tiene una excelente garantía de solvencia. Sobre todo, porque las principales agencias de rating han rebajado su calificación sobre EEUU de su tradicional triple A, la máxima nota de sus diagnósticos, precisamente por el creciente repunte de los pagos a los que tiene que hacer frente el servicio de deuda del Tesoro americano.

También resulta preocupante el calibre de la recapitalización de los bancos chinos. La institución emisora de este país acaba de admitir que extraerá nada menos que 108.000 millones de dólares de sus reservas de divisas -más de dos veces el total que maneja la Reserva Federal- para sanear los balances de sus entidades financieras, dotarla de liquidez y facilitar el crédito hacia las pymes del país, sometidas a tensiones de pagos. La ratio de reservas monetarias que exige el gobierno de Pekín a su sector bancario ha ido recortándose en los últimos meses. Y la guerra comercial declarada por Washington, y que señala con especial virulencia al gigante asiático, también está mermando el músculo exportador de la segunda economía global.

Un reflejo de que Pekín busca contener el riesgo crediticio de entidades con balances frágiles, que podrían “perjudicar con seriedad la confianza empresarial” y recortar sus carteras de inversión, tal y como explica Robin Xing, economista jefe para China de Morgan Stanley. Visión que comparte Ming Ming, de Citic Securities, para quien “el volumen de liquidez” de los bancos “se ha recortado dos veces desde el inicio del año”, lo que demuestra que hay dificultades “en una parte de los prestamistas” y que el banco central “ha empezado a dar credibilidad a los riesgos de endeudamiento” de sus bancos y de su tejido empresarial. En un momento, además, en el que la economía se ha ralentizado tras registrar un crecimiento del 6,9% en 2017. Buena parte de culpa de este aminoramiento la tiene la pérdida de vigor de las ventas al por menor, que han retrocedido más de un 10% por la intervención de autoridades de regulación sectoriales después del proceso de traslado de deuda de firmas no financieras a bancos decretada por Pekín en los últimos años. La versión china del banco malo de las potencias industrializadas con elevados activos tóxicos en sus entramados financieros.

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Las pymes siguen sin tener claro el RGPD

Una encuesta publicada por Cepyme y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) asegura que aproximadamente el 40% de las pymes desconocen el trasfondo del RGPD

 

Dos meses después de su entrada en vigor de forma obligatoria, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) sigue siendo un misterio para un buen número de pymes. En general, hay buena disposición para acatarla, pero todavía hay un gran desconocimiento sobre la normativa, que en algunos casos repercute en su cumplimiento.

Así lo reflejan los resultados de una encuesta realizada por la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (Cepyme). La muestra supera las 1.100 sociedades de estas características, y el trabajo de campo fue realizado entre el 26 de abril y el 16 de mayo, poco antes de la entrada en vigor obligatoria de la normativa.

Principales datos sobre el estudio entre pymes y RGPD

Según este documento, el conocimiento de la normativa actual alcanza a un 63% de las compañías de este tamaño. También se reconoce en él que sólo el 60% es consciente de la obligación de elaborar un registro de actividades, y un 59% conoce las nuevas obligaciones del responsable del tratamiento de datos.

Es decir, aproximadamente el 40% desconoce el trasfondo del RGPD y menos del 50% han leído las guías que la AEPD ha elaborado para facilitar la adaptación. Unos porcentajes elevados teniendo en cuenta que se tendría que haber implantado de forma paulatina a lo largo de los últimos dos años y que es de obligado cumplimiento desde el pasado 25 de mayo.

No obstante, la encuesta asegura que el 80% de estas organizaciones empresariales dispone de un servicio de asesoramiento en materia de protección de datos personales, o piensa contratarlo a corto plazo. También ha procedido a notificar sus ficheros a la AEPD y ha elaborado su documento de seguridad, que en los casos de menor riesgo puede elaborarse a través de la herramienta electrónica Facilita RGPD.

Por otra parte, apenas el 69% de las compañías encuestadas incluye cláusulas informativas en los formularios. Un 58% incluyen en sus contratos cláusulas en materia de protección de datos. Un 39% ha previsto o atendido solicitudes de ejercicio de los derechos de las personas, y sólo el 24% usa de forma habitual la página web de la AEPD.

¿QUÉ DATOS MANEJAN?

Prácticamente todas las empresas, en torno al 95%, manejan tres clases de datos esenciales que deben custodiar como rige la normativa: los de sus clientes, los de sus proveedores y los de sus empleados. También aparecen en la encuesta, aunque en menor medida, los recursos relativos a videovigilancia (38%), los que se recopilan a través de formularios electrónicos (17%) y los acumulados para el envío personalizado de publicidad (10,3%).

En general, las pymes consultadas valoran positivamente el nuevo reglamento. El 90% está de acuerdo en afirmar que los datos deben ser protegidos siempre, ya que es algo que nos afecta a todos. Aunque no todas creen que el RGPD se adapte bien a los recursos de que disponen las pequeñas y medianas empresas, y consideran que las sanciones marcadas podrían poner en peligro a las sociedades de menor tamaño, impidiendo el desarrollo normal de su actividad.

Éstas apuntan, además, que entre los aspectos a mejorar deben tenerse en cuenta los contenidos expuestos en la página web de la AEPD. El documento indica que están considerados como densos, poco claros y que deben adaptarse a las necesidades y características de las pymes.

En definitiva, aunque la percepción hacia las normativas de protección de datos es positiva entre las pequeñas y medianas empresas, están surgiendo problemas derivados de los costes que les está generando ponerse al día con el RGPD. También relacionados con los recursos que requiere y con la posibilidad de recibir sanciones muy elevadas por incumplimiento que podrían frenar su actividad.

Por eso, el documento recomienda a todas las partes implicadas poner de su parte para “extender el conocimiento, dimensionar bien las herramientas y las propias acciones de implantación de acuerdo con los recursos a gestionar, así como extender y profundizar la comprensión de los datos como fuente de valor”.

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Holanda acapara el negocio bancario que sale del Reino Unido

Amsterdam es el enclave favorito del sector privado británico frente al Brexit. Regulación anglosajona, clima de negocios y ventajas fiscales, sus señuelos.

 

En los últimos meses, una considerable proporción de los 68 millones de pasajeros que llegan a Schiphol, aeropuerto de Amsterdam, son directivos de empresas. Y, en gran medida, británicos o de firmas asentadas en el del Reino Unido. De hecho, el gestor aeroportuario, a instancias del Gobierno holandés, les ha puestos servicios que facilitan el tránsito rápido hacia sus lugares de reunión. Muchos de ellos, tocan suelo holandés con la decisión pendiente de si eligen al país de los tulipanes como centro de operaciones de sus negocios, una vez se consuma el Brexit, en marzo próximo. O sin esperar siquiera a que se formalice el divorcio entre Londres y Bruselas. La agenda de estos directivos incluye desplazamientos en ferry hasta el corazón de la ciudad y ubicaciones precisas de sus puntos de encuentro. Algunos de ellos, incluso en el majestuoso aeropuerto de la ciudad. Porque Amsterdam se ha convertido en el cluster para acelerar los grandes negocios que procedan de Reino Unido.

Cboe Global Markets, firma propietaria del mayor gestor de activos bursátiles de Europa, es una de las últimas en elegir la ciudad holandesa como sede. Aquis Exchange, otra intermediaria de bolsa, también baraja esta opción. Al igual que TP ICAP, el mayor broker corporativo del mundo. También London Stock Exchange Group, la Bolsa de Londres, está en trámites para obtener las licencias que le permitan establecerse en Amsterdam, con el propósito de ofrecer servicios a sus clientes europeos una vez se oficialice la salida británica. Tradeweb, MarketAxess Holdings o NEX Group ya se han decantado por el centro financiero holandés.

¿Qué tiene Amsterdam para ser el enclave favorito del sector privado británico tras el Brexit?

Entre los atractivos de Holanda figura las bondades, según el sector privado, de sus reguladores de mercados. En especial, el del sector financiero, con muchas similitudes al británico, clave en el éxito de la City como principal centro de negocios de Europa. Destacan su reputación, su papel conciliador con las empresas que operan en su territorio y, al mismo tiempo, porque no resulta contradictorio, sus altas exigencias supervisoras. Es decir, un clima similar al de Londres. Un aspecto que se ha potenciado desde el Ministerio de Asuntos Económicos holandés, desde el que han jugado la carta institucional para exhibir las ventajas de Amsterdam como enclave empresarial. De este departamento ha surgido, por ejemplo, las facilidades de estancia de ejecutivos para atender su agenda de reuniones.

Pero también hay otros alicientes. Holanda tiene otra magnífica carta de presentación. Fue la sede elegida por la Agencia Europea del Medicamento tras su retiro de la capital británica. En detrimento de Barcelona. Sus más de 900 empleados ejercerán su labor en Amsterdam a partir de 2019. En el orden fiscal, se beneficiarán, como repatriados, de una extensión deductiva en el impuesto sobre la renta del 30% de su salario durante sus primeros ocho años de trabajo.

