Los ‘tigres asiáticos’ y Vietnam se benefician de la guerra comercial

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guerra comercial EEUU - China

La Fábrica Asia. Las empresas que huyen de China por la guerra comercial EEUU – China se refugian en los dinámicos mercados que lindan con el gigante continental.

 

La guerra comercial  EEUU – China ha incubado daños colaterales por doquier. Sobre el dinamismo económico de ambos países, sobre el PIB global, los flujos de inversiones y comerciales o añadiendo volatilidad a las bolsas internacionales. También efectos secundarios que resultan menos visibles, pero que están detrás de la escalada del dólar y la debilidad de varios de los grandes mercados emergentes. Incluso en cambios en el orden geoestratégico o incertidumbre en el precio futuro de la energía por las dudas que suscita la cantidad de petróleo que la OPEP va a poner realmente en oferta o las imprevisibles repercusiones de que Arabia Saudí haga uso, como acaba de recalcar, del petróleo como arma de su política exterior. Pero no todos pierden en este viraje en el orden económico y geoestratégico global como es la guerra comercial EEUU- China. Hay mercados que ya han comenzado a ver aspectos positivos en medio de las hostilidades comerciales entre las dos grandes economías del planeta. Esencialmente, los denominados tigres asiáticos.

Porque, a lo largo y ancho de las latitudes globales, las empresas están revisando sus carteras de inversión y sus decisiones sobre dónde restablecer sus sedes corporativas o fabriles. En busca de las nuevas oportunidades, de los nichos de negocio que surgirán de esta embestida comercial. Con ramificaciones diplomáticas e inversoras de indudable influencia para el futuro de sus compañías. Sobre todo, en plena reconversión industrial hacia la digitalización, con bruscos virajes en materia de empleo, habilidades profesionales o sobre las plataformas, cada vez más sofisticadas y con una elevada exigencia competitiva. Gran parte del sector privado con intereses en Asia barajan varias alternativas. Sin salir del continente. Y a precios más bajos que los que históricamente ha ofrecido China, hasta que hace un lustro decidió modificar su patrón de crecimiento para pasar de ser una economía que fabricaba a costes reducidos y eminentemente exportadora a abrazar un modelo productivo más propio de las potencias de rentas altas en el que prima el impulso a la tecnología y la elección de la demanda interna como motor del dinamismo; es decir, potenciar el consumo de los hogares y de las inversiones empresariales como arma contra esta guerra comercial EEUU – China.

‘Made in China’

Bajo este contexto, el de la guerra comercial entre EEUU – China, es el que han operado naciones como Taiwán, que está ganando peso como un destino donde las grandes multinacionales tecnológicas pueden elevar sus pedidos informáticos y en el que ensamblar sus catálogos de ordenadores o sus móviles; incluso el software o las baterías que precisan para su uso. De igual manera que Malasia o Tailandia rivalizan para absorber la alta demanda de bienes electrónicos, una de las señas de identidad del made in China en tiempos no tan pretéritos. Todos ellos siguen siendo mercados de bajas rentas. Con la excepción de Taiwán. Camboya, que se está haciendo con el rol como fabricante de calzado, Bangladesh, en el segmento textil y, sobre todo, Vietnam, donde ha emergido una rentable industria de alimentos procesados, ya están disfrutando de estos procesos de deslocalización. Países en los que, a buen seguro, los directivos de empresas americanas estarán menos preocupados por una de las amenazas que más reiteradamente revelan en las encuestas globales sobre los obstáculos para hacer negocios: el ciberespionaje. Práctica ilícita para la obtención de secretos de gestión, de estrategias de capital o know-how corporativo que, según sus propias confesiones y las pesquisas de servicios secretos occidentales -entre ellos, las agencias estadounidenses- se propaga desde el propio Ejército chino.

