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Las estrategias comerciales británica y estadounidense entran en conflicto

El eje anglosajón se resiente. Reino Unido desea preservar la ‘regla de oro’ de los grandes acuerdos de libre comercio. Frente a la tesis de Trump.

 

La histórica y cultural entente cordiale de habla inglesa disiente en uno de los principios sagrados del libre mercado: la libre circulación de bienes y capitales. El titular de comercio británico, Liam Fox -quizás el halcón menos propenso a un acuerdo duro en las negociaciones sobre el Brexit con la UE- se ha declarado firme partidario de perseverar en la “regla de oro” de buscar y firmar grandes acuerdos comerciales. Todo un jarro de agua fría hacia la recién instaurada doctrina del proteccionismo en la Casa Blanca.

Fox reafirmó su compromiso con el fomento de los flujos globales de mercancías y comercio y de activos en la casa de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En Ginebra. Donde también recalcó que la salida del Reino Unido de la UE obligará a Downing Street a recuperar su independencia en materia de soberanía y comercio y defender la causa del libre comercio internacional. Una teoría que, a su juicio, va en la actualidad a contracorriente, dijo sin mencionar al actual presidente de EEUU. Pero el responsable del Ejecutivo de Theresa May también dejó otro aviso a navegantes: la OMC es la institución idónea para cumplir con su mandato de “ser repositorio de nuestros valores”, misión que entra en colisión -aseguró- “con la desagradable reaparición de numerosas tentaciones proteccionistas”, a las que “es necesario combatir” porque “no son garantía de prosperidad” como dicen sus partidarios. Trump acababa de filtrar, en su reciente gira por Asia, donde ha sacado a relucir varios de estos mensajes de rechazo a la globalización comercial, que EEUU se opondrá a las propuestas de renovación de los paneles de resolución de disputas, uno de los mecanismos que usa la OMC para mediar e interceder en los conflictos entre países o en litigios contra herramientas que, como el dumping, atentan contra la libre circulación de bienes.

Cambios a corto plazo

De hecho, el actual máximo representante estadounidense en la organización, el subdirector general Alan Wolff, se ha mostrado partidario de que “se paralizase el proceso” de renovación de nombramientos y los paneles de resolución de disputas porque, muy presumiblemente, el próximo año, algunos de sus Estados miembros podrían recuperar su capacidad sancionadora en materia comercial.

Fox, por su parte, recordó que el actual sistema de comercio global “ha sido el pilar fundamental del progreso y la prosperidad” desde la Segunda Guerra Mundial, porque ha estado detrás de la salida de la pobreza de miles de millones de personas en el último cuarto de siglo. “Así que no es solamente una misión económica en la que estamos embarcados, sino un desafío moral, luchar por mantener en el futuro esta estructura” de libre comercio, explicó.

Sin embargo, para tal empresa, parece que Londres no podrá contar con su histórico aliado. Los países del Trans Pacific Partnership (TTP) han relegado definitivamente a EEUU de su ronda de negociaciones. Aunque esperaron hasta el último minuto por la insistencia de Canadá en tratar de encauzar la presencia de su vecino del sur. Fue el pasado 11 de septiembre. Apenas unos días antes de que empezasen también, de forma oficial, las conversaciones entre EEUU, Canadá y México para renegociar el Nafta norteamericano. Finalmente, Washington no asistió al cónclave.

Una decisión que Japón también lamentó

Porque confiaba en que la gestión de última hora de su primer ministro, Shinzo Abe, con Trump, durante su reciente periplo en Tokio, hubiera dado sus frutos. Así lo admitió su ministro de Economía, Toshimitsu Motegi, quien se apresuró a dejar una puerta abierta en el futuro a una posible adhesión estadounidense. Sobre todo, para poder amortiguar el dominio económico y comercio de China. El Gobierno nipón ha sido uno de los lobbies más activos en la defensa del TTP, pacto que elimina tarifas sobre productos industriales y agrícolas de once economías bañadas por el Pacífico, y que se consideraba el contrapeso a la estrategia de expansión exterior de China en la región. El TTP es una unión aduanera de 356.000 millones de dólares, el valor de las mercancías que se intercambian entre sus socios, en el que no está China, por expreso deseo de todos sus integrantes.

En cualquier caso, el posicionamiento estadounidense puede acabar afectando al futuro del tratado. Entre otras razones, porque Japón y Canadá, dos de sus mayores economías, reconocen tener dudas sobre los siguientes procedimientos liberalizadores, que afectarán a los derechos laborales y de propiedad intelectual, y a la protección del medio ambiente. Con EEUU fuera también del pacto sobre cambio climático, ambos países se han reservado la firma de dichos acuerdos de comercio hasta saber las repercusiones y efectos colaterales que tendrían sobre sus trabajadores.

Trump y su teoría de “América primero”

Por si fuera poco, en el largo periplo por Asia, Trump no tuvo reparos en reconocer el liderazgo comercial de China en la globalización. Lo hizo durante su escala en la cumbre de la APEC, el foro para la Cooperación Económica Asia-Pacífico, que aglutina a 21 naciones de ambas orillas de este océano y que suman el 60% del PIB global y casi la mitad de la población del planeta. Y en presencia de sus homólogos chino, Xi Jinping, y ruso, Vladimir Putin. Trump reivindicó su teoría del América, primero, y arremetió contra los “abusos comerciales crónicos” que, a su juicio, ha padecido recientemente EEUU, por lo que perseveró en su empeño de que la Casa Blanca sólo colaborará con la APEC si “acata acuerdos comerciales justos y recíprocos”. O, dicho de otro modo, si, como en el caso del Nafta, se renegocian pactos vigentes que “han costado millones de puestos de trabajo a ciudadanos de EEUU”. Una anomalía que, en su opinión, ha sido posible por la OMC, de la que -afirmó- “no puede funcionar correctamente” si sus miembros no respetan las reglas. En alusión a que, desde su punto de vista, “no ha existido reciprocidad” en su seno cuando EEUU ha reducido las barreras y ha suprimido aranceles. “Esas prácticas han dañado a mucha gente en mi país”, lamentó.

Eso sí, se reservó su acción comercial para las relaciones bilaterales. Porque en su estancia en Pekín, Trump firmó quince acuerdos de comercio con China por valor de 250.000 millones de dólares. Entre otros, para establecer joint-ventures dirigidas al desarrollo de proyectos de gas natural licuado en Alaska, hasta ahora reserva energética de EEUU, o un mega-contrato para suministrar a China Aviation de componentes aeronáuticos de alta tecnología, a cambio de la adquisición, por parte de la aerolínea china, de varios modelos de Boeing, por valor de 37.000 millones de dólares.

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