Las “techies” más importantes ya miran a Amsterdan

El Ejecutivo del liberal Mark Rutte espera, de hecho, el desembarco de una treintena de firmas del sector financiero. Hasta el punto de admitir que el reloj para que las empresas se decanten y elijan la sede corporativa que necesitan ha empezado a retroceder. Las ventajas, rapidez y eficiencia para que se emprenda un negocio, la flexibilidad de alojamientos o el importante nivel de inglés entre sus habitantes (el 90% de sus ciudadanos lo hablan con fluidez), sus infraestructuras o su alto grado de conectividad y su apuesta por la digitalización también han convertido a Amsterdam en uno de las ciudades candidatas de Europa con mayor grado de aceptación entre las empresas que emigrarán de Reino Unido. Booking, Netflix, Facebook, Uber, Google o Amazon ya manifiestan su intención de ampliar sus oficinas en esta ciudad. De igual manera que firmas de los sectores más vinculados a la digitalización, como el manufacturero o el de automoción, con amplias sedes en Reino Unido. O las del sector exterior, con Rotterdam, puerto de referencia de entrada en el mercado interior, intensificando la competencia con sus rivales del sur de Gran Bretaña.

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Un barril de crudo a 100 dólares anticipa recesión

El petróleo se ha instalado en los 80 dólares. De alcanzar los tres dígitos, el riesgo de que baje el PIB de EEUU, primero, y mundial, después, se incrementa con intensidad.

 

La escalada de precios del petróleo ha antecedido a cinco de las seis últimas recesiones de la economía estadounidense. Y 2018 está asumiendo el protagonismo de un cambio de tendencia. Al alza. De un nuevo boom de oro negro que devuelve al mercado y a los Estados -productores o crudo-dependientes, que confían sus presupuestos anuales a un coste o recaudación, según los casos, determinado-, a un escenario más similar al de los años previos a 2014. Ejercicio en el que el petróleo comenzó un descenso histórico que llevó al Brent, de referencia en Europa, a cotizar a 27,67 dólares el barril, en enero de 2016, el valor más bajo desde 2003. Entonces, los contratos de futuros transitaban con comodidad con cifras de tres dígitos. Ahora, cotiza en torno a los 78 dólares, cerca de la frontera que Arabia Saudí, primer productor global y auténtico rector de los designios de la OPEP, ha establecido como adecuados, en 2018, según sus intereses. Una cota que juzga de excelente para sanear sus desequilibradas arcas públicas por el efecto del alto coste de la guerra en Yemen y de unos ingresos petrolíferos holgadamente por debajo de los 60 dólares en el último trienio.

Pero, ¿qué consecuencias tendría un barril a 100 dólares? Y, sobre todo, ¿qué circunstancias se han combinado para que el barril tenga a tiro esta emblemática cotización, que ha elevado en más de un 50% su valor desde comienzos de año?

“Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, dice el equipo de economistas de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, en especial hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. Efectivamente, “el petróleo se podría poner en 100 dólares a lo largo de este ejercicio”, advierten. Con réplicas inmediatas en las economías. “Las señales de una posible contracción del PIB en EEUU son elocuentes”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores. Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. No tanto en la mayor economía del planeta, debido al encarecimiento del precio del dinero, sino en la esfera de los mercados emergentes, reacios a seguir la estela de la Reserva Federal americana y asolados por las restricciones en los circuitos de acceso al crédito internacional por las subidas de tipos en EEUU, sus elevadas tasas de endeudamiento soberanos y de sus empresas y bancos y por la reanimación del dólar.

La pinza -recesión más inflación- afecta, en cualquier caso, a la coyuntura estadounidense. “Hay que tomárselo en serio” porque todo repunte más o menos brusco del crudo “acarrea una serie de riesgos” y conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y la escalada actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.

Este salto de precios “es aún de menor trascendencia que otros que antecedieron a recesiones en EEUU, pero si el precio se mueve hacia los 100 dólares el panorama cambiará sin remedio”. Entonces -explican en UBS- se restaría alrededor de 100.000 millones a la economía global, dejando el PIB del planeta en un crecimiento del 3,8% -cualquier crecimiento inferior al 3% se considera como contracción global-, mientras que los precios mundiales se situarían por encima del 4%, lo que obligaría a bancos centrales de las potencias emergentes (e industrializadas, en especial, al área del euro y Reino Unido) a mover ficha al alza. Otro retardo de actividad.

Desde Goldman Sachs también observan este riesgo. “Es un sónar peligroso para la gestión de los riesgos futuros, porque las perspectivas no son halagüeñas”. Aunque, de momento, los flujos de inversión “permanezcan más complacientes que preocupados”, pese a que el Brent ha subido un 52% desde que, a finales del pasado año, la OPEP se inclinara por las tesis de Riad y redujera, de forma más agresiva de lo esperado, sus cuotas productivas. Hasta alcanzar los 82,5 dólares. También juega un rol notable la crisis nuclear iraní derivada de la ruptura del tratado por parte de la Casa Blanca. A lo que hay que añadir el incremento de la demanda de crudo que “podría enfrentarse a problemas de entrega por la carencia de petróleo en el mercado” y la fatiga que está empezando a demostrar el actual ciclo de negocio, que nació débil y con rastro sinuoso por emerger de la mayor crisis financiera desde 1929, afirman en el banco de inversión americano.

Citigroup acaba de elevar en 10 dólares, hasta los 75, el precio promedio del barril para el conjunto de 2018, lo que lleva implícito que, en algún momento del año, traspasará los 100 dólares.

“Por favor, pare esto; de otra forma, el crudo se encarecerá mucho más”. Esta ha sido la réplica del gobernador de Irán en la OPEP, Houssein Kazempour Ardebili, al presidente de EEUU por su tweet en el que acusa al cártel petrolífero de “hacer muy poco” para estabilizar el precio del oro negro y “todo lo posible” por encarecer los combustibles en EEUU. A pesar de que Arabia Saudí ha afirmado a Washington que impulsará la producción, en Goldman Sachs alertan de que esta posibilidad baja enteros ante los riesgos de suministro de Venezuela e Irán, bajo sanciones de la Administración Trump. “Está usted martilleando a la OPEP y desacreditando la soberanía de sus socios”, critica Kazempour, quien dijo que en el cártel “esperan una actitud más conciliadora y cordial” por parte del actual inquilino de la Casa Blanca, que también les emplazó a “reducir los precios de inmediato”. Más contundente han sido los jerarcas de la Guardia Revolucionaria iraní, al advertir que cualquier maniobra de Washington para exigir cambios en la política de la OPEP traería el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde pasa la mayor concentración de petroleros del mundo para cargar el 30% de los flujos petrolíferos que movilizan los mercados y cuyo peaje está en poder de Teherán. Tampoco ayuda a las pretensiones de Washington los problemas de abastecimiento, en este caso tecnológicos para extraer crudo, de Libia -país miembro del cártel, pero exento del último acuerdo junto a Nigeria- y Canadá. Ni el aumento de tarifas comerciales de EEUU a China, el primer comprador de petróleo del mundo, que podría mermar su dinamismo y, con él, el del conjunto del PIB global.

“La OPEP nunca ha definido el precio del crudo en los últimos 30 años”, espeta Kazempour. Falacia que, sin embargo, le dio pie para concluir con un duro mensaje a Trump: “Usted impone sanciones a grandes productores, fundadores de la OPEP, y todavía nos interpela para que bajemos precios”, se preguntó. “¿Desde cuándo ha empezado a trasladarnos órdenes?”. En este complejo panorama, sólo Rusia parece dispuesto a elevar sus cuotas de mercado. Además del consejo de la Agencia Internacional de la Energía de que Arabia Saudí y los emiratos del Golfo Pérsico cubran la retirada de 1,5 millones de barriles diarios que Irán y Venezuela, que pretenden poner en marcha en 2019. El mercado del crudo es especialmente vulnerable a la evolución de precios de los contratos de futuros a seis meses. También a los inventarios acumulados de EEUU. Es decir, a la capacidad y el volumen de almacenamiento de crudo por parte del mayor mercado del mundo, y que, pese a subir en 833.000 barriles en las últimas semanas, siguen por debajo de las estimaciones, de 1,25 millones, que los analistas juzgan idóneo para revertir el rally alcista del crudo.

Sin tocar sus reservas estratégicas. Porque Trump baraja permitir labores de exploración en el Refugio Nacional de Vida Salvaje del Ártico que, junto a las reservas de unos 11.800 millones de barriles de Alaska, añadiría más capacidad productiva a EEUU. Sin elevar el poder extractivo de su industria del fracking, a la que están plenamente dedicada firmas petroleras del país que han vuelto a ejercer su capacidad de lobby en la Casa Blanca con la actual Administración. La que también se denomina shale revolution ha permitido a EEUU ser el primer productor de crudo y convertirse en exportador neto de petróleo, con más de 2 millones de barriles diarios, según la capacidad extractiva semanal de este método. Trump y los jerarcas del sector petrolífero aseguran que, con el fracking, la caída de actividad del PIB de EEUU, con un barril a 100 euros, sería de cuatro décimas.

Por si fuera poco, hay un indicador, la curva de rentabilidad del bono estadounidense que, aunque se ha estabilizado en las últimas fechas, deja una incógnita mayúscula por despejar. Este barómetro determina el diferencial de beneficios entre el bono estadounidense a dos y diez años. Cualquier caída a posiciones negativas (o próximas a ello) anticipa una contracción del PIB. En la actualidad, se encuentra en cuatro puntos básicos, después de subir en los últimos meses y dejar atrás las alarmas surgidas en 2014, cuando se situó por debajo de los dos puntos. En buena medida, por la política restrictiva de la Fed. Pero los nervios de los inversores no se han calmado. Y con razón. Porque la Reserva Federal tendrá que manejar un aspecto clave a la hora de determinar futuras subidas de tipos en un indicador que ya no navega con el salvavidas de los estímulos monetarios de los últimos años. De ahí que bancos de inversión como Bernstein convengan en que el ciclo de negocios actual en EEUU toque a su fin.

