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Las claves que explican el triunfo de una idea de negocio

Las buenas ideas pueden surgir de mil maneras. Llegan de cualquier forma y, casi siempre, parecen geniales. Pero la realidad indica que el 99,9% de esos impresionantes “bombillazos” nunca llegan a materializarse en un negocio o empresa. Por eso, antes de nada, hay que analizar si realmente nuestro cerebro ha dado con algo que puede ser rentable o, por el contrario, se ha quedado en el romanticismo de una solución imposible de aplicar.

Las mejores ideas son aquellas que allanan el camino, y que son fácilmente convertibles en beneficios. Si de su mente no ha partido nada parecido, y hacer realidad el sueño supone enormes inversiones, piense que quizá no esté ante la piedra filosofal que lo convertirá en un gran empresario. Aunque no se desanime. A continuación le contamos las cinco claves que explican si estamos ante un buen negocio o no.

Un mercado respetable. Si su producto o servicio (la idea) no apela a un mercado suficientemente grande, puede que no merezca la pena invertir el dinero. En otras palabras: no pierda el tiempo. Si no hay demanda es imposible que se puedan cubrir los gastos que supone la fabricación, la distribución y la comercialización. Por tanto, no lo dude y consulte en Internet, o donde pueda, si hay un buen número de consumidores esperando sus soluciones. Otra cosa es que la idea sea capaz de generar los propios clientes. Pero eso sólo lo logran genios del estilo de Steve Jobs, abriendo nuevas vías de negocio en campos donde parece no existir demanda.

Una buena pista que sirve para averiguar si el producto puede tener interés es que exista competencia. Si no la hay, puede que esté ante una solución demasiada adelantada a su tiempo y, por tanto, muy difícil de rentabilizar.

Existencia de tecnología para fabricarlo. La mayoría de los emprendedores ignoran la realidad del proceso de fabricación hasta que suele ser demasiado tarde. De ahí que surjan productos que requieren de nuevos procesos de fabricación con costes inasumibles para un emprendedor. Para evitar esta situación, póngase en contacto con los fabricantes para determinar si su idea se puede transformar en producto. Eso sí, antes de presentar su solución para saber si es fabricable asegúrese de haberla patentado.

Un precio aceptable. Si la suma de todos los costes implica que su producto es más caro que otros de la competencia, piénselo. Con ese hándicap será difícil que logre que los minoristas hablen con usted para abastecerse con su artículo.

Piense en los beneficios, no en la idea. La mayoría de los empresarios tienen demasiado apego a sus invenciones y no ven más allá de la misma. Usted debe centrarse en los beneficios que su idea puede ofrecer a los consumidores, ya que será esa característica la que mueva a la gente a comprar el producto. Si usted no puede ofrecer una ventaja con su artículo es mejor que abandone el sueño, ya que nadie está interesado en adquirir algo que no aporta nada novedoso.

Fácil de utilizar. Si su idea necesita que los clientes estudien un cursillo para ponerla en marcha y dar con los beneficios, es muy probable que rechacen el producto. Además, los minoristas y los fabricantes tampoco estarán interesados en invertir en algo tan radical. Por último, piense en el marketing. ¿Cómo se puede vender algo que es complejo en un anuncio en un medio impreso, o en los pocos segundos que dura un spot en televisión o radio?.

Sólo si ha sido capaz de superar estas cinco claves con éxito, su idea tiene posibilidades de convertirse en un buen negocio. Si no, no le queda más remedio que darle más vueltas a la cabeza hasta encontrar el producto más adecuado para el mercado.

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