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Luz de gas sobre la economía

El último y reciente informe de perspectivas económicas de la OCDE sorprendía al transmitir un inusual optimismo sobre la economía mundial en general y sobre la española en particular. El mundo ha vuelto a una expansión económica como no se veía desde antes de la crisis, afirmaba la organización de los países industrializados para justificar la revisión al alza de sus previsiones de crecimiento para este año y el próximo.

Cierto es que las previsiones iniciales eran especialmente bajas, y cierto es también que en el plano internacional, el ejercicio de 2017 y los meses que llevamos de este 2018 han permitido, a pesar de las tensiones proteccionistas, disipar en parte los peores augurios derivados la victoria de Donald Trump y el Brexit. Las victorias de la corriente europeísta en los comicios de los Países Bajos, de Macron en Francia y la renovación del mandato de Merkel en Alemania han sido un elemento en favor de la estabilidad al actuar como freno a las corrientes populistas, haciendo posible la formación de gobiernos pro europeos en los países que forman el núcleo de la Unión Europea.

A pesar de ello persisten una serie de factores de riesgo, económicos y geopolíticos, que configuran el entorno a medio plazo entre los que destacan la vulnerabilidad financiera asociada al creciente volumen de la deuda, la escalada de barreras comerciales entre EE UU y China, la guerra de aranceles desatada por Trump contra la UE, Canadá y México, el desenlace del Brexit, el resurgir de Rusia en la Carrera por el poder con su creciente protagonismo en Oriente Medio, la rivalidad entre Arabia Saudí e Irán por la supremacía en esta última región y el auge de los partidos populistas-extremistas en Europea que se han situado como segunda o tercera fuerza política. Especial preocupación merece en este punto la expectación ante las decisiones que vaya a poner en marcha el nuevo gobierno en Italia resultante del acuerdo entre el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga Norte.

Por lo que respecta a España, nuestra economía ha seguido manteniendo un ritmo de crecimiento en el entorno del 3 por ciento y suma cuatro años consecutivos de mejora, liderando el crecimiento de las economías desarrolladas. Asimismo ha cosechado también su quinto superávit consecutivo de balanza de pagos y las exportaciones registraron una nueva cifra récord.

Como consecuencia de este empuje exportador el peso de las exportaciones en el PIB ha aumentado un 53 por ciento hasta representar el 21,6 por ciento, que es el máximo histórico, y el tirón del sector exterior nos ha permitido situarnos entre las cinco grandes economías de la UE y en el segundo exportador de la Unión (medido por peso el PIB de las exportaciones), sólo por detrás de Alemania.

Para 2018 las previsiones apuntaban a una prolongación de la coyuntura favorable y los resultados del primer trimestre lo confirman al marcar un crecimiento del 0,7 por ciento, el decimoséptimo trimestral consecutivo, apoyado por el consumo y la construcción. Sin embargo, las tensiones, que se agravan, por el desafío separatista catalán están empezando a rebajar las expectativas de los analistas nacionales e internacionales ante una posible paralización de las inversiones y un freno a la creación de empleo.

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