Ni siquiera la rebaja fiscal a empresas y consumidores de Trump parece, a los ojos de no pocos analistas, que servirá para espolear la demanda interna (gasto de consumo de familias y de inversión de empresas) porque las expectativas son de guardar la ropa. Dada la volatilidad de los mercados bursátiles y la debilidad financiera de los grandes mercados emergentes. Y ya se sabe en los círculos inversores que cuando EEUU estornuda, Europa y Japón se resfrían.

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Consecuencias del Brexit en el sector farmacéutico

Pocas horas después de conocerse el resultado del referéndum sobre el futuro de Reino Unido en la Unión Europea, la libra se hundía peligrosamente hasta niveles no vistos desde 1985, reflejando la incertidumbre que se ciñe a todos los niveles sobre el futuro económico del proyecto europeo. El 30 de marzo de 2019 será el momento en el que el divorcio se formalice, si bien el periodo de transición se extenderá hasta finales de 2020.

Centrándonos en el sector de la Salud, este hecho tendrá dos consecuencias directas:

  • El traslado de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) a Ámsterdam;
  • La imposibilidad, por parte de Reino Unido, de seguir realizando procedimientos centralizados, como la compra de materiales.

La Agencia Europea del medicamento desempeña un trabajo esencial para el correcto funcionamiento del mercado único de medicamentos en todo el entorno comunitario. Su trabajo es vital para proporcionar a los ciudadanos medicamentos efectivos, seguros y de alta calidad, así como para mantener un entorno regulador que fomente la innovación y el desarrollo de nuevos medicamentos.

Tanto es así que entre los primeros protocolos post Brexit, la UE analizó cuidadosamente la redistribución de competencias y actividades que hasta el momento desempeñaban las autoridades nacionales de Reino Unido, a través de la MHRA (Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios). De este modo, la carga de trabajo en operaciones se ha optimizado mediante un mejor reparto entre el resto de agencias europeas.

Áreas clave del Brexit en el sector farmacéutico en el futuro

De acuerdo a la Comisión Europea, cada ciudadano del Viejo Continente gasta de media alrededor de al año en medicamentos, lo que, a efectos de facturación global del sector, significa alrededor de 214.000 millones de euros. La importancia de esta industria es tal que por sí sola da empleo a alrededor del 10% de la población, siendo la segunda más importante económicamente hablando para la región por valor de mercado, según el índice FT Europe 500.

Entre los principios fundacionales de la Unión Europea, hay tres que atañen directamente al ámbito farmacéutico: el reconocimiento mutuo (que permite la entrada de medicamentos de fuera si son útiles para la población), las políticas de competencia (para favorecer o no la fusión entre laboratorios si se asegura una adecuada competencia en el mercado) y la investigación de vanguardia (sólo entre 2014 y 2020 se destinarán ayudas que superan los 77.000 millones de euros para la I+D europea del sector).

4 consecuencias directas del Brexit en el sector farmacéutico

Como consecuencia directa de los efectos del Brexit, existen cuatro ámbitos que son muy relevantes para garantizar su sostenibilidad en el futuro, y sobre los que las empresas españolas deberán estar muy atentas:

1. Licencias de Medicamentos.

En abril de 2018, se finalizó la redistribución de la cartera de productos de Reino Unido, con más de 370 productos sanitarios autorizados por procedimiento centralizado, entre los Estados Miembros, más Islandia y Noruega, quienes asumirán la plena responsabilidad de estos productos a partir del próximo 30 de marzo. Además, estos más de 370 medicamentos tienen a su vez otras autorizaciones de comercialización con compañías británicas en otros países de la UE -entre ellos, España- que tendrán que traspasarse, al quedar Reino Unido excluido como país miembro de la EMA.

2. Lotes de productos

Además de las licencias de los medicamentos, el Brexit también bloqueará la liberación y exportación de lotes de productos desde Reino Unido hacia países de la UE (afecta principalmente a los fármacos biológicos, como las vacunas). Los datos que maneja Farmaindustria apuntan a que hasta 300 lotes de productos se liberan desde el Reino Unido hacia países de la Unión Europea y también tendría que pararse esta exportación con la salida de Reino Unido. Los Titulares de las Autorizaciones de Comercialización (TACs) de medicamentos autorizados por procedimiento centralizado, deberán solicitar, a través de la correspondiente variación, el cambio en la localización de sus centros de control, liberación y exportación a direcciones sitas dentro del Estado Económico Europeo (EEE), antes de marzo de 2019.

3. Relevancia para los laboratorios

Todos estos cambios aumentarán considerablemente la carga de trabajo adicional que deberán asumir las compañías farmacéuticas, tanto en el periodo de moratoria como tras la desconexión definitiva del Reino Unido. La gestión de todos estos cambios debe realizarse de forma meticulosa, para evitar retrasos y problemas innecesarios. Es, por ello, que esta actualización requiere de un equipo cualificado, que sea capaz de asumir y gestionar todas las implicaciones de este cambio. Aunque los laboratorios más afectados en principio pueden ser los británicos con filial en España, como las multinacionales GlaxoSmithKline o AstraZeneca, las compañías nacionales también se verán impactadas en el nuevo escenario.

4. Posibles problemas de suministro

Un informe de la EMA advierte de que 88 medicamentos pueden tener problemas de suministro dentro de la UE una vez se consume el Brexit, ya que los laboratorios, presumiblemente, no harán a tiempo los cambios legales necesarios para mantener la autorización de comercialización (entre ellos, cabe destacar el tener la sede dentro del Espacio Económico Europeo, ídem para la entidad encargada de la farmacovigilancia o el archivo maestro, planta de producción, contratos o cadena de suministro, entre otros factores).

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Austria busca erigirse como puente de negocios entre Europa y China

La actual presidencia de la UE alerta de que, en toda batalla comercial, no hay ganadores. Mientras su diplomacia económica busca asentarse en los mercados asiáticos.

 

El Gobierno austriaco ha emprendido una estrategia diplomática para actuar como pasarela de comercio e inversiones entre China y Europa, para capitalizar los flujos de capital de industrias como la electrónica o la automovilística y posicionarse en el negocio digital; en especial, ante el boom del e-commerce en el mercado interior europeo y en el gigante asiático. Pero también por el interés de Viena en tener un papel activo en los flujos comerciales de la llamada Nueva Ruta de la Seda, la apuesta inversora del presidente chino, Xi Jinping, que ha prometido aportar más de 110.000 millones de euros a la causa: 13.300 millones a través de un fondo estatal, un préstamo de 50.400 millones, otros 8.000 en ayudas a países en desarrollo y organismos de las naciones de la ruta y 40.000 millones más, procedentes de la poderosa industria financiera china para impulsar a las empresas hacia el exterior. Detrás de esta iniciativa subyace, según Pekín, un objetivo geoestratégico que pretende convertir la ruta en una autopista mercantil entre China y el resto de naciones de Euroasia que sirva de contrapeso al predominio económico de EEUU, en defensa del libre comercio. Ahora que la Administración Trump ha declarado la guerra comercial con incrementos arancelarios sobre una lista multimillonaria de productos que adquiere de una serie de aliados -Europa, Canadá o México, esencialmente-, además de China. Unas medidas de cariz proteccionista para preservar -aduce la Administración Trump– a la industria y las empresas americanas.

3 Claves de Austria en su estrategia diplomática como puente de negocios entre Europa y China

El país alpino aumentará la frecuencia de las misiones empresariales a Asia

Aunque el foco de actuación preponderante es China. Tal y como ha señalado su ministra de Economía, Margarete Schramboeck, que se ha comprometido a presentar esta estrategia de expansión y impulso a las exportaciones austriacas hacia el continente asiático a finales de año. Aunque el primer paso de esta diplomacia económica ya lo ha dado. Schramboeck se desplazó en junio pasado a Pekín, en donde suscribió una treintena de acuerdos por valor de 1.500 millones de euros con empresas chinas. “Nosotros tenemos el conocimiento, el know-how de los mercados de Europa del Este y China puede abrirnos las puertas de las economías asiáticas”, dijo la responsable gubernamental en la capital austriaca. Tanto ella como el canciller Sebastian Kurz mantuvieron encuentros con altos directivos de firmas chinas; entre ellas, Alibaba, el gigante del negocio digital, Great Wall Motor o Industrial and Commercial Bank.

Combatirá las amenazas proteccionistas de Washington

En paralelo, Schramboeck garantizó que, durante el mandato rotatorio de la UE que ejerce en la actualidad Viena, combatirá las amenazas proteccionistas llegadas desde Washington tratando de abrir nuevos mercados fuera del bloque comunitario. La ministra ha sido CEO de Telekom en Austria y ha criticado abiertamente la política restrictiva de EEUU en materia comercial. También ha promocionado, desde su ministerio, la creación de un impuesto especial a los conglomerados tecnológicos y ha dado su apoyo a una regulación europea de protección de datos que se adecúe a la era digital, porque, en su opinión, “la reindustrialización” será el gran semillero de empleos en el futuro en la UE.

“Nadie gana en una contienda comercial, por si alguna de las partes involucradas en este tipo de batallas pudiera pensar lo contrario”, afirma. Por tanto, “será necesario emprender diálogos directos para evitar que se pierdan puestos de trabajo por el aumento de tarifas” alerta la titular austriaca de Economía.

