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¿Luz verde? al acuerdo de libre comercio UE-Japón

La Unión Europea y Japón alcanzaron un consenso (“coches por productos agrícolas”)

tras 4 años y 16 rondas de negociación, horas antes de la cumbre del G-20.

La UE tendrá que hacer frente ahora a resistencias internas para ratificarlo.

 

Recientemente, los líderes de la Unión Europea y de Japón anunciaron, tras reunirse en Bruselas un día antes de la última cumbre del G-20, que las negociaciones entre ambas economías iniciadas en 2013 (24 años después de sentar las bases de su cooperación bilateral) para la firma de un acuerdo de asociación económica habían llegado a buen puerto, habiendo consensuado unos principios básicos para la elaboración del documento definitivo. Este consenso llega tras los esfuerzos realizados a lo largo de 16 rondas de negociación.

Japón es a día de hoy la cuarta mayor economía mundial

Y el segundo mayor socio comercial de la Unión Europea en el continente asiático: en 2016 exportó al País del Sol Naciente bienes por valor de 58.100 millones de euros, mientras que las exportaciones de servicios ascendieron hasta los 29.000 millones. Globalmente, la Unión Europea tiene un superávit en el intercambio de bienes y servicios de 3.000 millones de dólares.

Facilidades con Japón

Según el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, el acuerdo (que entraría en vigor a lo largo de 2019 si es ratificado por los países miembro) abarca casi el 90% del total de exportaciones europeas a Japón (en el que tienen un peso considerable productos agrícolas), que verán cómo se reducen las numerosas trabas que les afectaban hasta ahora para acceder al mercado japonés a cambio de que los mercados europeos se abran de par en par a las exportaciones europeas, fundamentalmente dispositivos electrónicos y automóviles.

Así, nuestros agricultores podrán exportar con mayor facilidad productos como queso (muy demandado allí), carnes o vino (siendo Japón uno de los mercado donde nuestros caldos alcanzan uno de los precios medios más elevados: 2,22 €/l), mientras que a los grandes fabricantes japoneses (como Honda o Toyota) se les abrirán las puertas de la principal potencia importadora de vehículos del mundo. También se reducirán de manera significativa los aranceles a las exportaciones europeas de textil y calzado (sectores con una considerable presencia española).

Resistencias y prudencia ante los acuerdos de libre comercio

Cuando el pasado mes de marzo los equipos negociadores encaraban la penúltima fase del acuerdo, Donald Tusk afirmaba que “siendo como somos dos de las cuatro principales economías del mundo, Japón y la UE están profundamente unidas por nuestro compromiso mutuo con mantener un sistema global de comercio abierto, libre y justo. [Esos valores nos hacen] más fuertes a nivel internacional, especialmente en estos tiempos difíciles”. Su equivalente japonés, Shinzo Abe, le contestó enfatizando que “Japón y la comunidad internacional necesitan, más que nunca, una UE fuerte y unida”. Meses después, alcanzado ya el acuerdo, Abe afirmaba en la rueda de prensa conjunta euronipona que “Japón y la Unión Europea alzarán muy alto la bandera del libre comercio en medio de tendencias proteccionistas“.

Nuevo escenario Americano

Ciertamente, se antoja difícil no ver en estas palabras una nada disimulada referencia a Donald Trump y a su retirada unilateral del acuerdo comercial Transpacífico (TPP) tras llegar al poder, lo que afectó negativamente a las perspectivas económicas de Japón hace unos meses. Ahora, el acuerdo con Europa no hace sino aislar comercialmente a Estados Unidos. Sin embargo, Trump no está sólo en esta corriente de rechazo al libre comercio: una parte de la opinión pública europea sintoniza con dicha idea, como hemos podido experimentar durante el proceso de ratificación del CETA con Canadá. Y, sin duda, no puede descartarse que los obstáculos que deberá enfrentar el acuerdo con Japón sean del mismo calibre.

El sector del automóvil

Y los problemas empiezan a asomar: el sector europeo del automóvil ya ha hecho saber que confiaba en que las instituciones de la UE hubieran defendido mejor sus intereses (una búsqueda de mayor equilibrio en la balanza en la importación-exportación de vehículos a motor entre ambos bloques económicos), especialmente después de las protestas que elevaron tras el acuerdo con los coreanos de 2011. Los fabricantes europeos se muestran escépticos, por ejemplo, ante el compromiso de Japón de desmantelar las tarifas no arancelarias que afectan a los coches europeos: Corea del Sur se comprometió a lo mismo y seis años después de la firma del tratado éstas siguen vigentes. El sector afirma que está sobre la mesa el futuro de parte de los 12,6 millones de trabajadores europeos empleados en este sector.

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