Varios estudios internacionales hablan de que casi la mitad de las manufacturas globales tienen sus centros de producción en Asia. Y que las naciones del Sudeste Asiático, casi todas unidos en la unión aduanera Asean, han logrado un alto nivel de integración comercial en torno a China. Pero con notables ventajas para las inversiones ajenas a su área territorial. Salarios muy competitivos y cada vez mayores industrias de alta intensidad laboral. De lo que se han beneficiado ya las firmas chinas, que han elevado en casi un 50% sus inversiones para la obtención de productos elaborados de sus vecinos en 2017. La guerra de Trump contra China, es decir, la guerra comercial EEUU – China puede acelerar también la cruzada de su sector empresarial en suelo Asean. En fábricas, además, que ganan en productividad.

Mapa asiático sobre guerra comercial EEUU - China

Ventas vs Producción

India aparece como un caso aislado. Sus trabajadores obtienen un 75% menos de ingresos medios que los que logran los empleados por cuenta ajena chinos, pero con menores tasas de producción. Es decir, con tasas de efectividad laboral substancialmente menores. A diferencia de Vietnam, que añade avales y crédito precisamente en este terreno. Su mercado de trabajo ha visto incrementos salariales rápidos en los últimos años, al igual que se ha disparado el coste del suelo; sobre todo, el industrial. Al igual que India levanta aún dudas de rentabilidad o que Vietnam gana en atractivo como destino de inversiones, otras economías boyantes, ya con la vitola de industrializada desde hace un decenio, como Corea del Sur, puede ser una de las perdedoras de este movimiento táctico de empresas en Asia. La nueva potencia digital está viendo cómo su floreciente sector textil se está deslocalizando hacia Myanmar. De momento, en un clima generalizado de sectores exteriores vigorosos en todo el continente. Tanto de países con rentas altas, como el propio Corea del Sur, Japón o Taiwán, como de naciones como Filipinas, que navegan con tasas exportadoras de dobles dígitos. Tampoco a China le va mal en este sentido. En septiembre, sus ventas fueron un 15% más altas en términos interanuales. De momento.

Vietnam, la gran sorpresa

La palma de este giro de acontecimientos derivado en Asia de la guerra comercial se la lleva, sin embargo, Vietnam. Uno de los mercados más dinámicos del planeta desde que abandonó su patrón de economía planificada. Emporios como el americano Apple, el surcoreano LG y una multiplicidad de empresas tecnológicas japonesas han encontrado acomodo en Thai Nguyen, provincia al norte de Hanoi con polígonos industriales de última generación, con instrumentos de emprendimiento y de regulación idóneos para la incubación de starups, o en Haiphong. Son dos de las ciudades que han presenciado el interés del sector privado chino, estadounidense, japonés y surcoreano -de manera activa- por instalarse en su territorio. Como área de protección de las batallas comerciales. Coraza que resulta doble, si se tiene en cuenta que Vietnam tiene una prolífica red de acuerdos que ha confeccionado a raíz del Trans-Pacific Partnership, del que se salió EEUU cuando Trump llegó a la Casa Blanca. Al que hay que añadir el recientemente suscrito, en julio, con Europa. E incluso triple si se constata la escalada que su clima empresarial ha protagonizado, según el Doing Business del Banco Mundial, que le coloca en el lugar 68 de su ranking de 190 países. Diez puestos por encima de China, por ejemplo.

Por si fuera poco, a los ojos de Trump, Vietnam, que provoca un déficit en la balanza comercial de EEUU de 38,3 millones de dólares, es un actor esencial en su estrategia para frenar la expansión de Pekín en el Mar de China. De ahí que no sólo haya aconsejado a patronales y lobbies empresariales americanos este país como plataforma productiva y logística para abordar el mercado asiático, el más boyante en la actualidad, sino que ha impulsado contratos de 8.000 millones de dólares para las firmas de EEUU con intereses en Hanoi en la visita del primer ministro vietnamita, Xuan Phuc, a Washington en 2017.

China, por su parte, ha acelerado negociaciones para sellar un tratado con India y ha iniciado un histórico deshielo con Japón. Li Keqiang y Shinzo Abe, sus primeros ministros, acordaron a finales de octubre iniciar “un histórico punto de inflexión” en sus relaciones y “eliminar fricciones” para poder explorar cauces de cooperación. Una iniciativa que se ha saldado con más de medio millar de acuerdos empresariales entre las dos mayores economías de Asia.

¿Quién ganará esta guerra comercial EEUU – Asia?

Last modified: 20/11/2018