El comercio bilateral entre Austria y China se elevó un 13% en pasado año

Ha llegado a alcanzar los 11.700 millones de dólares. Pero Viena quiere dar un “salto geopolítico” y cambiar su tradicional táctica transatlántica por otra que apunte al Pacífico. Pese a que los intercambios de comercio con EEUU aumentaron un 10%, hasta los 16.000 millones, tal y como se constata en su registro de Comercio. En la estrategia austriaca se incluye, además, el impulso investigador en Inteligencia Artificial e industria digital con el gigante asiático; extensible a Japón y como estrategia común de la UE. Bruselas lanzó a principios de año un macro-proyecto informático de 1.000 millones de euros que excluía a Reino Unido por el Brexit y encaminado a catapultar las exportaciones y la creación de empleo en estas industrias. Viena desea que este fondo, que también potencia la educación de habilidades profesionales y la cooperación académica, se extienda a China y otros mercados asiáticos.

Austria justifica esta iniciativa en que las reglas de protección de datos “serán iguales” para firmas estadounidenses, asiáticas o de cualquier otra nación que ofrezca servicios en el mercado interior, sin establecer “excepciones”, porque consumidores y compañías necesitan preservar su confidencialidad de multinacionales como Facebook o Alphabet. De ahí que respalde la tasa del 3% sobre las ganancias de estos conglomerados dentro del espacio europeo. O que impulse, en Austria, cambios tributarios que reduzcan los costes laborales y espoleen las inversiones en I+D+i. Con el foco puesto en Asia-Pacífico.

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Novedades para el Impuesto de Sociedades que viene

El Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) ha publicado un estudio que incluye novedades en el Novedades para el Impuesto de Sociedades que viene de cara a la campaña de 2018, que tendrá que liquidarse a mediados del próximo año

 

Ahora que la campaña del Impuesto de Sociedades del año 2017 está a punto de terminar es un buen momento para que las empresas miren hacia adelante y desde ya empiecen a prepararse para el año que viene. Puede ayudarles en esta liza el informe Declaración de Sociedades 2017 y novedades 2018, publicado recientemente por el Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF). El órgano especializado en fiscalidad del Consejo General de Economistas de España ha elaborado un interesante listado de novedades que las compañías deberían tener en cuenta desde ya.

4 posibles medidas previstas en el Impuesto de Sociedades

El texto en cuestión comenta las medidas contenidas en el Proyecto de Presupuestos para 2018, que se está debatiendo en el Congreso de los Diputados y que deberían ver la luz en forma de ley a lo largo de este año. Eso sí, es importante tener en cuenta que podrían sufrir cambios en el trámite parlamentario. Aquí dejamos un compendio:

Reducción de las rentas procedentes de determinados activos intangibles ‘Patent Box

Con efectos para los periodos impositivos iniciados a partir del 1 de enero de 2018. Se especifica que sólo las rentas positivas son las que tienen derecho a la reducción en la base imponible. Antes se aludía sólo a rentas, sin diferenciar entre positivas o negativas.

Se van a actualizar los supuestos en los que se puede aplicar esa reducción. En concreto, por la cesión del derecho de uso o de explotación, por modelos de utilidad, por las patentes, por certificados complementarios de protección de medicamentos y de productos fitosanitarios, dibujos y modelos, o de software avanzado registrado que haya sido obtenido como resultado de proyectos de I+D.

Cambios en el régimen transitorio de la reducción de ingresos procedentes de determinados activos intangibles

También con efectos para los periodos impositivos iniciados a partir del 1 de enero de 2018. Se regula un régimen transitorio que será de aplicación para los activos intangibles del contribuyente disponibles con anterioridad al 1 de julio de 2016.

En el caso de las cesiones del derecho de uso o explotación realizadas con anterioridad al 27 de septiembre de 2013, se podrá optar por aplicar, en todos los periodos impositivos que resten hasta la finalización de los contratos correspondientes, el régimen establecido en el artículo 23 del RDI 4/2004. A partir del 1 de julio de 2021 se deberá aplicar el nuevo régimen.

Para las cesiones del derecho de uso o de explotación que se hayan realizado desde el 27 de septiembre de 2013 hasta el 30 de junio de 2016, el contribuyente podrá optar por aplicar el régimen establecido en la Ley del Impuesto según la redacción vigente a 1 de enero de 2015. Lo dispuesto anteriormente resultará de aplicación hasta el 30 de junio de 2021.

En el caso de transmisiones de activos intangibles que se realicen a partir del 1 de julio de 2016 hasta el 30 de junio de 2021, podrán optar por el régimen establecido en el artículo 23, según redacción vigente a 1 de enero de 2015. Excepto en el caso de que los activos intangibles se hubieran adquirido entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2016 a una entidad vinculada y en el momento de la adquisición no hubieran estado acogidos a un régimen de reducción de las rentas procedentes de determinados activos intangibles. En este caso sólo podrán aplicar dicho régimen las que se realicen hasta el 31 de diciembre de 2017.

Pagos fraccionados

Una medida que, de nuevo, tendría efectos iniciados a partir del 1 de enero de 2018. Con ella, las entidades de capital riesgo que tengan que aplicar el pago fraccionado mínimo (23% del resultado positivo de la cuenta de pérdidas y ganancias del ejercicio de los 3, 9 u 11 meses primeros de cada año natural) tomarán como resultado positivo el correspondiente exclusivamente a las rentas no exentas.

Exención de determinadas rentas obtenidas por las autoridades portuarias

En este caso, con efectos para los periodos impositivos iniciados a partir del 1 de enero de 2017. Estarán exentas las rentas obtenidas por las autoridades portuarias como consecuencia de la transmisión de elementos de su inmovilizado. A condición de que el importe total de la transmisión se destine a la amortización de préstamos concedidos por Puertos del Estado o por entidades oficiales de créditos para financiar inversiones en elementos del inmovilizado relacionadas con su objeto o finalidad específica.

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China expande su influencia por Asia para combatir la guerra comercial

La gota que colmó el vaso de Pekín fue la subida arancelaria del 10% sobre productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares. Viraje en la relación bilateral.

 

El objetivo prioritario e ineludible de la afrenta comercial de Donald Trump no son sus aliados. Por mucho que sus socios geoestratégicos -Canadá, México y la UE- contribuyan de forma nítida al déficit comercial estadounidense y se hayan llevado las embestidas y el desplante, dialéctico y personal, del presidente norteamericano en el G-7. El enemigo declarado de la Casa Blanca es China. Una estratagema que no pilla de sorpresa a Pekín. Aunque el régimen del país, que ha tratado de negociar con Washington una nueva relación sin medidas punitivas tan drásticas, opine que la guerra abierta acabará debilitando a ambas potencias. EEUU ha puesto sus metas económicas por encima de cualquier táctica de entendimiento directo con China. Circunstancia que complicará los lazos con el resto de naciones asiáticas y dificultará la labor de mediación, si fuera posible, de aliados en la región.

La estrategia de Trump en la guerra comercial entre China y EEUU

La visión trumpiana de las relaciones con China entierra la política de Obama de combatir toda acción agresiva en materia comercial contra el gigante asiático haciendo uso e involucrando a sus aliados dentro del entramado multilateral. Trump no necesita palabras. Su obsesión es bajar la capacidad de influencia de China en el mundo. Algo que admiten las cancillerías occidentales. Y una misión que perturba al empresariado estadounidense. Scott Paul, presidente de la Alianza para la Industria Americana, decía recientemente en The Washington Post que “no puede evitar sentir que la Administración americana no podrá sacar partido de esta contienda” con China. Por mucho que detrás de esta iniciativa esté la declarada medida de evitar que Pekín deje de obtener y plagiar derechos de propiedad intelectual estadounidenses de forma ilícita. Pese a las sanciones dictadas contra tecnológicas del gigante asiático como ZTE que, con una plantilla de 70.000 personas, también intercede en conflictos tan delicados como el de Corea del Norte. Un acicate para otras administraciones americanas. Pero no para la de Trump. La intención de su antecesor en el cargo con el tratado Asia-Pacífico, que dejaba fuera a Pekín, pero al que permitió tutelar y liderar el bloque económico de Asean con el conjunto de mercados asiáticos, pretendía involucrar a Xi Jinping en asuntos comerciales, económicos y monetarios más ortodoxos y más cercanos al de las economías de mercado. Estatus que China persigue durante décadas, desde que se incorporó a la OMC, en 2001, y que le daría más músculo global ahora que ha cambiado el patrón de crecimiento hacia un modelo más industrializado, relegando a su sector exterior, al que ha nutrido de un elevado nivel de productividad (la gran factoría mundial) a través de bajos salarios y turnos laborales permanentes, a un peso inferior de su PIB. En beneficio de la demanda interna. Más consumo y más inversión empresarial con facilidades financieras de sus enormes conglomerados bancarios.

El problema de este viraje de Trump no es sólo que la subida arancelaria sea desmesurada. Del 10% adicional sobre bienes y servicios que, en conjunto, totalizan 200.000 millones de dólares. Por encima de la cifra que China consigue como superávit en la balanza comercial bilateral con EEUU. Sino que, como alertan desde el Instituto Peterson, especializado en asuntos económicos internacionales, el incremento de aranceles puede perjudicar el abastecimiento que necesita la industria americana para funcionar a velocidad de crucero.

