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Los mercados del Pacífico avanzan en su tratado comercial TPP

Los once socios restantes del TPP acuerdan explorar opciones para resucitar el acuerdo de libre comercio de forma urgente y dirigen su mirada estratégica a China.

 

Las dos orillas del Pacífico no esperarán a un hipotético, aunque improbable, cambio de postura de EEUU para rubricar su acuerdo de libre comercio, el conocido como Trans-Pacific Partnership (TPP). Apenas han pasado cuatro meses desde que la Administración Trump dijera a sus contrapartes que se alejaba de la firma suscrita un año antes por su antecesor en el cargo, Barack Obama.

El Tratado de Asociación Transpacífico

Representaba el 40% de la economía global, incluyendo a EEUU y a la decena de economías bañadas por las aguas del mayor océano del planeta. Las primeras negociaciones comenzaron en 2008, pero no fue hasta octubre de 2015 cuando se culminó el acuerdo. Básicamente, porque Washington y Tokio emplearon largas discusiones en limar sus diferencias competitivas. Al final, los países firmantes fueron Estados Unidos, Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam. Un acuerdo del que se excluyó a China que, sin embargo, cerró con sus vecinos asiáticos y de la APEC; es decir, también de la orilla americana del Pacífico. Y con alianzas preferenciales con los EEUU de Obama.

El acuerdo del TPP

Así deja constancia un comunicado oficial de las naciones signatarias en Hanoi: “Los ministros están de acuerdo en el valor de alcanzar los beneficios del TPP, y, con ese objetivo, acuerdan iniciar un proceso (…) para que el acuerdo (…) entre en vigor de forma expedita”, aprovechando una reunión oficial de los titulares de Comercio del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). El objetivo, declarado, es que el proceso negociador culmine antes de su próxima cita, prevista para noviembre. Porque la base negociadora está hecha y porque el acuerdo, además, se abre a otros socios. Toda una alusión a China. “Si aceptan los altos estándares del TPP”, exigen los responsables de la negociación. Otra advertencia de calado para el gigante asiático. Bajo el compromiso de “mantener los mercados abiertos, fortalecer las reglas comerciales del sistema internacional, aumentar el comercio mundial y elevar el nivel de vida de la población”.

Pendientes de EE.UU

Algunos socios del TPP, como Japón y Australia, todavía confían en que la Casa Blanca consiga dar marcha atrás en este asunto. Sobre todo, porque la política comercial proteccionista que ha planteado el propio Trump está en revisión de un grupo de expertos por decisión del propio presidente americano. “Es importante dejar la puerta abierta a EEUU porque, aunque ahora el TPP no se adapte a sus intereses, las circunstancias pueden cambiar en el futuro”, aseveró el ministro de Comercio, Turismo e Inversión australiano, Steven Ciobo.

El proceso con China

En este giro estratégico que está aconteciendo en Asia, Europa no parece que vaya a ganarse la adhesión al libre comercio de China. Al menos, de inicio. Porque entre las reivindicaciones de Pekín a la UE está la conseguir que Bruselas le otorgue el estatus de economía de mercado. Una condición que Europa y EEUU sortearon al permitir el ingreso de China en la OMC, allá por el 2001, pero una concesión que no están dispuestos a suscribir mientras las múltiples quejas y acusaciones por antidumping a Pekín, en no pocos paneles de arbitraje de la máxima institución del comercio mundial, sigan amontonándose. Y mientras las autoridades económicas chinas no abandonen la política de intervención en el tipo de cambio de su divisa, el rinminbi.

Entretanto, Asia mira a China para seguir con este proceso de liberalización. Es la alternativa que buscan, especialmente, países como Vietnam o Malasia, dos de los más pierden con un TPP fuera de juego porque eran las más beneficiadas por la reducción de tarifas de sus productos en los otros países del bloque. Otras, como Singapur, se ven afectadas porque gran parte de su actividad económica depende del vigor del comercio internacional, aunque en el caso de la ciudad-estado el impacto será amortiguado por los acuerdos de libre comercio bilaterales que ya tiene con casi todos los países del TPP.

Hasta China, a priori ganador de este juego geopolítico, podría salir indirectamente perjudicada. “El TPP suponía un aliciente para que Pekín reformara sus empresas públicas e introdujera reformas para aumentar su competitividad. Este aliciente ahora ha desaparecido”, apuntaba hace unos meses Alicia García Herrero, economista jefe de Natixis para Asia-Pacífico.

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