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Los bancos centrales sopesan poner fin a la fiesta de dinero barato

El Banco de Inglaterra, el BCE y el Banco de Japón mantienen sus políticas de compra de activos y bonos soberanos y corporativos. Pero ya piensan en seguir a la Fed.

 

Como respuesta a la crisis financiera de 2008, los grandes bancos centrales del planeta pusieron en marcha políticas excepcionales para estabilizar la arquitectura financiera internacional. Entre otras, la rebaja del precio del dinero hasta niveles próximos a cero que, en el caso de la Fed, con su tercera maniobra alcista de hace unas semanas, ha durado siete años. Y la dedicación de la quinta parte de activos de sus balances a adquirir bonos soberanos y corporativos. Es decir, a hacer acopio de deuda de los Tesoros de sus países y de sus bancos o empresas con altas cotas de endeudamiento.

Casi diez años después del tsunami financiero, las decisiones expansionistas (Quantitative Easing) siguen vigentes en Europa (BCE), Reino Unido (BoE) y Japón (BoJ). Incluso el regulador japonés ha reducido sus índices de depósitos a niveles negativos, lo que implica, de facto, que sus bancos comerciales tengan que pagar por mantener los ahorros de sus clientes.

Algo parece estar cambiando

O, dicho de otra manera. Las autoridades monetarias de Europa, Japón y Reino Unido podrían seguir los pasos de la Fed norteamericana, que acaba de dejar los tipos de interés en el 1,25%. Es decir, encarecer también el precio del dinero en sus respectivas áreas de influencia.

El consejo de gobierno del BoE británico tiene cada vez más disidentes del actual inmovilismo, que mantiene los tipos en el 0,25%. Y podrían inclinar la balanza en alguna de sus próximas reuniones. Incluso el BCE, que los contiene aún más próximos a cero, también tiene visos de cambiar el paso. Así lo creen los inversores, que ven en su reciente revisión de riesgos de activos un preludio de que enterraría su estrategia de compra de activos entre septiembre y diciembre de este año. Maniobra que dejaría margen para mover los tipos. Mientras, Harahiko Kuroda, gobernador del BoJ, que prorrogó la compra de activos por valor de 1,6 billones de dólares, pese a que ya supone el 109% del PIB nipón, ha dejado señales claras de que pondrá el epitafio al proceso del dinero barato.

Aun así, los cuatro grandes bancos centrales operan con cautela total. Porque el tránsito hacia una política más restrictiva de tipos de interés no se producirá de inmediato. Las cartas apuntan hacia el medio plazo. Y si las expectativas inflacionistas no crecen al ritmo que lo han hecho en EEUU en los últimos meses.

Todo tiene sus riesgos

Entre los riesgos persistentes, sobresale uno que está en la mente del mercado. La actividad de la economía global se ha acelerado, pero persisten algunos problemas coyunturales de calado. En especial, la nueva falta de sincronización entre las potencias industrializadas y los principales mercados emergentes, que podrían provocar rachas de volatilidad en las plazas bursátiles. Pero no es el único nubarrón. A los analistas de los bancos de inversión les preocupa más otro asunto espinoso. Consideran que mercados como el chino generan profundos desequilibrios inversores porque no son capaces de crear sus instrumentos de riesgo que diferencien la información sobre los activos que operan en sus bolsas. En otras palabras. En un periodo en el que parecen volver “los excesos de ahorro” de los que alertó Ben Berneanke, en 2005, cuando aún presidía la Fed.

Stephen Jen, socio director del hegde fund SLJ Macro Partners y alumno aventajado en Morgan Stanley, lo expresa con nitidez: China y otros grandes emergentes han acumulado riqueza, pero no son capaces de generar, en sus sistemas financieros, herramientas más sofisticadas que sean capaces de distinguir la evolución contable de valores tradicionales de los activos derivados y estructurados, de mayor riesgo. Requiere la generación de confianza inversora y climas idóneos para hacer negocios, lo que exige regulaciones más precisas para identificar los valores refugio y las operaciones de mayor complejidad.

Cuentas saneadas

Esta cuestión despierta inquietud porque los bancos centrales de las potencias industrializadas continúan con su adquisición de activos y deuda y necesitan limpiar sus balances con inversiones seguras. La Fed, por ejemplo, planea el saneamiento de 4,5 billones de dólares de sus registros contables en los próximos meses. Y el peso relativo de las economías emergentes frente a las de elevadas rentas ha crecido en el último decenio; sobre todo, tras la crisis financiera en la que el decoupling o desincronización entre los ritmos de crecimiento de ambos grupos se hizo patente. Por si fuera poco, ahora, la dinamización vuelve a ser más intensa en los emergentes.

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