Además, para paliar este conflicto, China ha intensificado su influencia en Asia. Ya lo hace desde el inicio del milenio. Entre 2000 y 2016, Pekín ha empleado más de 48.000 millones de dólares en preparar a sus vecinos para que consuman productos made in China. A través de acciones de diplomacia económica, política y de cooperación. La mayor parte, procedente de sus recursos presupuestarios, según AidData. Una táctica que ha utilizado en África y América Latina, donde la llamada Mano Invisible de China ha ido añadiendo cuotas de mercados a base de inversiones constantes y multibillonarias. El juego, pues, de la segunda potencia económica mundial en Asia es claro: lograr que sus vecinos continentales sean el supermercado de sus productos, abrir sus economías a las firmas chinas, acceder a sus fuentes de materias primas, legitimar las fronteras marítimas y territoriales con sus reclamaciones en el Mar de China y labrarse el apoyo de todos ellos hacia las posiciones de política exterior de Pekín en Naciones Unidas y otros foros globales.

En esta estrategia, Made in China 2025, se enmarca también los 110.000 millones de dólares que se ha gastado en poner en marcha el Belt and Road, la nueva nomenclatura de la llamada Ruta de la Seda, proyecto con el que Pekín quiere ganarse la imagen de actor global frente al proteccionismo. Los cálculos de Pekín prevén que la renovada Ruta de la Seda, impulsada ya en 2013, movilizara un flujo de inversiones de 1,8 billones en los próximos cinco años por empresas y naciones que participarán en esta iniciativa. En principio, destinado a 68 países, que suman 4.400 millones de personas y el 40% del PIB mundial. Y que incluye proyectos tan diversos como el tren Madrid-Yiwu, el corredor China-Pakistán y un oleoducto que conectará el sur de China con Birmania y la Bahía de Bengala.

En paralelo, Pekín dice que, desde 2014, sus empresas ya han suscrito contratos relacionados con Belt & Road por 279.000 millones de euros. Además de instar al Banco Asiático de Desarrollo (BAD), del que es, junto con Japón, el gran contribuyente neto de sus finanzas, a que desvíe al proyecto la mayor parte de sus fondos, de 91.500 millones de euros, destinados a las infraestructuras. Sin olvidar los más de 732.000 millones previstos como inversión estatal durante el próximo lustro. La ambición de Jinping en la Ruta de la Seda es tal, que pretende involucrar a Oriente Próximo, África y América en su sueño hegemónico. Pero la prioridad es el mercado asiático, donde el régimen de Pekín ya tiene 115 programas de hermanamiento entre ciudades chinas y del resto del continente, con amplias alianzas comerciales y económicas. Además de haber inaugurado más de 500 Institutos Confucio a lo largo y ancho de su territorio.

La Administración Trump, a través de su representante comercial, Robert Lighthizer, insiste en que el comienzo de las hostilidades partió de Pekín. Con su agresiva política comercial hacia los EEUU. Pero su postura declarada es que, si China reacciona con tarifas más altas, Washington se verá en la obligación de añadir más obstáculos arancelarios sobre otra lista de mercancías del país, por valor de otros 200.000 millones de dólares. Demasiada leña para atizar el fuego. Porque China abastece el 8% de las materias que demanda del exterior la industria americana, según datos del International Trade Center. En 2017, las adquisiciones estadounidenses procedentes de China totalizaron 505.000 millones de dólares. Si casi la mitad reciben aranceles adicionales, bienes como la ropa o los productos electrónicos repercutirán en el precio final que pagarán los consumidores americanos, aseguran en este think-tank. Pero las consecuencias pueden ser aún mayores. Conglomerados como General Electric pidieron a Washington que quitara de la lista de bienes procedentes de china 34 materiales electrónicos de importación de este país que juzga esenciales para mantener su producción. La Casa Blanca ha desechado todos ellos. Bien es cierto que su lista de mercancías americanas susceptibles de mayores tarifas es menor, ya que en 2017 compró a EEUU por valor de 130.000 millones de dólares. Pero puede paralizar el número, cada vez más creciente, de estudiantes chinos que desembarcan cada año en universidades de EEUU y, sobre todo, puede jugar la carta regulatoria de impedir que firmas estadounidenses entren en el accionariado de empresas chinas de sectores estratégicos. En muchos de los cuales ya han invertido las compañías estadounidenses.

Sobre China también asolan las sombras. Sus plazas bursátiles pierden fuelle desde el anuncio de la Casa Blanca y su economía, en pleno tránsito hacia un patrón de demanda interna, también se resiente de la pérdida de su sector exterior. Pero no se puede desmerecer el músculo y poder de su acción exterior. Mickey Kantor, antiguo representante comercial americano en el mandato de Clinton, lo expresa de forma nítida: “Si dejamos a nuestros aliados europeos, canadiense y mexicano en manos del liderazgo chino, EEUU se quedará sin opción alguna cuando quiera reaccionar, y sin capacidad de sanción dentro del entramado institucional”, en referencia a la OMC, sobre la que Trump ha declarado que no tiene confianza alguna en su labor de árbitro de las relaciones comerciales globales.

Pero los daños colaterales también surgen en el gigante asiático. En una economía que ha bajado su ritmo de crecimiento. Expectativas a la baja que admite el propio Banco Central. En buena medida, por el encarecimiento de los costes financieros internacionales de la subida de tipos de interés de la Reserva Federal, que suma endeudamiento, generalmente denominado en dólares, a las deudas contraídas por empresas y bancos. Aunque también porque se deja sentir el daño del comercio. “El PIB de China ha hecho emerger riesgos, que se trasladarán a la economía global alimentada, además, por el aminoramiento del dinamismo en Europa, la subida del crudo y las turbulencias en los mercados emergentes”, escribe Louis Kuijs, economista jefe para Asia de la consultora Oxford Economics en Hong-Kong y antiguo investigador del FMI. El cambio de color de la coyuntura china se vislumbra en una caída de la inversión en activos fijos, que lleva dos meses consecutivos en números rojos (en abril fue del 6,1% interanual); en el retroceso de los fondos para infraestructuras, que se han reducido del 11,3% al 2,3%; en la ralentización de las ventas minoristas, del 11,2% al 7,9%, el nivel más bajo en quince años y en la moderación de las exportaciones, que evolucionan en un rango de entre el 3,2% y el 3,7% desde el anuncio de la batalla comercial de Trump.

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España, un destino de negocios

Hacer negocios en España es hoy un poco más fácil que en 2015 o 2016. Una afirmación que corroboran tanto el informe Doing Business del Banco Mundial, que evalúa 190 países y jurisdicciones como el Barómetro del Clima de Negocios en España que elaboran el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) y la IESE Bussines School.

8 claves fundamentales para lanzarse a hacer negocios en España

1. Miembro de la Unión Europea con modernas infraestructuras

España es un país de la Unión Europea competitivo, moderno e innovador, dotado de recursos humanos y tecnológicos que le hacen muy atractivo para la comunidad internacional de negocios. Dispone de una moderna y completa red de infraestructuras: primera red europea de trenes de alta velocidad y de autopistas y autovías, así como tres de los puertos de mayor tráfico de contenedores y dos de los mayores aeropuertos de Europa. Cuenta también con un amplio sistema de ayudas e incentivos a nivel europeo, nacional, regional y local, del cual se pueden beneficiar los inversores.

2. Noveno país en el mundo com mayor Inversión Extranjera Directa y en producción científica

España es el noveno país del mundo en recepción de Inversión Extranjera Directa (IED). Su elevado grado de apertura y favorable marco legal para las inversiones extranjeras han llevado a nuestro país a recibir inversiones en actividades de alto valor añadido e intensivas en conocimiento y aportación tecnológica. En producción científica España es el noveno país a nivel mundial y quinto de la UE-15, gracias a que los científicos españoles poseen un excelente grado de formación y capacitación.

3. Con un idioma que hablan más de 500 millones de personas en el mundo

El idioma español tiene una importancia creciente para los negocios, es la lengua oficial en más de 20 países en el continente americano, incluidos los Estados Unidos. En conjunto hay más de 500 millones de hispanoparlantes en el mundo. El mercado español es uno de los mayores de Europa, con 47 millones de consumidores, a los que hay que sumar los más de 56 millones de turistas que visitan España todos los años.

4. Clave en relaciones comerciales: Europa y Latinoamérica

Como miembro de la UE, España tiene acceso directo a los países de la Unión Europea y mantiene con Latinoamérica el mayor número de tratados de doble imposición y de protección de las inversiones. Un punto que muchos emprendedores ven como clave a la hora de lanzar negocios en España. Asimismo, las empresas españolas mantienen un papel de liderazgo en las economías latinoamericanas. Ambos factores son clave para convertir a España en un trampolín para hacer negocios en Latinoamérica y para que las empresas latinoamericanas aborden los mercados europeos.

5. Lugar estratégico para multinacionales

España se ha convertido en un lugar estratégico para la gestión de las multinacionales en su expansión en los mercados de Europa y Latinoamérica. Numerosas compañías europeas y asiáticas (Wincor Nixdorf, British Telecom, Huawei, etc.) han establecido en España sus headquarters para Latinoamérica, en tanto que otras latinoamericanas, como Cemex, Pemex, Votorantim…, han elegido España como centro de decisión para sus operaciones en Europa. La proximidad geográfica de España a los mercados del Norte de África y Oriente Medio completa su extraordinaria área de influencia.

6. Reformas efectivas que favorecen el lanzamiento de nuevos negocios en España

Desde el Banco Mundial han querido reconocer también el avance español, apuntando en su comunicado que España está entre las cinco naciones de la OCDE que han implementado más reformas exitosas a la hora de facilitar el lanzamiento y funcionamiento de los negocios.

