Las cuatro fuerzas que hacen crecer el diamante competitivo de una empresa

Aunque a mediados de los años noventa el norteamericano Michael Porter ya era toda una referencia en la gestión empresarial merced a su teoría de la Cadena de Valor, terminó por revolucionar una vez más el mundo de los negocios con su nuevo modelo de análisis, conocido como Diamante de Porter. Este desarrollo propone analizar la competitividad de una entidad (también es válido para las cuentas de una nación en su conjunto) en base a cuatro áreas bien diferenciadas:

  1. Eficiencia. Una empresa es más eficiente que sus competidores si es capaz de crear mayor valor, lo que le permitirá disfrutar de una ventaja competitiva frente a ellos. O, dicho de otro modo, gasta menos recursos para producir una unidad de producto. Muchas economías de escala están basadas en este modelo, favoreciendo una mejor utilización de todos los elementos productivos de los que dispone la compañía, como su capital humano, la organización interna o los sistemas de fabricación.

La tecnología ha permitido que muchas pymes sean capaces de mejorar sus niveles de eficiencia con mucha rapidez optimizando procesos y ahorrándose gastos. También es posible lograrlo a través de una gestión dinámica del negocio, lo que implica reducir los costes fijos para trabajar lo máximo en base a variables que se puedan modificar. La subcontratación es una estrategia clave en este sentido.

  1. Innovación. Las hay radicales (suponen un cambio drástico en la forma que tenía hasta entonces una compañía de hacer las cosas) o incrementales (hacer evolucionar los sistemas internos gracias a la experiencia que se obtiene compitiendo en el mercado). En muchas ocasiones, se confunde innovar con invertir en I+D, siendo procesos diferentes, ya que, en el primer caso se puede hacer de forma prácticamente automática, combinando tecnologías, sistemas o estrategias de un modo diferente para obtener resultados distintos.

Se puede innovar en relación al producto que se fabrica, a los procesos o en cuanto a la propia organización de una empresa:

  • Mediante las innovaciones de producto se responde a las necesidades de los consumidores de un modo distinto a como lo hace tradicionalmente el mercado, como, por ejemplo, ocurrió en su día con el soporte digital frente a los libros o periódicos tradicionales.
  • A través de las innovaciones de proceso se satisfacen las demandas de los clientes de un modo nuevo y más eficiente, tal como ocurrió en su día con el comercio online, que superó en rapidez y calidad al transporte de mercancías que existía hasta entonces.
  • Con las innovaciones organizativas se modifica la actividad productiva o comercial de la compañía, optimizando los recursos existentes. Un caso paradigmático en este sentido ha sido la reestructuración de los complejos logísticos en los últimos años gracias a la tecnología.

 

  1. Calidad. Aunque este es un concepto en principio subjetivo, ya que varía según las percepciones de cada sujeto, siempre es posible mejorar lo que se hace dentro de una empresa y ofrecer un mayor servicio en todos los sentidos a los consumidores. La calidad tiene, al menos, cuatro dimensiones:

 

  • Fiabilidad del producto, que está relacionado con que responda al uso para el que fue diseñado durante un tiempo prolongado.
  • Conformidad, que implica que un producto cumpla determinadas prescripciones.
  • Diseño, tanto de prestaciones, forma y funcionalidad.
  • Servicio post-venta, que asegure al consumidor una garantía de valor sobre el producto.

 

  1. Respuesta al cliente. Implica sobre todo identificar y atender las necesidades de los nichos de clientes objetivo a los que se pretende dirigir nuestra compañía, ofreciéndoles servicios específicos dirigidos para incrementar su grado de satisfacción. La revolución tecnológica está permitiendo personalizar cada vez más los productos, conociendo los gustos y preferencias de los consumidores, e, incluso, entablando una relación bidireccional con ellos para atender a sus demandas y deseos. Gracias a todo ello, por ejemplo, se modifican de manera constante los diseños, se mejoran las funcionalidades, se reducen los tiempos de entrega o se crean ofertas integradas con otros productos y servicios que mejoran la calidad de vida de las personas.

 

Generar una ventaja competitiva

Estos cuatro elementos se relacionan estrechamente entre sí, influyendo unos sobre otros para favorecer la creación de una ventaja competitiva para la empresa, es decir, que la entidad es capaz de ofrecer un mayor valor para sus clientes que el resto de la oferta existente en el mercado.

Tradicionalmente, el propio Porter consideró que las dos únicas fórmulas para lograr una ventaja competitiva son a través de costes o por medio de la diferenciación, si bien ambas no son excluyentes ni incompatibles, sino que se pueden combinar estas acciones para crear un marco sostenible que posicione a la entidad en las mejores condiciones posibles para atraer el interés del público.

La híper competitividad actual en todos los segmentos de actividad no debe alejar al emprendedor de construir su propia estrategia de negocio que le distinga de sus competidores, aunque, para lograrlo, es clave no sólo realizar un análisis objetivo de la realidad de la compañía, sino del ciclo de vida del propio sector al que se está dirigiendo, ya que según el punto de maduración en el que se encuentre se podrán generar un mayor número de oportunidades que se pueden aprovechar.

Last modified: 27/11/2018