El negocio ecológico sumaría 26 billones de dólares al PIB mundial

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Naciones Unidas insta a los gobiernos del Acuerdo de París a que sellen alianzas con el sector privado y el sector financiero para potenciar la economía ecológica.

 

El cambio climático es un buen negocio. No sólo es una necesidad imperiosa que debería poner de acuerdo a gobiernos, sociedades civiles, empresas e instituciones multilaterales de todo el mundo. Según un reciente estudio de la Comisión Global sobre la Economía y el Clima (GCEC, en sus siglas en inglés), iniciativa que se ha convertido en el auténtico referente internacional sobre la evolución de los objetivos sobre cambio climático de los Acuerdos de París de 2015 integrada por expertos gubernamentales y del sector privado que cuenta con el respaldo de la ONU y de organizaciones como la OCDE -entre otras entidades mundiales- los beneficios pueden ser muy elevados. Hasta 26 billones de dólares adicionales sumarían los negocios relacionados con la preservación del medio ambiente en 2030. Un pastel suculento. Equivalente a la suma de los PIB de EEUU y Japón, primera y tercera economías globales, a precios actuales de mercado.

Beneficios de una economía ecológica

El informe revela, además, que, si las acciones acordadas en París se pusieran inmediatamente en marcha, la actividad económica mundial repuntaría del orden de 2 billones de dólares al año a lo largo de la próxima década. Es decir, la capacidad productiva anual de mercados como el de Italia o el de Brasil, la octava y la novena potencias internacionales. “Todavía subyace la idea de que abandonar el consumo de carbón es una medida excesivamente cara”, precisa la autora del estudio, Helen Mountford, “pero la realidad es que es necesario dar un puñetazo sobre la mesa y asumir la percepción de que hay que desclavar el ataúd de los negocios sin control ecológico”. Alusión directa a la política contraria a los Acuerdos de París que ha instaurado la Administración Trump desde el inicio de su mandato. En sus conclusiones, el GCEC incide en que los dirigentes gubernamentales “están infravalorando los beneficios de un crecimiento económico más limpio y respetuoso con el medio ambiente”, capaz de aumentar considerablemente el tamaño de sus economías.

Necesidad de un acuerdo global por una economía sostenible

Sus responsables, entre los que se encuentran antiguos jefes de gobierno, CEO’s de compañías multinacionales, economistas y representantes de movimientos ecologistas hacen hincapié en que, en la encrucijada actual, en la que se encuentran la mayor parte de las naciones del planeta, y con las dudas que genera la ausencia -y la falta de convicción- de los actuales responsables de la Casa Blanca, resulta imprescindible y prioritario un compromiso global firme con el futuro de una prosperidad sostenible. Entre las ideas motrices que deberían regir las deliberaciones de los gobiernos a corto plazo sobresale la que aportó una de las vicepresidentas del Banco Mundial, Kristalina Georgieva, quien asegura que, en 2030, los negocios adicionales o la reconversión de las industrias que provocaría una hoja de ruta definida, precisa y eficiente sería capaz de crear 65 millones de nuevos puestos de trabajo. “La clave del progreso económico en el Siglo XXI será la economía inclusiva, aquella que esté en condiciones de aportar riqueza sólida y sostenible y los beneficios de las acciones contra el cambio climático van en esa dirección. Es el momento de impulsar la economía climática. Sobre todo, porque los costes de la inacción se irán acumulando y deteriorarán enormemente los gastos aparejados a la ausencia de estrategias climáticas de los gobiernos y de las empresas. A veces, de forma incalculable” dice el informe.

4 áreas para una economía ecológica

Las prioridades de esta estrategia, que debería activarse en los próximos años, se circunscriben a cuatro grandes áreas.

1- Industria del carbón

Intensificar los esfuerzos para reducir la cuota energética del carbón, cuyos precios oscilan de manera notable y elevan los riesgos financieros asociados a su uso.

2- Infraestructuras

Acelerar las inversiones en infraestructuras sostenibles.

3- Innovación limpia

En tercer lugar, impulsar los proyectos del sector privado y de las firmas de energía hacia la innovación limpia.

4- Inversión en otras fuentes

Trasladar de inmediato a la ciudadanía y los consumidores las ganancias de los procesos de transición energética hacia fuentes que preserven el medio ambiente. Justo el criterio contrario al que mantiene Washington. Donald Trump afirma que los costes hacia las medidas que establece el Acuerdo de París resultan “financieramente draconianas” y, desde el punto de vista económico, “dañinas sobre la coyuntura”, tanto con relación a la actividad como a la generación de empleo. De hecho, asegura que el abandono de la energía fósil supondría a la industria minera estadounidense un coste de 2,7 millones de puestos de trabajo hasta 2025.

 

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Acuerdo internacional sobre el calentamiento global

El Acuerdo de París fijó un importante compromiso político para la humanidad: conseguir que el aumento de la temperatura del planeta sea de 2 grados centígrados en relación a los niveles que prevalecieron a la Revolución Industrial, a mediados del Siglo XVIII. También establece una serie de medidas, universalmente aceptadas, para que los estados contribuyan de manera decidida al cumplimiento de este objetivo esencial y que están sujetas a revisiones periódicas y a ajustes voluntarios. De ahí que, para alcanzar este logro, sea imprescindible que la comunidad global se involucre decididamente en ello, que gobiernos y empresas sean capaces de poder incorporar al mercado un mayor grado de competitividad y de actividad para cambiar el patrón energético internacional. En el escenario actual, el clima ha elevado su temperatura 3 grados por encima de los 2 que estipuló el consenso parisino para 2020. Apenas tres años después.

Necesidad de medidas reales por parte de los gobiernos

Los avances, pues, requieren de la cooperación y de la configuración de una arquitectura que vele por el cumplimiento de los objetivos. Es la misión del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, vinculado a Naciones Unidas, y surgido ya en Kyoto, la antesala de París, en 1997. En la actualidad, este foro de deliberación de ministros de la variopinta área económica (Finanzas, Comercio, Energía, Transportes, Infraestructuras, Desarrollo y Nuevas Tecnologías) se afanan por definir lo que denominan una diplomacia climática eficiente. Una estrategia que vaya más allá de las medidas de reducción de gases de efecto invernadero, del mercado de CO2 o de las recomendaciones sobre reconversiones industriales de sectores contaminantes a sus casi doscientos países asociados. Entre sus cometidos recientes, involucrar a organismos como la OMC en las negociaciones para la erradicación del carbón, o a la comunidad financiera mundial en la generación de energías alternativas y limpias. También a los gobiernos, para que activen políticas de subvenciones, reducciones de impuestos, inversiones preferentes o regulaciones que favorezcan la creación de un clima de negocios idóneo para abordar la transición hacia una economía más sostenible. Y, por supuesto, la incorporación a esta agenda reformista del sector privado, en especial, a la industria energética y tecnológica, imprescindible para que cuajen esas propuestas en la era de la digitalización. Igual que a la comunidad educativa y científica.

Las instituciones económicas internacionales y nacionales son el factor más determinante para que los Acuerdos de París puedan cumplirse. Su labor de coordinación y de generación de una atmósfera conveniente para hacer negocios limpios y sostenibles será más que prioritaria en los años venideros.

Last modified: 26/10/2018