Por su parte, los resultados del Barómetro del Clima de Negocios en España de 2017 indican una mejora en relación a los resultados obtenidos en ejercicios anteriores, con una valoración media de 2,92 sobre 5 y un aumento de las previsiones de las empresas de inversión, empleo y facturación. Las áreas más valoradas son las de Infraestructuras, Tamaño de Mercado, Capital Humano y Calidad de Vida.

7. Previsiones de inversión muy positivas para lanzar negocios en España

Los inversores en España señalan también la necesidad de medidas necesarias en lo relativo a Costes (como los de electricidad, teléfono o Internet), Fiscalidad (como las cargas de la Seguridad Social sobre el trabajador o el impuesto de Sociedades), o a la Reducción de la Carga Burocrática.

Las previsiones de inversión, facturación, generación de empleo y volumen de exportación son claramente positivas. En concreto un 95 por ciento de las empresas encuestadas tienen previsto aumentar o mantener sus inversiones en España y las perspectivas de empleo también son muy positivas pasando el porcentaje de empresas que tienen previsto aumentar o mantener su plantilla en España a un 94 por ciento del total de las instaladas en el país, frente al 87 por ciento que afirman haberlo hecho en 2016. También son excelentes las perspectivas de facturación en nuestro país, con un 91 por ciento de empresas encuestadas que piensa aumentar o mantener su facturación. Finalmente, con respecto al volumen de exportación, más de un 70 por ciento de las empresas extranjeras exportan a terceros mercados desde España, aumentando además el perfil exportador de las empresas entre 2016 y 2018.

8. Internacionalización del tejido empresarial

La Administración y las empresas españolas y sus organizaciones representativas apuestan decididamente por fomentar la internacionalización del tejido empresarial, conscientes de que si la economía española quiere crecer, ha de ser a través del exterior. De cara a mejorar las condiciones financieras de los proyectos empresariales, la Administración del Estado ha puesto en marcha una serie de instrumentos financieros públicos entre los que destaca especialmente el seguro de crédito de CESCE que juega hoy un papel esencial como elemento dinamizador y de apoyo a la iniciativa empresarial

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El Congreso americano se mueve para frenar el proteccionismo de Trump

Bajo el ‘America, first’ de Trump emerge un aislamiento de EEUU que demócratas y republicanos pretenden corregir recuperando el control sobre las tarifas comerciales.

 

“Trump desea batallar contra todos. Quizás piense que la mejor vía de defender sus intereses y los de los estadounidenses, pero sólo está provocando el aislacionismo de EEUU”. Bajo esta idea motriz, que está en el pensamiento de los servicios diplomáticos occidentales y chinos, pero que también subyace, cada vez de manera más intensa, entre históricos responsables -actuales o en excedencia- de la Secretaría de Estado, demócratas y republicanos han empezado a mover ficha para corregir los excesos proteccionistas del presidente americano y tratar de contener los efectos perniciosos de la guerra comercial iniciada por la Casa Blanca. Su campo de operaciones será el Congreso. El poder legislativo, como en tantas otras ocasiones en la historia del país, se posicionará en contra de una iniciativa que considera desmesurada procedente del entramado ejecutivo. La declaración de intenciones de los partidos estadounidenses comenzó a fraguarse, además, antes de la polémica reunión del G-7, donde salieron a relucir las discrepancias directas entre Trump y el resto de líderes de las potencias más industrializadas del planeta.

¿De dónde nace el proteccionismo de Trump?

La base fundamental de su argumentación es la creciente retórica beligerante de Trump hacia sus aliados, que deja traslucir una errática y volátil estrategia exterior. El dirigente republicano -argumentan- ha confundido sus esfuerzos y ha irritado a sus socios y aliados, tensando los lazos bilaterales con todos ellos al retirar a EEUU del acuerdo nuclear con Irán, a pesar de que las objeciones de los europeos, y tratando de dinamitar el Nafta, en contra de las posturas de México y Canadá, que incluso han aceptado revisarlo en profundidad mientras pactaba con el dictador norcoreano una salida a la escalada nuclear de ese país poco transparente que, además, lleva aparejada la salida de las fuerzas estadounidenses de Corea del Sur. Apelando a razones, pese a ser aliados de larga fiabilidad, de seguridad nacional. También para justificar las subidas arancelarias. De repente, en cuestión de meses, los más sólidos amigos de EEUU se han convertido en acérrimos enemigos. Hasta el punto de que el G-7, el cónclave donde se dirime el orden mundial, pasa por su crisis más grave desde su nacimiento, en 1975.

¿Cuál es la postura del partido republicano frente al proteccionismo de Trump?

Este repentino aislamiento de EEUU no ha gustado a las filas republicanas. Varios senadores del llamado Grand Old Party (GOP) han iniciado tramitaciones legislativas para contrarrestar las acciones de la Casa Blanca. Entre sus planes, está el respaldo de una enmienda al presupuesto anual de Defensa, que requiere de la aprobación del Congreso, y que permite emprender una serie de ajustes sobre las importaciones de materiales para fines militares. En esta iniciativa se contempla incorporar medidas contra las recientes subidas de aranceles sobre el aluminio y el acero. Y creen necesario dejar abiertas las enmiendas a otros asuntos comerciales, sugiriendo con ello que podría llegar a convertirse en una pieza legislativa del suficiente calado como para que Trump se vea obligado a firmarla. No esconden su intención de fumigar la batería de normas comerciales que se han lanzado desde Washington, en nombre del libre comercio y aduciendo riesgos sobre la economía del país. Uno de esos líderes es el senador Bob Corker, de Tennessee, quien admite que entre las correcciones tarifarias que van a proponer se encuentran las que el presidente ha incluido, por imperativo de seguridad nacional, de acuerdo con la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, que está sujeta al visto bueno del Congreso. Y podría obligar a cambiar la estrategia de Trump con carácter retroactivo. Para beneficio de la UE, México y Canadá. Aunque está por ver si también para China, el otro gran damnificado por la escalada arancelaria. Corker usó un tono pragmático: “puede de la reacción de Trump no sea positiva, pero creemos que es una acción necesaria para restablecer la autoridad del Congreso”.

Junto a Corker, políticos republicanos como Ben Sasse (Nebraska), que dice estar “atónito” ante las embestidas de Trump, los senadores Marcos Rubio (Florida), para quien la confrontación con China “debería forjar una alianza previa de EEUU con Europa”, Lamar Alexander (Tennessee), al que las subidas de tarifas supondrán “la destrucción de puestos de trabajo, especialmente en la industria automovilística americana” o el portavoz de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, que critica que “no parezca que para Trump haya otras formas de ayudar a los trabajadores y a los consumidores” del país, están detrás de esta estrategia. Sobre todo, porque la Constitución americana -dicen- confiere el poder para establecer aranceles al Congreso. Y si el legislativo cree que el presidente realiza un poder abusivo de esta delegación, puede invalidar cualquier acción de la Casa Blanca. 

Y los demócratas, ¿Qué opinan del proteccionismo de Trump?

Sin embargo, una vez en vigor, la acometida del Congreso debe contar con el visto bueno de las filas demócratas. Formación que está en pleno debate ideológico tras la salida de Barack Obama y el fracaso de Hillary Clinton en la carrera presidencial. Tradicionalmente más proteccionista que los republicanos en materia comercial -se han opuesto a acuerdos globales como el que se rubricó con las naciones de Asia-Pacífico, en el segundo mandato de Obama- están dispuestos a seguir la estela de sus rivales. Una reciente encuesta de Pew Research Center, asegura que sólo el 22% de los representantes demócratas del Congreso apoyan la medida tarifaria de Trump al aluminio y el acero, con el 63% en contra. Además, hay una unanimidad plena en la defensa del Nafta, acuerdo cerrado con el fast-track por Bill Clinton en los noventa. El sentimiento en bloque de los demócratas es actuar con mayor virulencia contra las políticas de Trump implantadas por Obama -desde el MediCare hasta la reforma financiera que combatió la crisis de 2008 o la doble rebaja impositiva sobre las rentas y las empresas- y defender la histórica postura de EEUU como abanderado del libre comercio. En un año, además, de elecciones legislativas como el actual.

Europa Vs Proteccionismo de Trump

También contará en este desafío el curso exterior e interior de los acontecimientos. Europa se ha unido frente a la escalada de tensiones con EEUU. Ha advertido que no dejará ninguna acción sin reacción. A la amenaza de nuevas tasas, de hasta el 20%, a la importación europea de vehículos, sector más que estratégico para Alemania y fuente de empleo para no pocos socios de la Unión, Bruselas se ha mostrado de acuerdo en devolver los golpes. Y acudir ante la OMC. Sin descartar choques comerciales de mayores proporciones que los 350 productos americanos -desde motocicletas Harley Davidson, bajo riesgo de quiebra por la escasez de ventas en EEUU, al bourbon o barcos de recreo- a los que ya han subido aranceles. Sobre todo, si Trump cumple su amenaza de pasar factura adicional a las constructoras europeas que operan en el gasoducto Nordstream 2. O si, finalmente, refuerza sus poderes para examinar los capitales foráneos que entran en EEUU a través del llamado Comité de Inversiones Extranjeras (CFIUS, según sus siglas en inglés), con poder para bloquear operaciones de tomas de control de una sociedad americana si supone algún tipo de amenaza contra la seguridad nacional. Y “proteger la transferencia de tecnología es una cuestión muy importante para EEUU”, ha advertido el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin. La lectura que extrae Europa de estos movimientos es que la guerra contra el libre comercio “irá a peor”. Hasta el punto de que podría poner en riesgo el futuro de la OMC. Varios estudios alertan de que, si no se logra defender el statu quo actual, los aranceles en el mundo crecerán, de media, un 32%. Así lo atestiguan, en un informe conjunto, los economistas Alessandro Nicita, Marcelo Olarreaga y Peri da Silva.

¿Cuál es la estrategia europea?

La estrategia europea cuenta con que logre cundir el pensamiento, en EEUU, de que esta guerra reducirá notablemente la, hasta ahora, vibrante economía americana y recortará la confianza empresarial en el país. De momento, Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, calcula que los movimientos arancelarios en vigor ya van a restar tres décimas al crecimiento del PIB de EEUU este año. Impacto que aumentaría considerablemente si Trump sigue la pauta prevista.

Temor del congreso americano frente al Nafta

Pero en Capitol Hill, sede del Congreso, también preocupa, y mucho, el Nafta. La bancada de los republicanos cree que la ausencia de posibilidades de que se renegocie convenientemente este tratado mermará las posibilidades del partido en la contienda electoral de noviembre. Y si no lo hay, se temen lo peor. Barajan la opción de que fuercen la aprobación de un nuevo tratado, sin demasiadas cortapisas, por parte del Congreso. Sobre todo, porque el Nafta genera industrias multimillonarias en la mayoría de los estados americanos por las facilidades empresariales y las ventajas exportadoras e importadoras del pacto en vigor con sus vecinos del norte y del sur. En sus 24 años de funcionamiento hasta 33 estados del país han llegado a vender más bienes y  servicios a Canadá que al resto de EEUU. En 2016, último ejercicio previo a la declaración de la guerra comercial, las exportaciones a Canadá oscilaron desde los 9.000 millones de dólares del estado de Washington hasta los 23.700 de Michigan. Mientras que las ventas a México fueron desde los 2.000 millones de Hawai hasta los 91.700 de Texas.

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Canadá “se prepara para lo peor”: tensión con EEUU y salida del Nafta

La cumbre del G-7 marcará un antes y un después en las relaciones entre Canadá y EEUU, según su titular de Exteriores. Ottawa no descarta integrarse en el bloque europeo.

 

“Prepararse para lo peor”. La frase surge de boca de la jefa de la diplomacia canadiense, Chrystia Freeland, semanas después de la tensa reunión del G-7 en Quebec. Pero es un sentir general en el servicio diplomático canadiense. La afrenta retórica de Donald Trump contra su homólogo del norte, Justin Trudeau, ha dado al traste con cualquier intento inmediato de restablecer los lazos bilaterales entre Canadá y EEUU que, en algún momento de las semanas previas a la cita de las siete potencias más industrializadas del planeta, planteó, por parte de la Casa Blanca, incluir a Canadá en el elenco de economías que podrían beneficiarse de la excepcionalidad en las subidas arancelarias que ha impuesto EEUU a sus principales aliados. Aduciendo razones de seguridad nacional e invocando el agujero en la balanza comercial del mayor mercado del planeta. Freeland enfatizó que nunca en la historia reciente, la sintonía entre ambos países había estado “en un punto más bajo y de tanta preocupación”. Punto de fricción que también corrobora un antiguo asesor de Trudeau, Roland Paris, para quien “ha habido momento de tensión en varios instantes de la historia, pero nunca he visto ni oído un lenguaje tan agresivo y despectivo como el usado por la Administración Trump hacia Canadá”. Sobre todo -matiza- porque la esperanza del primer ministro de Canadá en la cita del G-7 era la de restaurar el entendimiento tras las tarifas punitivas aplicadas por la Casa Blanca.

En términos exactos también se expresó Colin Robertson, antiguo diplomático y responsable del Instituto Canadiense de Asuntos Globales. “Ahora, estamos preparados para lo peor”, porque “el daño ya está hecho, es de magnitud y proseguirá en el futuro”. Canadá es el primer socio comercial de EEUU, con un volumen de intercambio de mercancías y servicios de 673.900 millones de dólares. Un reciente estudio de CD Howe Institute valora en más de 6.000 puestos de trabajo y una pérdida de tres décimas del PIB el efecto del incremento arancelarios sobre el acero y el aluminio para la economía canadiense. Mientras que la réplica de Ottawa de aplicar tarifas adicionales a productos estadounidenses como el whisky, la soja o bienes industriales de diferentes sectores, por valor de 16.700 millones de dólares, se cobrará 22.700 empleos, aunque sólo un recorte del 0,02% del PIB, a EEUU.

Trump “ha descubierto un arma, la guerra comercial, que está usando en su máxima expresión, como un elemento de destrucción masiva, como el gran artefacto de beligerancia para impulsar su política de American, first”, escribe Lawrence Herman, antiguo diplomático y ahora consultor de comercio internacional, para quien la equivocación del presidente americano es que “su idea estratégica hará a EEUU menos dependiente, pero, en realidad traslada el mensaje de que ha dejado de ser un socio fiable, incluso a sus más próximos aliados”.  

La opinión canadiense, además, se ha trasladado al resto de socios de EEUU, que ya se plantean actuar contra los intereses empresariales de EEUU. Una declaración de intenciones que están trasladando a la sede de la OMC, la institución global defensora del libre comercio, donde podrían perfilarse acciones conjuntas. Algunos expertos hablan ya de un impuesto Trump sobre activos estadounidenses en el exterior. Freeland incide en la idea. “El creciente escepticismo no puede servir ni para aislar, ni para fomentar que EEUU abandone el orden global sobre el que tanto ha contribuido América”. Pero “la posibilidad de que el poder económico y empresarial de EEUU se circunscriba casi exclusivamente a su territorio y su mercado interior es real”. La preeminencia económica de una nación “no es eterna” y generalmente sucede por errores estratégicos de sus gobernantes. Y EEUU se equivoca tratando de renovar el orden internacional por su cuenta y riesgo y sin cooperación con sus aliados tradicionales, explicaba hace pocas fechas la ministra de Exteriores en Foreign Policy Magazine.

A la espera de alguna señal conciliadora por parte de Washington, Canadá -igual que México- ya se prepara para un escenario post-Nafta. Incluso ante la persistencia de EEUU de que la revisión del tratado no es una táctica para la desmantelación definitiva de la unión aduanera del norte de América, y que el pacto que podría surgir de las negociaciones en curso, desde hace más de seis meses, beneficiará también a sus dos socios. Ottawa ha dejado de escuchar esos cantos de sirena. Sus negociadores no concluyen nada parecido. Tampoco sus colegas mexicanos. Ambos países se han lanzado a sellar nuevas alianzas comerciales. Conscientes de que el Nafta está ya en la sala de cuidados paliativos. Canadá y México acaban de firmar una nueva relación con el tratado Trans-Pacífico, el primer acuerdo internacional cancelado por Trump, y con otros nueve mercados de la otra orilla de este océano. Además de tener negociaciones avanzadas con la UE. Por si fuera poco, han iniciado diálogos con países como Colombia, Perú, Chile, Singapur, Nueva Zelanda y Australia. Una reacción que empiezan a asumir ciertos políticos en EEUU. Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas y negociador en el original acuerdo del Nafta, en vigor en los últimos 30 años, considera que “el mundo no puede dejar de girar ni de buscar nuevos pactos de libre comercio sólo porque EEUU desee torpedear su arquitectura de comercio”. A su juicio, “el mercado global tiende hacia la diversificación”, luego “no es una fase en la que convenga refugiarse en un territorio concreto; por mucho que sea el mercado con más volumen de negocio del mundo”.

Entre las iniciativas más sorprendentes que tiene Canadá encima de la mesa, y que baraja con cierto rigor, es unirse al bloque europeo. Trump, dicen en Ottawa, ha dejado con su Guerra comercial indiscriminada las puertas abiertas a cualquier movimiento geo-estratégico. Así lo advierte el senador estadounidense por Nebraska, Ben Sasse, republicano. Crítico con la táctica comercial de Trump. “No sería descabellado”. Se trataría -admite- de consolidar una de las rutas tradicionales de comercio canadiense y de aprovechar una oportunidad histórica. “Con un poco de imaginación, las garantías de éxito de este juego serían casi plenas”.

Europa podría ofrecer a Canadá un fast-track (la poderosa herramienta que pasa del Congreso a la Presidencia de EEUU para rubricar acuerdos comerciales, según el equilibrio de poder entre el ejecutivo y el legislativo americano y que resulta imprescindible para acelerar negociaciones en curso) para adherirse al mercado interior europeo. Para Canadá, sería como reemplazar de un plumazo a EEUU y tener acceso con inmediatez a un mercado incluso con mayor número de consumidores que el estadounidense. Y geoestratégicamente, podrían consolidar una pasarela transatlántica que ganaría influencia global y dejaría a Reino Unido entre dos espacios de inversión demasiado potentes como para que no se tome en serio el Brexit. Y México podría seguir sus pasos. Sería el nacimiento de una nueva era multipolar. Con EEUU ajeno. O por lo menos, con el pie cambiado. De momento, Trudeau, en la jornada de conmemoración del 151 aniversario del nacimiento de Canadá, se desplazó a la pequeña localidad agrícola de Leamington, al suroeste de Toronto, próxima a la frontera de EEUU, para anunciar la subida de aranceles a productos estadounidenses por valor de 16.600 millones de dólares. “Considerar las exportaciones canadienses de automóviles una amenaza para la seguridad nacional de EEUU no tiene sentido. Aun así, nos aplicaremos en la renegociación del Nafta” con las autoridades de la Casa Blanca, dijo el primer ministro canadiense. Una puerta abierta a la concordia.

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Europa expande sus alianzas globales frente a las sanciones de EEUU

Los tratados de la UE de libre comercio con otros mercados plantan cara al proteccionismo de la Administración Trump mitigar el final del pacto trasatlántico.

 

Las economías del libre comercio se alían frente a la subida de aranceles y las represalias de la Administración Trump, y Europa toma el mando de las operaciones. La UE apuesta por alianzas globales y ya ha abierto negociaciones con Australia para formalizar un tratado de libre comercio que ayude a compensar el freno a los flujos de inversión y de exportaciones hacia el mercado estadounidense, el mayor del mundo. Pero sobre la mesa, la Comisión Europea tiene más de una docena de deliberaciones iniciadas con otras latitudes del planeta, en diversas fases de conversaciones. Desea aprovechar el aislamiento de Washington y su cambio en la concepción de las relaciones económicas globales, en defensa, aduce, de su seguridad nacional. La agresiva política exterior americana, que le ha llevado a abandonar el Tratado Trans-Pacífico y a lapidar la libre circulación de bienes, mercancías y servicios trasatlántico, con Europa -molesta también por el final del acuerdo nuclear con Irán, por decisión unilateral de Trump- ha impulsado a la UE a “estrechar lazos” con otros socios o bloques comerciales, a los que se ha apresurado a colgar el cartel de estratégicos. Resignada a las “aseveraciones caprichosas” del dirigente republicano, tal y como afirmó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Los tratados de la UE en busca de aliados comerciales

La apuesta europea por intensificar las alianzas comerciales con otras potencias busca preservar -en palabras de la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmstrom-, el sistema mundial del comercio. Todos los tratados de la UE que formalice, enviarán el mensaje de que nuestro mercado interior y sus socios tienen intereses comunes y avanzan de común acuerdo en esta dirección”, dijo en una reciente conferencia en Canberra. “Necesitamos muchos aliados que nos ayuden a alcanzar este desafío”. Tan sólo unos días después de que Washington amenazara con elevar los aranceles sobre nuevas importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares tras otra oleada de incrementos tarifarios sobre productos del gigante asiático por valor de otros 50.000 millones. Y de la amenaza de la Casa Blanca sobre cualquier intento europeo de aumentar los obstáculos a la entrada de la industria de automoción americana en su mercado. Las represalias estadounidenses han generado enfado entre sus aliados, y China y la UE se han erigido en los principales defensores del sistema multilateral de comercio.

Australia uno de los principales socios

El inicio del diálogo con Australia es muy significativo en este sentido. Europa es ya el segundo socio más importante del mercado austral, después de China. Y si este acuerdo se formalizase, como no se descarta, incluyendo también a Nueva Zelanda, el PIB europeo podría elevar en casi 5.000 millones de euros (4.900 millones, exactamente) su tamaño en 2030, según estimaciones del Ejecutivo comunitario. La parte central de las deliberaciones incluyen el comercio de coches, maquinaria, equipamientos electrónicos y productos químicos y metalúrgicos.

9 tratados de la UE con mercados internacionales

Hay nueve acuerdos en tramitación. Aunque algunos más en fase de tanteo y reflexión.

CETA

A pesar de que el acuerdo ya se está aplicando, quedan incógnitas en torno al tratado con Canadá. Todas, de calado. En España, está pendiente un recurso sobre su constitucionalidad, registrado en el Congreso de los Diputados. El nuevo ejecutivo italiano también plantea dudas en torno a esta área de libre comercio al que la Comisión Europea dio vigencia provisional desde otoño de 2017. También el Tribunal de Justicia de la UE ha entrado a analizar si el tribunal de arbitraje incluido en el CETA es compatible con el derecho comunitario.

Tratado UE-Japón (JEFTA)

Es uno de los tres tratados cuya fase de negociación ha concluido ya. Se trata de un acuerdo que la Comisión ha categorizado como de “competencia exclusiva” de la UE, al tener asumidas competencias sobernas en materia de comercio. Todo hace indicar que se firmará definitivamente en la primera quincena de julio.

Tratado UE-Singapur

Otro tratado concluido y a falta de firma. Es un acuerdo de calado ya que Singapur es, de facto, un territorio con ventajas fiscales y financieras y enclave geo-estratégico en el transporte comercial marítimo mundial. Es un espejo del Jefta. Incluye un acuerdo sobre protección recíproca de inversiones con instauración de tribunales de arbitraje (ISDS).

Tratado UE-Vietnam

También muy similar al tratado con Singapur. Europa busca ratificarlo con celeridad, aunque, en este caso, no se descarta la separación de los mecanismos ISDS en un acuerdo paralelo para no retrasar demasiado su firma. Entre otras razones, por el déficit en los derechos laborales del ordenamiento vietnamita. Es una economía de trabajos poco cualificados y bajos salarios. La UE está a la espera de que Vietnam ratifique los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Tratado UE-México

Ambas partes alcanzaron un “acuerdo político” el pasado mes de abril para “modernizar” el tratado comercial firmado hace 20 años, aún vigente. Europa negocia con el vecino sureño de EEUU y miembro del Nafta -tratado firmado entre EE UU, México y Canadá- tras la imposición de aranceles de la Casa Blanca al acero y aluminio y la amenaza de bloquear, entre otras mercancías, la entrada de automóviles fabricados en México, motor exportador de la economía latina del Nafta, y por las restricciones de entrada de ciudadanos mexicanos a suelo estadounidense por los cambios en la política migratoria de Trump.

Tratado UE-Mercosur

Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay tienen el tratado comercial con la UE en estado avanzado. Aunque quedan puntos calientes por resolver. Los expertos creen que se saldarán a lo largo del verano. Los puntos de fricción: automóviles, carne y agro-combustibles así como con el transporte marítimo.

Tratado UE-Chile

Al igual que con México, la UE pretende actualizar el acuerdo vigente con Chile desde el año 2000. El pasado 13 de junio, el Parlamento Europeo instó a que se produjera esa actualización antes del final de la legislatura tras la tercera ronda de negociaciones con este mercado sudamericano.

Tratado UE-Australia y Nueva Zelanda

En estos últimos días, la comisaria Malmström pretende inaugurar las negociaciones de tratados comerciales similares al CETA o JEFTA. Los dos países de las Antípodas centran sus negociaciones en las exportaciones de carne y de recursos naturales como carbón o el uranio.

Tratado UE-Reino Unido

El laberíntico proceso de salida de Reino Unido de la Unión Europea después del Brexit debe dar lugar a un acuerdo comercial en la línea marcada por el CETA. La batalla comercial entablada por EEUU ha generado en el Reino Unido una revisión de la política comercial en toda regla que ha generado una incertidumbre añadida sobre la fórmula en la que ambas partes retomarán sus relaciones bilaterales; en especial, el estatus que Londres adquirirá para acceder al mercado interior europeo.

¿Están muertos los tratados de la UE con EEUU?

La instauración del proteccionismo en EEUU y la reacción de recoger el testigo de la UE ante la batalla comercial decretada desde la Casa Blanca ha herido de muerte la alianza transatlántica. De hecho, en un artículo de la prestigiosa publicación Foreign Policy, James Traub, habla bien a las claras de que el entramado político-institucional y el económico-financiero entre los espacios de democracia occidental por antonomasia ha suscrito su acta de defunción. RIP: 1945-2018 dice en su artículo. Aunque ya empezó a resquebrajarse, bajo su punto de vista, con el final de la Guerra Fría. La alianza para contener a la extinta Unión Soviética ha pasado tres décadas en las que se han relajado hasta límites insospechados las necesidades estratégicas comunes entre Europa y EEUU y, con ellas, la convergencia de valores, que han dejado en un estado de colapso casi total al orden demócrata-liberal que gobernó el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.

La diplomacia de Trump causa de la defunción

En especial, por el viraje de Trump en materia económico-comercial y en su línea diplomática sobre asuntos tan candentes como Oriente Próximo, que amenaza con voltear el frágil equilibrio en la región más convulsa del planeta, con saltos en la volatilidad de los mercados y en el precio de la energía mundial, por el juego de contorsionismo americano que ha inclinado sus apoyos hacia Israel y Arabia Saudí, con intereses empresariales y estratégicos nada transparentes, al tiempo que ha tensado los lazos con Irán. Al dejar sin validez el trascendental pacto nuclear suscrito por Barack Obama. Un presidente, el último demócrata, que trató, a juicio de Traub, de restablecer el multilateralismo que, ahora, Trump no sólo ha enterrado, sino que lo ha sustituido por un unilateralismo extremo. Su diagnostico es que EEUU irá de crisis en crisis y que Europa se enfrenta a un dilema existencial de gran magnitud. Con el euro sin convergencia plena en materia monetaria, económica y fiscal y con presiones migratorias que distancias casi sin remedio a la UE. A lo que hay que añadir su necesaria redefinición de la estrategia de Defensa que ahora le exige mayores gastos militares para permanecer en el seno de la OTAN. Cualquier reconstrucción de las relaciones euro-americanas pasa por una compleja discusión en todos los órdenes entre la visión europea de un futuro bajo unas reglas elementales de gobernanza de la globalización y el retorno al pasado que marca la Administración Trump. De momento, Europa ya ha dado el primer paso hacia la confrontación con EEUU en el área comercial. Ha advertido a su aliado del otro lado del Atlántico que se enfrenta a subidas arancelarias en su mercado que equivalen al 19% de las exportaciones que realiza al Viejo Continente, al que envió, en 2017, más de 290.000 millones de dólares.